Estamos siendo testigos del fin del patriarcado

La economía del conocimiento favorece al matriarcado. Hay consenso de que las mujeres están en menor riesgo que los hombres a ser reemplazadas por robots y de hecho podrían beneficiarse de un aumento en las oportunidades de empleo. Una docena de lectoras de RED/ACCIÓN dieron su testimonio y a partir de su experiencia contribuyeron a elaborar una radiografía de la realidad en Argentina.

Por Iván Weissman

28 de agosto de 2018

FinDelPatriarcado

El mundo está viviendo una revolución feminista sin precedentes. 10 mil años de historia están cambiando en frente de nuestros propios ojos. Las ventajas comparativas que desde la época de las cavernas favorecían al hombre, están quedando obsoletas. La economía del conocimiento y la nueva forma de relacionarnos como sociedad parecen favorecer las ventajas comparativas de la mujer. Pero el cambio es lento y en Argentina aún más. Acá las mujeres ganan en promedio un 27% menos que los hombres, están poco representados en puestos de liderazgo y en el ranking del Foro Económico Mundial (WEF) Argentina está en el puesto 111 entre 144 países en términos de participación en la economía y oportunidades.

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La tercera ola feminista

El feminismo es en su mayor parte igualitario, aspira a remover las ventajas conferidas a los hombres en razón del género.

La movilización de miles de mujeres este año ha sido un vendaval de energía y pasión que está impulsando un cambio cultural que implica incorporar toda la fuerza y creatividad femenina que hoy se desperdicia.

El movimiento ha estado presente durante gran parte del siglo pasado, ganó fuerza en la década de los 60 y 70 como un actor político, pero en los últimos años se instaló en el centro del debate sobre derechos, igualdad y desarrollo económico.

En Argentina, el repudio a la violación y asesinato de una joven en Rosario, en 2015, resultó el nacimiento del movimiento Ni Una Menos.

Dos años después se dio un segundo hito, con las denuncias por abusos sexuales en contra de Harvey Weinstein, productor de cine de Hollywood, que tuvo eco alrededor del mundo y también acá en la Argentina. Las denuncias parecieron despertar a un gigante dormido y generaron una campaña viral en redes sociales para denunciar en todo el mundo con miles de adherentes: #MeToo (Yo También).

Recientemente, el proyecto de ley para la legalización del aborto que se debatió en el Congreso y que fue rechazado en el Senado, sacó a cientos de miles de mujeres a la calle y abrió una nueva conversación acerca del rol y los derechos de la mujer.

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¿Diferencias innatas o adquiridas?

La psicología evolucionista dice que no hay que pensar en la igualdad en términos de que todos somos exactamente lo mismo. Pero afirma que hay algo que realmente es muy diferente entre hombres y mujeres: la fuerza en la parte superior del cuerpo. Los hombres tienen más y la diferencia es extrema.

Esa mayor fuerza es uno de los factores clave para entender el dominio del patriarcado y la brecha del género. Le daba ventajas como cazadores, guerreros y en cualquier actividad en que la fuerza física era un factor. La revolución industrial trajo una división del trabajo y los hombres salieron a las fábricas y las mujeres se quedaron manteniendo el hogar. Cuando las mujeres tenían trabajo fuera del hogar, tendían a abandonarlo al casarse. Sus salarios eran considerados como remanentes o suplementarios de un ingreso masculino.

Claudia Goldin, economista laboral de Harvard, dice que la economía se organizaba en el contexto del patriarcado, que enseña competencia, individualismo, entre otras cosas. Y eso no había cambiado mucho, hasta ahora.

La revolución digital y la economía que se viene favorece al matriarcado: empatía, colaboración, horizontalidad, apañe. Y entre los expertos, hay consenso de que las mujeres están en menor riesgo que los hombres a ser reemplazadas por robots y de hecho podrían beneficiarse de un aumento en las oportunidades de empleo.

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La visión de una economista

Mercedes D´Alessandro, una conocida economista argentina que vive en Nueva York y autora de “Economía feminista. Cómo construir una sociedad igualitaria (sin perder el glamour)”, dice que en las condiciones actuales muchos trabajos van a desaparecer, en particular los proceso repetitivos y los físicos. Los menos reemplazables son los que se necesitan habilidades blandas. “Algunas de esas habilidades han sido sociabilizadas a mujeres y esas son más difícil de reemplazar”.

Aunque advierte que todavía las mujeres no están ocupando posiciones de liderazgo. Y las que llegan a estos roles se tienen que masculinizar.

Y agrega que “hay un agujero negro cuando las mujeres son madres. Tener hijos sigue siendo penalizado. Hasta los 27 años, las mujeres ganan igual o más que los hombres. Pero a partir del segundo hijo se estancan y los hombres las pasan. Después de los 40, la brecha es demasiado grande”.

D’Alessandro dice que donde está ocurriendo el cambio es con las nuevas generaciones. “Estamos viviendo un revolución y eso se ve en los movimiento sociales. Estas cosas contagian. Tenemos una situación de empresas dinosaurias. Pero las empresas más jóvenes se dan cuenta y lo capitalizan”.

Dice que en Argentina están habiendo muchos cambios y que desde 2015 estamos viviendo una transformación dramática. Da como ejemplos la paridad en las listas de representación política y el reciente debate sobre el aborto. Pero critica que la sociedad y la política en Argentina están en deuda con los temas económicos.

Por ejemplo, apunta que estudios internacionales revelan que incluir más mujeres en directorios y puestos de liderazgo trae beneficios. “Tener mujeres en el directorio evita ciertas crisis, o incluso tienen menor índice de quebrantos”.

Un reciente estudio del Foro Económico Mundial (WEF) revela que las mujeres están sobrerrepresentadas en industrias y sectores que requieren altos niveles de habilidades blandas y empatía.

El informe explica que tradicionalmente eso se reflejaba en el sector docente, trabajo socialy de la salud. Pero la economía del conocimiento ahora necesita de esas habilidades para funcionar. Empresas como Google, Facebook, e incluso las firmas de Wall Street, buscan no solo ingenieros genios, sino que con la misma urgencia buscan empleados y líderes con empatía, que den prioridad al trabajo en equipo, que escuchen, que sepan delegar. Y en general, esas personas terminan siendo mujeres.

El estudio del WEF dice que cuando se habla del impacto de la inteligencia artificial en el trabajo, ese tipo de habilidades, que contienen un alto nivel de emoción, serán difíciles de reemplazar con robots y automatización. Y muestra que las mujeres en las economías desarrolladas, tienen en promedio un nivel de educación y habilidades digitales superiores a los hombres, lo que les da una ventaja comparativa en un mercado laboral que está continuamente transformándose por innovaciones tecnológicas.

No todo es color de rosa

A pesar de que la brecha de género en la participación laboral se ha reducido en las últimas décadas, las mujeres todavía están un 27% por debajo de los hombres. Incluso hoy, el 55% de las mujeres de todo el mundo no tienen ingresos propios.

Y aunque la imagen es mucho mejor en los países del G20, ninguno de ellos ha logrado cerrar la brecha de género en la participación en la fuerza de trabajo, a pesar del compromiso de reducirla en un 25% para 2025.

Un estudio de la consultora McKinsey dice que si las mujeres participaran en la economía al mismo nivel que lo hacen los hombres, habría un crecimiento del 26% en el PBI mundial para esa fecha.

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La realidad de Argentina

En Argentina las mujeres ganan en promedio un 27% menos que los varones. Esta diferencia se registra en todas las categorías ocupacionales, y es aún mayor para los cargos de jefatura, donde la diferencia llega hasta un 30% en promedio.

De acuerdo al Foro Económico Mundial, Argentina se ubica en el lugar 34 de 144 países en el ranking global de brecha de género salarial. Pero en el ranking de "participación económica y oportunidad", el país tiene resultados bastante peores, ocupando el lugar 111 en la lista.

Hasta el año pasado, en el sector privado había sólo una mujer CEO y ninguna vicepresidenta en las 25 empresas más grandes del país.

Una ejecutiva de una multinacional que opera en Argentina, que prefirió mantener su identidad y el nombre de su empresa en reserva, dice que en su empresa la realidad es muy diferente a lo que sucede en las compañías locales.

“Es muy difícil pensar en un rol o empleo que una mujer no pueda hacer igual o mejor que un hombre. En mi empresa el tema de equidad de género está muy presente. Se busca paridad, hacen coaching y te incentivan a que te empoderes”, dice la ejecutiva. Pero advierte que fuera de su oficina, en otras empresas argentinas, la historia es diferente. “Hay un machismo terrible. Me preguntan ‘cuándo puedo hablar con tu jefe’”.

Su empresa, que es una líder mundial del sector tecnológico, explica que mucha gente se tiene que resetear cuando entra a trabajar ahí. “Tienen que dejar atrás el cinismo, que la organización no es jerárquica. No es una jungla, nadie te quiere sacar el laburo. Es un mundo mucho más transparente y horizontal. A los chicos más jóvenes les cuesta menos y lo tienen más asumido que el mundo cambió”.

El Presidente Mauricio Macri prometió que la agenda de género cruzará todos los temas que se traten en el G20 este año y que tendrá un rol protagónico en la cumbre de noviembre que tendrá lugar en Buenos Aires.

La persona responsable de que eso suceda es la empresaria y ex diputada Susana Balbo. Ella es la presidenta del W20, el grupo que reúne a organizaciones de mujeres de la sociedad civil y de emprendedoras, con el objeto de visibilizar diversos temas con perspectiva de género y lograr que el trabajo tenga una influencia real en las políticas públicas de los países que conforman el G20.

Balbo dice que en esta nueva economía, “si bien es cierto que hay un rol predominante de mujeres en trabajos que requieren habilidades y características que no son son ‘robotizables’, eso no se traduce necesariamente en una seguridad de empleabilidad”.

“Estas habilidades, culturalmente ligadas a las características de las mujeres, van a  tener que convivir necesariamente con la integración a la tecnología, y en este sentido hay un gran trabajo por hacer”, explica Balbo. “La empatía, la capacidad de escucha, las características tradicionalmente ligadas a las mujeres no valen por sí solas sino integradas en armonía con la habilidad digital”.

Dice que Argentina es un país con una realidad muy variada. Las conversaciones que tenemos todavía están atascadas en el marco de desigualdades estructurales de las que no hemos logrado salir triunfantes”.

Lo positivo, dice Balbo, es que Argentina tiene “una oportunidad de avance enorme y muchos espacios que deben ser considerados para trabajar”.

Cabe recordar que en marzo, el Gobierno envió al Congreso un proyecto de ley que propone "igualdad salarial estricta", un principio ya presente en el artículo 14 bis de la Constitución Nacional, donde se establece "igual remuneración por igual tarea".

Lo que dicen las mujeres lectoras de REDACCIÓN

11 lectoras respondieron a una pequeña encuesta que les hicimos y en general reflejan la nueva realidad de la Argentina.

Ante la pregunta, “Te sentiste discriminada en alguna entrevista laboral por ser mujer? Seis dijeron que no y cinco respondieron que sí.

“Si, escucharon la opinión de un hombre sobre la mía por la misma respuesta”, fue una de las respuestas.

Dos respondieron que se sintieron más discriminada por su clase sociales que por ser mujer.

Ante la pregunta si hay conciencia de la problemática de la brecha salarial en sus trabajos, sólo dos respondieron afirmativamente. Una reconoció que los hombres defienden más fácilmente sus honorarios y otra reconoció que una vez que protestó, la equipararon con los otros sueldos.

Con respecto a si creen que las habilidades de la mujer tiene ventajas competitivas y aportan un diferencial en las organizaciones, las 11 participantes coincidieron que la respuesta es sí.

“Si, las mujeres son muy organizadas en múltiples tareas. Somos conciliadoras por naturaleza y entendemos más lo que le pasa al otro ser humano con el que trabajamos”, fue una de las respuestas.

“Liderazgo empático, destreza comunicativa, sensibilidad, astucia e identificación del detalle”, respondió otra.

En general destacaron a su capacidad de trabajar en equipo, capacidad organizativa y que acogen mejor las diferentes características de otros trabajadores.

El cambio llegó para quedarse

Pero para las generaciones más jóvenes, la paridad de género como concepto y estilo de vida llegó para quedarse. El principio legitimador de la sociedad moderna es la meritocracia, y las nuevas generaciones se toman en serio este ideal.

Foto: Juan Mabromata / AFP

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