Sodoma, comentado por Brian Majlin | RED/ACCIÓN

Sodoma, comentado por Brian Majlin

Sodoma. Poder y escándalo en el Vaticano
Frederic Martel
Roca

Uno (mi comentario)

Al libro de Frederic Martel, sociólogo, periodista, escritor francés con poco más de 50 años y una decena de publicaciones vinculadas a la cultura de masas, Internet, la cultura gay en Francia y en el mundo, hay que entrarle sin rodeos. Sodoma es el símbolo bíblico de la homosexualidad, de los sodomitas y la sodomización y es, se aprecia en las tres o cuatro primeras líneas del libro homónimo, el Vaticano. La investigación de Martel le llevó cuatro años, 30 países, 1500 fuentes e infinidad de anécdotas e información recabada. Ambas están dosificadas con pericia en más de 600 páginas a las que se accede como si fuesen un cuentito de secretos: Martel nos cuenta una verdad conocida, pero con los detalles menos pensados y sabidos.

Entonces Sodoma es el Vaticano porque hay, dice Martel, un 80% de gays entre sus habitantes; y a esa comunidad subterránea, pero que ordena y riega hacia abajo las decisiones y el poder eclesiástico, se la denomina ‘parroquia’. Hasta ahí los dos primeros secretos revelados, a fuerza de documentación y nombres -de nuncios, de cardenales, de obispos, de curas, sacerdotes, prelados, secretarios, y más y más-, pero la cosa no acaba allí: si a Martel lo preocupa la hipocresía y el silencio es porque esa cultura es la que posibilita que las decisiones de la Iglesia sean conservadoras y persecutorias. Es cuidadoso, sin embargo, de no establecer relaciones causales entre la homosexualidad (la norma) y la pedofilia (el gran problema que debe enfrentar la Iglesia moderna). Su develamiento, entonces, es para que la cultura del secreto no prosiga su camino (que sí habilita y acompaña la pedofilia), para que Francisco -al que no quería pero aprende a valorar a medida que pasan las hojas en una lectura comparada con sus antecesores y su lugar en una estructura teñida de un poder que le excede- encarne esa lucha definitiva. Martel, que es un militante y reconocido escritor sobre el universo LGBT hace muchos años, no avanza sobre la homosexualidad para sacar del clóset al Vaticano, pero sí para sacarle el velo que tiñe, de un modo más o menos evidente y hace cientos de años, las decisiones de millones de personas en el mundo entero. Un libro que parece inabordable, pero que se lee con fluidez por la prosa sencilla y regada con un anecdotario prodigioso. Una invitación al clóset más grande del mundo.

Dos (la selección)

Un libro como este difícilmente habría podido publicarse hace veinte años, ni siquiera hace diez. Los caminos del Señor han permanecido durante mucho tiempo, diría yo, impenetrables. Hoy lo son menos, porque la dimisión de Benedicto XVI y la voluntad reformista del papa Francisco han ayudado a liberar la palabra. Las redes sociales, la audacia creciente de la prensa, la infinidad de escándalos eclesiásticos “de comportamiento” han hecho posible, y necesario, revelar hoy este secreto. Este libro, por tanto, no trata de la Iglesia en su conjunto sino de un tipo muy especial de comunidad gay; cuenta la historia del componente mayoritario del colegio cardenalicio y del Vaticano. (…) El secreto mejor guardado del Vaticano no es un secreto para el papa Francisco. Él conoce su “parroquia”. En cuanto llegó a Roma comprendió que tenía que vérselas con una corporación fuera de lo común en su género que no se limita, como se ha creído mucho tiempo, a unas cuantas ovejas descarriadas. Es todo un sistema, y un rebaño muy numeroso.

Tres

Durante muchos años la carrera eclesiástica fue la solución ideal para muchos homosexuales que tenían dificultades para asumir su orientación secreta. Decenas de miles de curas italianos creyeron sinceramente que la vocación religiosa era “la” solución de su “problema”. Es la primera regla de Sodoma: Durante mucho tiempo el sacerdocio ha sido la escapatoria ideal para los jóvenes homosexuales. La homosexualidad es una de las claves de su vocación.

Cuatro

A esa selección sociológica de los curas se suma una selección episcopal que no hace más que amplificar el fenómeno. Los cardenales homófilos favorecen a los prelados que tienen esas inclinaciones, y estos, a su vez, escogen a curas gais. Entre los nuncios (embajadores del papa, que entre otras cosas son los encargados de seleccionar a los obispos), la proporción de homosexuales alcanza niveles altos, de modo que la suya se puede considerar una “selección natural”. Según todos los testimonios que he recogido, los curas con esas inclinaciones tienen ventaja cuando se descubre su homofilia. Dicho de un modo más prosaico: no es raro que un nuncio o un obispo promueva a un cursa que pertenece a la “parroquia” porque espera algún favor de él.

Cinco

Julian Fricker, un artista drag alemán que trata de recuperar los espectáculos de transformismo con gran nivel de exigencia artística, me explica durante una conversación en Berlín: -Lo que me llama la atención cuando veo la capa magna, los ropajes o el sombrero con adornos florales de cardenales como Burke es la exageración. “La burra grande, ande o no ande”: eso es típico de los códigos drag queen. Hay esa extravaganza y esa artificialidad desmesurada, el rechazo al realness (“realidad”) propios de la jerga drag, para referirse a los que quieren parodiarse a sí mismos. También hay cierta ironía camp en la elección de la ropa de estos cardenales, cuyo estilo habrían podido copiar la andrógina Grace Jones o Lady Gaga. Se diría que estos religiosos juegan con la teoría del género y con las identidades cambiantes, fluidas y queers. Burke no es corriente. Ni ordinario, ni mediocre. Es complejo, singular y, por tanto, fascinante. Es una rareza. Una obra maestra. A Oscar Wilde le habría encantado.

Seis

Como vemos, nada más lejos de la imagen que la extrema derecha católica intenta endosar a Francisco, la de un “papa comunista o marxista”, como dicen sin rodeos varios obispos y nuncios en Roma. Las acusaciones contra él van desde haber llevado a la isla de Lebos refugiados musulmanes y no cristianos, favorecer a los sintecho o querer vender las iglesias para ayudar a los pobres, hasta, por supuesto, haber hecho declaraciones gay friendly. Estas críticas obedecena una agenda política y no a una fe católica. ¿Francisco, comunista? ¡La palabras tienen un sentido! Figueroa no sale de su asombro ante la mala fe de los adversarios de Bergoglio que, con sus cardenales de extrema derecha, los Raymond Burke y Rober Sarah, forman un movimiento al estilo del Tea Party estadounidense.

Siete

En el corazón mismo de la Iglesia, en un mundo muy reprimido, los sacerdotes viven sus pasiones amorosas y, al hacerlo, están renovando el género e imaginando nuevas familias.

Es un secreto aún más oculto que la homosexualidad de una gran parte del colegio cardenalicio y del clero. Más allá de las mentiras y de la hipocresía generalizada, el Vaticano también es un lugar donde se llevan a cabo experimentos sorprendentes: donde se construyen nuevas formas de vida en pareja, se experimentan nuevas relaciones afectivas, se inventan nuevos estilos de vida gay; se explora la creación de la futura familia, se prepara la jubilación de los viejos homosexuales.


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