Hora a hora: cómo River abrigó a la gente en situación de calle y calentó el corazón de los argentinos | RED/ACCIÓN

Hora a hora: cómo River abrigó a la gente en situación de calle y calentó el corazón de los argentinos

Durante 12 horas el club se convirtió en un refugio para familias que no tienen dónde dormir. Dos cronistas de RED/ACCIÓN acompañaron la iniciativa y cuentan en detalle una jornada que conmovió al país y contagió a otros 20 clubes a ayudar de la misma forma.

Foto: Maxi De Rito | Ilustración: Pablo Domrose

Miércoles 20 hs | 8°C

Núñez está oscuro. Estacionamos sobre la calle Udaondo. No hay nadie alrededor y con Maxi bromeamos con que tal vez era todo una mentira y no había nadie en River. Tenemos una primicia, le digo. Se ríe. Vemos un señor que se acerca caminando, tiene una bolsa de residuos grande en la mano. 

-¿Saben si es por acá donde reciben donaciones? -nos pregunta. 

Le respondemos que debe ser por la otra puerta y lo acompañamos caminando, a ver si es verdad después de todo. Llegamos a la esquina, doblamos a la izquierda en Figueroa Alcorta y a los pocos metros vemos movimiento a mitad de cuadra. Un portón gigantesco está abierto de par en par y hay una cola de vecinos con bolsas y frazadas en los brazos. Un grupo de voluntarios recibe las donaciones. Al fondo, en ese mismo salón, la mesa está servida con al menos 40 personas sentados a ella. Comen un guiso que preparó el buffet de River y sopa y empanadas que donó un voluntario al que llaman “el Bicho”.

Joaquín

Durante toda la noche, los vecinos llevaron abrigos y frazadas a River.

Miércoles 21 hs | 8°C

Una montaña de donaciones comienza a formarse en una de las esquinas de lo que Joaco llamó “salón”, que en verdad es el lugar por donde entra al Monumental el micro visitante los días de partido. Los vecinos siguen acercando abrigos. Pregunto cómo se enteraron de la iniciativa. Las respuestas varían entre la radio, la tele y una cadena de WhatsApp. A mí también me había llegado un mensaje a las dos de la tarde: “River abre las puertas a las 18 hs para gente en situación de calle, y para que puedan dormir ahí. Dicen que hoy va a ser la noche más fría. Si pueden circulen”, decía. Y mirá si circuló.

Busco a Joaco para arrancar la cobertura en Instagram. “9 de la noche. Estamos en el estadio Monumental, donde hoy la Red Solidaria junto con el club organizó un evento para recaudar abrigo para gente en situación de calle, y también mucha de esa gente va a poder dormir en el club. Es una de las noches más frías del año, hoy, mañana y pasado. Es muy importante poder est…”, sale el primer video, cortado al final por los 15 segundos que permite Instagram en sus historias. Pero no importa, se entiende, decimos. Publicamos.

Saco fotos de la mesa ya completa y grabo a la gente organizando las donaciones. Mostremos eso primero -le digo a Joaco- y vamos con los datos, andá preparando eso. Agarra el celular, estira el brazo, lo prende, se acomoda apenas el pelo y arranca. Se traba. Me pide que le sostenga mi celular en forma de teleprompter con la información en pantalla. Son cuatro números nomás, pienso. Hacelo vos entonces, me diría. Decido callar. “Según datos oficiales hay 1146 personas viviendo en situación de calle. 5% más que el año pasado y 35% más que en el 2016. Esto en registros oficiales porque los extraoficiales (distintas ONGs) hablan de más de 3000 personas”. Le sale. Publicamos.

Las personas que fueron a buscar refugio cenaron sopa y empanadas en el buffet de River.

Del otro lado del salón, en el anillo interno del estadio, Juan Carr junta a los voluntarios en una especie de ronda. Por sus 81 años de historia, los pasillos del Monumental seguramente estén acostumbrados a las arengas, pero no a las de este tipo. Ésta es diferente. Ésta se propone que los visitantes se retiren felices, que no haya un ganador, que el único vencido sea el frío. Hoy, por primera vez, se juega un partido contra el frío en el estadio de River. Esto ya es un éxito, repite Juan. Terminan de dividirse las tareas y la ronda se dispersa.

Maxi

Juan Carr y otros voluntarios se reparten tareas en un pasillo del Monumental.

Miércoles 22 hs | 8°C

Una de las propuestas, además de brindar alimento, abrigo y un lugar para dormir, es abrir el Museo de River para que las personas en situación de calle que nunca pudieron ir (suele ser una actividad paga), puedan conocerlo. Mientras recorría el lugar conocí a Brian. Tiene 25 años y es fanático de River. Vive en Grand Bourg, cerca de José C. Paz, pero no me explica si en una casa o en la calle. Se lo intento preguntar varias veces, pero siempre responde “en Grand Bourg”. Dice que escuchó la noticia y vino. “Nunca vi ninguna copa ni pude entrar a esta parte, es un sueño, si puedo entrar al museo no me lo olvido más”, dice. 

Se hacen las diez y media de la noche y se arma la primera visita. Acompañamos a Brian, que da saltitos de emoción, como los chicos que no saben de qué manera expresar la alegría si no es saltando. Entramos al Museo: lo primero que vemos es una locomotora en homenaje a aquel equipo mítico al que llamaron “La Máquina”. Brian escucha al guía y abre la boca. Es bajito, medirá un metro sesenta. Tiene un camperón negro de River con la mochila colgada por dentro. Usa gorrita, pero cuando entra al museo se la saca y tiene el pelo pegado a la cabeza, como si hubiera pasado días sin sacarse esa gorra.

Entonces la ve: al fondo, la Copa Libertadores. A su lado, la Recopa. Ya no salta, se para al lado de las copas y observa. Levanta la mano, como quien quiere tocar el pie del David o recorrer con la punta del dedo el trazo de la Gioconda. Nadie lo para: posa su mano en la Copa Libertadores y se queda en silencio unos minutos.

Joaquín

Brian cumplió el sueño de recorrer el museo y ver las copas que ganó River.

Miércoles 23 hs | 7°C

Las donaciones siguen llegando, ahora en menor frecuencia. Llegó mucha ropa pero necesitamos más frazadas, repiten los voluntarios. La cena está terminando y algunas personas se acercan a esa pila de bolsas que se había formado. Un vallado los separa. Piden zapatillas, camperas, jeans. Primero tenemos que clasificar todo, les responden. A los que no tienen abrigo se les da uno, a los que ya tienen se les pide paciencia. Se suma más gente. “¡Vamos a repartir todo esto el viernes a las 19hs en Plaza de Mayo!”, grita un voluntario desde arriba de la montaña. La decisión estaba tomada. Si se suma más gente contra la valla esto termina mal, dicen.

Dentro del anillo del estadio se organiza el espacio donde la gente pasará la noche. River prestó el gimnasio de karate y tiene colchonetas. Lo dividen con sillas en tres partes: familias, parejas y hombres solos. Personal del estadio trae caloventores. Ahora faltan zapatillas para enchufarlos, pero tranquilos que llegarán. Todo se resuelve de alguna manera esta noche en River.

Entra la primera familia y se acomoda en unas colchonetas. Alejandra, su hija Ayelén (embarazada), Brisa (3 años) y Sergio (5 años). Quedaron en la calle hace 20 días. Según explica Alejandra, cobraban un subsidio que le fue retirado y ya no pudo pagar el alquiler. Ayelén abre una bolsa grande y saca un cubrecamas. Lo empieza a colocar con la ayuda de Alejandra, pero Brisa y Sergio hacen que la tarea de segundos lleve minutos. Vengan, les digo. Pueden saltar acá, y les señalo una colchoneta que era más ancha que el resto. Sergio hace un salto que duplica su altura y cae de cola. Se ríe. Brisa se le tira encima. Yo sé hacer esto, dice Sergio mientras da una vuelta carnero. Chocamos los 5 y desvío la mirada, pero Sergio se queda quieto apuntándome con el puño. Uh perdón, y le choco. Alejandra me explica que así son siempre, que tienen muchas pilas y que, por suerte, se toman todo esto como un juego. Los miro, lo afirmo y en cierta forma agradezco que sea así. Les pregunto si les puedo sacar una foto juntos. Esperá que me peino así salgo linda, dice Alejandra riéndose. Ayelén junta a los saltarines. Sergio se tapa un poco y Brisa asoma tímidamente detrás. ¡Whisky!

Maxi

Sergio, Ayelén, Brisa y Alejandra durmieron en uno de los gimnasios.

Jueves 00 hs | 6°C

Maxi se me acerca como si fuera a decirme un secreto. “Nos quedamos toda la noche, ¿no?”, me pregunta, como si diera por sentado que ese es el plan. Podemos, le digo, y rearmo mi día siguiente en la cabeza. Maxi se alegra. Se lo ve conmovido, por la situación, por estar ahí, por esa mezcla rara de privilegio y karma que es a veces el periodismo.

Mientras, en el salón, el hombre del piano conmueve a todos. Se llama Carlos, es de San Juan, y toca como los dioses. Cuando se haga de día, son muchos los medios que lo van a buscar para hacer una entrevista con él y pedirle que toque el piano. Según nos cuenta, viene de una familia adinerada de San Juan pero se peleó con su mujer y quedó en la calle. Prefiere no hablar tanto. En cambio, se sienta al piano y toca.

Joaquín

Jueves 01 hs | 6°C

Gastón vive en la calle hace 8 años. Su madre y su hermana viven en una casa en Quilmes, pero él no quiere ir ahí porque no les gusta “ser una carga”. Dice que llegó a la calle por malas decisiones, por estar preso, por drogas, por no encontrar trabajo… Hoy duerme en una casilla que le prestan en una obra. No tiene luz ni gas, pero conoce los trucos de la calle como nadie y se las arregla: sabe dónde ofrecen desayunos gratis, dónde almuerzos, dónde meriendas, dónde cenas… Tiene más de cuarenta años y quiere hablar. Le pregunto si podemos hacer con él una entrevista en vivo para Instagram. Le digo: “Es para una red social que se llama Instagram”. “Ya sé lo que es Instagram, papá”, me responde. Accede feliz, dice que le gusta dar entrevistas. Lo anunciamos en las redes y a los pocos minutos Gastón está sentado en el anillo del Monumental respondiendo preguntas de la gente. Es una entrevista sin red, todo puede suceder. Y todo sucede: después de veinte minutos, quienes los escuchamos estamos mucho más cerca que antes.

Joaquín

Gastón vive en la calle hace 8 años y contestó preguntas que la le hacía desde el Instagram de RED/ACCIÓN.

Jueves 02 hs | 5°C

Más de cien personas descansan al resguardo en el Monumental. Habilitaron el vestuario visitante para las familias porque el gimnasio se llenó de hombres solos. Es por una cuestión de comodidad y seguridad, explican.

El guiso que comió la gente en River se acabó. Le preguntamos a Juan Carr si quiere ir con nosotros a comer algo, aprovechando que ya todos están acostados. Le avisa a su esposa y salimos. Subimos al auto, maneja Juan. Decidimos ir a McDonald’s, está a pocas cuadras y abre las 24hs. Llegando a la avenida, Juan grita: “¡Pero la puta madre!”. Con Joaco nos miramos, ¿qué pasó? “Miren para atrás y díganme si en ese carro hay un chiquito”, dice. Miro para atrás y veo al chico que lleva un carro de cartones. No había un chiquito, había dos. Joaco dice de frenar y se baja para avisarles que vayan a River. Juan baja la ventanilla y le grita: “¡No, mejor invitálos a McDonald's!”. Y ahí fuimos y comimos con un muchacho de 26 años (que no nos dijo el nombre o no lo recuerdo) y los chiquitos, Matías y Jonás, sus sobrinos. 

Hablamos de cómo viven debajo de un puente a dos cuadras de la estación Rivadavia, de los precios de los carros para juntar cartones (entre mil y cuatro mil pesos), de que él es adoptado pero la mejor familia es la que uno elige, de que estuvo preso a los 17 y se arrepiente y no quiere volver nunca jamás, de que los chicos van al colegio mañana, y de los peligros de la calle. Nos despedimos y los dejamos terminar de comer tranquilos. Al salir, nos frena el de seguridad. “Esto es tremendo, nosotros nos quejamos de que nos cuesta llegar a fin de mes pero miralos a ellos”, reflexiona en una especie de autocrítica. 

Maxi

Jueves 03 hs | 4°C

Jueves 04 hs | 4°C

Todos duermen. Alguien golpea la puerta principal y un guardia de River abre. Entra una familia más. Dos hombres, una mujer, una nena de 8 años y una beba de un mes. La beba de un mes tiene un mes. La beba de un mes estuvo hasta las tres de la mañana recorriendo la noche de Buenos Aires a la intemperie. La beba de un mes ahora mama a resguardo mientras los voluntarios les dan algo para comer y tomar al resto de la familia. Se sientan a descansar un poco. Salimos con Juan y Maxi a sentir la temperatura, que a esa hora ronda los 4 grados. Estamos un rato en la calle y volvemos a entrar. A Juan se le pone la cara llena de cascaritas y la nariz roja como si Jim Carrey le hubiera tirado una bola de nieve en la jeta, como en la escena esa de Tonto y Retonto.

Joaquín

Algunas personas durmieron en el salón de acceso al estadio.

Jueves 05 hs | 3°C

Entramos a una oficina (Hockey sobre césped, reza el cartel) y nos tiramos en el piso sobre una mantas que quedaron disponibles. Estamos rodeados de copas ganadas por el hockey. Cerramos los ojos una hora, acaso menos, acaso un poco más. 

Joaquín

Jueves 06 hs | 3°C

De a poco empiezan a levantarse todos. Los voluntarios sirven el desayuno. Hay mate cocido, té y demás infusiones. También hay leche chocolatada y para comer ofrecen facturas, tortas y galletitas. Llegan los móviles de televisión, se acomodan entre las personas y arrancan a transmitir. Cómo pasaron la noche, de dónde son y hace cuánto están en la calle, repiten los periodistas.

Maxi

Según datos oficiales hay 1146 personas viviendo en situación de calle. Los registros de distintas ONGs hablan de más de 3000.

Jueves 07 hs | 3°C

La familia de Alejandra se prepara para irse. Ella, su hija Ayelén, Brisa y Sergio. Ayelén dice que se van a ir a pasar el día a lo de una hermana, que está contenta porque durmió bien. Le pregunto a Brisa si volvería a dormir al Monumental si pudiera. Sonríe con una inocencia hermosa y dice que sí, que sí, que sí.

Joaquín

Jueves 08hs | 4°C

Nos vamos al mismo tiempo que muchos de los que durmieron acá. Familias con hijos y cochecitos llenos de frazadas se van quién sabe hacia dónde. Ni ellos lo saben. Pero se van contentos, felices de haber pasado una noche tranquila y abrigada.

La convocatoria fue un éxito y quizás eso sea lo más doloroso. Como dijo Juan, “es un éxito que supone una derrota enorme”. Hoy en River, al menos, el frío perdió su partido.

Maxi

A las 8 de la mañana, las familias dejaron y River y volvieron a la calle.

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