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Pablo Romero: "En casos de terrorismo, cuando buscas la verdad lo que encuentras es hipocresía"

En el podcast de cinco episodios, el periodista español cuenta la historia del homicidio de Juan Romero Álvarez, su padre, que fue asesinado por el Comando Madrid de ETA en 1993. Hablamos con él y nos contó la odisea de investigar por sus propios medios lo que debiera haber resuelto el Estado.

Por Joaquín Sánchez Mariño

14 de junio de 2018

Pablo tenía 17 años la última vez que vio a su padre. Fue en su casa, en Madrid. Entró a su habitación para pedirle prestada su tarjeta para el autobús y se despidió de él como cada día antes de ir a trabajar. Pablo apenas respondió al saludo: ese día tenía un examen de física y quería descansar sin que lo molesten. No sabía que un coche bomba terminaría con la vida de su padre pocas horas después, junto a otras seis personas, como resultado de un atentado de ETA, el grupo terrorista español que entonces pedía por la independencia del País Vasco y que este año anunció su disolución.

Esa fue la primera muerte de su padre, Juan Romero Álvarez, el 21 de junio de 1993. La segunda iba a suceder veinte años después, cuando prescribiera la causa del asesinato. La tercera, inmediatamente luego, cuando junto a esa prescripción desapareciera la posibilidad de justicia, de verdad, de esclarecimiento.

Esas otras dos muertes, sin embargo, fueron evitadas por el trabajo -monumental, riesgoso, obsesivo, insalubre, valiente, enfermizo… elija el adjetivo que quiera-, que realizó Pablo Romero durante cinco años. Todo cupo en ese tiempo en el que tuvo que “descender a las cloacas del poder”, juntarse con “asesinos y delincuentes”, estrechar las manos de gente corrupta y desalmada.

Lo primero fue lograr que reabrieran la causa y evitar que ésta prescribiera como lo hacían todas tras 20 años. Lo hizo aportando pruebas nuevas. “Lo segundo fue llegar a la verdad”, dice ahora a RED/ACCIÓN, desde el otro lado del Atlántico.

Esa verdad, construida tras cinco años de investigaciones y entrevistas (una, incluso, con uno de los tres responsables del asesinato), es la que Pablo Romero cuenta en su podcast “Las tres muertes de mi padre”.

Producido por Cuonda, la historia se puede escuchar en Spotify y, en la Argentina, a través de RED/ACCIÓN.

¿Cómo es investigar la muerte de un padre?

En mi caso, difícil, por el tipo de asesinato, por haberse tratado de un atentado. Invertí cinco años sorteando obstáculos. No me dejaban ver los archivos, no me abrían las puertas. El sistema se autoprotege. No quieren que averigües la verdad porque esa verdad supone cosas que incomodan.

¿Había una investigación en curso?

Cuando yo me puse a trabajar en el caso vi que nadie investigaba. Entonces me di cuenta de que aquellos que dicen estar al lado de las víctimas en la política hacen todo lo contrario a ayudar en la vida real. Para ellos es más importante tapar sus propios errores que investigar y cerrar las heridas de la gente.

¿Por qué te animás a publicarlo ahora?

Porque todas las pruebas que he reunido están en el sumario judicial. No sé si habrá juicio o no, pero yo ya sé quién mató a mi padre. Y ya sé por qué no se los detuvo en su momento y ya sé lo que pasó con ellos.

¿Cuáles son las tres muertes de tu padre a la que hacés referencia en el título del podcast?

La primera es la muerte física en manos del atentado. La segunda muerte es cuando el delito, el asesinato, prescribe. Ahora cambió, ahora si hay asesinatos de terrorismo, esos delitos no prescriben, pero el de mi padre sí porque el cambio de ley no es retroactivo. Sin embargo logré evitar que su asesinato prescribiera porque encontré una pista nueva e hice que re-abrieran la causa. La tercera muerte de mi padre es la desidia que hubiera venido luego de la prescripción. La desidia política, social y periodística.

La primera muerte de tu padre no pudiste evitarla, pero pareciera que las otras dos sí.

Yo logré evitar que el delito prescribiera, sí, pero en la mayoría de los casos no se logra, entonces suceden esas tres muertes. Por eso decidí llamar así a la historia, por más que mi caso fuera la excepción. Es una denuncia a la inmensa hipocresía con la que te encuentras cuando quieres saber la verdad. Hoy aún hay más de 350 casos de víctimas del terrorismo por ETA que no fueron resueltos.

¿Qué pasó en este atentado puntual?

Casi casi que mi padre murió a causa de una decisión política. Lo mató el terrorismo, pero en una época en que la dinámica entre terrorismo y el Estado era un tablero de ajedrez, había mucha política afectando a eso.

El periodista español Pablo Romero en un programa de televisión, en España.
El periodista español Pablo Romero en un programa de televisión, en España.

Dijiste que ya sabés quién mató a tu padre. ¿Nunca te dieron ganas de buscarlos y enfrentarlos?

Conocí a uno de los asesinos de hecho. Cuando comencé no sabía por dónde empezar, entonces fui a una cárcel en el País Vasco. Y sin saber quién era, estuve con él, con uno de los tres responsables de la muerte de mi padre. Hoy está en libertad. Sé dónde vive, pero no tengo interés de verlo.

¿No te dan ganas de volver a verlo, ahora que sabés?

Si fuera él que me llamara y me dijera te voy a contar la verdad, iría, claro. Pero si no, no. Cuando me enteré de que había sido uno de los responsables no me enojé. No me molestó que me hubiera mentido. Lo entendí, yo también hubiera mentido en su lugar, tiene derecho a negar lo que hizo.

¿Por qué estaba preso?

Pasó 19 años en la cárcel por delitos que cometió en el norte de España. Pero también perteneció al comando Madrid de ETA, que es el que realizó el atentado.

¿Es normal que los familiares de las víctimas se involucren en las investigaciones?

No. Es muy difícil que un afectado haga algo. Se van a cumplir 25 años y yo investigué los últimos 5, pero antes estuve 20 años sin hacer nada. La inmensa mayoría lo que quiere es olvidarse y seguir viviendo. Insisto: por eso hablo de las 3 muertes, porque la mayoría de las víctimas sí mueren esas 3 veces: en el atentado, en la prescripción de la causa, y en el hecho de que su caso nunca se resuelva y no se sepa lo que ha pasado.

¿Qué sentiste cuando ETA se disolvió?

Indiferencia. ETA no mata desde 2011, que anunció una tregua indefinida. En ese entonces no sentí nada tampoco, porque siempre hubo mucho escepticismo. Cuando anunció su disolución me pareció que ya estaba muerta, así que lo vi como una teatralización y un palanqueo.

¿A la sociedad en general le importó tu historia?

La sociedad es muy empática con los homenajes pero cuando hay que ponerse a trabajar y buscar la verdad ya no lo es tanto.

¿Y los familiares de las otras víctimas del mismo atentado? ¿Te apoyaron?

Cuando logré que se reabriera la causa estaban todos muy emocionados. Y querían que hiciéramos un grupo y trabajáramos juntos, pero yo creía que era mejor trabajar solo. Por el bien de la investigación, y por otro lado porque no tenía la energía para andar explicando lo que hacía. Hay cosas que no se pueden hacer en grupo porque hay que bajar a las cloacas del poder, ponerse a hablar con gente calculadora, gente que ha matado, que ha robado, que ha hecho cosas horrendas.

¿Cómo era la vida antes de saber? Antes de investigar incluso. ¿Era mejor?

Tener un asesinato sin resolver es como tener un cáncer. Y te lo tratas con quimio, que te destroza, que te quema la cabeza, pero no tienes otro remedio porque es la única manera de curarse.

¿Hay alguien que te haya dicho algo que te hiciera sentir que someterse a eso había estado bien?

Mi madre. Le leí la primera parte de la investigación en la que decía que mi padre había muerto porque por una decisión política le habían perdido el rastro a los terroristas y ella me dijo algo que me gustó mucho. Me da paz, me dijo. Me da paz.

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