Miedo, desconocimiento y largas horas de espera: la travesía para denunciar violencia de género | RED/ACCIÓN

Miedo, desconocimiento y largas horas de espera: la travesía para denunciar violencia de género

Intervención: Pablo Domrose

12 horas. 720 minutos. 43.200 segundos. Eso fue lo que Micaela tuvo que esperar en una oficina en el centro de la Ciudad de Buenos Aires para denunciar a su ex-pareja por violencia doméstica. Esa tarde, su hija de 7 años había llegado de la casa de su padre con moretones en todo el cuerpo; marcas de golpes que el cuerpo de Micaela ya conocía.

En Argentina se realizan 6 denuncias por violencia de género cada hora. Pero el problema sobrepasa las estadísticas oficiales. Debido a barreras emocionales, sociales e institucionales, muy pocas mujeres denuncian a sus agresores.

En los últimos 5 años, el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) reunió en el Registro Único de Casos de Violencia contra las Mujeres un total de 260.156 denuncias de violencia de género en Argentina. Es una cifra que cobra particular relevancia este 25 de noviembre, cuando se conmemora el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer.

En el 83% de casos registrados por el INDEC, los agresores fueron parejas o ex-parejas, y el 93% de las víctimas declararon haber sufrido violencia más de una vez.

La historia de Micaela está dentro de estos números. Durante 5 años estuvo en una relación en la cual su pareja ejercía violencia verbal, psicológica y física sobre ella. A pesar de haber considerado denunciar a su ex-pareja en varias ocasiones, el miedo y el desconocimiento de los recursos disponibles para víctimas siempre la frenaron. Hasta que la violencia tocó a su hija.

“Fue un día de marzo de este año… la fui a buscar a la casa de su padre y cuando volvimos vi que estaba con moretones muy grandes en las piernas. Lo primero que pensé fue que se había caído. Pero ahí se puso a llorar y a contarme todo lo que había pasado”, cuenta Micaela a RED/ACCIÓN (los nombres de las víctimas fueron cambiados para proteger su identidad).

“Ver a mi hija en esa situación de sufrimiento, saber que eso iba a marcarla para toda la vida... fue la gota que rebalsó el vaso”.

Para muchas mujeres, el primer paso de reconocer la situación de violencia y decidir actuar sobre ella es el más difícil.

“A veces la manipulación emocional es tan grande que no te das cuenta en ese momento que lo que estás sufriendo es violencia”, explica Julia, de 29 años. “En el momento pensas que tal vez estás exagerando, que no es para tanto. O si decís algo, no sabes cómo va a reaccionar el otro, si te va a pegar, si te va a matar”.

“En el imaginario está la idea de que la violencia se ejerce sobre personas vulnerables económicamente o emocionalmente, que no tienen una red de familiares o amigos”, cuenta Clara, de Tucumán. “Yo caí en ese prejuicio, pensé que a mi nunca me podía pasar. Pero la violencia se va instalando de una forma invisible. No te das cuenta, hasta que ya es demasiado tarde”.

Según explican distintas organizaciones, el miedo y el desconocimiento son algunas de las principales razones por las cuales los datos oficiales de denuncias por violencia de género registran solo una pequeña parte del total de casos que ocurren.

“El miedo a las represalias, a que no se les crea y el estigma que afecta más a las sobrevivientes que al agresor han silenciado las voces de millones de sobrevivientes de la violencia y han desvirtuado la dimensión real del contínuo horror que sufren las mujeres”, dice Phumzile Mlambo-Ngcuka, la Directora Ejecutiva de ONU Mujeres.

A veces, estos silencios pueden ser fatales. Según los últimos datos relevados por La Casa del Encuentro, una asociación que trabaja contra la violencia hacia las mujeres, en lo que va del 2018 ocurrieron 225 asesinatos por odio de género en Argentina (un promedio de un femicidio cada 32 horas). Sin embargo, solo 16 de las víctimas de femicidios de este año habían realizado una denuncia (es decir, solo el 7%).

Foto: Julio Pantoja / Télam

El día que Micaela decidió finalmente realizar la denuncia contra su ex-pareja, el primer paso fue buscar el lugar donde tenía que ir para hacer una denuncia.

“Llamé a mi abogado y a mi psicóloga, y ambos me recomendaron ir inmediatamente a la Oficina de Violencia Doméstica”, cuenta.

La OVD es una oficina dependiente de la Corte Suprema de Justicia de la Nación que tiene como objetivo “facilitar el acceso a justicia de las personas afectadas por hechos de violencia doméstica”. Sus oficinas, ubicadas en la zona de Tribunales, son las únicas que están abiertas las 24 horas del día, todos los días del año en la Ciudad de Buenos Aires.

Allí, durante las 12 horas en las que estuvo tramitando la denuncia, Micaela fue asistida por un equipo inter-disciplinario de abogados, psicólogos, médicos y trabajadores sociales.

“Llegué, saqué un número, y tuvimos que esperar hasta que nos entreviste en una primera instancia una abogada. Luego nos hicieron esperar, hasta que un médico la revisó a mi nena, le sacó fotos a las lesiones. Después de eso, esperamos más tiempo y nos atendió una psicóloga. Así, se fue haciendo de noche”, recuerda Micaela.

No fue hasta la madrugada del día siguiente que finalmente recibió una orden perimetral contra su ex-pareja.

“Los profesionales fueron muy buenos y serios. Tenían la mejor predisposición. Pero están muy desbordados, no hay recursos”, dice Micaela. “En mis horas ahí, vi mujeres que estaban muy golpeadas, les veías la cabeza rotas. Pero desistían porque se tenían que ir a trabajar, porque si no las echaban. Eso en algún punto también es violento”.

La espera en la OVD es, para muchas víctimas, uno de los principales desmotivadores a la hora de hacer una denuncia. A principios de este mes, se volvió viral un hilo en Twitter en el cual el usuario @gus_0880 relataba en vivo su experiencia acompañando a una amiga en la OVD por 14 horas.

Hasta la publicación de esta nota, la OVD no había contestado las preguntas que solicitaron enviáramos por mail.

Sin embargo, tanto Micaela como otras víctimas que acudieron a la OVD u otros servicios similares destacan la importancia de haber hecho la denuncia.

“Me orientaron muy bien, y me derivaron a las profesionales correspondientes y a un centro de atención primaria de salud”, cuenta Clara sobre su experiencia en la Oficina de Violencia Doméstica de Tucumán. “Desde julio de 2017, mis tres y hijos y yo vamos a terapia una vez por semana derivados por la OVD, y nos ha hecho muy bien”.

Según datos oficiales de la OVD, 99% de los casos atendidos por la oficina en 2017 fueron derivados a la justicia civil, el 77% a la justicia penal, el 44% a servicios de salud, y el 88% a servicios de asesoramiento jurídico (cada caso puede ser derivado a más de un servicio).

“No hay que tener miedo de hacer una denuncia. Una piensa en todo el lío que puede venir después, pero hay gente detrás que la va a apoyar y la asesorar”, dice Micaela. “A pesar de que es un camino difícil, vale la pena. Éstas violencias no pueden quedar impunes. Si no, todo se naturaliza, y se piensa que está todo bien. Y no es así”.

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