Sonia Sánchez: Escritora y militante feminista | RED/ACCIÓN

Sonia Sánchez: Escritora y militante feminista

Sobrevivió a la trata y la prostitución. Hoy milita por los derechos humanos pensando en sensibilizar a la sociedad para que las mujeres dejen de ser prostituidas. Escribe y es convocada, como referente, a dar charlas en ámbitos nacionales e internacionales.

Ninguna mujer nace para puta (Lavaca Editorial) es el título que eligió para el libro que en 2007 lanzó junto a la militante anarcofeminista boliviana María Galindo. En efecto, al nacer, su madre no dijo que Sonia iba a ser la prostituta de la familia. Sin embargo, escapando de la pobreza de Villa Ángela (Chaco) fue ingrensando al mundo de la prostitución, un mundo que ella compara con un campo de concentración.

Con 16 años y sin haber terminado su secundario, Sonia se subió a un micro y viajó a Buenos Aires para trabajar como empleada doméstica, pero le duró poco. La poca plata que había juntado le alcanzó para alquilar una pieza en un hotel del barrio de Flores por unos 15 días. Después, echada de patitas a la calle, caminando sin rumbo por la avenida Rivadavia, llegó a Plaza Once. “Ahí viví varios meses. Dormía de día en el tren Sarmiento o me metía en un recoveco del monumento a Saavedra, que en aquel entonces no estaba enrejado. Mientras tanto buscaba trabajo, pero ni me consideraban porque la plaza no era un domicilio legal y además, porque después de 3 días viviendo en la calle, estaba sucia y me veían como una vaga o una posible ladrona. Se fueron cerrando las puertas, nadie siente empatía ni se para a preguntarte tú historia”, recuerda.

¿Qué hacían esas mujeres yirando día y noche por la plaza?, se preguntaba. “Aun en la pobreza más absoluta yo no sabía que existía la prostitución. Hasta tercer año del secundario, cosechar algodón y ser empleada doméstica era todo mi saber”, cuenta.  Un día charló con una de ellas y le contó que nadie le daba trabajo y que tenía hambre. La mujer que tenía unos 50 años le dio unas monedas para que se bañara en las duchas de la estación Once y le dijo que después vaya a sentarse con ella. “Cuando volví le pregunté qué hacer. Me dijo que nada, que los hombres iban a hacer todo”, recuerda.

La pesadilla de la prostitución duró seis años. “Así sea media hora, es violencia económica, física y emocional. ¿Cómo salís de eso? Hecha pelota  y reconstruirte como sujeta activa de derecho lleva años. Yo todavía me sigo construyendo”, cuenta.

Para peor, a un año de ser prostituida, Sonia fue engañada con un trabajo de camarera y fue traficada al Calafate (Santa Cruz). No había ningún café ni restaurante, había un prostíbulo VIP y como ella, una docena de adolescentes de diferentes provincias explotadas sexualmente. A los 6 meses logró escaparse, pero sabiendo que sin plata su futuro en Buenos Aires no iba a ser muy diferente a lo que venía padeciendo; volvió a una esquina de Flores.  

En Bacacay y Condarco la levantó el último varón prostituyente, después de ese hombre jamás volvió a ninguna esquina. Descontento por su negativa a determinadas prácticas, el hombre le dio tantos golpes que por poco la mata, la salvó el conserje del hotel.

“Las mujeres prostituidas suelen decir que ellas eligen qué hacer y qué no, o que ellas ponen el precio, pero es mentira. Ninguna puede elegir, para eso les pagan; pero lo tienen que decir para sobrevivir”, explica.  Esa noche, en su casa, dolorida y con la sangre seca pegoteada en su rostro lloró como nunca jamás lo había hecho, lloró mares profundos.

Esa noche, la que llama “la más larga, oscura y liberadora de su vida” terminó con ella arrojando a la basura montones de bolsas de consorcio con sus zapatos de taco, sus pelucas, sus botas, sus shorts de cuero y sus remeras escotadas. Esa mañana, amaneció siendo Sonia Sánchez, chaqueña, de 22 años, recién llegada a la ciudad de Buenos Aires. Su primer trabajo: clasificadora de cucuruchos.

En pleno proceso de reconstrucción, recorriendo las librerías de la avenida Corrientes, encontró a su primer amor. La relación con Roberto duró seis años y tuvieron a Axel, que hoy tiene 22 años.

Hoy Axel vive en Villa Ángela porque no le gusta Buenos Aires. “Es un chico increíble. Estudia y desde los 18 años también trabaja. Él no es violento, jamás será prostituyente, Axel es un varón feminista”, describe con orgullo.

“Yo Además, no rescato mujeres, eso es responsabilidad del Estado. Mis charlas son para la sociedad en general porque son las mujeres, los hombres y los adolescentes los que por acción u omisión generamos o  sostenemos a las mujeres prostituida”, explica Sonia.

A Sánchez la convocan desde colegios y universidades hasta cárceles y diferentes dependencias del Estado. Tanto a nivel local como internacional. En sus charlas ella busca sensibilizar a la sociedad en su conjunto para que las mujeres dejen ser de prostituidas y destaca que prostitución no es un trabajo que se elige, ni dignifica a nadie. También explica que es necesario que se tome conciencia de que a la mujer prostituida no se la ayuda regalándole preservativos. “Ellas necesitan educación y capacitación laboral”, sostiene.

Sonia nunca más volvió a pasar hambre, no le sobra nada, pero el plato de comida diaria ya no le falta. Hoy vive de la venta de sus libros -está trabajando en el quinto-  y de las charlas que da por el país. “Ahora sé defenderme, voy a golpear las puertas del Estado, pero a la calle no vuelvo más”, asegura. Sonia vive sola. No está en pareja y dice que tampoco la desea. Hoy su amor es solo para ella, su hijo y las tres o cuatro amigas que considera genuinas.

Nombre: Sonia Teresa Sánchez
Edad: 52
Profesión: Escritora y militante feminista
Sector que trabaja: Derechos Humanos  
Lugar de Nacimiento: Villa Ángela (Chaco)
Lugar en el que desarrolló su actividad: Argentina y Latinoamérica

1 ¿Cuál es tu motor interior, qué te inspira a hacer lo que haces?

Mi motor es ser feliz. Cuando lo necesito me permito llorar, pero sólo una hora. Después, me levanto, me ducho, me maquillo mucho como me ves, me visto, pongo música y otra vez la felicidad.

2 ¿Qué te hace feliz?

Primero saber que mi familia está bien. Además de mi hijo, tengo seis hermanas, las siete somos muy unidas. Tenemos un grupo de WhatsApp donde nos llamamos por el número de llegada al mundo, yo soy la cuatro. En segundo lugar me hace absolutamente feliz verme bien, saber que tengo salud, que hago lo que quiero y ver las cosas que tengo.

3 ¿Qué cosas no te dejan dormir?

Hace 15 años todas las noches tuve pesadillas. Amanecía agotada con un dolor profundo en el pecho. Entonces, trabajé para terminar con esto. La prostitución es violación pública por lo tanto jamás hice ni haré terapia entre cuatro paredes; mis terapias son públicas y las hago cuando doy las charlas, capacitaciones y entrevistas.

Ahora me angustia mucho como estamos social y económicamente. Ver a la gente durmiendo en la calle me mata, yo incluso sigo siendo una mujer empobrecida. Eso sí, no voto. Ninguna dirigencia política, ni popular o nacional, ni de derecha o de izquierda, me representa.  

4 ¿Qué te gustaría cambiar del mundo?

La indiferencia. En la sociedad hay una profunda indiferencia hacia el otro y la otra. Tenemos leyes muy buenas, pero culturalmente no hemos avanzando. Yo creo todos pueden ayudar. ¿Cómo? Primero no mirando el programa de Tinelli y segundo exigiendo que los políticos nos miren a la cara, que dejen de andar en sus coches con vidrios polarizados o helicóptero. No nos miran ni en épocas de elecciones, levantan a un niño con mocos, pero sin mirarlos, solo miran la cámara para la foto.

5 Cuando eras chica, ¿qué querías ser de grande?

Nunca me lo pude preguntar. Quizás nunca pensé en el futuro porque tenía que vivir el presente. ¿Pero sabes? Antes de viajar a Buenos Aires busqué trabajo en Villa Ángela, las opciones eran ser empleada municipal o policía. Municipal no me daba, me anoté para policía, aprobé todas las pruebas teóricas, pero no pasé la revisión médica porque no me dio la altura.

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