Israel, el país con más científicos del mundo busca talentos en la Argentina

A través del Instituto Weizmann, uno de los centros de investigación más importantes del mundo, Israel trajo científicos para que expusieran en colegios y ante universitarios. Ese país invierte el 4,3 % del PBI en investigación y desarrollo, siete veces más que la Argentina.

Por Javier Drovetto

4 de mayo de 2018

Lo rodean unos 20 estudiantes de 15 a 17 años. Le preguntan sobre su trabajo en el desierto de Israel, el camión con el que recorre esas superficies desoladas, el laboratorio montado en ese vehículo y cómo son las antenas que instala en medio de la nada para medir la relación entre la escasa vegetación y la atmósfera.

Rafael Stern, un geógrafo brasileño de 29 años, termina de dar una charla en la que contó qué investiga en el desierto de Israel y lo acosan como a una estrella adolescente. Como podría ocurrir con un deportista, una cantante pop, un actor de series. Contesta lo que puede, en los 10 minutos que le dijeron que les podía dedicar. Su agenda está cargada, como la de una celebridad de gira.

Porque Stern está literalmente de gira: vino a la Argentina para promocionar su profesión. No lo patrocina un club, una discográfica o una productora de cine. Es científico y lo trajo el Instituto Weizmann de Israel, uno de los centros de investigación científica más importantes del mundo y el sexto en innovación a nivel global, según el ranking de la prestigiosa revista científica Nature.

En la sede de la escuela secundaria ORT, en Almagro, Stern no puede hablar con los periodistas. Quiere, pero no puede. Ni él ni los dos biólogos, también del Weizmann, que lo acompañan en la gira: el uruguayo Andrés Goldman (34) y la israelí Michal Shaked (32). No conversan con los periodistas porque no tienen tiempo y su principal objetivo es otro: incentivar a que más chicos estudien ciencias básicas y a que los jóvenes que ya tomaron ese camino sigan una formación continua que los convierta en verdaderos científicos.

Y, también, que piensen en el Weizmann como un lugar donde poder “hacer realidad los sueños” de futuros científicos. Con esa frase termina justamente el video de seis minutos con el que el instituto busca ilustrar cómo se vive y trabaja en el campus de 1100 hectáreas que tiene en el sur de Tel Aviv.

Rafael Stern, científico del Instituto Weizmann. / Fotos gentileza Instituto Weizmann.
Rafael Stern, científico del Instituto Weizmann. / Fotos gentileza Instituto Weizmann.

La gira de los científicos incluye charlas en escuelas primarias y secundarias, encuentros con estudiantes universitarios, visitas a empresas vinculadas a la ciencia, citas con funcionarios de la Dirección de Ciencia y Tecnología de la Ciudad y hasta reuniones privadas en casas de familia.

Para el Weizmann, este tipo de excursiones son habituales y necesarias para reclutar talentos. Porque para hacer un posgrado e investigar en el instituto no hay que pagar nada, sino todo lo contrario. Les pagan por hacerlo, los alojan y les dan todas las herramientas que necesitan para “investigar lo que quieran”.

Pero antes hay que aplicar de acuerdo a sus criterios de excelencia. “Estamos abiertos a aceptar estudiantes de todas las nacionalidades y religiones. El único criterio es la excelencia. Y la excelencia es también una actitud. En esta visita a la Argentina encontramos jóvenes con mucha curiosidad por la ciencia”, asegura la directora de Desarrollo de Recursos del Weizmann, Kelly Avidan, ya desde San Pablo, Brasil, por donde siguió y finalizará la gira.

Israel, el país que más invierte en innovación y desarrollo

El Weizmann tiene unos 1300 estudiante de masters, doctorados y posdoctorados. Cuenta con 238 grupos de investigación de ciencias básicas. Y genera en promedio 120 patentes al año. Varios de los medicamentos más vendidos del mundo fueron descubiertos por sus científicos: Humira (tumores y artritis), Rebif (esclerosis múltiple), Erbitux (cáncer colon) y Vectibix (cáncer).

El instituto se financia en gran medida con dinero del gobierno israelí, donaciones y fondos internacionales para becas. También comercializa las patentes de sus descubrimientos. Su fundador, en 1934, fue Chaim Weizmann, un químico que en 1949 se convirtió en el primer presidente del estado de Israel.

De hecho, desde el instituto exponen una cita del ex presidente para graficar su filosofía: “Confió y estoy convencido de que la ciencia traerá a estas tierras tanto paz como renovación de su juventud, creando las posibilidades para el desarrollo espiritual y material”.

Los científicos durante su exposición en la ORT.
Los científicos durante su exposición en la ORT.

La cita ayuda a explicar, en parte, por qué Israel apuesta a la ciencia como uno de los pilares de su sociedad y economía. El país invierte el 4,3 % de su Producto Bruto Interno (PBI) en investigación y desarrollo, lo que lo convierte en el estado con mayor aporte, a la par de Corea del Sur, a esas dos áreas, según datos del Instituto de Estadística de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO). La inversión israelí en esa área es siete veces superior a la de la Argentina, que destina el 0,6 % de su PBI.

Ya terminada su gira y a través de un chat por Facebook, Stern es categórico al explicar por qué un país debe invertir en ciencia básica: “Es invertir en el futuro, progreso e independencia de un país. Cuando exportamos algún bien, como soja, carne o hierro, también estamos exportando el agua y el suelo que tuvimos que usar, creando daños ambientales y polución. Pero la generación de conocimiento, ciencia básica, y su exportación, no saca nada del país. Y si no se desarrolla el conocimiento en un país, ese país siempre dependerá del conocimiento generado en otros países”. Su país de origen, Brasil, destina el 1,2 % del PBI a investigación y desarrollo.

En ese sentido, el Instituto de Estadística de la UNESCO, sostiene que “cada dólar invertido en investigación y desarrollo genera casi dos dólares a cambio” y aclara que “si bien la tasa puede variar, es un importante impulsor del crecimiento económico”.

Un plan para detectar talentos argentinos

Stern, Goldman y Shaked fueron preparados durante varios meses para la gira. Los ayudaron a traducir sus investigaciones a un lenguaje coloquial. Los entrenaron para que sus exposiciones fueran entretenidas.

Cuando se dirigió a los chicos de la ORT y el día anterior a los de la primaria Natan Gesang, de Palermo, Stern arrancó con una afirmación estudiada y planificada para generar un clima amigable. “Messi es mejor que Neymar”, bromeó. Recién después los introdujo en su materia: el estudio de los efectos que causan sobre la atmósfera los bosques nativos, los bosques implantados, las tierras sembradas o los pastizales.

Stern, Goldman y Shaked, los científicos que buscaron cautivar a los estudiantes.
Stern, Goldman y Shaked, los científicos que buscaron cautivar a los estudiantes.

También los prepararon para exponer ante entendidos y expertos. Porque el segundo día de su gira por Buenos Aires debieron hablar ante un auditorio conformado por referentes científicos, académicos y estudiantes del instituto Leloir, el INTA, el Conicet, la Universidad de Buenos Aires, las Universidad Nacional de Quilmes y la Universidad Nacional de San Martín. Fue en el auditorio de Grupo Insud, un conglomerado empresarial dedicado a las industrias farmacéutica, agroforestal y cultural del empresario Hugo Sigman, quien preside la Asociación Amigos del Instituto Weizmann en Argentina.

Tras la gira, desde el Weizmann confirmaron que dos estudiantes fueron seleccionados para la edición número 50 del Encuentro de Ciencias de Verano que harán en Tel Aviv en julio. Se trata de una egresada cordobesa del Instituto Espíritu Santo de Río Ceballos, Córdoba; y de un egresado de Vicente López, provincia de Buenos Aires, que fue a la ORT. En los dos casos, los jóvenes habían sido reconocidos en olimpiadas de ciencias locales.

De todos modos, ya hay argentinos trabajando en el instituto. Además de estudiantes, hay tres investigadores principales trabajado en el campus, en Israel. Lucio Frydman trabaja en el desarrollo de nuevas técnicas de resonancia magnética nuclear; Ernesto Joselevich investiga nanoestructuras; y Karina Yaniv estudia cómo niveles del colesterol llamado “malo” podrían estar asociados a una menor predisposición a padecer cáncer. Y 45 investigaciones se realizan en colaboración con equipos de investigadores radicados en el país.

Argentina: pocas oportunidades para la ciencia básica

“Israel consiguió cambiar la cultura familiar de mi hijo el doctor por la de mi hijo el científico”, asegura Juan Carlos Reboreda, decano de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA. Y reconoce que le dio muy buenos frutos: Israel cuenta con 8.255 investigadores cada millón de habitantes, la proporción más alta del mundo. La Argentina, en cambio, tiene 1.202 por cada millón de habitantes.

La relación argentina es la más alta de todo Sudamérica, donde Brasil tiene 698, Uruguay 504 y Chile 427 por cada millón de habitantes. Sin embargo, está lejos de los algo más de 4.000 científicos por millón de habitantes que registran países como Francia, Alemania, Holanda y Estados Unidos.  

“Incluso estamos muy por debajo de Australia (4.530 por millón), que es el modelo a imitar”, señala Reboreda y considera que esa falencia en gran medida se debe justamente a la falta de inversión de PBI en ciencia y tecnología. “Es necesaria más inversión, pero sin embargo viene disminuyendo. En ese contexto, pareciera no tener mucho sentido fomentar vocaciones cuando estás achicando el sistema científico. Sería estafar a los estudiantes”, se lamenta.

Efectivamente, el presupuesto nacional en ciencia y tecnología está en retroceso. Para 2018 están presupuestados $ 35.490 millones, lo que representa una reducción nominal del 0,10 % con respecto al año pasado y una caída del 15,8 % si se toma en cuenta la meta inflacionaria del Gobierno, según se desprende de un análisis detallado publicado por Fernando Stefani, vicedirector del Centro de Investigaciones en Bionanociencias del Conicet.

Además, la falta de una política de estado que fomente con determinación el desarrollo científico y tecnológico también produce un achicamiento de las oportunidades que ofrece el sector privado. En Israel, el 84 % de la inversión en investigación y desarrollo, según la Unesco, la hace el sector privado. Mientras que en la Argentina, las empresas aportan el 20 % de la inversión global en estas dos áreas.

Pocos argentinos eligen estudiar ciencias básicas

Los números respecto a la cantidad de estudiantes de carreras de ciencias básicas, como química, física, biología o matemática, entre otras, también está en descenso en la Argentina. Según datos del Ministerio de Educación de la Nación, en 2016 había en todo el país 54.431 estudiantes de carreras de grado o pregrado vinculadas a las ciencias básicas, lo que representaba apenas el 2,8 % del total de estudiantes. En 2015 eran el 2,96 % y en 2014, el 3,03 %.

De todos modos, desde el Ministerio de Educación explicaron que las carreras vinculadas a ciencias básicas están incluidas entre las orientaciones consideradas estratégicas y en consecuencia tienen incentivos preferenciales, tal como ocurre con las carreras de ciencias aplicadas. Las becas Progresar, por ejemplo, ofrecen $ 1800 mensuales para quienes estudien ciencias básicas o aplicadas, $ 200 más que lo dispuesto para las demás carreras. Mientras que asciende a $ 4900 mensuales sobre el final de la carrera cuando para el resto de las ramas alcanza los $ 2300.

En el Ministerio de Educación, desde el año pasado, también existe el programa Nexo, que busca articular la finalización del secundario con el ciclo superior con distintas políticas. Entre ellas, la de instaurar la idea de continuidad del estudio como horizonte y la de favorecer la elección temprana de la carrera. Y es en este último punto donde existe un trabajo específico para difundir en la escuela secundaria las carreras de ciencias básicas y aplicadas.

Manuel tiene 15 años y va a tercer año de la ORT. Fue uno de los chicos que rodeó a los científicos. A él le interesó charlar con Goldman. Le pidió que le volviera explicar por qué cambian de forma las mitocondrias, los orgánulos encargados de suministrar energía a las células, una investigación con la que el biólogo uruguayo quiere saber más sobre enfermedades como la obesidad, Alzheimer y Parkinson.

-¿Te gustaría ser un científico del Weizmann?

-A mí me gusta la biología molecular. Yo sueño con ser científico. No importa dónde.

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