Laura Andahazi Kasnya | RED/ACCIÓN
Sociedad | 26 de septiembre de 2018

Por qué no tenemos que dejar de buscar a Sofía

Sofía Herrera desapareció hace 10 años. Tenía poco más de 3 años. Encontrarla es una deuda pendiente del Estado y la sociedad para con ella y su familia. Recientemente, por la solidaridad de los ciudadanos, han aparecido personas que estaban perdidas hacía décadas y eso renueva las esperanzas.

¿Dónde estás Sofía? ¿Quién te llevó? ¿Te están cuidando? ¿Vas al colegio? ¿Quién te abraza cuando la adolescencia duele? Eso me pregunto después de adentrarme en la historia de Sofía Yasmín Herrera. Porque el 28 de septiembre se cumplen 10 años de la desaparición en Río Grande (Tierra del Fuego) de Sofía, una década de la búsqueda más intensa y dolorosa jamás imaginada por su mamá María Elena Delgado (48) y su papá Fabián Herrera.

Ese día, como lo hicieron por primera vez aquel martes 30 de septiembre de 2008, los riograndenses se concentrarán en la céntrica esquina de Belgrano y San Martín para pedir que la justicia siga buscando a Sofía, hasta encontrarla. “El año pasado se difundió una foto con el rostro actualizado de mi hija y entró un juez nuevo – Daniel Mario Cesari Hernández – pero este año no se ha hecho nada. Esto nos desespera, nos sentimos muy solos y abandonados. La justicia ya fracasó, nunca encontraron nada”, se lamenta Delgado.

Aquella mañana la primavera había frenado el frío y a los vientos fueguinos. Con el sol iluminando su carita, Sofía subió al auto familiar para ir con sus papás y otra familia amiga a pasar el día al camping John Goodall.  Pero no hubo asado, ni mate, ni mancha quemada para los chicos. Aquella mañana Sofía desapareció. Tenía 3 años y 8 meses y nunca más se la volvió a ver.

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En estos diez años se dijo de todo sobre la desaparición de la pequeña, desde que pudo haberse caído al mar hasta un ajuste de cuentas con la familia.  Se chequearon miles de datos aportados por ciudadanos que creyeron haberla reconocido en La Pampa, en Córdoba, en Salta, en Neuquén, en Chile, Colombia, incluso en Canadá. Pero lo cierto es que nada se sabe; ni qué pasó, ni quién se la llevó.

Sin embargo, María Elena no pierde las esperanzas de encontrar a su hija con vida. “Si algo malo hubiese pasado en la zona, ya la hubiésemos encontrado porque se buscó con perros y hasta con aviones. Yo creo que se la llevaron, lo que no sabemos es quién y con qué fin. Los perros marcaban una zona del alambrado donde tranquilamente podía estacionar un auto y sacarla del predio”, analiza.

Juan Carr, titular de Red Solidaria, no puede ni quiere especular con hipótesis sobre lo que pudo haber pasado, pero explica que en todos los años que lleva trabajando para generar encuentros aprendió que no hay nada más duro que la palabra nada. “Casos donde la persona no fue secuestrada para pedir rescate, no padecían enfermedades y no están fallecidas. Nada, no hay nada y es muy difícil, muy doloroso. Yo creo que la nada es peor que la muerte”, explica.

Sin comparar las distintas responsabilidades entre un funcionario y la ciudadanía, para Carr lo que falló en la búsqueda de Sofía es la comunidad. Y detalla: “La sociedad argentina es muy generosa y solidaria, pero en ese momento faltó comunidad. Es decir, pensando en el modelo de búsqueda de niños perdidos en los balnearios, cuánto más gente aplaude la posibilidad de reunirlos con sus papás es mayor. Lo que intentamos es que ese aplauso se multiplique. Hoy, diez años después y con Sofía como Norte, tenemos una alerta solidaria conformada por 7700 voluntarios. Es decir, cada vez que desaparece alguien, cada uno desde su celular manda una alerta para que en los primeros 20 minutos la foto de la persona perdida ya esté circulando en por lo menos 520 ciudades”.

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Pero para que esto ocurra es importante que se cumplan rápidamente con los pasos que hacen que la policía, la justicia y la sociedad se pongan en alerta. Según datos de Red Solidaria y el Portal Personas Perdidas hay 520 adultos y 67 niños extraviados.

María Elena limpia, cocina y ordena su casa en silencio, siempre pensando dónde seguir buscando. Su cable a tierra es Yuliana, de 9 años, la hermana menor de Sofía, hermana a la que sólo pudo conocer por alguna ecografía. Aquella mañana de camping, Sofía besaba a su hermana a través de la panza de María Elena y ella imaginaba qué lindo iba a ser tener a sus “princesitas” juntas en casa.  Aún no las pudo reunir, pero sigue luchando. “Yuliana nos dio oxígeno para vivir. Ella se crió con la búsqueda de Sofi, desde que nació sabe que su hermanita está perdida. Le buscamos ayuda psicológica y nosotros tratamos de darle a ella una vida lo más normal posible. Tiene sus actividades, muchos amigos, va a pijamadas. Con ella estoy tranquila, sé dónde está y confío en la gente que la rodea”, cuenta por teléfono.

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Por qué no tenemos que dejar de buscar a Sofía Herrera #BuscamosASofía https://t.co/5rpvvL7u5T pic.twitter.com/z7Ld3aY5sf

— RED/ACCIÓN (@redaccioncomar) September 26, 2018

Todas las noches,  después de acostar a Yuliana, María Elena se sienta frente a la computadora y lee los cientos de mensajes que diariamente recibe en su Facebook: “No te des por vencida”, “Dios los guie y puedan encontrar a Sofía”; “Sofía está más grande, si vos no la encontrás ella los encontrará a ustedes”. María Elena contesta y agradece cada uno de los mensajes.

Cada tanto, aparece el de alguien que dice haber visto a una nena parecida a Sofía y sin descartar ningún dato, los pasa a la policía para que se investiguen. Sin embargo, reconoce que a esta altura, a todo lo toma con pinzas y es cautelosa porque los resultados negativos son un baldazo de agua fría cuando las esperanzas se renuevan. “Fabián es muy distinto. Él se convence de que se trata de ella, se entusiasma, le pone todas las pilas a cada dato que aparece y después se bajonea. Es muy duro levantarse y seguir. Para esta época Fabián está siempre muy triste, muy venido abajo”, cuenta María Elena.

Foto: Lucia Merle


Foto: Lucia Merle

Aunque comprende el dolor que generan las falsas alarmas, Carr asegura que es preferible un montón de gente equivocada al silencio o a que nadie se involucre, por lo tanto apela a la solidaridad de la ciudadanía para que, si ven o se enteran de algo, se comuniquen con el (+54) 0800- 222- SOFI (7634), con Red Solidaria; Missing Children, el portal de Personas Perdidas o la policía. Hay una recompensa de 2.500.000 de pesos.

Al dolor que les genera la falta de Sofía, también se sumaron acusaciones. El año pasado, cansados los Herrera de las declaraciones  de una supuesta clarividente que aseguraba ver a Sofía enterrada en el patio de la familia, hicieron una excavación y convocaron a los medios para demostrar que las acusaciones eran falsas.

“Ahora se sabe que la mujer tiene problemas psiquiátricos y se la declaró inimputable. Por eso no queremos darle trascendencia, pero fue realmente una tortura porque la gente le creía, ensuciaba la causa y a nosotros como padres. Estuvimos con custodia judicial desde septiembre del año pasado hasta febrero de este año. Tiene prohibición de acercamiento, pero no para,” se queja. Hoy en día, asegura María Elena, la mujer sale a tapar las fotos que la familia pone sobre la Ruta 3 y pone carteles insistiendo con la acusación al matrimonio.   

Cauteloso, Carr cuenta que desde Red Solidaria han tenido casos que resultan muy esperanzadores. “Hace dos meses, después de 20 años de búsqueda, encontramos a un joven correntino que su familia daba por fallecido. Hace 3 años encontramos en Medellín (Colombia) a otro chico que se había perdido 12 años antes en Salta. Estos dos casos son historias de dos familias que ahora están en sus casas dándose un abrazo. Con estos ejemplos lo que quiero decir es que es posible y que por lo tanto no hay que dejar de buscar”, invita.

¿Felicidad? No, dice María Elena. Desde aquella mañana, hace 10 años, el matrimonio Herrera ya no puede hablar de felicidad. Su hija menor les aporta las fuerzas y momentos de alegría, pero felices van a ser cuando de una vez y para siempre los cuatro puedan estar juntos.  ¿Su peor pesadilla? Que cierren la causa y la justicia deje de buscar. “Algo nuevo debe haber para la búsqueda de personas. Si bien el caso de Sofía por sus características es único, hay muchos otros niños desaparecidos. Necesitamos que se haga algo, que traigan tecnología de afuera, algo”, ruega desesperada.

Podés ayudar a buscar a Sofía. Si creés tener información sobre ella:
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Series | 23 de agosto de 2018

Andrea Paredes: “Somos muchas las mujeres que manejamos camiones”

100 MUJERES

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Andrea Paredes

Es camionera, instructora de manejo en Volvo Trucks y Buses Argentina. Su papá le enseñó a conducir camiones a los 14 años. Hoy, gestiona un grupo de WhatsApp de mujeres camioneras y se suma a cruzadas solidarias.

Por Laura Andahazi Kasnya

23 de agosto de 2018






Andrea Paredes, La Negra, como le dicen desde chica,  tiene un referente en la vida: Adolfo, su padre. Si él hubiese sido médico, seguramente ella también lo sería, pero fue camionero y ella también. Él fue el encargado de transportar los autos de carrera de Luis y Marcos Di Palma.

En vacaciones,  fines de semana o cuando la vida escolar se lo permitía, Andrea ocupaba el asiento del acompañante del camión que a su padre le tocase conducir. Así, entre mate y mate cebado, fue aprendiendo a manejar. Primero mirando y luego, ya más grande, practicando en los campos cerrados de Arrecifes, su ciudad de crianza, en el norte de la provincia de Buenos Aires.

Por su contextura pequeña, los pedales y el volante le quedaban inalcanzables, pero el ingenio de su padre ayudó: un almohadón en el asiento y un par de tacos como extensión para sus pies. En aquel entonces todo era un juego y momentos mágicos entre padre e hija.

Sin embargo, cuando Adolfo enfermó, jugar ya no fue posible, había que salir a trabajar. “Tuvimos que internar a mi papá en Buenos Aires y yo quise viajar para acompañarlo, pero él me dijo que no, que no estuvo tantos años aguantándome en el camión como para que no esté ahora que me necesitaba para que lo reemplace”, recuerda Paredes con emoción.

Entró a trabajar con la familia Di Palma, con ellos estuvo por lo menos 20 años. Empezó barriendo el taller o haciendo los mandados hasta que le fueron confiando a ella la tarea de su padre. Al cumplir la mayoría de edad,  pasó al volante y desde entonces nunca más se bajó de un camión.

La ruta, el viajar de ciudad en ciudad fue lo que a Paredes más le gustó. Así lo hizo hasta mediados del 2016 que entró a trabajar en Volvo Trucks y Buses Argentina como instructora de manejo del programa de capacitación en Conducción Eficiente y Segura que la marca tiene para sus clientes.

A través del programa, Paredes, capacita gratuitamente a los conductores de camiones de diferentes empresas transportistas para que conozcan las herramientas tecnológicas y las funciones con las que cuentan los vehículos de la compañía.

Los cursos se dan en cada uno de los concesionarios de la red que Volvo tiene en el país. Así viajar sigue siendo parte de la rutina de la joven. “El desafío fue más que nada hacer algo distinto. Tratar con hombres, después de tantos años, ya me tiene acostumbrada. Además algunos de los que asisten a los cursos ya me conocen de la ruta”, cuenta.

Ser mujer nunca fue un impedimento, ni siente que tuviera que ganarse el derecho de piso para ser camionera. Nunca, asegura, a nadie se le ocurrió sugerirle que eso era cosa de hombres; todo lo contrario.

La camaradería, explica Paredes, es el denominador común del rubro, hombre o mujer siempre habrá algún compañero que se va a acercar para saber si el otro está bien o si necesita ayuda.

“Hoy somos muchas las mujeres que manejamos camiones. No hay límites, si uno se lo propone las cosas salen bien. A las mujeres que no se animan les digo que lo hagan, que es cuestión de animarse que después el resto viene solo como con cualquier otro trabajo”, anima.

Paredes administra un grupos de WhatsApp que se llama Simplemente Camioneras y lo armó con el objetivo de crear un lugar de encuentro que no  solo les permita conocerse sino también prestarse auxilio o pasarse información de las rutas o puertos. “Solo en el grupo hay 80 camioneras”, destaca.  

Ese espíritu comunitario no se acota al grupo de WhatsApp. Andrea también formó parte de los once camioneros que en febrero pasado transportaron, desde Buenos Aires hasta Salta, las 300 toneladas de mercadería que Red Solidaria reunió para los inundados de un pueblo de Salta.

“De chicas, los fines de semana, mis amigas salían a andar en bicicleta y yo me quedaba con mi papá engrasando o lavando el camión. Una vez que terminaba, salía con ellas y hacia lo que hace toda nena”, remarca.

Andrea es la más grande de tres hermanas mujeres, pero fue la única que siguió los pasos paternos, aunque, su hermana del medio, cuenta, también aprendió a manejar camiones. “El tema es que no le gusta ensuciarse, por eso es profe de matemática”, bromea.  

Vive en la ciudad de Buenos Aires, pero su lugar en el mundo es la cabina de un camión. La ruta, el amanecer, la música y los mates son las fotos, esos flashes de los momentos que a Paredes le llenan el alma y lleva grabados a fuego en su corazón. Por ella y en memoria de su padre preguntarse si puede o si no debería hacer tal cosa nunca será una opción; desear y hacer es el curso que la joven eligió para su vida. Sin embargo, si algún hombre osa mandarla a lavar los platos, ella dice que va encantada, “siempre y cuando cocinen”, remata entre risas.

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Nombre: Andrea Paredes
Edad: 37 años
Profesión: Chofer de camiones
Sector en el que trabaja: Transportista
Lugar de Nacimiento: Buenos Aires
Lugar en el que desarrolla su actividad: Arrecifes

1. ¿Cuál es tu motor interior, qué te inspira a hacer lo que hacés?
Mi pasión por los camiones y hacer lo que me gusta. Esto hace que  todos los días me levante con muchas ganas. Por otro lado, soy muy activa, no tengo algo que me quite la energía. Ni los días de mucho frío o de viento me quitaron jamás las ganas de salir a la ruta.

2. ¿Qué te hace feliz?
Manejar un camión y viajar. También compartir tiempo con mi familia, sobrinos y amigos. Los recuerdos más felices son los vividos con mi papá; él fue el primero que me dio la oportunidad de subirme a un camión y fue el que me decía por qué no, él que me recordaba todo el tiempo que yo podía hacer lo que quisiera.

3. ¿Qué cosa no te deja dormir?
Pensar en las cosas que tengo que hacer me desvelan. Suelo irme a acostar pensando en lo que me toca hacer al otro día y eso me desvela. Pero trato de dormirme igual, no tengo opción, no puedo salir a trabajar cansada.

4. ¿Qué te gustaría cambiar del mundo?
No sé si del mundo, pero sí me gustaría quehaya más escuelas de conducción de camiones porque la realidad es que hay muy pocas y no me gustaría que se pierda esta profesión. Hoy no todos tienen opciones accesibles para aprender y sacar el registro profesional.

5. Cuándo eras chica, ¿qué querías ser de grande?
Conductora de camiones. Está en mi ADN. Tuve la suerte de que me den la oportunidad de aprender y después de trabajar. Esas oportunidades son fundamentales. Uno puede querer ser un montón de cosas y hacer lo posible por lograrlo, pero también es necesario que alguien te abra las puertas y te dé la oportunidad de hacerlo.

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Series | 20 de julio de 2018

Denise Nathalie Henry Maffeis: “Mami, yo siempre supe que ibas a volver, me dijo”

100 MUJERES

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Denise Nathalie Henry Maffeis

Fuerza, coraje y determinación son las palabras que elige para describirse. No porque haya tenido una vida complicada. Todo lo contrario. Pero necesitó de ellas para ir de una escuela pública de Córdoba a la Universidad de Harvard y para conseguir adoptar a un niño haitiano mientras nacía su primer hijo.

Por Laura Andahazi Kasnya

20 de julio de 2018






Hija de padre haitiano y madre italiana, Henry es cordobesa y, mezcla de ambos, es mulata. De chica, recuerda, sus amigas se comían las galletitas de vainilla y a ella le dejaban las de chocolate apelando a su color de piel. “Mi padre, me dijo que así era yo, que podía lamentarlo o podía trabajar para que la diferencia juegue a mi favor”, cuenta.

Lamentarlo nunca fue su opción, aprender a capitalizar sus rasgos fue el primer voto de confianza hacia sí misma. Los resultados quedaron a la vista: desarrolló una carrera empresarial que empezó como telemarketer y que hoy la tiene como directora de operaciones en Apex América, una empresa cordobesa que brinda servicios de BPO (Business Process Outsourcing) y es madre de cuatro niños: Benicio, las mellizas Lupe y Paz y, Gael, un chiquito haitiano que conquistó su corazón sin siquiera haberlo visto.

A Apex entró a trabajar a los 19 años cuando estudiaba para traductora pública.  Arrancó como pasante y poco a poco fue ascendiendo, primero a supervisora, luego a jefa de call center, después a gerente y ahora a directora de operaciones globales liderando un equipo de más de 5.000 personas.

“Además del grupo de gente maravillosa que conforman los equipos de trabajo, para el liderazgo me jugó a favor la capacidad de escucha, algo que desarrollé desde muy chica. Yo era la amiga a la que todas iban a contarle sus cosas. Siempre me permitió conectar con el otro, es la herramienta más poderosa que encontré para manejarme en el mundo del management”, destaca.

Su crecimiento en el plan carrera de Apex no fue solo por carisma; Henry también se capacitó. En el 2006, la empresa se vendió a la norteamericana Sykes y Henry, que en ese entonces era responsable del call center en Rosario, decidió bajarse del barco para terminar sus estudios y seguir formándose. Completó las ocho materias que le quedaban de la carrera de traductora pública e hizo un Máster en Negocios en la Universidad de Harvard, hizo cursos de posgrado en Columbia y obtuvo una diplomatura en Innovación de Singularity University.

“Cuando me recuerdo, veo a una chica que con todo su nivel de inconsciencia nunca pensó era que imposible pasar de una educación pública a Harvard”, analiza. En 2010, cuando Sykes se fue del país, los fundadores de Apex recompraron la empresa y Henry volvió a ocupar su cargo ctual.

Una vez que termina la jornada laboral, el único lugar que quiere habitar es su casa. “No hay mejor plan que abrir la puerta, sacarme los zapatos y escuchar las vocecitas de mis hijos que corren a recibirme.”, cuenta. Sin embargo, no siempre la casa estuvo tan llena de alegría.

Nada impedía a Henry quedar embarazada naturalmente, pero ella quería adoptar. No recuerda cómo nació el deseo, pero sí recuerda cómo ese deseo se fue transformando en una necesidad.

Cuando conoció a Paolo, su marido, fue una de las primeras cosas que le planteó en cuanto la relación empezó a perfilarse más comprometida. Paolo, que en ese entonces tenía 23 años, no lo dudó, cumplir el sueño de su mujer era hacerlos más felices a ambos.

Así, a sus 26 años, Henry inició los trámites de adopción y, mientras esperaban respuestas, ya casados, empezaron a buscar un bebé de manera natural. Fue en medio de esa búsqueda que recibieron un llamado de Haití: había un bebé de dos meses en condiciones de ser adoptado. La felicidad fue inmensa, pero lo que nunca imaginaron fue que el proceso les llevaría 3 años y una decena de viajes.

Un terremoto, la trata de blanca y el cierre de los convenios de adopción con Argentina retrasaron el añorado encuentro de Gael con su madre, su padre y Benicio, su hermanito que ya había nacido. Fue una época de abogados, viajes y ruegos. No había forma, le recomendaban buscar en otro país, pero la escena del momento que se vieron por primera vez le recordaba a Henry no bajar los brazos.

La mulata abrió la puerta de la habitación del orfanato y allí estaba Gael, sentado en la cama mientras una cuidadora peinaba sus rizos negros. Con sus piernitas colgando se dio vuelta: “Hola, mami”, le dijo. “Lloré con la misma intensidad que cuando nació Benicio y me lo pusieron al pecho por primera vez. Fue un amor inmenso”, cuenta emocionada hasta las lágrimas.

Sin embargo, la burocracia los obligó volver al país sin él y esa despedida se repitió muchas otras veces. Para peor, el hambre de Haití no perdonaba a nadie, ni al pequeño Gael que sin llegar a cumplir sus tres años ya sufría un raquitismo severo que casi le impedía caminar.

“Cuando lo vi me juré que como sea esta vez me lo iba a llevar, no lo iba a dejar”, asegura. Lo llevó a un hospital y con radiografías en mano, Henry fue a rogar humanidad a la embajada de Argentina. Exigió una respuesta urgente explicando que si no lo dejaban irse con ella el chiquito no iba a sobrevivir.  Era la una de la tarde, a las 3 su avión salía para Buenos Aires, el cónsul accedió, le dio una guarda provisoria. Veinticuatro horas después, luego de cruzar con nervios cada control de cada uno de los aeropuertos que pisaron, llegaron a Córdoba, donde toda la familia los esperaba. Entraron agarrados de la mano y nunca más se soltaron. “Mami, yo siempre supe que ibas a volver”, confiesa Gael hoy cuando junto a su familia, ahora con las mellizas, recorren su historia.

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Nombre: Denise Nathalie Henry Maffeis
Edad: 35 años
Profesión: Traductora y directiva de una empresa
Sector en el que trabaja: Empresario
Lugar de Nacimiento: Córdoba
Lugar en el que desarrolla su actividad: Desde Córdoba para toda Latinoamérica

1. ¿Cuál es tu motor interior, qué te inspira a hacer lo que hacés?
Me inspira pensar que cada ámbito que habito es único para mí y para el otro, y que mi accionar en el mismo desencadena algo positivo en el mundo. Eso me motiva a intentar ser mi mejor versión, también, la transformación como meta de lo que hago o de por qué existo. Transformar positivamente la vida de los que me acompañan, de mis niños, de mi equipo. Sumar activamente a su plenitud y la mía. Asignarle sentido a los ámbitos más allá de lo que tácticamente parezcan ser.

2. ¿Qué te hace feliz?
Mis hijos, mi tiempo con ellos, su salud, sus sonrisas, sus reflexiones, su crecimiento, sus salidas pícaras. Un mate. Una mañana con mamá. Disfrutar con mi hermana. Mi persistencia. Las visitas de mi papá. Mi casa. Caminar. Pintar. El mar. Leer. Un té de mi marido. Cumplir un objetivo. Ayudar. El silencio. Mis amigas. Viajar. Que los que me rodean sean felices.

3. ¿Qué cosa no te deja dormir?
Siempre tuve buen “dormir”, pero la única sensación que logra alterarme es la de sentir que no tengo nada que hacer para cambiar una situación que me afecta a mí, o algún aspecto relevante de mis espacios, porque depende de otro. He aprendido a convivir con la incertidumbre y trabajo diariamente en aprender a convivir con el soltar

4. ¿Qué te gustaría cambiar del mundo?
La injusticia, es un concepto muy amplio, pero invirtiéndolo, quisiera generar un mundo justo, principalmente para los niños. No solo desde lo básico (abrigo, comida, techo) sino garantizar que sean amados, potenciados, que los miren a los ojos, los abracen fuerte y los escuchen. Me gustaría un mundo de compasión hacia ellos.

5. Cuándo eras chica, ¿qué querías ser de grande?
Puff… azafata. ¡Con la cantidad de horas de vuelo que tengo, me podrían dar el título honorario!

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Series | 29 de junio de 2018

Intervención: Pablo Domrose

La historia de Mia Fedra, la primera tenista trans de la Argentina

Hasta 2012 Mía Fedra fue él. Aunque hacía ya muchos años que para todo su entorno él era ella. Paradójicamente sólo su Documento Nacional de Identidad la seguía llamando por su nombre masculino, pero eso se acabó con la Ley de Identidad de género; Mía pudo ser ella sin que ningún papel diga lo contrario.

También pudo volver al tenis, el deporte la hace feliz, que la cobijó y salvó; pero que tuvo que dejar cuando, como andrógina, competir contra varones se volvió una desventaja. Hoy Fedra es la primera tenista profesional trans del país.

Fedra descubrió al tenis a los 7 años en el club Village de Adrogué como una travesura. Detrás del alambrado se robaba las pelotas perdidas, pero de paso pispiaba. “El ruido del golpe de las pelotas en la raqueta y el aroma a polvo del ladrillo me ponía como loca. En realidad, todo empezó con una paleta en la que mi papá me había pintado una sirenita, yo la adoraba”, confiesa entre risas.

Al tiempo la paleta de la sirenita se convirtió en una raqueta y la vereda de su cuadra en una cancha. Los torneos juveniles fueron su mejor plan y todos los días, al salir de colegio, Fedra iba a entrenar.

Pero, a medida que crecía, competir contra varones empezó a ser frustrante ya que por sus movimientos cada vez más delicados iba quedando en desventaja; tenía que competir  contra mujeres, pero era impensable en ese entonces. Dejó el tenis y en 2002, cuando terminó el colegio secundario, adoptó el nombre de Mía (por Mía Farrow en el Bebé de Rosemary) y empezó a trabajar en su cambio de género.

Si bien su familia siempre la acompaño en sus decisiones,  reconoce que la de la transición no fue tan fácil. Su padre, recuerda, se puso un poco triste y su madre temió que agarre el camino de la prostitución, un camino que muchas chicas trans se ven obligadas a tomar cuando, por su condición, la sociedad les cierra las puertas al mundo laboral. “Creo que lo que me salvó a mí fue bancarme no tener un mango.”, reflexiona.

Durante su adolescencia, en el secundario, Fedra reconoce que fue bastante discriminada por lo que para protegerse tuvo que cambiar varias veces de colegios.

“Hasta los 16 sufrí bastante, después no tanto porque fue el momento que te pones un piercing, tenés el pelo azul, nada te importa y haces tú vida. La cancha de tenis fue siempre mi principal refugio, mi cable a tierra”, recuerda.

Sin embargo, así como en el colegio fue objeto de risas, en el tenis fue diferente, allí tanto profesores como pares la respetaron y asegura que a nadie nunca le importó si era ella, él o si le gustaban las chicas o los chicos. Mía en la cancha siempre fue un contrincante.

Por eso, con su nuevo DNI, se acercó a la Asociación Argentina de Tenis (ATT) y a la Federación Internacional de Tenis (ITF), pidió ser incorporada y la revalidación de su título de profesora que obtuvo con su nombre de varón en 2009; la respuesta inmediata fue un sí y pudo volver a los saques y voleas; en 2017 alcanzó el cuarto lugar en la categoría de mujeres mayores de 30.

La primera vez que Mía se vistió con ropa de mujer fue con otra travesti en un auto para ir a bailar. Salió de su casa como varón y en el trayecto, como pudo, se cambió y se maquilló: “Entre la poca luz y el traqueteo del auto era un mamarracho, pero me sentía fantástica”, recuerda entre risas. Sin embargo, sus piernas largas, su cabellera negra y sus ojos claros conquistaron pasarelas que la consagraron como modelo, anfitriona de fiestas y drag queen.

Mía es extremadamente simpática, cada una de sus frases terminan con una broma. Por ejemplo, dice que no quiere hablar de su pareja actual para que sus amantes no se ofendan. Sin embargo, un poco más seria, confiesa que si de amor hablamos, casarse es algo que ya a su edad (que no quiso develar) empieza a considerar.

Aunque Fedra es consciente de lo difícil que es la vida para las chicas trans, cree que lo mejor que ella puede hacer es marcar el ejemplo viviendo. “Tengo puesta la camiseta por todas, pero nunca podría ser activista porque ignoro sobre leyes y derechos. Es una responsabilidad muy grande y siendo un personaje público tengo que ser responsable, no quiero hablar por hablar. Hay gente muy preparada que hace 20 años trabaja por la causa. Mi granito de arena pasa por otro lado”, explica.

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Nombre: Mia Fedra
Edad: No contesta, solo dice que nació bajo el signo de Tauro
Profesión: Tenista y modelo
Sector en el que trabaja: Deporte y moda
Lugar de Nacimiento:  Adrogué, Buenos Aires
Lugar en el que desarrolla su actividad: Buenos Aires

1. ¿Cuál es tu motor interior, qué te inspira a hacer lo que hacés?
Mis sobrinos. Ellos me devuelven a mi infancia. Soy muy aniñada y me gusta mucho jugar con ellos y pelearlos; nos divertimos mucho.

2. ¿Qué te hace feliz?
Mi gente, mis amigos y la noche. Soy muy de abrazar y cariñosa; me encanta que me digan que soy divina. Me hace muy feliz bailar y jugar al tenis, pero también esos momentos de mates y charlas con mis papás. Además, me hace muy feliz dormir y andar relajada de entre casa y sin maquillaje.

3. ¿Qué cosa no te deja dormir?
 Los ex novios no me dejan dormir, me acosan. Son tremendamente obsesivos y me ponen muy nerviosa. También me ponen muy nerviosa las previas de los partidos; soy muy de pensar antes de dormirme y entonces maquino mucho con el cómo me irá y cómo voy a hacer para ganar.

4. ¿Qué te gustaría cambiar del mundo?
La cabeza de la gente, que sigue tan cerrada como siempre.

5. Cuándo eras chica, ¿qué querías ser de grande?
Me gustaba mucho todo lo que tenía que ver con la moda. También soy medio nerd y me gustaba mucho todo lo que tenía que ver con el pensar y retar al ingenio.

100 Mujeres | 5 de junio de 2018

Intervención: Pablo Domrose

Quién es Gabriela Terminielli, la única mujer en el directorio de Bolsas y Mercados Argentinos (BYMA)

Les preguntamos a qué mujer postularían para la #Serie100Mujeres y nos llegaron propuestas interesantes.  Aquí está la primera seleccionada.

Es psicóloga y empresaria, pero no encaja con los estereotipos. Ni look intelectual ni de yuppie. En Jean, nada te tacos altos, un suéter de escote en V y campera de plumas; poco maquillaje, casi a cara lavada, arreglada, pero sencilla. Gabriela Terminielli se muestra auténtica. Dice no ser ejemplo de nada, sin embargo reconoce que sus ganas de superación son una buena característica suya a imitar.

Nació en Parque Patricios y se crió en La Boca. Su hogar era humilde, toda la familia tenía que trabajar para asegurarse el pan, incluso ella con 10 años. Su padre tuvo un restaurante, allí aprendió a cocinar canelones y entendió el valor del trabajo. Aquel emprendimiento familiar quedó lejos en su historia, hoy Terminielli es miembro de dos directorios, desde 1993 de Compañía Argentina de Comercio (CADEC – Guillermo Carracedo y Asociados) y desde hace dos meses de Bolsas y Mercados Argentinos (BYMA); donde es la única mujer entre los 14 miembros del directorio.

Su historia y sus ganas de crecer la motivaron para gritar a viva voz que los negocios no son cosa de hombres; que las mujeres también pueden. Promover el liderazgo de las mujeres se convirtió en la gran obsesión de Terminielli. ¿Por qué? “Porque somos consideradas minoría cuando somos el 51% de la población y porque de las 500 empresas más grandes del mundo, sólo el 4% está a cargo de mujeres”, justifica.

Ningún día es igual a otro para ella. Cuando no está en reuniones de directorio, está mentoreando a alguna chica o dando alguna conferencia sobre empoderamiento. En el marco del Women Corporate Director (WCD), entidad que integra desde 2017, se la puede encontrar capacitando a mujeres empresarias.

También puede estar en Voces Vitales, la ONG creada por Hillary Clinton que promueve la participación de la mujer en la sociedad, donde desde 2012 es la vicepresidente de la filial local. Conoció a la ONG “de cara dura” cuando se coló a una cumbre internacional donde estaban la ex presidente Cristina Fernández, Michelle Bachelet y Dilma Rousseff, entre otras figuras femeninas. “Sí, soy feminista. No de las que llevan el cuchillo en la boca, pero para hacer lo que hago hay que serlo”, reconoce de sí.

Su ingreso al mundo corporativo fue casi inevitable, su madre y 11 familiares más trabajaron en Grupo Bunge y Born; y ella también. Terminó el secundario e inmediatamente entró como administrativa, después pasó por los diferentes rubros en los que la empresa participaba; desde granos a turismo, pasando por la división Nuevos Negocios.

Mientras, estudiaba psicología y coaching ontológico. Sin embargo dice que su verdadera carrera profesional arrancó cuando Guillermo Carracedo renunció a su cargo de CEO en Bunge y Born y la convocó para refundar CADEC e integrar el directorio. Ya recibida, con el consentimiento de Carracedo, al que reconoce como su mentor, comenzó a dictar seminarios sobre clima laboral e hizo un máster en Administración de Empresas. Tenía 49 años y cursaba con chicos de 28, pero no se intimidó. Su tesis se tituló “La felicidad en el trabajo y su relación con la productividad”; lloró cuando recibió el título.       

El mandato familiar priorizaba el trabajo por sobre la formación. Lo esperable era que Terminielli se capacite en lo justo y necesario para preservar su cargo en Bunge y Born; luego llegaría un marido que la mantuviese. Pero rompió las reglas: se casó a los 23 años con su novio del colegio, tuvieron una hija y luego de 30 años de matrimonio se divorciaron.

Aunque creció laboralmente no siempre el trabajo se tradujo en estabilidad económica. De hecho confiesa que le hubiese gustado tener más hijos, pero que el bolsillo nunca fue suficiente. Económicamente, con su ex marido las pasaron todas; la peor fue cuando los estafaron y los dejaron sin el sueño de la casa propia y, claro, sin el anticipo de dinero que pusieron.

Fue con su indemnización en Bunge y Born que logró comprar un departamento en Palermo, el mismo que ocupa hoy. Vivir el presente sin hipotecar el futuro es su frase de cabecera. Por eso ahora, aunque es joven, ahorra para su vejez.

GT-

Nombre:  Gabriela  Terminielli
Edad: 55 años
Profesión:  Magister en Administración de Empresas y licenciada en Psicología
Sector en el que trabaja:  Empresario
Lugar de Nacimiento: Parque Patricios – Ciudad de Buenos Aires
Lugar en el que desarrolla su actividad: Ciudad de Buenos Aires

1. ¿Cuál es tu motor interior, qué te inspira a hacer lo que hacés?
Mi pasión es detectar talentos y abrir puertas a personas que quieran superarse. Para ellas estoy disponible siempre a cualquier hora y lugar. No me gustan los interesados, esos que ayer te daban la espalda y hoy te dan palmaditas. Me quitan la energía; igual que el chismerío y la gente que no es genuina.

2. ¿Qué te hace feliz?
Mi nietito. Nunca imaginé lo tremendo que es el amor de abuela. Solía decirle a mi hija que era todo para mí y ella muy inteligentemente me preguntaba si no era mucho; claro, es una carga muy fuerte, pero el amor de abuela me transformó. Cuando estoy mal, veo la foto del bebé y enseguida me compongo. Es un tierno hasta cuando llora y me da mucha gracia.
También me hace muy feliz hacer la diferencia con algo, como cuando doy una charla por ejemplo, pierdo la noción del tiempo

3. ¿Qué cosa no te deja dormir?
Los temas de salud. Por suerte tanto mi familia como yo estamos bien, pero en este momento tengo cercano el caso de un chiquito que está muy complicado; eso me pone muy triste y no me deja dormir.
Para conciliar el sueño agarro un libro o miro la foto de mi nieto. Cuando me atormentan cosas que no puedo manejar rezo mucho.

4. ¿Qué te gustaría cambiar del mundo?
Trabajo con las mujeres porque veo una gran injusticia, pero me destruye también la inseguridad, la pobreza, la maldad. Mi trabajo no tiene que ver solamente con satisfacer mis propios intereses, estoy haciendo algo por el otro y eso me hace sentir bien. No voy a poder salvar a la humanidad de la pobreza, pero desde mi lugar algo hago: a una chica que está en un proyecto social le abro una puerta, la mentoreo y la ayudo a encontrar oportunidades. Esa chica mañana  va a derramar en su contexto todo lo que le di.

5. Cuándo eras chica, ¿qué querías ser de grande?
Maestra.  Era pasión: desde que me despertaba hasta que me iba a dormir jugaba a la maestra.  Como mi abuelo era maestro y mi mamá pasó situaciones económicas complicadas porque los maestros siempre ganaron dos mangos, me prohibió ser maestra. De alguna manera, creo que pude cumplir ese sueño.