Médula ósea: qué es y cómo ayuda el trasplante | RED/ACCIÓN

Un sencillo gesto que puede salvar una vida del otro lado del mundo

 Una iniciativa de Dircoms + RED/ACCION

Un hombre de San Pedro ayuda a salvar la vida de una niña australiana. Y la experiencia de ser voluntario en TECHO.

Mujer donando médula ósea.

Intervención: Julieta de la Cal.

¡Hola! La semana pasada recibimos una hermosa noticia: un hombre de la provincia de Buenos Aires, por el simple hecho de ser donante de médula ósea, ayudó a una niña que vive a miles de kilómetros.

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Mujer donando médula ósea.
Intervención: Julieta de la Cal.

Hablemos del trasplante de médula ósea. Primero, una aclaración clave: qué es la médula ósea. Muchos imaginan lo que no es. No es la médula espinal, la que está a lo largo de la columna vertebral. La médula ósea es la parte de adentro de los huesos, sobre todo los grandes, como los de la cadera, el húmero, el fémur. Es lo que en la gastronomía se llama “caracú”. Esta medula ósea produce glóbulos rojos, glóbulos blancos y plaquetas. Si algo falla en esas células, puede ser necesario un trasplante de médula.

La Red Solidaria suele hacer campaña por la donación de sangre, órganos y plasma. Y hace muchos años, cuando comenzaba el tema del trasplante de médula ósea, era casi experimental. En algunas patologías empezaba a ensayarse este tratamiento nuevo: reemplazar la médula ósea enferma por otra que estuviera sana (tanto a través de un trasplante de la médula de otra persona o de la propia, a través de un tratamiento especial). En aquellos tiempos el éxito no superaba el 30%. Los diagnósticos eran complejos.

Hay que celebrar que hoy el trasplante de médula ósea funciona en un 75-80-90% de los trasplantes. Lo que había que buscar y hay que seguir buscando es donantes compatibles. Entonces empezaron a aparecer los bancos de médula ósea, que guardan y tipifican las médulas donadas. La Argentina tiene alrededor de 200.000 médulas óseas. Estas médulas integran también el banco mundial de médulas óseas, que tiene alrededor de 3.000.000. Cuando alguien va a donar sangre, suelen preguntar si alguien quiere donar también médula ósea: entonces, se tipifica la sangre y se guarda el contacto de esa persona, por si eventualmente se necesita que done médula ósea.

Todo esto viene a cuenta de la siguiente historia. Hace más de cinco años, la Red Solidaria de San Pedro (Buenos Aires) organizó una colecta de donantes de sangre. Fue un sábado en un club y un parque, donde se promovía la donación de sangre. Habrá habido 40-50 personas ese día. Se les preguntaba si querían donar también médula. Algunos dijeron que sí.

Pasó el tiempo y hace 3-4 días recibimos un mensaje muy conmovedor. Una chiquita australiana, de 9 años, tiene una necesidad de médula ósea en su país. Empiezan la búsqueda internacional, la que habíamos mencionado. Es maravilloso y conmovedor: buscando en los registros internacionales una médula ósea para una chiquita con leucemia el compatible es David, un señor de San Pedro que hace diez años había dicho que sí.

Sería muy largo explicar la extracción, pese a que es muy simple. La médula ya fue enviada y ya empezó el proceso de trasplante. Pero qué maravilloso que, en esta instancia, en una colecta de sangre, un señor de San Pedro tiene la hermosa felicidad de ayudar a salvar la vida de un chiquita a miles y miles de kilómetros de distancia. “Es algo muy importante y muy lindo para mí”, cuenta David.

Podemos investigar, podemos aprender del tema. Y decir, si queremos: “Yo quiero ser donante de médula ósea”.

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En RED/ACCIÓN muchas veces hablamos de la tarea que realizan en TECHO, una organización social que busca superar la situación de pobreza en asentamientos informales de Latinoamérica y El Caribe a través de la acción conjunta entre voluntarios, voluntarias, vecinos y vecinas.

El voluntariado, nunca está de más recordarlo, impacta en la vida de otras personas, transforma realidades. Y lo que proponen desde la nueva campaña de esta organización, TECHO Lapse, es palpar, hoy mismo, cuál puede ser el impacto de ser voluntario en un barrio vulnerable del país. A través de un mapa geolocalizado, disponible online, se puede observar una proyección a través del tiempo de la transformación que se dará en las comunidades en las que la organización estará interviniendo en los próximos meses de 2021. 

La campaña está dirigida a jóvenes, a quienes se invita a pasar del mundo virtual al mundo real para transformar nuestra realidad en un lugar más justo. El voluntariado puede ser en distintas áreas. Algunas de ellas son el programa de construcción de viviendas de emergencia; ciclos de formación legal y política para referentes comunitarios y coordinación de mesas de trabajo para mejoramiento del hábitat.

TECHO cuenta hoy con sedes en Buenos Aires, Santa Fe, Córdoba, Neuquén, Río Negro, Corrientes, Chaco, Salta, Tucumán y Misiones.

Si querés sumarte al voluntariado, hacé click acá.

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Cuatro preguntas a Nicolás Grecco [Por David Flier]. Nicolás es un joven de 23 años que desde hace seis se desempeña como voluntario de TECHO Argentina.

—¿Cómo fue tu experiencia de voluntario en TECHO?
—Mi primera participación en TECHO fue en una construcción en 2015, junto a mi colegio, el año que me egresé. La experiencia me encantó y a partir de ahí empecé a participar de construcciones todos los años en la Zona Sur de Buenos Aires. En 2016 me sumé al equipo de secundarios, motivado por intentar compartir mi experiencia con otrxs alumnxs y que se sumen a conocer la realidad de los barrios populares y compartir con lxs vecinxs de las comunidades. Entre 2018 y 2019 formé parte de los equipos fijos de distintos barrios asistiendo cada fin de semana, encuestando familias para las construcciones y participando en reuniones.

—¿Qué aprendiste a partir de esta experiencia?
—Una de las cosas más lindas del voluntariado es que el aprendizaje es constante. En cada actividad en conjunto con lxs vecinxs se aprende algo nuevo conociendo las vivencias de las distintas familias. Por un lado, a través de la experiencia en construcciones de viviendas o proyectos de infraestructura comunitaria adquirí saberes técnicos de construcción o carpintería que hoy aprovecho para hacer proyectos en mi casa, por ejemplo. Por otro lado, en TECHO siempre hay espacio de debate, reflexión y formación y en esas instancias aprendí mucho sobre pobreza, desigualdad, conceptos relacionados al hábitat, gestión comunitaria de proyectos, liderazgo, perspectiva de género, entre muchas otras.

—¿Qué consejo darías a alguien que va a empezar un voluntariado para aprovecharlo mejor o no pasar por situaciones que hubieses preferido evitar?
—Creo que es superimportante formar parte de distintas áreas, experimentar el voluntariado desde distintos espacios y descubrir a través de la experiencia desde qué rol podemos aportar y sobre todo disfrutar más. Por otro lado, también es importante entender que como voluntarixs no llevamos respuestas ni soluciones a las comunidades, las respuestas y soluciones las tienen las personas que habitan los barrios todos los días y conocen las problemáticas que lxs atraviesan, nosotrxs como voluntarixs podemos facilitar espacios y herramientas para que esas soluciones se hagan realidad, pero sin tener un rol protagónico ni tomar las decisiones.

 —¿Qué opinás de la posibilidad de la campaña TECHO Lapse, de poder apreciar el impacto futuro que va a generar tu voluntariado?
—Me parece una iniciativa muy interesante, creo que motiva mucho entender el impacto que logramos al invertir nuestro tiempo en el voluntariado. Además, desde mi experiencia, ese primer paso muchas veces es el más difícil; antes de empezar a participar en TECHO creía que un voluntariado demandaba mucho tiempo y yo no contaba con mucho tiempo extra porque estudiaba y hacía otras actividades, pero una vez que me uní a la organización descubrí qué hay muchas actividades y roles que demandan más o menos tiempo y se pueden acomodar a la disponibilidad y tiempos de cada persona. Con solo empezar a invertir parte del tiempo que pasamos en el mundo digital en involucrarse en los barrios populares acompañando la lucha por los derechos de sus habitantes ya se pueden lograr grandes cosas. 

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Ana María Stelman (Foto: Global Teacher Prize).

Si hablamos de generar impacto, esto es algo que tienen en común  Gisela Gómez y Ana María Stelman. ¿Quiénes son? Dos docentes argentinas, una cordobesa y una platense, ambas elegidas entre las 50 personas finalistas del prestigioso Global Teacher Prize 2021, conocido como el Nobel de Educación.

Gisela y Ana María fueron seleccionadas entre 8.000 postulantes y compiten por un premio de un millón de dólares. Pero, sin caer en frases románticas, su premio mayor es, justamente, lo que su trabajo en las aulas genera.

Gisela, que trabaja con adolescentes en una escuela técnica de Córdoba, por ejemplo, pone foco en proyectos de impacto social. Según cuenta una nota de La Nación, “los alumnos de Gómez crearon dulces ricos en proteínas, elaborados a base de nopal [una especie de cactus con alto valor nutritivo] y caramelos fortificados con vitaminas C y E, de las que los adolescentes suelen carecer en sus dietas”.

De Ana María, se dice que “Le gusta animar a los alumnos a descubrir los valores ‘ocultos’ de su propia comunidad", por eso una de las propuestas en ciencias naturales, por ejemplo, es trabajar con el compost a base de bosta de caballo, lombrices y la producción de plantines.

Un homenaje sencillo, desde este lugar, para las y los docentes que saben que, cuando se paran frente a un aula (o una computadora), generan un impacto enorme en la comunidad de estudiantes. Y en toda la sociedad.

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Foto: Premio Abanderados.

Seguimos con nominaciones y premios. Hace poco se dieron a conocer los ocho finalistas del tradicional Premio Abanderados. Sus vidas son inspiradoras.

Como la de Martín, que desde hace 17 años trabaja por los derechos de niños y adolescentes que viven en situación de extrema vulnerabilidad. O Alejandra, que para generar empleo en su localidad del norte de Córdoba creó un proyecto de capacitación en la producción sustentable de cultivos florales. O Sergio, que busca la inclusión de personas con discapacidad a través del deporte en La Pampa. O Santiago, que busca erradicar la ceguera por causas evitables en Río Negro.

La lista también incluye a Sergio, quien ayuda a personas con y sin discapacidad mediante la equinoterapia. A Elga, que busca jerarquizar el trabajo de recuperadores urbanos de materiales reciclables en la capital cordobesa. A Agustín, quien lidera una iniciativa solidaria para ayudar ante la crisis alimentaria que se agudizó en la pandemia. Y a Mercedes, que ayuda a niños, niñas y adolescentes, primero mediante actividades artísticas y deportivas y luego, también, mediante comedores. Podés consultar las historias de cada uno en la web del premio.

¿Cuántos y cuántas más hay en esta Argentina que explota de solidaridad?

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Foto: Facebook Festejo Solidario.

Cuando se trata de dar una mano, de mirar al otro, de percibir cómo hacerle bien, asociarse es una herramienta valiosa. Trabajar en red permite potenciar esfuerzos. Y, aunque los ejemplos abundan, vamos a cerrar esta edición con un hecho reciente.

En RED/ACCIÓN ya hablamos del hermoso trabajo que hace Festejo Solidario, una ONG que se dedica a festejar los cumpleaños de niños y niñas en situación de vulnerabilidad (leé la nota si no sabés cuán importante es festejar un cumpleaños). La última semana, Tomás Ordoñez, uno de los fundadores, compartió su entusiasmo por una noticia: Festejo Solidario se asoció con la organización Haciendo Camino para un proyecto que busca replicar en otros puntos del país los festejos de cumpleaños (con música y regalos) que ya se hacen en la provincia de Buenos Aires.

¿El resultado? Más de 700 chicos y chicas de Santiago del Estero y Chaco van a recibir las “Cajas Mágicas Cumpleañeras” que entregan desde la organización. 👏🏻🎈🎉🎁

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Quizás conocés a tu alrededor más historias como las del envio de hoy: de personas que miran al prójimo, que buscan colaborar con una sociedad mejor. Escribinos para contarnos iniciativas de esas que oxigenan y de las que quieras que hablemos en esta newsletter.

Cuidate mucho, cuidalas mucho, cuidalos mucho.
Un gran abrazo.

Juan