Manual para dar el salto | RED/ACCIÓN

Manual para dar el salto

Decir no no basta
Naomi Klein
Paidós

Selección y comentario por Natalia Zuazo, periodista de poder y tecnología, politóloga. Directora de la agencia tecnopolítica Salto. Autora de Guerras de internet (Debate, 2015) y Los dueños de internet (Debate, 2018).

Uno (mi comentario)

Para los que trabajamos entre el mundo de las ideas y de la acción, existe una búsqueda permanente entre encontrar nuevas formas de pensar el mundo y estrategias para cambiarlo. ¿Cómo nos explicamos lo que pasa?, primero. ¿Cómo lo cambiamos?, después. En ese intercambio –que siempre es con otros- está el día a día.  Desde los 2000, la canadiense Naomi Klein nos aporta sus libros para este fin, a veces destinados a un análisis que nos lleve a comprender lo nuevo (No logo, La doctrina del shock) y otras a tomar una acción más inmediata en temas como la ecología o el apremio de los trabajadores a recuperar sus puestos de trabajo. (...)

(sigue mi comentario)

Decir no no basta está en el segundo grupo, el de los libros que ofrecen soluciones para la acción. Pero además aprendió: del gobierno de Trump que ya coronó la clase empresaria para tomar decisiones públicas (quien lo quiera leer como espejo de la Argentina o Brasil viene perfecto) y de los gobiernos progresistas que no se animaron a hacer verdaderas reformas cuando llegaron al poder. Y, sobre todo, aprendió de su experiencia en primera persona junto a los nuevos movimientos populares que decidieron dejar de decir que “no” y empezar a unirse y decir “sí” a sus demandas comunes, más allá de sus diferencias. Allí, en esa construcción colectiva de sindicatos, trabajadores, identidades disidentes, minorías que ya son mayorías, unidas por valores y el no común a un mundo gobernado por el dinero, está su mapa posible. Y tal vez el único que nos quede.

Dos (la selección)

“Ya el propio gabinete de Trump, formado por millonarios y multimillonarios, nos dice mucho de los objetivos ocultos de su Administración. Exxon Mobile, a la Secretaría de Estado. General Dymamics y Boeing, a la cabeza del Departamento de Defensa. Y los chicos de Goldman Sachs para casi todo lo demás. El puñado de políticos de carrera a los que se ha puesto al frente de alguna agencia gubernamental parecen elegidos, bien porque no creen en la función básica de la agencia, bien porque directamente creen porque la agencia no debería existir. Steve Bannon, el aparentemente marginado estratega jefe de Trump, fue muy claro al respecto en febrero de 2017, dirigiéndose a un público conservador. El objetivo, dijo, era la «deconstrucción del Estado administrativo» (se refería con esto a las normativas y agencias gubernamentales encargadas de proteger a la población y sus derechos). Y añadió: «Si te fijas en la lista de candidatos a un puesto en el gabinete, han sido seleccionados por una razón, y es la deconstrucción».”

Tres

“Los pilares fundamentales del proyecto político y económico de Trump son: la deconstrucción del Estado regulador; una ofensiva total contra el Estado de bienestar y los servicios sociales (justificada en parte con un discurso belicoso que instiga el miedo racial y ataca en parte a las mujeres por ejercer sus derechos); el desencadenamiento de una fiebre por los combustibles fósiles nacionales (que pasa por ignorar los estudios científicos sobre el clima y neutralizar gran parte de la burocracia gubernamental); y una guerra de civilizaciones contra los inmigrantes y el «terrorismo islamista radical».

Además de suponer una amenaza evidente para quienes ya son los más vulnerables, este proyecto entraña una visión que generará con toda seguridad una ola tras otra de crisis y shocks. Shocks económicos, a medida que estallen las burbujas del mercado, infladas gracias a la desregulación; shocks de seguridad, cuando nos alcancen las represalias por las políticas antiislamistas y las agresiones en el exterior; shocks climáticos, al desestabilizar aún más el clima; y shocks industriales, cuando se produzcan vertidos de los oleoductos y accidentes en las plataformas petrolíferas, lo que tiende a ocurrir siempre que se cercenan las normativas medioambientales y de seguridad.”

Cuatro

“Si algo he aprendido de informas desde docenas de lugares sumidos en una crisis, de la Atenas sacudida por la debacle de la deuda griega hasta la Nueva Orleans tras el huracán Katrina, pasando por Bagdad durante la ocupación estadounidadense, es esto: que es posible ofrecer resistencia a estas tácticas. Para hacerlo, han de ocurrir dos hechos cruciales. Primero, hemos de entender perfectamente cómo funcionan las políticas de shock y a qué intereses sirven. Es esa comprensión la que nos permite salir rápidamente del estado de shock y empezar a contraatacar. Segundo, e igualmente importante, tenemos que contar una historia distinta de la que nos venden los doctores del shock, una visión del mundo lo bastante convincente como para competir con la suya de igual a igual. Esta visión, fundamentada en valores, ha de ofrecer una vía diferente, lejos de shocks encadenados; una que se base en unirnos por encima de divisiones raciales, étnicas, religiosas o de género, en vez de dejar que nos enfrenten aún más, y en sanar el planeta en vez de desatar más guerras desestabilizadoras y seguir contaminándolo. Y sobre todo, esa visión debe ofrecer a quienes están sufriendo –por falta de trabajo, falta de asistencia sanitaria, falta de paz, falta de esperanza- una vida tangiblemente mejor.”

Cinco

“He aquí una teoría: la interacción entre los sueños idealistas y las victorias terrenales siempre ha estado en el centro de los momentos de transformación profunda. Los avances logrados para los obreros y sus familias tras la Guerra Civil y durante la Gran Depresión, así como en materia derechos civiles y medio ambiente en los años sesenta y principios de los setenta del siglo pasado, no fueron meras reacciones ante una crisis u otra. Fueron reacciones a crisis que ocurrieron en momentos en los que las personas se atrevieron a soñar a lo grande, alto y claro, en público, con auténticas explosiones de imaginación utópicas.”

Seis

“Y, sin embargo, a las generaciones que habían crecido en el neoliberalismo les costó imaginar algo, lo que fuera, pero algo que fuera distinto de lo único que habían conocido. Es posible que el poder de la memoria también influyera. Cuando los trabajadores se sublevaron contra las depravaciones de la era industrial, muchos conservaban recuerdos vívidos de otro modelo de economía. (…) AL haber conocido algo distinto eran capaces de imaginar –y luchar por- un futuro radicalmente mejor. Incluso aquellos que jamás han sido tremendamente creativos a la hora de buscar caminos –a menudo por medio de formas artísticas clandestinas- de alimentar y mantener con vida el sueño de la libertad, el autogobierno y la democracia. (…) Es precisamente esta capacidad de imaginar, la habilidad de concebir un mundo completamente distinto del actual, lo que ha brillado por su ausencia desde que el grito de «no» empezó a oírse por todo el mundo en 2008.”

Siete

“Nos habíamos reunido para detectar las conexiones entre las crisis a las que nos enfrentamos y para tratar de esbozar una visión holística del futuro que resolviera muchos de los desafíos que se cruzan a la vez. Igual que en Standing Rock, mucha gente está empezando a ver y hablar sobre estas conexiones, señalando, por ejemplo, los intereses económicos que más promueven las fuerzas, tanto en casas como en el extranjero, son precisamente las fuerzas más responsables del calentamiento global.

Muchas de las crisis a las que nos enfrentamos son síntomas de la misma enfermedad subyacente: una lógica basada en la dominación que trata a muchas personas, e incluso a la propia Tierra, como si fueran desechables. Nos unía la convicción de que la persistencia de estas desconexiones, de esa formas de pensar «por compartimientos» es la causante de que los progresistas estén perdiendo terreno en prácticamente todos los frentes y tengan que pelear por conseguir migajas, cuando todos sabemos que el momento histórico presente exige un cambio transformador. Estas divisiones y compartimentaciones nos están arrebatando todo nuestro potencia y han logrado convencer a demasiadas personas de que las soluciones duraderas siempre estarán fuera de nuestro alcance.”


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