Femicidios: qué pasa con las familias de las víctimas después del crimen | RED/ACCIÓN

Femicidios: qué pasa con las familias de las víctimas después del crimen

En 2019 asesinaron a una mujer cada 24 horas en nuestro país. Cada 24 horas se destrozó una familia. ¿Quién los ayuda? ¿Quién les da vuelta la cara? ¿Cómo logran sobrevivir a este terrible dolor? La experiencia de tres familias nos ayuda a entender lo que más necesitan.

Fuente: Télam

Recordemos o imaginemos (si nunca lo vivieron) qué nos pasa cuando un ser querido muere de repente. Ahora, imaginemos que esa madre, hija, hermana, tía, sobrina murió víctima de un femicidio. Pensemos que a ese enorme e indescriptible dolor se suman innumerables obligaciones y decisiones que deben tomarse a partir de ese maldito día.

Esa familia fue devastada de un día para el otro. Sus integrantes quedaron “Atravesados por el femicidio”, justo así como el nombre de la agrupación que integra Marcela Morera, mamá de Julieta Mena, asesinada por su novio a los 22 años. Y eso es lo que propuse contar en esta nota. ¿Qué pasa después? ¿Cómo se juntan los pedazos rotos de estas familias? ¿Quién los ayuda? ¿Qué hace el Estado por ellos? ¿Qué falta por hacer?

Familia Morera

“Los primeros tres meses después del asesinato los viví como en una nebulosa. No entendía si nos había pasado o no. Después me contactaron personas del Instituto Wanda Taddei, que ya no existe. A través de ellos conocí a Nancy Uguet, fundadora y directora del refugio Uguet Mondaca, de Burzaco. Fue así que empecé a ir los sábados a colaborar al refugio que ayudaba a las víctimas de violencia de género. Me hacía muy bien poder hacer algo por esas chicas”, recuerda la mamá de Julieta Mena.

Pero la pesadilla para Marcela no terminó el día que mataron a su única hija, ese fue sólo el comienzo. “Un día me enteré que quien yo creía mi abogado nunca había ido, siquiera, a ver el expediente de mi hija. Me quedé sin representante legal por culpa de un abogado inescrupuloso y perdí el derecho a ser particular damnificado (se llama en provincia) o querellante (en Capital), porque hay plazos que cumplir. Una vez que la causa es elevada a juicio, si vos no te presentaste como querellante o particular damnificado ya no podés hacerlo”, dice todavía con cierta bronca.

“La persona en la que yo confiaba, mi abogado, me había usado para salir en los medios de comunicación. Y para colmo recibo de la fiscalía la noticia de que yo era testigo y que el juicio empezaba en 15 días. Ese es otro problema que pueden tener las familias, porque como no entendés nada de cuestiones legales si te topás con un abogado inescrupuloso que lo único que quiere usar el dolor de las víctimas para ser famoso te puede pasar lo mismos que me ocurrió a mí”, destaca Marcela.

Foto: Marcela Morera

Por eso, con el objetivo de ayudar a otras familias que estén pasando por este mismo dolor, Marcela y otras siete personas fundaron Atravesados por el femicidio, integrado por familiares que fueron víctimas de este crimen. “Hoy cuando ingresa alguien a nuestra agrupación lo primero que le preguntamos es si tiene abogado, cómo es, y le cuento la importancia de ser querellante en la causa”, resume Marcela.

Los días que siguieron fueron caóticos. “Fui a la fiscalía con otro abogado porque los fiscales te hablan en su jerga y no entendés nada, a menos que hayas estudiado leyes. De todas maneras nosotros conseguimos cadena perpetua para el asesino de mi hija porque teníamos pruebas, además la propia familia lo entregó y hasta declaró en su contra. No sé cómo hubiera reaccionado si la pena hubiera sido menor porque como yo no era querellante no podía apelar la sentencia. Pasás de la pena más profunda a la bronca, al odio”, señala. Aunque no tiene el número exacto Marcela agrega que de las 71 familias que forman parte de Atravesados por el femicidio muchas no han conseguido justicia para sus familiares asesinados.

¿Y después de la condena? “Yo pensaba en conseguir justicia y luego irme con mi hija, pero cuando empecé a flaquear una amiga de Juli me consiguió atención psicológica, que tampoco se consigue fácilmente”, reconoce.

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Familia Taddei

Beatriz Regal y Jorge Taddei, los papás de Wanda, también transformaron el dolor en acción. “Las víctimas son las mujeres que fueron asesinadas, pero también todos los que estamos a su alrededor: padres, hijos, hermanos, amigos. Se produce una explosión en la familia donde las esquirlas quedan atrapadas en una tela de araña. Cada uno trata de salir como puede de esa trampa. Hay personas que quedan atrapadas en un estado psicótico, de ansiedad o depresión, otros somatizan enfermedades y otros que, como nosotros, se movilizan a luchar contra los femicidios”, resume Beatriz.

Después del asesinato Beatriz dejó de trabajar. “Estábamos totalmente solos. Tenía una hija muerta y un fiscal que estaba en contra nuestra, que me decía que le llevara pruebas, cuando las pruebas las tenía que buscar él. Fuimos atacados por hombres y mujeres que ejercen la justicia pero no nos quedamos quietos. Toqué un montón de timbres y fui a ver a todos los que estaban internados en el hospital con Wanda. No recibí ayuda de ningún tipo sólo tuve a mi abogado, que fue excepcional”, describe.

Madre, padre y hermana de Wanda. Foto: Télam

Beatriz no lo dudó, quería dar su vida por la de Wanda. “Ofrecí hasta mi piel, para que se la trasplanten, cuando estaba internada, pero no pude salvarla. Entonces sentí que la única forma de mantenerla viva era peleando para que otras mujeres no pasaran por los mismo. Lamentablemente después de ella cayó una atrás de otra, y por eso decidí dar charlas en escuelas y universidades de todo el país. La única forma de cambiar lo socio-cultural es a través de una buena educación familiar y escolar”, afirma con total entereza.

Otro consejo que Beatriz les da a las familias víctimas es no dejen al abogado solo, que vayan a la fiscalía y que le insistan al fiscal, para que la causa no se cajonee. “Busquen una copia del expediente. Verifiquen que el asesino no se haya mudado porque normalmente dan otra dirección para no recibir la citación. Hay que seguir el caso de cerca”, recomienda.

Y aunque el asesinato ocurrió hace casi 10 años esta familia todavía sigue luchando. “Espero poder cobrar la Ley Brisa. Tuve un problema porque la partida de defunción de mi hija no tenía DNI si no el número de Ley. Ya presenté los papeles pero por ahora no están pagando. El tema es que los hijos de Wanda necesitan ese dinero”, asegura.

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Familia Bazán

“Por tres meses no volví al trabajo porque no podía creerlo. La veía en todos lados. El día después es algo increíble. Recibimos muy poca ayuda y todo el proceso judicial fue terrible. Parecía un juicio arreglado”, dice con profunda tristeza Osmar Bazán, padre de Ludmila Ayelén Bazán, una joven de 23 años que vivía en Junín y el 20 de diciembre de 2015 fue llevada a una obra en construcción donde la golpearon, violaron y asesinaron.

El juicio se declaró nulo y actualmente este caso pasó a la cámara de casación en La Plata. Por ahora la familia de Ludmila sigue esperando. “Aparentemente fueron cuatro hombres, incluso podrían ser más, pero sólo uno está preso. Los otros siguen sueltos. Sentí que todo el juicio estaba arreglado”, dice enojado –y con toda la razón- Osmar.

Ludmila tiene una hija que ahora está a cargo de los abuelos. “Me enteré de la Ley Brisa por Marcela Morero. Tardé seis meses en hacer todos los trámites pero mi nieta ya la está cobrando”, cuenta el padre de Ludmila.

El dolor aún se escucha en cada palabra de Osmar, porque no puede ver entre rejas a los asesinos. “Pude salir, pero costó. Me levanto cada día por mis otros cuatro hijos y mis ocho nietos, por ellos y mi señora, que ahora es mamá también de mi nietita”, asegura.

Ley Brisa

La Ley Brisa (N°27452), que se publicó en el Boletín Oficial el 26 de julio de 2018, otorga una reparación económica (similar a una jubilación mínima) para hijos e hijas víctimas de femicidio hasta los 21 años. “Hoy la cobran aproximadamente 330 niños en la Argentina y se estima que entre el 2008 al 2018 hay aproximadamente 2400 huérfanos menores de edad”, revela Marcela Morera.

Además Marcela es contundente: “Necesitamos que consideren a todos los húerfanos de víctimas de femicidio ya que tenemos niños a los que no le otorgan este beneficio porque aún no hay un imputado en la causa. Por otro lado aunque la ley contempla la asistencia física y psicológica de los niños en muchos casos no se brinda. Y también para recibirlo es necesario tener la guarda del niño. Este trámite debe hacerse en un juzgado de familia, lleva mucho tiempo y es realmente engorroso”.

Después de todo el dolor un abuelo, tía, hermano o hermana tiene que hacerse cargo de dos, tres, cuatro, cinco niños y necesita darles un lugar adecuado y los recursos necesarios. En muchos casos no pueden esperar 6 o 9 meses para poder recibir ayuda económica por eso es fundamental agilizar los trámites.

“Otro punto fundamental es que la fiscalía debería tener una asistente social para que explique los pasos a seguir a las familias. Muchas se enteran de la Ley Brisa por agrupaciones como la nuestra o los medios de comunicación”, pide Marcela.

Desde el flamante Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad aseguraron que en el marco del Consejo Permanente de Seguimiento (COPESE) que integran la SENAF, Anses y el Ministerio van a impulsar modificaciones en la reglamentación de la Ley Brisa con el objetivo de agilizar los plazos de otorgamiento de la reparación. “Estamos evaluando cómo simplificar los requisitos para acceder al beneficio. También vamos a trabajar para unificar los criterios de intervención de los organismos públicos involucrados. A su vez vamos a promover instancias de acompañamiento a les niñes que cobran la reparación. Y vamos a impulsar campañas para que se conozca la Ley Brisa y para que los organismos judiciales también informen sobre este beneficio a los círculos de confianza de les niñes”, adelantaron a RED/ACCIÓN.

Además revelaron que, otro de los objetivos que impulsarán desde el Ministerio será disminuir los índices de impunidad de los femicidios. “La impunidad se expresa en los asesinatos que no son calificados judicialmente como femicidios y en los femicidios ocurridos a pesar de haberse presentado denuncias y de haberse iniciado trámites judiciales”, explican.

Todos los relatos de las familias víctimas coinciden en la enorme confusión y el profundo dolor del momento, pero también en la profunda soledad que experimentan después. Soledad para hacer trámites, para tomar decisiones, para buscar abogados, para conseguir ayuda. “No tenés ni idea qué hacer. Yo nunca había hablado con un abogado y menos con un penalista. También puede pasar que se te acercan desconocidos, algunos con buenas intenciones, pero otros no. Pero lo fundamental es que nadie por parte del Estado viene a explicarte cómo seguir, qué hacer. Y ese es uno de los pedidos que estamos haciendo al gobierno actual. Sería bueno que desde la fiscalía te asesoren y ofrezcan un abogado, también que te contacte una asistente social que pueda informarte sobre la Ley Brisa”, reclama Marcela Morera.

El femicidio atravesó a cada una de estas familias y cambió sus vidas para siempre. Hay familiares que han fallecido, otros que se han enfermado gravemente y otros que caen en profundas depresiones por consecuencia del asesinato. “Hacer hago por las chicas que son víctimas de violencia me ayuda, pero cada vez que veo una noticia sobre un femicidio revivo todo lo que nos pasó. Por eso cuando ingresa alguien a Atravesados por el femicidio tratamos de contenerlo, de escucharlo, de aconsejarlo. Y cuando se me acerca una chica que está sufriendo violencia trato de aconsejarle como se lo hiciera a mi hija”, resume con total claridad la mamá de Julieta Mena.

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