Sinceramente, comentado por Ivan Schuliaquer | RED/ACCIÓN

Sinceramente, comentado por Ivan Schuliaquer

 Una iniciativa de Dircoms + RED/ACCION

A lo largo de sus 600 páginas, el libro mezcla distintos registros: el histórico, el analítico, el informativo, el pedagógico y el biográfico. Todos confluyen en el testimonio político.

Sinceramente, comentado por Ivan Schuliaquer

Sinceramente
Cristina Fernández de Kirchner
Sudamericana

Uno (mi comentario)

Sinceramente es el mayor éxito editorial de los últimos tiempos. A la vez, es el libro que marcó el regreso de la figura articuladora –en apoyos y oposiciones- de la política argentina de la última década.

De tono coloquial, múltiples temas se combinan bajo la premisa de su autora de que “todo tiene que ver con todo”. Para Cristina la política es aún una disputa por definir las formas en que se organiza lo social y la batalla que propone es argumental. A lo largo de sus 600 páginas, el libro mezcla distintos registros: el histórico, el analítico, el informativo, el pedagógico y el biográfico. Todos confluyen en el testimonio político. Como si fuera una posta a dejarle a los que vienen. No a Alberto Fernández, sino a las próximas generaciones.

Sinceramente trae una voz fiel al registro conocido de la ex presidenta. El tono de una líder no mediada ni editada por consultores que elige tocar algunos temas inconvenientes, aún a riesgo de exponer peleas y renovar adversarios. Es la asunción del lazo representativo que sostiene con un sector numeroso de la sociedad que, aunque se reconoce como parte, tiene un proyecto para todo el país. Néstor Kirchner aparece como su irremplazable socio político. Algunos medios de comunicación, los servicios de inteligencia y los sectores del poder judicial como sus principales adversarios. Las élites económicas aparecen bajo una pregunta: ¿por qué si ganaron tanta plata durante el kirchnerismo se le oponen tan fervientemente? Lo mismo le cuestiona, con menos ahínco, a los sectores medios que tuvieron un buen pasar durante su gobierno y prefieren al macrismo.

El libro es un balance y una descripción de por qué hizo lo que hizo, o de por qué pasó lo que pasó, pero también un detalle de las que considera sus políticas centrales. A la vez, es una defensa fuerte de sus gobiernos y del movimiento político que lidera, al que inscribe en una narrativa histórica: la del peronismo o, yendo más atrás, la de las fuerzas nacional-populares argentinas. Las pocas apariciones públicas de los últimos años, más la combinación entre la falta de voceros de Cristina y los numerosos temas sobre los que no había dado su versión, hace también que este sea un libro para la historia. Otro terreno clave de la disputa política.

Dos (la selección)

Mi padre, Eduardo Fernández, era un radical balbinista que decía que Raúl Alfonsín era “zurdo” –siempre detesté esa expresión- y Néstor, la verdad… no le gustaba nada. No sólo por peronista, sino porque nunca comprendió nuestro vínculo. (…) En cambio mi madre, Ofelia Wilhelm, siempre entendió mi relación con Néstor. Una vez, cuando le preguntaron en un programa de televisión por qué una chica como yo, en ese momento considerada muy atractiva, tenía un novio como Néstor, que no era buen mozo, ella contestó: “Porque encontró con quien hablar”. ¡Tomá mate con chocolate! Y tenía razón, porque hablábamos todo el tiempo y de todo, salvo de fútbol. Pero además… ¿Quién en aquellos años se ponía de novio porque alguien era lindo o feo? Nadie. Mi madre entendió (…) y calculo que mi mamá se dio cuenta de eso antes que yo, porque si tengo que decir qué es lo que más extraño de Néstor aún hoy es no tener una persona con quien hablar y discutir a fondo. Sé que puede sonar mal, o tal vez injusto, pero es la verdad: lo que podía sentir y tener de esas conversaciones con él, nunca más lo volví a encontrar con nadie. Además de haber sido mi pareja y el padre de mis hijos, Néstor fue mi mejor amigo.

Tres

Una crítica recurrente de ciertos sectores de la izquierda en la Argentina hacia nosotros es que durante nuestros gobiernos bancamos a todos los dirigentes sindicales que están desde hace siglos en los gremios y que apoyaron privatizaciones y entregas durante el menemismo. Cuando los escucho, pienso qué hubiera pasado si además de luchar contra todos aquellos sectores de poder con los que nos enfrentamos –con las patronales rurales, Clarín y con los fondos buitre- sumábamos la discusión con el sector sindical. Néstor siempre tuvo mucha cautela respecto a repetir viejos errores. Temía arrastrar la rémora de los setenta: la Juventud Peronista contra “la burocracia sindical”. Fue por ese motivo que Kirchner siempre les dijo a los militantes de La Cámpora que no se metieran con los sindicatos, que no criticaran al estilo como lo hacía la izquierda peronista en los años 70, peleándose con ellos y estigmatizándolos como burócratas. No por miedo, sino para preservarlos, para no repetir la historia. También, en nosotros mismos, pesaron muchas cosas de esa etapa; errores, fracasos, frustraciones. A la política se llega sin beneficio de inventario, ni es una película que empieza cuando uno llega, ni tampoco termina cuando uno se va. La llegada de Néstor a la presidencia nos encontró en un momento histórico determinado, con los dirigentes sindicales que había. El caso de Hugo Moyano fue diferente; más allá de lo que podía o no gustarle a la izquierda, Moyano no era un dirigente comprometido con la vieja guardia sindical, que estuvo con Menem y las privatizaciones.

Cuatro

Estoy segura que si no me vistiera como me visto, si no me peinara como me peino, si no me pintara como me pinto –como una puerta desde los quince años-, no me hubieran odiado tanto. Sí, ya sé, la pregunta es: ¿y si sabés todo eso, por qué no le hacés caso a la recomendación? Simple, porque no sería yo. No pienso disfrazarme de lo que no soy ni nunca fui. Para eso están otros y otras. Nunca concebí la política como una carrera. Recuerdo que yo no quería ser candidata en 2007. Con Néstor conversábamos siempre sobre la posibilidad de que yo lo sucediera a él en la presidencia. Inicialmente me resistía. Pero aún hoy sigo sin estar segura de que haya sido lo correcto, aunque también qué hubiera pasado si lo hubiéramos perdido a él siendo presidente: una catástrofe. (…) El día que Néstor y Alberto me propusieron como candidata para octubre de 2007 lo primero que les dije fue: “Ustedes están locos”. (…) Mi candidatura se confirmó el 1 de julio de 2007. El primero que la anunció en un acto fue el gobernador de Chaco, Roy Abelardo Nikisch. Aún no era oficial, ni habíamos discutido con nuestros aliados de la Concertación, ni siquiera con el radical mendocino Julio Cobos. Néstor lo había elegido para que integrara la fórmula como vicepresidente. Yo no estaba completamente de acuerdo, pero él me explicaba que con un candidato a vicepresidente peronista hubiera habido fuertes discusiones internas. Creía, además, que la mejor manera de que nadie quisiera destituirme era que el vice fuera radical, porque los peronistas iban a preferir que estuviera yo a tener que bancarse a un radical como presidente. Sí, así como se lee. Tanto Néstor como Alberto decían que la única manera de preservarme era que no hubiera otro peronista en la fórmula.

Cinco

¿Vos no sos peronista? ¿Sos antiperonista?, pero ¿y tus vacaciones?, ¿tus aguinaldos?, ¿tus derechos al sindicato, a la obra social, a que no te echen sin indemnización? Todo eso, ¿quién te lo dio? Porque la mayoría de esos derechos no existen en ninguna parte de América Latina, sólo se encuentran en la Argentina y, esencialmente, se deben al fenómeno peronista. Los medios de comunicación hegemónicos y su expresión política, el macrismo, lo llaman “La ficción populista”. Es lo que enunciaron literalmente Javier González Fraga, presidente del Banco Nación, y Gabriela Michetti, vicepresidenta de Mauricio Macri, hace un tiempo: “Televisor plasma, celular, viajes al exterior, aire acondicionado: ¿de verdad creyeron que podían tener todo eso?”. Es como si nadie se diera cuenta que es parte de ese sujeto al que quieren desapropiar. Todos ven al Estado en el otro; ven al Estado en el piquetero o en el que tiene un plan, pero creen que ellos están fuera de peligro y ahora se dan cuenta que no eran tan ajenos y tan distintos, se dan cuenta que estaban muy adentro del Estado también, por ejemplo, que eran subsidiados en sus boletas de agua, de luz, en la compra de combustible, en la educación, en sus salarios.

Seis

De todos los empresarios que conocí y de todos los empresarios con los que hablé –no solamente empresarios nacionales-, desde el mexicano Carlos Slim, dueño de Telmex y el séptimo hombre más rico del mundo, pasando por Christophe de Margerie, presidente de la petrolera francesa Total (…), Magnetto me pareció el más político de todos. Él no hablaba de negocios, hablaba de política. Durante una sesión parlamentaria, el senador Miguel Ángel Pichetto criticó al politólogo ecuatoriano Jaime Durán Barba, el consultor de imagen del gobierno de Mauricio Macri. Dijo que era “el tipo que estigmatiza la política”, entre otras cosas. Pero el problema en la Argentina no es Durán Barba. Si Clarín decidiera una campaña en contra del ecuatoriano… en una semana lo deportarían y lo expulsarían de la Argentina… ¡Por favor! El genio constructor del poder de Macri, de las corporaciones, es Magnetto, no Durán Barba.

Siete

Creyeron que tanto acoso terminaría abatiéndome. Hicieron y siguen haciendo todo lo posible para destruirme, literalmente. Es claro que no me conocían. Han consumado todos sus atropellos y me han insultado y agraviado tanto como han podido. He visto cómo los principales diarios del país maltrataron mi nombre en letras de molde. Los he oído difamarme en las radios articulando versiones tan tremebundas como falsas. Los he visto editar historias tratando de propalar en las pantallas falacias que induzcan el odio sobre mí. Hicieron del “rumor” y la mentira su fortaleza. (…) Engañaron, y así confundieron, a una parte de la sociedad ametrallándola con versiones tan descomunales como falsas. Y hoy, que la Argentina, después de estas maniobras mediáticas, está en completo retroceso político, económico, social y cultural, espero que al leer estas páginas los argentinos y argentinas podamos pensar y discutir nuestros verdaderos problemas desde otro lugar. Para eso sé que hay que elegir un modo distinto, construir una lógica diferente, fuera del odio, lejos de las operaciones de todo tipo, sin mentiras y sin agravios. Estoy absolutamente convencida de que ese es el único camino para volver a tener sueños, una vida mejor y un país que nos cobije y nos proteja a todos y a todas.


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