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En la isla Martín García viven más gatos que personas, pero hay un plan para evitar una crisis ambiental y sanitaria

Viven 16o personas y 200 gatos. La tasa de toxoplasmosis en embarazadas es 50 veces más alta que la del promedio del país y la fauna autóctona está en peligro. Los guardaparques proyectan atraparlos, domesticarlos y darlos en adopción a familias del continente.

Por Javier Drovetto

3 de mayo de 2018

Cuando se aburre, María Elena Reus se pone a hacer un recuento de quienes viven en Martín García: “Somos 160 personas, con 56 casas habitadas. Entre ellos tenemos 8 mujeres y 22 hombres solos”. María es la delegada del registro civil, entre otras cosas la encargada de casar a las parejas. “También te puedo decir que 16 chicos van a la primaria, 17 a la secundaria y cuatro irán al jardín el año que viene”, desafía.

Martín García es una isla chica, de 184 hectáreas (tres veces la superficie del hipódromo de Palermo) y lo que pasa ahí ocurre casi siempre en las 10 hectáreas del casco urbano, que comienza en el muelle que los mantiene unidos, después de un viaje en lancha de dos horas, con la estación fluvial de Tigre.

María, que lleva 30 de sus 64 años en Martín García, ahora duda: “Si nació Rebeca, somos 161. Pero no lo sabemos, porque acá, cuando las embarazas cumplen siete meses, se van al continente”. Se van por unos meses porque en la isla no hay sala de partos ni obstetra ni un clínico permanente. Rebeca nació a fines de abril.

Ante cada embarazo en la isla hacen otro recuento, uno que les sirve para determinar si el riesgo de infectarse con toxoplasmosis durante la gestación sigue siendo tan alto como en los últimos 10 años. Porque, según el relevamiento que lleva el médico de la isla, 1 de cada 4 embarazadas tuvo que hacer un tratamiento para evitar que la toxoplasmosis pasara de la mamá al feto.

Esa prevalencia, del 25 %, es por lo menos 50 veces más alta que la del promedio del país, que llega a ser del 0,5 %.

La mayoría sabe cuál es la razón que explica semejante tasa: la sobreabundancia de gatos, uno de los principales transmisores del parásito que produce la infección y puede llegar a provocar problemas madurativos en los bebés.

Una isla invadida por gatos

Martín García llegó a tener 4700 habitantes en los ’50. Pero en 1974 fue declarada reserva natural y la mayoría de sus instalaciones, principalmente de la Marina, quedaron vacías. A partir de ese año su población bajó abruptamente.

Desde 1985 la reserva depende de la provincia de Buenos Aires y es una de las pocas habitadas. Quiere decir que puede vivir gente pero sin afectar el ambiente. El destino del lugar es claro: la conservación y preservación de la fauna y flora autóctona.

La mayoría de las personas vive del turismo: en 2017 llegaron 16 mil visitantes. Hay dos almacenes, tres restaurantes, una panadería, una hostería, una tienda de ropa, un local de regalos y dos campings. Otros habitantes son empleados públicos. Hay una escuela de cada nivel, una delegación de prefectura, una oficina del área de islas provincial y una sede para los guardaparques.

También hay 200 gatos.

La mayoría de los gatos se volvieron salvajes. / Fotos: Rodrigo Mendoza
La mayoría de los gatos se volvieron salvajes. / Fotos: Rodrigo Mendoza

“Sabemos que 20 tienen dueño. Pero los demás, el 90% no tienen ningún tipo de control”, asegura la guardaparque Eugenia Cueto. Los otros 180 están sueltos y la mayoría, asilvestrados. Se volvieron salvajes: no se los puede agarrar ni acariciar, comen lo que les dan los visitantes o los isleños, o lo que encuentran en la basura. Además, cazan aves, roedores o lagartijas.

Eugenia tiene 38 años. Llegó a la isla en 1985, cuando a su papá, un oficial penitenciario, lo asignaron en un plan que les permitía a los presos vivir en la isla, con más libertades, durante los meses previos a cumplir su condena. “Desde esa época que hay gatos. De chica, jugaba a agarrarlos”.

Lo que Eugenia antes hacía como un juego ahora lo hará para revertir un problema serio. Quiere atrapar a los gatos. A todos. Hasta que no quede ninguno sin castrar. Hasta que no logre que al menos 100 sean adoptados por personas que viven fuera de la isla.

“Los gatos ahuyentan aves, se comen las lagartijas y las crías del lagarto overo. Que aumente la cantidad de gatos va en contra de los objetivos de conservación de la fauna autóctona”, recita. Y agrega: “Los gatos no están vacunados, no tienen controles de ningún tipo. Hay endogamia y nacen con malformaciones. Todo eso hace que aumenten las condiciones de transmitir enfermedades a las personas”.

El riesgo de la toxoplasmosis

José García Cela tiene 60 años y es el médico de la unidad sanitaria provincial que tiene Martín García. Los sábados a las 9 de la mañana se toma la lancha de pasajeros en Tigre y a las 11 empieza a atender a los isleños. Se queda a dormir y el domingo vuelve a abrir el consultorio. A las 17, se toma la lancha de regreso.

Hace 19 años que tiene esa rutina. Hace diez años que observa con preocupación el alto índice de embarazadas con toxoplasmosis.

En promedio atiende uno o dos embarazos por año. Al analizar los que atendió en la última década, expone que la mitad de las mujeres tenían en su sangre anticuerpos contra la toxoplasmosis, es decir que en algún momento estuvieron infectadas y ya generaron anticuerpos de por vida. Mientras que un cuarto de las mujeres tuvo esos anticuerpos activos, por lo que se deduce que la infección se produjo durante el embarazo y existió riesgo de infectar al feto.

El doctor José García Cela y la enfermera Miriam Castilla.
El doctor José García Cela y la enfermera Miriam Castilla.

“Cuando la mujer tuvo la infección durante la gestación tiene que hacer un tratamiento. Y ahí nos encontramos con otra complicación: no lo puede hacer en la isla, porque en la sala no tenemos las drogas ni la complejidad que se necesita para hacerlo. Desde el punto de vista sanitario, lo que está ocurriendo es grave”, advierte Cela.

La toxoplasmosis es una enfermedad causada por el parásito toxoplasma gondii. Las heces de los gatos pueden contener ese parásito y es una de las principales causas de transmisión a los humanos. También puede contraerse al comer carne infectada, carne mal cocida o frutas y verduras contaminadas y mal lavadas.

“Es llamativo que una de cada cuatro embarazadas de la isla tenga lo que se denomina infección aguda. A nivel nacional, eso se da en entre dos y cinco embarazadas de cada 1.000”, asegura Javier Hojman, jefe de la División Obstetricia del Hospital de Clínicas y asegura que “es una enfermedad que se relaciona con los gatos, sobre todo en estado salvaje”.

Si la infección logra contagiar al feto, los riesgos de que el bebé nazca con problemas auditivos, en la vista y retrasos en el desarrollo psicomotor, entre otras complicaciones, son del 30 %, pero se reducen un 50 % si hace tratamiento, según explicó Hojman.

Cela es médico generalista y fue docente de toxicología. Afirma que el aumento de la toxoplasmosis en la isla está claramente ligado al aumento de la población de gatos. Y aunque pide que se preserve la identidad de la persona, revela que una mujer infectada con toxoplasmosis tuvo un hijo con problemas de salud compatibles con la enfermedad.

Por eso es tan categórico al sugerir qué hacer con los gatos: “Cuando se compromete el futuro de un ser humano, lo lamento, pero ni lo pienso. ¿Hay que sacrificar a los gatos? Como médico tengo que decir que sí”.

Los gatos comen lo que les dan los visitantes o los isleños, o lo que encuentran en la basura.
Los gatos comen lo que les dan los visitantes o los isleños, o lo que encuentran en la basura.

Por lo menos 50 gatos en 10 metros cuadrados. Esa cantidad de gatos se juntó en unos minutos cuando el parrillero de uno de los restoranes tiró restos de carne en un pasillo que da a un monte que limita con varias casas.

“Yo me vine a vivir a la isla hace 14 años. Y me contagié de toxoplasmosis ahí, cuando vivía en una casa que está al lado de ese monte lleno de gatos. Había sido mamá de dos varones y en ninguno de los dos casos di positivo en toxoplasmosis. Cuando tuve a Morena, hace 7 años, saltó la infección”, cuenta Graciela Pistarini (42) y aclara que su hija nació sin ningún problema.

En el verano, Graciela tuvo otro tipo de problema relacionado con los gatos. Esta vez en el camping que administra en la isla: “Contamos 20. El problema es que se meten a las carpas, buscan comida. Y hacen pis en la zona de acampe”.

El plan: captura, castración y adopción

El fantasma de la eutanasia durante muchos años no fue un fantasma. El control de la población de gatos en la isla se intentó hacer de esa manera, pero no funcionó, revelan los guardaparques. Hay gatos que permanecen en el monte y muchos vecinos que los tienen de mascota los dejan sueltos, lo que favorece su reproducción.

La propuesta actual de los guardaparques es distinta, más integral y multidisciplinaria. Participan los isleños e intervienen veterinarios y biólogos.

El primer paso, aprobado por el Organismo Provincial para el Desarrollo Sustentable, fue crear un registro de animales doméstico, que limita a uno la cantidad de gatos por familia y establece obligaciones, como vacunas, castración y que no salga de los límites de cada casa. Luego siguieron con un censo provisorio con el que determinaron que hay alrededor de 200 gatos.

Mientras preparan una captura masiva, para castrar a por lo menos la mitad de los gatos, instauraron un plan de adopciones con los gatos que se dejaron agarrar, fueron vacunados y domesticados.

“Creamos un perfil en Facebook y logramos que 30 gatos fueran adoptados. Los llevamos hasta Tigre y los pasan a buscar por ahí. Acordamos pautas de tenencia responsable y hacemos el seguimiento por WhatsApp”, cuenta Eugenia y reconoce que al principio, muchos isleños creían que matarían a los gatos. Pero con posteos de videos y fotos de las adopciones, la comunidad se sumó al plan.

Ahora, son varios los vecinos que se ofrecieron a tener, en tránsito, a los primeros gatos capturados. Beatriz Benítez, una de las almaceneras de la isla, tiene dos gatos recién nacidos: “Estamos esperando que aparezcan candidatos”.

La condición es que el nuevo hogar no sea en la isla.

En la isla atrapan a los gatos asilvestrados con trampas manuales.
En la isla atrapan a los gatos asilvestrados con trampas manuales.

En julio y agosto, la isla vivirá meses determinantes en su intento por reducir la población de gatos: 6 veterinarios llegarán desde el continente para realizar una captura masiva, castraciones y vacunaciones. Planean atrapar con trampas manuales a 100 gatos. Y los que no se muestren muy salvajes, serán llevados a hogares en tránsito de los guardaparques o de los isleños, para domesticarlos y luego darlos en adopción.

La principal responsable de ese operativo será la veterinaria Marcela Orozco, investigadora del Conicet y del Instituto de Ecología, Genética y Evolución de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA. “No queremos sacar a todos los gatos, pero pretendemos que muchos sean realojados en el continente y que los gatos que queden en la isla estén en el casco urbano, con una tenencia responsable y en buenas condiciones de salud. Y que además no ingresen a las áreas más conservadas, donde son predadores de otras especies”, explica.

Los gatos fueron introducidos en Martín García por los europeos hace cinco siglos. En 1516, el español Juan Díaz de Solís navegó por primera vez las aguas del Río de la Plata y descendió en la isla para enterrar al despensero de esa expedición, que había muerto estando embarcado. Ese despensero se llamaba Martín García. Desde ese episodio, la isla tuvo muchos usos, principalmente militares y como cárcel, por lo que durante siglos hubo animales de granja y gatos domésticos.

“Las consecuencias negativas de las poblaciones de gatos asilvestrados en áreas naturales fueron muy descriptas alrededor del mundo. El impacto de la depredación afecta pequeñas y medianas especies silvestres. Este fenómeno es especialmente importante en islas en todo mundo, donde los gatos que viven en libertad contribuyeron con 33 de las extinciones modernas de aves, mamíferos y reptiles registradas por la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza”, advierte Orozco.

Los gatos fueron introducidos en Martín García por los europeos hace cinco siglos.
Los gatos fueron introducidos en Martín García por los europeos hace cinco siglos.

La veterinaria cuenta que en Australia se introdujeron gatos en 40 islas y que esas introducciones están implicadas en la disminución de al menos seis especies de aves endémicas, así como 70 poblaciones locales de fauna insular.

En Martín García, las especies más amenazadas son varias y es por eso que durante febrero, el estudiante de biología Ian Barbe, de 27 años y de San Isidro, hizo un relevamiento de determinados animales, un trabajo que repetirá en 2019 y que servirá para determinar si al disminuir la cantidad de gatos, crece la fauna nativa.

“Tomamos registros de presencia y abundancia de la lagartija del arenal y del lagarto overo. También relevamos aves en general y en particular de atajacaminos, que por estar mucho tiempo en el suelo es una de las presas habituales de los gatos”, cuenta Ian y revela que colocaron 80 trampas para roedores, pero en siete días no pudieron capturar ninguno, por lo que además de ratas y ratones, tampoco hallaron cuises ni coipos.

La biodiversidad de la isla no está registrada científicamente. Pero Aves Argentinas señala que en Martín García hay unas 250 especies de aves, 150 tipos de mariposas, 34 mamíferos, 24 reptiles y 19 anfibios.

Un caso testigo

12 horas por día trabaja Javier Aguirre. Tiene 45 años y es encargado de un local de venta de tela al por mayor en pleno barrio de Once: Azcuénaga y Viamonte. Como vive en San Martín, tiene un par de horas de viaje. En resumen, más de la mitad del día está fuera de su casa. Ese era el tiempo que dejaba solo a Merlín, un gato callejero que adoptó hace tres años.

“Quería una compañera. Y buscando en Internet, me enteré que en Martín García necesitaban que adoptáramos gatos. Les escribí por Facebook y arreglé para vernos”, cuenta Javier.

El 23 de febrero, Eugenia, la guardaparques, se encontró con Javier en la estación Retiro. Le dio en adopción un gato negro que había nacido el 21 de diciembre. “Matilda, se llama. Cada tanto le mando fotos a Eugenia para que vea lo linda que está”, asegura.

Javier Aguirre y su gata Matilda.
Javier Aguirre y su gata Matilda.

Eugenia publica las fotos en las redes sociales, para alentar a que más personas quieran adoptar gatos de la isla. A mitad de año, cuando hagan la captura masiva, van a necesitar de hogares en el continente que le den amparo a unos 100 gatos.

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