La tragedia de los celulares: ¿se rompen rápido o los programan para que dejen de funcionar? | RED/ACCIÓN

La tragedia de los celulares: ¿se rompen rápido o los programan para que dejen de funcionar?

El fenómeno se llama obsolescencia programada y según un informe reciente preocupa al 72% de los latinoamericanos. ¿Es real que desarrollamos tecnologías para que dejen de funcionar o es solo una mentira que nos decimos para cambiar el equipo sin culpa?

Foto: AFP

Año 1999. Se acerca el nuevo milenio y en la sociedad reina la incertidumbre. ¿Qué pasará con las computadoras cuando llegue el año 2000? ¿Podrán asimilar el cambio o habrá un colapso tecnológico mundial? El argumento que corre de boca en boca es sencillo: la tecnología no está seteada para atravesar el umbral.

“Los microchips que están embebidos en muchos de los aparatos que usamos pueden dejar de andar o generar una falla... Puede haber un problema de guerras civiles por falta de control en los aparatos militares...”, decía un analista de turno en un video de la época (la entrevista completa, de carácter alarmista, puede verse acá, ya con la calma del diario del lunes).

Lo cierto es que las computadoras se bancaron la llegada del año 2000 y el mundo tecnológico no cayó en desgracia. Al contrario, los avances de ese entonces a hoy fueron increíblemente veloces. Tanto, que hubo un cambio de paradigma en cuanto a los productos electrónicos. Si antes valorábamos un reloj que no se rompía nunca, de repente empezamos a desear accesorios que nunca se desactualicen. Y entramos, además, en la era de los smartphones o celulares inteligentes. Entonces sí, el mundo pasó a ser otro.

Es innecesario repasar cómo fue que los teléfonos celulares se convirtieron en el aparato más importante de nuestras vidas. Pero sí podemos preguntarnos por qué sucede que esa "cosa" tan fundamental para nosotros es reemplazada de manera permanente. ¿Se rompen rápido? ¿No se pueden fabricar más fuertes? ¿Realmente los programan para que dejen de funcionar? El motivo tiene nombre y ese nombre es obsolescencia programada. Es aquella característica de la tecnología por la cual los productos tienen una fecha de caducidad desde el momento de su creación.

En lo personal, cambio el teléfono más o menos cada dos años. Me gusta estar actualizado y además es una herramienta de trabajo. Sin embargo, el deseo de cambiar de modelo siempre empieza antes, y estoy durante meses mirando teléfonos y reseñas como si en ello fuera mi destino.

Cada año, las compañías lanzan sus campañas de marketing: Apple hace una conferencia mostrando lo nuevo que traerá el iPhone, Google juega a lo mismo, Samsung muestra alguna nueva cámara revolucionaria y Huawei alardea de algún nuevo procesador con 18 núcleos. Así año tras año. Los consumidores somos víctimas del avance infinito.

Plantearlo puede parecer burgués en el primer golpe de vista, pero si uno le da unos segundos de reposo se da cuenta de que todos tenemos el asunto en la cabeza. Quienes tienen celulares de menor valor, corren el riesgo de que una nueva actualización del sistema los deje sin WhatsApp, o necesiten cambiar los aparatos por problemas en la batería. En la Argentina hay cerca de 62 millones de celulares activos, es decir, más celulares que personas. Somos una sociedad que compra celulares y los cambia.

Según un informe realizado a pedido de HMD Global, la empresa responsable de los teléfonos Nokia, la obsolescencia programada preocupa al 72% de los latinoamericanos. Los datos los arroja una encuesta realizada a más de 2.000 personas en Argentina, Chile, México, Colombia y Perú. Los motivos por los cuales los teléfonos dejan de servir son varios: el bajo rendimiento de la batería y de la capacidad de almacenamiento se lleva el mayor porcentaje según las personas encuestadas (48%). Los otros causales son que se vuelven lentos (35%), se recalientan (28%), el diseño comienza a lucir “viejo” (19%), el software queda desactualizado (13%) y los equipos quedan desprotegidos frente a las amenazas de virus (9%).

Desde RED/ACCIÓN hicimos nuestra propia consulta a miembros y lectores. Realizamos una encuesta e invitamos a nuestra comunidad a responderla. Recibimos más de 180 respuestas a un formulario y varios comentarios en Twitter. Gran parte de la información de esta nota está construida con esa participación.

Además de las respuestas cerradas, algunos de los participantes agregaron comentarios. Acá una lista de 10 motivos por los cuales algunos lectores de RED/ACCIÓN cambian su teléfono:

  1. “Las últimas 3 veces lo tuve que cambiar por problemas con la plaqueta”.
  2. “Tuve 9 celulares en los últimos 22 años. Todos los cambios fueron por fallas irreparables. Sino, no cambiaría nunca el teléfono”.
  3. “Los teléfonos empiezan a quedar obsoletos cuando sacan actualizaciones de sistemas operativos y aplicaciones cada vez más pesadas. Y se niegan las grandes empresas a hacer actualizaciones para dispositivos anteriores. Como el caso de Twitter con el iPhone 4, y Apple con el sistema operativo de los iPhone”.
  4. “Quisiera no depender del aparato pero el sistema te obliga sobre todo el ámbito laboral”.
  5. “Lo cambio cuando me queda poca memoria interna por el tamaño de las actualizaciones. También lo uso para trabajar”.
  6. “Cambio el celular cada 2/3 años por un modelo nuevo y vendo el viejo para mantener actualizada la inversión 😉”.
  7. “Te dejás llevar por las tentaciones de las empresas telefónicas”.
  8. “Me gustaría que los celulares duren más y que exista un lugar donde reciclar los materiales que los componen”.
  9. “Coincido en que son fabricados para que duren muy poco tiempo y paralelamente hay un desarrollo tecnológico que en algunos casos sí es necesario el cambio... Pero la base del problema es la poca durabilidad de todos los aparatos”.
  10. “Podría tenerlos más, pero me tienta la nueva tecnología”.

Juan Olano, director de Portfolio para Américas de HMD Global, opina: “Sin dudas, la batería es una de las protagonistas en la propuesta de valor de un celular. Al consultarle a los consumidores cuáles son los principales problemas en el uso de teléfonos celulares, pudimos ver que para los argentinos el bajo rendimiento de la batería, junto con la poca capacidad de almacenamiento, se han convertido en uno de sus mayores dolores de cabeza”.

Según explica Olano, los usuarios están basando su elección de celulares primordialmente en la duración de batería.

Quién no recuerda aquel mítico e irrompible Nokia 1100. Quienes lo tenían lo podían utilizar hasta después del apocalipsis. Pero resultó que antes de que llegara el final de los días llegó la evolución móvil. ¿Es realmente un problema tecnológico el motivo por cual debemos cambiar los celulares? ¿Es la obsolescencia un mal del progreso o una estrategia de las empresas para vender más?

“Un poco y un poco”, dice Hipólito Giménez Blanco, consultor en tecnología y e-commerce. “Por un lado, están haciendo sistemas operativos cada vez más complejos y pesados uno atrás del otro y los procesadores no aguantan las versiones más nuevas. En ese sentido, la obsolescencia es real y no necesariamente programada. Por otro lado, hubo un proyecto de Google -Proyecto Ara se llamó- para hacer teléfonos modulares en los que pudieran cambiarse piezas sin cambiar el modelo pero no funcionó", agrega.

La agencia de noticias Télam anunció la suspensión del proyecto en septiembre de 2016.

Blanco, consultor en nuevas tecnologías, sigue: "Por otro lado, una cuestión interesante es preguntarse por qué no bajan los precios de los teléfonos. Ya está establecido que un nuevo modelo de iPhone sale más menos 1000 dólares, sin embargo usan cada vez menos materiales, los chips son más chicos, los procesos de fabricación son cada vez más eficaces... ¿Por qué se mantiene el precio mientras baja el costo? Porque su valor es simbólico, y parte de ese valor depende de que cada año haya un nuevo objeto preciado al que aspirar. Bajar los precios a la par de los costos serían terminar con la carrera tecnológica de los smartphones”.

El documental español “Comprar, Tirar, Comprar”, dirigido por Cosima Dannoritzer y coproducido por Televisión Española, aporta pruebas documentales de una práctica empresarial, que según afirman los autores, "consiste en la reducción deliberada de la vida de un producto para incrementar su consumo".

José Vicente López, investigador del Departamento de Ingeniería y Gestión Forestal y Ambiental de la Universidad Politécnica de Madrid, se preguntó retóricamente si podemos escapar de la obsolescencia programada de la tecnología. En una nota que publicamos en marzo dice que "en general, no hay consenso internacional para combatir esta modalidad de fraude". Sin embargo, muestra algunas intenciones europeas:

  • Países como Holanda o Finlandia avanzan en la línea de determinar que los dos años previstos por la garantía legal sean solo un límite mínimo.
  • Desde agosto de 2015, Francia dispone de una ley en la que se define la obsolescencia programada como un delito con castigo de hasta 2 años de cárcel y multas de 300.000 euros.
  • Italia ya ha impuesto fuertes multas a Samsung y Apple por este tema.
    Suecia ha adoptado una serie de medidas fiscales que entraron en vigor en enero de 2017 con el objetivo de reforzar el sector de la reparación, el reciclaje y la economía circular.
  • En la legislación española existe una clara infracción administrativa para los supuestos de obsolescencia programada no informada, pero al no haber una ley específica que regule la obsolescencia programada, las administraciones actúan únicamente ante una denuncia.

Así las cosas, pareciera que los teléfonos van a seguir siendo los reyes de nuestra vida pero también los amores más fugaces.

Se estima que en el mundo se produjeron más de siete mil millones de smartphones. ¿A dónde van todos ellos una vez que ya no se usan? El entramado de la basura tecnológica es un tema en sí. Pueden leer esta nota de Lucila Pinto en RED/ACCIÓN sobre las varias vidas que tiene una computadora, o esta otra de Infobae sobre el aumento de la basura electrónica generada por los teléfonos celulares. Tal como se dice, “más del 90% de los componentes de los equipos de telefonía son reciclables”.

Doná o reciclá los teléfonos que no usás

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