Qué dejaron de hacer mi abuela y mi abuelo para cuidarme | RED/ACCIÓN

Qué dejaron de hacer mi abuela y mi abuelo para cuidarme

Cuatro de cada 10 niños y niñas son cuidados por sus abuelos por lo menos un día a la semana. ¿Tienen opción de negarse? ¿Qué dejan de lado para ayudar a sus hijos en la crianza de sus nietos? Sobre este vínculo conversamos con nuestros lectores: Camila, Mariano, Romina y Amancay nos cuentan la relación con sus abuelos.

Este contenido contó con participación de lectores de RED/ACCIÓN

Camila Pongoza, de 19 años, tiene un vínculo muy fuerte con Ana, su abuela materna. Ella siempre la cuidaba mientras su mamá estudiaba para ser maestra jardinera.

“Mi abuela vive a una cuadra de la casa de mis padres. Mi mamá me llevaba al jardín, pero Ana siempre esperaba en la puerta de su casa para saludarme. A la salida, era la abuela la que me iba a buscar. Esta costumbre permaneció también durante la primaria. Ella me enseñó a cocinar y a coser. Iba a los actos de la escuela cuando mis papás no podían ir. Cuando ya tenía 15 o 16 años, los martes y jueves era rutina que me esperara con un mate para desayunar”, cuenta la joven de Balcarce.

Como en gran medida ocurrió con Camila, el 22% de los niños o niñas son cuidados por sus abuelos todos los días, según el Observatorio de la Deuda Social Argentina de la Universidad Católica Argentina.    

Hoy Camila está terminando de cursar el segundo año de Medicina en la Universidad de La Plata. Y su vínculo con su abuela sigue muy fuerte: "Hago todos los días videollamada con mi abuela”.

Camila Pongoza, junto a su abuela Ana.

En Argentina hay 5.725.838 personas mayores de 60 años. Si bien algunos necesitan que alguien los cuide, muchos se ocupan de cuidar a sus nietos o ayudan a sus familias. Según datos del INDEC, uno de cada cuatro adultos mayores cuida a algún niño del entorno familiar o cercano sin recibir remuneración. Los adultos mayores jóvenes, y en especial las mujeres, son los que más participan de estas tareas.

Las tareas de cuidado que hacen abuelas como Ana permiten que muchas madres puedan estudiar o trabajar. Las mujeres a las que alguien las ayuda a cuidar a sus hijos le dedican en promedio 7 horas 44 minutos a su trabajo. En cambio, las mujeres que no tienen esta posibilidad trabajan en promedio 6 horas 48 minutos.

Mariano Vidal, de 32 años tiene un hijo de dos años y medio con Romina, su pareja. Él es periodista y ella, maestra. Viven en Ezeiza. Lorenzo es hijo único y queda a cargo de alguna de sus abuelas cuatro días a la semana. “No nos alcanzan los ingresos para pagar más días de niñera”, explica Vidal.

Los familiares en general ocupan un lugar muy importante en la distribución de las tareas de cuidado, principalmente a través del trabajo no remunerado que realizan las mujeres. Según la Unión Personal Auxiliar de Casas Particulares, a una persona que se dedica al cuidado no terapéutico, como es el caso de las niñeras, se le debe pagar al menos $144 la hora o $18.364 por mes por jornadas de ocho horas.

Claudia, la abuela paterna de Lorenzo, es ama de casa, y Cristina, la mamá de Romina, tiene una inmobiliaria y puede manejar sus horarios. “Los lunes Lorenzo se queda con la niñera. El resto de los días se ocupan las abuelas. Cuando tienen una actividad o un turno médico se cubren entre ellas”, cuenta Mariano.

Cristina es la abuela materna y cuida a su nieto al menos un día a la semana.

Un tema a tener en cuenta es que a veces los abuelos tienen posiciones distintas a la de los padres en relación a algunos aspectos de la crianza.

Mariano lo explica con varios ejemplos: “Como ese cuidado es 'de favor’, no siempre es fácil marcarles límites a los abuelos. Nosotros no queríamos que Lorenzo tenga mucho acceso a las pantallas antes de los dos años. Por eso tuvimos que pedir a las abuelas que no miraran tanta televisión con él. Otro tema que les pedimos es que no le dieran gaseosa. Frente a eso, ellas nos decían que nosotros tomamos gaseosa de chicos y salimos bien igual”.

Mariano reconoce el esfuerzo que hacen las abuelas para cuidar a Lorenzo. Dice: “En el caso de mi suegra, ella resigna un día de estar en la oficina. Nos damos cuenta de la cantidad de horas que dedican y el desgaste que produce esta tarea doméstica. No queremos que sean esclavas de las cosas que necesitamos nosotros. Siempre tratamos de encontrar un equilibrio”.

"Cuando asumen muchas tareas, se pueden agobiar"

Además de tareas de cuidado, muchas abuelas cocinan, lavan los platos o la ropa y planchan. “Ellas son las que suelen tener una sobrecarga de trabajo por el cuidado. Lo habitual es que preparen la comida, se ocupen de la ropa, el control de los deberes y si están enfermos les administran los medicamentos. Los abuelos suelen ocuparse de llevarlos a la escuela o ir a buscarlos. Si bien abuelas y abuelos gozan a los nietos, cuando deben asumir muchas tareas, se pueden agobiar”, desarrolla Mabel Bianco, directora de la Fundación para Estudio e Investigación de la Mujer (FEIM).

La referente de FEIM no cree que haya que remunerar a las abuelas sino que debería haber un programa estatal de apoyo a los familias para el cuidado de los niños. “Incluso, el sector privado debería contar con guarderías infantiles. Esto es algo que debemos promover para que los abuelos no asuman funciones de cuidado que no les corresponden”, agrega.

Amancay Salgado, de 28 años, vivió con su abuelo desde 2° grado hasta los 15 años. Él le hacía el almuerzo y la esperaba con una merienda. “Para mí no fue un segundo papá, sino una segunda mamá”, dice la joven, que vive en Neuquén. Como ella, el 28% de los niños o niñas vive con alguno de sus abuelos en la casa, según el Observatorio de la Deuda Social.

Para un Día de la Madre, Salgado decidió hacerle un regalo a Elfo, su abuelo: “Yo quería reconocer todo el trabajo que hizo al cuidarme. Para mí era algo que hacían las mamás. Yo estaba convencida de que él era algo más que un abuelo para mí”.

Elfo es el abuelo de Amancay Salgado.

Cuando Salgado tenía seis años vivía en Junín de los Andes. Su mamá se había separado y su abuelo decidió ir a vivir con ella, su mamá y su hermano. “A mi mamá la alivió un montón. Mi abuelo todos los días nos cocinaba pancitos caseros. De chica me hice vegetariana y él con 71 años, me siguió y también cambió su alimentación. Recuerdo que yo lo abrazaba y le decía que lo quería mucho. Elfo falleció en enero de 2009”, cuenta.

Nanci Giraudo, médica del Hospital Italiano y directora Ejecutiva del Centro de Medicina Familiar y Comunitaria de San Pantaleón, observa que muchos abuelos cuidan a sus nietos más de cuatro horas por día. Para ella el tema radica en que en muchos casos deja de ser voluntario para transformase en una obligación. “Siempre digo que los abuelos están para malcriar y disfrutar de los nietos y no para poner límites todo el tiempo, llevar, traer y cocinar. Si bien puede variar según las diferentes culturas y clases sociales, desde la antigüedad los abuelos han tenido un papel de propiciar amor, dar consejos, acompañar y contener”, explica.

La sobrecarga de funciones y de responsabilidades, como tener que hacer de educadores y no de abuelos, puede generar trastorno de la ansiedad y frustraciones. “Es frecuente encontrar situaciones de tensión, malestares y conflictos con los hijos, relacionadas con la forma de atender a los nietos, que serían totalmente evitables si el rol de cuidador no hubiera traspasado de manos”, agrega Giraudo.

Andrea Vigil, de 45 años pudo disfrutar de su abuela hasta hace pocos meses. Ella es de San Antonio de Areco. Allí trabaja como guía turística y es directora del museo gauchesco del pueblo. Tanto sus abuelos como sus padres la ayudaron en el cuidado de sus hijos y ahora ella cuida a su nieto.

“Mis abuelos tenían perfiles distintos, pero todos fueron muy presentes. Un abuelo, el más divertido, venía con los bolsillos llenos de moneditas para que hicieran ruido. El otro era más serio y cariñoso. Tenía una abuela prototípica que tejía a la perfección. Y la cuarta era a la que más le gustaba jugar. Hasta mis tres años, viví en la casa de mis abuelos. Ahí nació mi hermano y nos mudamos. Años más tarde, cuando nacieron mis hijos, yo vivía en un departamento cerca de la casa de mis padres. Mi mamá se quedaba mucho con mis tres hijos. Cuando falleció el papa de los chicos, yo salía a trabajar, y el rol de la abuela era muy importante”, relata Vigil.

De izquierda a derecha: Aldo (padre), Benjamín (nieto), Elsa (abuela), Andrea, Clara (hija).

Clara, la segunda hija de Vigil, tuvo a Benjamín, que tiene un año y medio. Para Vigil, que su abuela Elsa llegue a conocer a su nieto fue muy lindo. Además, sugiere que lo bueno de ser abuela joven es que tiene energía para jugar y tirarse al piso con él. “Clara estudia tres veces por semana a la tarde. A esa hora ya estoy en casa. No tengo que cambiar mis horarios por él”, cuenta Vigil.

Al recordar cuando su mamá cuidaba a sus hijos, Vigil piensa que quizás para ella el cuidado se convirtió en una carga. Agrega: “Mi mamá le dedicó mucho tiempo. Procurábamos que pueda hacer un rato de gimnasia. En nuestra familia no existió la figura de la niñera”.

Graciela Zarebski, directora de carreras de grado y posgrado en gerontología en la Universidad Maimónides explica que es importante fomentar una buena comunicación familiar. "Cuando se respeta el lugar de cada uno y todos tienen libertad de manejar su vida, el vínculo entre abuelos y nietos enriquece a todos”, explica la especialista.

El concepto de abuela esclava se refiere a aquellas mujeres que por el hecho de estar jubiladas, los hijos consideran que están disponibles para todo lo que ellos necesitan. “Esto produce muchas veces sobrecarga física y mental. A los abuelos o las abuelas les resulta muy difícil decir que no, tienen miedo a no ser queridos o no ser ayudados si no cumplen expectativa que tienen sobre ellos”, señala Zarebski.

Sin la presión del cuidado, el vínculo con sus nietos puede ser muy enriquecedor

Por otro lado, la especialista observa que cada vez más abuelas se van liberando de las ataduras, tienen más derechos y libertades. Estudian y viajan.

"Muchos abuelos son protagonistas de procesos de cuidado y estimulan a los niños a través de la palabra, la narración de historias y el juego. Además, los niños pueden ayudar a sus abuelos a acercarse más a las nuevas tecnologías. Efectivamente, hay mucho potencial para desarrollar el vinculo entre abuelos y nietos. Vemos un déficit en el proceso de estimulación de los niños en contextos donde los padres están muy absorbidos por el trabajo y sus obligaciones. Generar espacios con los abuelos puede ayudar a reducir este déficit”, comenta Ianina Tuñón, investigadora responsable del Barómetro de la Deuda Social de la Infancia de la UCA.

Ana María Esteve, de 61 años tiene cinco nietos (Vito, de 12; Camila y Sabrina, de 9; Simón, de 5; e Iker, de 2) y todas las tardes visita a alguno de ellos. “Los ayudo con las tareas, los baño después de la escuela, los llevo a un cumpleaños. Estoy autorizada para buscarlos en el colegio. Comparto meriendas. Todos me dicen Tata”, comenta.

Esteve se considera una abuela todo terreno. Dice que no se sienta a tomar el té, sino que está en movimiento con los chicos. Comenta: “Para ayudarlos con matemática, me tengo que poner a estudiar. También tengo que aprender los juegos nuevos que a ellos les gustan”.

Los cinco nietos de Esteve también pasan tiempo con su mamá, que tiene 96 años. “La bisabuela les tiene mucha paciencia. Juega mucho con ellos”, agrega Ana.

Esteve admite que la rutina te hace niño-dependiente. Comenta: “cuando organizo mi día, pienso si mis hijos, Malena o Jorge, me van a necesitar. Supongo que naturalmente se va a dar el destete. La verdad es que me hace bien estar con mis nietos”.

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