El encierro nos cambió hasta los sueños: las pesadillas se burlan de nuestra consciencia | RED/ACCIÓN

El encierro nos cambió hasta los sueños: las pesadillas se burlan de nuestra consciencia

Lugares atestados de gente, exparejas o personas del pasado. Que somos parte de una película, que se cae Zoom o Internet y quedamos realmente aislados. Que enfermamos. Desde la medicina, la ciencia y la psicología intentamos entender nuestros sueños en cuarentena.

Ilustración: Pablo Domrose

Este contenido contó con participación de lectores de RED/ACCIÓN

En el cuento de Gabriel García Márquez, Me alquilo para soñarescrito en 1980 e incluido en el libro Doce cuentos peregrinos—, la protagonista, Frau Frida, es una señora que sueña. Más específicamente, como el título lo dice, una mujer que “se alquila para soñar”. “En realidad, era su único oficio”, escribe Gabo. 

“Desde que aprendió a hablar instauró en la casa la buena costumbre de contar los sueños en ayunas, que es la hora en que se conservan más puras sus virtudes premonitorias. A los siete años soñó que uno de sus hermanos era arrastrado por un torrente. [...] 

—Lo que ese sueño significa —dijo— no es que se vaya a ahogar, sino que no debe comer dulces.

La madre, ya convencida de las virtudes adivinatorias de la hija, hizo respetar la advertencia con mano dura. Pero al primer descuido suyo el niño se atragantó con una canica de caramelo que se estaba comiendo a escondidas, y no fue posible salvarlo”.

La ficción, creada por el entrañable periodista y escritor colombiano, sobre una mujer que puede interpretar los sueños y sus presagios, cobra sentido en estos días de aislamiento y cuarentena cuando el encierro nos cambió hasta los sueños.

[Parte de la conversación que tuvimos en Twitter con nuestros lectores.]

Algunas personas aprovechan su tiempo para dormir más, otras padecen de insomnio, y muchas sueñan cosas extrañas y tienen pesadillas que recuerdan con nitidez. Lo que no les pasaba antes de este período de confinamiento. 

Soñamos cosas más extrañas o intensas y recordamos más los sueños 

Lugares atestados de gente en medio de la pandemia, exparejas, personas del pasado o que ya no están. Que somos parte de una película, que se cae Zoom o Internet y quedamos realmente aislados. Que nosotros o nuestros seres queridos se enferman de coronavirus o se mueren; que estamos encerrados o que salimos de viaje; que tenemos problemas en el trabajo; o vivimos situaciones cotidianas que parecen prolongar, mientras dormimos, lo que sucede en la monotonía del día. Son algunos de los sueños y pesadillas que aparecen durante la cuarentena. 

También sucede que los recordamos más o con mayor nitidez, cuando quizás antes del confinamiento no solíamos recordar jamás una imagen onírica. 

Javier Domínguez es especialista en neurología, neurofisiología clínica, medicina del sueño y miembro del grupo de trabajo Medicina del Sueño de la Sociedad Neurológica Argentina. Y nos explica por qué nos sucede esto: 

“Las personas vivimos en tres estados: despiertos; dormidos en sueño REM, es decir, soñando; o dormidos en sueño NO REM, esto es, no soñando. La mayoría, después de la adolescencia, tiene un ritmo de dormir en el que cada 90 minutos sueña. El primer sueño REM suele durar de 2 a 4 minutos y el último una media hora. Si mi despertador suena a las 6 de la mañana y me acosté a las 12 de la noche, me voy a despertar en pleno sueño REM (porque sucede cada hora y media). Entonces, voy a ser de los que dicen: ‘Yo sueño todas las noches’. Ahora si mi despertador suena a las 7, prácticamente una hora después de mi último sueño, voy a ser de los que dicen: ‘Yo no sueño jamás’. El recordar que soñamos, no lo que soñamos pero sí que soñamos, depende del horario en el que debamos despertarnos”. 

Y agrega: “Cuando estamos libres, sin despertador, como les ocurre a muchos durante el aislamiento, la gran mayoría nos vamos a despertar cercanos a nuestro sueño REM, esto es, a nuestro momento de soñar, por ende vamos a recordar que soñamos”. 

Nuestros lectores nos contaron sus sueños y pesadillas por Instagram.

Esto sucede, según indica Domínguez, porque solemos despertarnos "una vez que ya pagamos todas nuestras deudas". Y explica: "En la primera mitad de la noche pagamos la deuda del ajuste hormonal, segregamos una hormona que se llama somatotrofina, que es la que hace que los chicos crezcan, que reparemos nuestras heridas y que las neuronas se sigan conectando. También mejoramos la inmunidad, por eso los que duermen poco son los que más rápido se enferman. Y en la segunda mitad, va a predominar el dormir REM, o sea, el soñar, ya que los últimos sueños duran entre 20 y 30 minutos".

El ciclo del sueño, detalla, suele funcionar de esta manera: empezamos durmiendo NO REM, sin soñar, y a la hora y media soñamos 2 o 3 minutos; a las 3 horas 5 o 10 minutos; a las 4 horas y media, 15 a 20 minutos; a las 6 horas, 20 o 30 y a las 7 horas y media otros 20 o 30 minutos.

Por lo tanto, recordar que se tuvo un sueño no varía según alguna característica de la persona sino que depende del momento del ciclo de sueño en el que se encuentre cada quien al despertar.

Sobre la idea de que nos acordarnos de qué es lo que soñamos, como en el cuento de García Márquez en el que Frau Frida pedía escuchar los sueños en ayunas, Domínguez señala que lo más usual es que las imágenes oníricas estén nítidas al momento inmediato de despertar, pero después de levantarse, cambiarse y desayunar, se esfumen. Salvo algunas excepciones, “como cuando nos despertamos en medio de un soñar intenso. Eso puede ser lo que se llama pesadilla: aquel sueño de tal intensidad que te logra despertar y del que podés recordar casi los pormenores”, sostiene. 

“Cuando a alguien le pasa eso —continúa— ocurre que lo que vivió lo vivenció de una manera muy fuerte. Cuando uno sueña, lo que sucede es que aparecen las vivencias que tuvo durante el día, que no necesariamente es lo que vivió, también puede ser lo que recordó. En situaciones como esta, de pandemia, hay estrés, hay miedo. Entonces las personas van a tener ciertos momentos de insomnio y otros de dormirse y despertarse con la sensación de haber tenido una pesadilla porque aunque estemos todos con nuestros grupos de WhatsApp, estamos todos preocupados”. 

La psicoanalista Noemí Hartman, coincide: “Los sueños pueden ser un elemento que nos permite pensar aún más en esta pandemia. Porque, según escribió Freud en La interpretación de los sueños, el sueño es un efecto del inconsciente, esto significa que aparece como un develador de las angustias o padecimientos humanos. En este sentido, los esfuerzos que hace la persona por atravesar la pandemia, la incertidumbre de lo laboral, alejarse de los afectos y resolver las situaciones cotidianas, tienen sus efectos durante la noche, que es cuando el inconsciente se burla de estos esfuerzos del día y dice: ‘Vos pensás que no te atraviesa el miedo a la muerte, a no saber qué va a pasar, a lo que puedas perder’. Y aparecen en los sueños imágenes que develan todo esto”.

Todo lo que intentamos reprimir durante el día, dice, aparece en la noche durante el sueño, que es “el emergente óptimo que burla la consciencia”. 

La ciencia al servicio de los sueños

Desde el Laboratorio de Sueño y Memoria del Instituto Tecnológico de Buenos Aires (ITBA), también se encuentran investigando cómo afecta la cuarentena a nuestros sueños y nuestros períodos y formas de dormir. 

Su directora, la doctora Cecilia Forcato, en la misma línea que Domínguez y Hartman, sostiene que “cada vez hay mayor evidencia científica de que el contenido onírico de nuestros sueños se relaciona con las experiencias vividas durante la vigilia y cómo estas nuevas memorias se reactivan e integran con la información previamente almacenada en nuestro cerebro, es decir, que el sueño participa en la integración de las nuevas memorias con nuestros viejos recuerdos”. 

Con la cuarentena, —explica— toda nuestra rutina se vio afectada. “En todo el mundo, cientos de millones de personas están retiradas de sus entornos habituales y del ritmo frenético del trabajo. Modificamos el horario de levantarnos, de ir a dormir, el tiempo de exposición a la luz natural y la vida social se ha visto reducida a una pantalla. En su lugar, el aislamiento, el estrés y la incertidumbre nos abruman. Todos estos cambios negativos impactan en nuestra calidad de sueño: tardamos más en quedarnos dormidos y aumenta la fragmentación del sueño, es decir, nos despertamos muchas veces por la noche, aunque podemos no ser conscientes de ello”.

Esto, sostienen, despertarnos más veces, es otro de los motivos por el que recordamos más lo que soñamos. 

Nuestros lectores nos contaron sus sueños y pesadillas por Instagram.

Simbolismos y significados: qué quieren decir nuestros sueños

Freud explicaba que el sueño enmascara, disfraza. Que no porque alguien sueñe que está en una situación determinada con una persona determinada, esa persona represente en realidad a esa persona sino que lo más probable es que aparezca en lugar de otra que el cerebro oculta.

“Ese es el valor del sueño —dice Hartman—. Inventa figuras que no son las reales. Por ejemplo, si una paciente dice que sueña que está en su casa, sale al jardín, y en el jardín aparecen tres perros, viejos, sin pelo, pero muy amenazantes que la empiezan a perseguir y necesita entrar en su casa y protegerse, podemos pensar que esos perros representan algo que amenaza desde afuera y hay que cuidarse. No es que sueña eso porque tiene miedo a los perros. El sueño siempre disfraza lo real. Tiene que burlarse de la conciencia y aparecer en otra dimensión”.

La terapeuta explica que es muy difícil generalizar a la hora de descifrar los sueños ya que el significado de cada uno cobra sentido “válido y clínico” según la persona que lo sueñe, estando en sesión de terapia y conociendo su historia particular. Porque “a unos el sueño le va a develar una cosa y a otros otra”.  

Igualmente, ante los puntos en común de los sueños que los lectores de RED/ACCIÓN nos contaron por las redes sociales, aventura algunas hipótesis:

Sobre los sueños con exparejas o personas del pasado que ya no están, dice que puede tener que ver “con que estas personas del pasado hayan sido más protectoras y que, frente al desvalimiento que genera la incertidumbre de esto que no se sabe cuándo termina, una imagen del pasado puede traer un sueño plácido, de protección. Se busca una remembranza de figuras con las que se vivió una historia más placentera”.   

Sobre quienes sueñan que son personajes de películas o están dentro de series y situaciones de ficción, asegura que no tiene que ver con que estemos viendo, efectivamente, más películas y series, sino que, como en los sueños aparecen estos “restos diurnos”, algo que se vivió o recordó durante el día, puede suceder que una película “sea un estímulo para un sueño con algo subjetivo que la persona haya conectado”. Es decir, que la ficción vista ese día se haya relacionado con alguna vivencia personal que se refleje en el sueño, especialmente con algún episodio de la historia infantil.

Sobre los sueños recurrentes sostiene que “es una necesidad de elaboración. Si, por ejemplo, hay un trauma sexual o una situación de duelo, el sujeto necesita regresar a esa imagen porque está volviendo a elaborar algo que todavía no aceptó”. 

De todos modos, asegura que soñar con lo que nos preocupa o nos angustia, si existe un entorno de contención que pueda escucharlo, es saludable porque es por donde se revela el inconsciente y permite conocer más acerca de lo que le pasa a la persona y cómo tratarlo y elaborarlo. 

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