Paul Theroux: "La forma ideal de viajar es a pie" | RED/ACCIÓN

Paul Theroux: "La forma ideal de viajar es a pie"

Es quizás el escritor que le dio a la literatura de viajes su forma actual. Recientemente, en una genial conversación con Jon Lee Anderson en el Hay Festival, dijo: “¿Por qué seguir viajando? Porque el mundo cambia rápido y yo trato de ver las cosas como son”. Su próximo libro sale en agosto y es una novela ambientada en Hawaii: 'Under the Wave at Waimea'.

Paul Theroux en Alabama, en 2013. Foto: Steve McCurry

—La literatura de viajes es difícil de definir. ¿Cuáles son las cosas que debe tener todo libro de viajes?
—Sí, un libro de viajes puede relatar un viaje simple, una experiencia terrible, un tour gourmet, una búsqueda clásica, un viaje espiritual, un viaje de exploración, una expedición de montañismo, una excursión romántica o una autobiografía absoluta... y así sucesivamente. Es tremendamente difícil de definir. Pero tu pregunta va más al grano. En primer lugar, diría que debe ser cierto: sin ficción, sin invención, sin farol, sin omisión de detalles importantes. Mi gran queja con los libros de Bruce Chatwin es que inventa, y lo admite, ficcionalizando ciertos episodios de En la Patagonia y Los trazos de la canción. Pero admiro Arenas de Arabia de Wilfred Thesiger por ser relatos veraces de sus viajes. Un libro de estos, en el mejor de los casos, debería ser también personal, humano y debería ayudarnos a ver, oír y oler un lugar. Es por esto que uno de mis libros favoritos de este tipo es El peor viaje del mundo del explorador inglés Apsley Cherry-Garrard. Te sugiero que consultes mi Tao del viajero,en el que hablo de 350 libros relacionados con viajes. Compilé esa antología porque a menudo me preguntan mi libro de viajes favorito y no tengo una respuesta sencilla.

—¿El tren sigue siendo el mejor medio de transporte para un escritor en busca de una historia?
—Probablemente no, en estos días, porque son hipereficientes (como en China, Japón y Alemania), o están irremediablemente desactualizados (India, Pakistán, Tailandia) o inexistentes: ya no funcionan en México ni en otros lugares. Cuando dejé los trenes comencé a viajar en auto, mi propio auto, primero en el sur de los Estados Unidos para mi libro Deep South y luego en México para On the Plain of Snakes. En tu propio coche pequeño podes llevar comida, una carpa y libros; podés detenerte en cualquier lugar, tenés total libertad. Pero la forma ideal de viajar es a pie.

Paul Theroux y Jon Lee Anderson ayer en el Hay Festival.

—¿Qué es lo mejor que leíste últimamente?
—Tiendo a no leer libros nuevos, porque me distraen de mi propia escritura. Releo libros constantemente, siempre recurriendo a Borges, Conrad o Graham Greene. Este año leí la mayoría de las primeras novelas de H. G. Wells, así como su biografía. Leí los libros de su amante: los de Rebecca West, ¡excelente escritora! Pero mi gran descubrimiento este año fue releer la ficción de Samuel Beckett, especialmente MolloyMalone muere y El innombrable. Los leí cuando era estudiante y me dejaron frío. Ahora que soy mayor, veo que constituyen una obra maestra que describe la vejez. No deben ser imitados, probablemente sean una mala influencia estilística, pero me dejaron maravillado por los dones de Beckett como escritor. Debo añadir, sin embargo, que Beckett apenas viajó: un mes en los Estados Unidos (dijo: “Este no es un país para mí... encuentro a la gente extraña”), algo de turismo en Europa y vacaciones en Túnez. No estuvo en ningún otro lugar: ni en China, Argentina, Brasil, México, África subsahariana, Japón, Singapur o Nueva Guinea. Vivió una vida casi monástica. Me resulta difícil relacionarme con este monaquismo. Estoy mucho más en sintonía con alguien que se va de casa y se va lejos y se arriesga. Pero me gustaron esas novelas suyas.

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