100 MUJERES

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Roxana Amarilla

Exploradora de culturas, busca hacer visible el valor del trabajo artesanal. Procura que se respeten las tradiciones de los pueblos indígenas, que los artesanos puedan mostrar su arte al mundo.

Por María Eugenia Maurello

7 de agosto de 2018

“Todos eran pequeños objetos bellos y preciosos”, dice Roxana Amarilla y alude a las artesanías que sus padres le traían de los viajes que hacían por el país y el mundo. Podía tratarse de una pequeña cesta multicolor o de una camisa bordada. Ella los atesoraba y, aún siendo una niña, comenzaba a conectarse con el valor de esas piezas y fundamentalmente con el trabajo de los artesanos. 

Ya adolescente, durante la década del ’80, intentó incursionar haciendo remeras teñidas con la técnica planji que vendía entre sus compañeros de la escuela secundaria en su Corrientes natal. También se atrevió a realizar collares tejidos con hilos. “Pero no era eso lo que estaba necesitando hacer, sino que estaba buscando una identidad de la tierra”, explica. 

Formada en Comunicación Social en la Universidad Nacional del Nordeste, a los 19 años publicó sus primeros artículos apropósito de la cultura popular en el suplemento del diario Época y fue en ese momento que supo que por ahí iría la cosa: “la gestión viene desde hace muchísimos años, siempre fui una comunicadora que trabajó temas de cultura”.

En 2005, mientras oficiaba como asesora parlamentaria en la Cámara de Diputados de la Nación se involucró de lleno con el proyecto de la Ley Nacional de Artesanías que venía con media sanción del Senado. No solo se puso la “discusión al hombro”, sino que además optó por vincularse con los artesanos de todo el país que por ese entonces reclamaban ante el congreso.

Tiempo después, en 2010, le ofrecieron hacer la curaduría de una muestra de artesanías por el Bicentenario de la patria. Con esa exhibición recorrió 35 ciudades de 22 provincias argentinas y en el 2011 se hizo cargo del Mercado Nacional de Artesanías Tradicionales de la Argentina (MATRA), donde continúa como directora. Además, está trabajando con la Universidad de Buenos Aires en el armado del Observatorio del Valor Arsenal y en la convocatoria del reconocimiento para la Calidad Artesanal del World Crafts Council

Hasta acá, Amarilla desandó territorios de norte a sur y de este a oeste, exploró artes y oficios e hizo visible el trabajo de los artesanos. Y en su caso hacer visible tiene que ver con algo tan necesario como ponerlos en el mapa para que sean vistos y con procurar que se termine con el anonimato: que los artesanos no queden reducidos como informantes de un saber o como simples proveedores de materiales.

Por el contrario: “primero hay que ver lo que tenés delante –explica Amarilla-  porque tenés un artista y una obra, y si no sos sensible a la obra no va a funcionar”.

De todas las artesanías que la rodean a cotidiano ¿alguna la conmueve especialmente? “Ahora me enamoré de dos ponchos que aunque no son los más espectaculares, está bueno poner eso en valor”. Refiere a la pieza de una migrante, María Vilma Márquez Miranda, quién  proviene de la región chilena de Chiloe y que en un taller dictado en Río Gallegos recuperó la técnica que había aprendido de chica. La otra obra está hecha por Teresita Rougier; oriunda de Villa Elisa, Entre Ríos. Se trata de una hacedora que entre sus antecedentes cuenta con haber participado en la lucha de las Ligas Agrarias en los años ’70.

Ambas artesanías se pueden ver en la exposición “Poncho, territorio y cultura” también curada por Amarilla, en el Museo Parlamentario de la Honorable Cámara de Senadores de la Nación. En ese espacio se exhiben 36 ponchos contemporáneos que no solo visibilizan “tradiciones potentes” sino que además están propuestos en términos del consumo consciente.

Nada tienen que ver con la superproducción, el hiperconsumo y la contaminación. Tal cual lo expresa en el catálogo de la muestra, el foco está conocer el nombre del artesano: “es parte de la transparencia de la cadena de valor que la artesanía ofrece a una sociedad que se pregunta quién hizo su ropa”. Y así, una vez más, con esta acción extiende puentes para encontrarse con los artesanos, para que ellos aparezcan y ganen escena.

Santa-Pino-Fernandez,-de-El-Espinillo,-Chaco

Nombre: Roxana Amarilla
Edad: 51 años
Profesión: Comunicadora que trabaja en gestión cultural
Sector en el que trabaja: Cultura
Lugar de Nacimiento: San Juan de Vera de las Siete Corrientes, Corrientes. Luego se mudó a la CABA
Lugar en el que desarrolla su actividad: Todo el país y también en el exterior

1. ¿Cuál es tu motor interior, qué te inspira a hacer lo que hacés?
Las piezas con las que trabajo que tienen un poder increíble y los artistas que son los creadores, los demiurgos (N. de R.: El demiurgo, en la filosofía gnóstica, es la entidad que sin ser necesariamente creadora, es impulsora del universo), son semidioses. Hay mucha obra con poder y tiene que ver con toda la energía que pusieron en crear

2. ¿Qué te hace feliz?
Los logros de mis hijas y sus pequeñas conquistas; cuando aprueban una materia o la obra de una de ellas es considerada por una crítica. También las alegrías de los compañeros de trabajo o los artesanos cuando logran una pieza y la comparten. Los triunfos después de largas luchas también me emocionan y algunas tradiciones de pueblos originarios que todavía están vigentes, cuando las puedo atestiguar o comprendo algo que por ahí lo tuve durante mucho tiempo delante de mis narices y tardé mucho en recibir la información necesaria para aprenderlo. Y últimamente, me emociona cuando consigo pequeñas cosas, como que determinados artesanos que no tienen posibilidades puedan visitar una feria internacional. Hay una experiencia de percepción del mundo que puede cambiar cuando salen de tierra adentro y llegan a un lugar. Cuando entienden cómo funcionan las cosas tiene muchas más posibilidades de luchar contra lo que los está aplastando. Lograr eso es fantástico

3. ¿Qué cosa no te deja dormir?
No poder cumplir con la palabra empeñada. Si hay una expectativa hay que cumplirla. Cuando trabajás en políticas públicas las posibilidades de no cumplir la palabra empeñada te quitan todo. Y es posible que no lo puedas cumplir porque las políticas públicas en Argentina son volubles. Es lo contrario a empeñar la palabra. Eso me decepciona. Todo es cuestión de manejarse sinceramente con el otro. Aparte los artesanos vieron tanto que vos te sentás a contarle y la gente entiende porque seguramente no es la primera vez que pasa, pero hay que ir con la verdad.

4. ¿Qué te gustaría cambiar del mundo?
Que desaparezca la pobreza y que los pueblos indígenas sean respetados.

5. Cuándo eras chica, ¿qué querías ser de grande?
Cuando era chica quería ser viajera. Escribía historias. No decía que quería ser escritora, yo escribía. Y el deseo que tenía era de viajar, de explorar. Ser una exploradora, eso que de algún modo soy.

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