La extraordinaria vida nómade de los acróbatas de Séptimo Día

Por Javier Sinay
5 de septiembre de 2018

El show de Cirque du Soleil que homenajea a Soda Stereo volvió al Luna Park con 36 acróbatas y artistas llegados de 18 países. Cómo es la vida trashumante del circo más convocante del planeta.

* * *

“Soy la única acróbata en un grupo de saltos tumbling y cada día entreno con cuatro o cinco muchachos haciendo mis rutinas: verdaderamente, ellos se han convertido en mis hermanos”, dice Betsy Zander, una de las artistas del Cirque du Soleil que viene recorriendo toda América con el espectáculo “Séptimo día”. Zander tiene 26 años y estudió en la Escuela de Negocios de la Universidad George Washington, pero desde hace un año y medio todos los días (salvo los lunes) se pone en la piel de Soda, uno de los personajes de esta obra que la compañía canadiense le dedica a Soda Stereo. “Nos hemos convertido en una familia porque el elenco es muy pequeño”, sigue ahora, en un rincón del Luna Park, mientras a su alrededor tres acróbatas rusos saltan varios metros. “Compartimos los camarines y mantenemos una relación con cada cual, mucho más de lo que ocurre en un show de 100 artistas donde la gente apenas se saluda”.

Junto a Betsy Zander viajan otras 81 personas, de las cuales 36 son artistas, saltarines y acróbatas. La compañía parece vivir la vida trashumante de un circo clásico, pero en realidad ésta es apenas una de las veinte, o más, que el Cirque du Soleil, el circo más convocante del planeta, tiene ahora tours por unas 120 ciudades y que, a lo largo de un año, presentan más de 6.000 funciones frente a 9 millones de espectadores. “Séptimo día”, que está narrado en torno a los temas de la banda de Gustavo Cerati, inició sus funciones en Buenos Aires el año pasado y ya pasó por 16 destinos (Los Ángeles, Ciudad de México, Lima y Santiago, entre ellos). Esta semana ha regresado al Luna Park: aquí, donde en su debut hizo 73 funciones y alcanzó un récord histórico, el show se despedirá.

“Si uno viaja por diferentes países con la gente con la que trabaja, se hace amigo y encuentra similitudes en ellos aunque todos seamos de diferentes sitios”, sigue la acróbata Betsy Zander.

Sus compañeros han nacido en 14 países. Los del equipo de banquine (que son una docena de cirqueros que realizan pirámides humanas y secuencias de acrobacias sincronizadas) nacieron en Rusia y en Ucrania, y también hay uno que viene de Kazajistán. El número de “Hombre al agua”, que se realiza en una pecera de 6,3 metros de alto, está a cargo de un especialista hawaiano en apnea y de una ex deportista japonesa que integró el equipo de nado sincronizado de su país. El clown que protagoniza el fragmento de “Sobredosis de TV” es argentino. El personaje de L’Assoifé, un muchacho que al ponerse los auriculares hace que cobre vida el mundo circense de Soda Stereo, está a cargo de Noah Nielsen, un genio del diábolo que se crió en un pueblito canadiense. Los dos médicos que cuidan al staff son de Brasil y de México. También hay franceses, ingleses y españoles. Y una belga y una danesa.

Ésta es la cuarta colaboración creativa del Cirque du Soleil (que nació en Quebec en 1984) con músicos de renombre internacional. Las otras tres fueron con la música de Elvis Presley, los Beatles y Michael Jackson, lo que devuelve a Soda Stereo –quizás la banda más grande del rock en español– a un nivel de trascendencia que ya había alcanzado en su gira de despedida de 1997 (la de “Gracias totales”) y en la de su regreso de 2007, cuando dio conciertos en nueve países para más de un millón de fans.

“Séptimo día”, una gran apuesta del Cirque du Soleil para América Latina, se convirtió en uno de sus mayores éxitos: fue el primer show en la historia de la compañía que vendió más de 500.000 tickets antes de su estreno y el primero que habilitó un sector para el público de pie (como si fuera un show de rock). Esta idea del “campo” fue propuesta por los dos Soda Stereo sobrevivientes, Charly Alberti y Zeta Bosio, quienes el jueves pasado fueron a ver una función en el Luna Park y recibieron una ovación.

Pero mover este show-récord implica un trabajo minucioso. Además de las 82 personas que lo hacen posible hay 20 acompañantes (parejas, hijos, amigos). Y 23 camiones que recorren las rutas, país a país, con unas 60 toneladas de luces, piezas de escenario, cables, pantallas y parlantes. En cada ciudad hay un grupo de asistencia de 50 empleados y una cocina que prepara 300 platos de comida por día (incluido el de un único acróbata vegano). Y, a la hora de hacer las reservas de hotel, todos los artistas duermen en habitaciones individuales.

“El circo se convirtió en mi casa”, dice Guillermo “Toto” Castiñeiras, que lleva ya 12 años en el Cirque du Soleil. “Viajé por todos lados, pero siento que en realidad estuve en un solo lugar, que es mi trabajo: la actuación. Vivir viajando es como nunca aburrirse, es como tener un mapa nuevo para recorrer todo el tiempo. Hay adrenalina porque no sabés con qué te vas a encontrar, pero en verdad la esencia de la gente es siempre la misma y la encontrás cuando salís a la calle y la mirás a los ojos”.

En este show hay dos disciplinas que Cirque du Soleil nunca antes había puesto en escena. Una se llama “cadena aérea”: Oleg, uno de los acróbatas rusos, se sujeta de una cadena larguísima que pende del techo y la trepa y la desanda retando a la gravedad durante varios minutos, mientras suena “En la ciudad de la furia”.

La otra es suspensión capilar, y es uno de los números más increíbles del espectáculo. Zendra Tabasco, que nació en Emiliano Zapata, un pueblito del estado mexicano de Tabasco, se hace un peinado con muchísimas trenzas entre las que se coloca un gran aro de acero. El aro pende de una cuerda que cae desde el techo, y Zendra Tabasco pende del aro. Así parece que flotara mientras suena “Luna roja”. Al verla, uno piensa que su cuero cabelludo debe estar ardiendo mientras soporta los 45 kilos que ella pesa, pero luego de su ensayo Tabasco cuenta que si el peinado de trenzas está bien hecho, no hay dolor.

Así que se relaja. Habla de otra cosa: “Volver acá es cerrar el ciclo donde empezó y es muy emocionante”, dice. “Estamos todos bastante movidos porque han sido casi dos años de convivencia muy íntima e intensa. Convivir con gente tan diversa, pues, te abre ventanas mentales que antes no estaban ahí”. En un rato, ella estará en el escenario junto al resto de la troupe. Sonarán los acordes de “Prófugos” y, como cada noche, Soda Stereo volverá a ser puro presente.

Fotografía: Prensa Soda Stereo SEP7IMO DIA by Cirque du Soleil