Laura Andahazi Kasnya | RED/ACCIÓN
100 Mujeres | 3 de abril de 2019

Sonia Sánchez: Escritora y militante feminista

Sobrevivió a la trata y la prostitución. Hoy milita por los derechos humanos pensando en sensibilizar a la sociedad para que las mujeres dejen de ser prostituidas. Escribe y es convocada, como referente, a dar charlas en ámbitos nacionales e internacionales.

Ninguna mujer nace para puta (Lavaca Editorial) es el título que eligió para el libro que en 2007 lanzó junto a la militante anarcofeminista boliviana María Galindo. En efecto, al nacer, su madre no dijo que Sonia iba a ser la prostituta de la familia. Sin embargo, escapando de la pobreza de Villa Ángela (Chaco) fue ingrensando al mundo de la prostitución, un mundo que ella compara con un campo de concentración.

Con 16 años y sin haber terminado su secundario, Sonia se subió a un micro y viajó a Buenos Aires para trabajar como empleada doméstica, pero le duró poco. La poca plata que había juntado le alcanzó para alquilar una pieza en un hotel del barrio de Flores por unos 15 días. Después, echada de patitas a la calle, caminando sin rumbo por la avenida Rivadavia, llegó a Plaza Once. “Ahí viví varios meses. Dormía de día en el tren Sarmiento o me metía en un recoveco del monumento a Saavedra, que en aquel entonces no estaba enrejado. Mientras tanto buscaba trabajo, pero ni me consideraban porque la plaza no era un domicilio legal y además, porque después de 3 días viviendo en la calle, estaba sucia y me veían como una vaga o una posible ladrona. Se fueron cerrando las puertas, nadie siente empatía ni se para a preguntarte tú historia”, recuerda.

¿Qué hacían esas mujeres yirando día y noche por la plaza?, se preguntaba. “Aun en la pobreza más absoluta yo no sabía que existía la prostitución. Hasta tercer año del secundario, cosechar algodón y ser empleada doméstica era todo mi saber”, cuenta.  Un día charló con una de ellas y le contó que nadie le daba trabajo y que tenía hambre. La mujer que tenía unos 50 años le dio unas monedas para que se bañara en las duchas de la estación Once y le dijo que después vaya a sentarse con ella. “Cuando volví le pregunté qué hacer. Me dijo que nada, que los hombres iban a hacer todo”, recuerda.

La pesadilla de la prostitución duró seis años. “Así sea media hora, es violencia económica, física y emocional. ¿Cómo salís de eso? Hecha pelota  y reconstruirte como sujeta activa de derecho lleva años. Yo todavía me sigo construyendo”, cuenta.

Para peor, a un año de ser prostituida, Sonia fue engañada con un trabajo de camarera y fue traficada al Calafate (Santa Cruz). No había ningún café ni restaurante, había un prostíbulo VIP y como ella, una docena de adolescentes de diferentes provincias explotadas sexualmente. A los 6 meses logró escaparse, pero sabiendo que sin plata su futuro en Buenos Aires no iba a ser muy diferente a lo que venía padeciendo; volvió a una esquina de Flores.  

En Bacacay y Condarco la levantó el último varón prostituyente, después de ese hombre jamás volvió a ninguna esquina. Descontento por su negativa a determinadas prácticas, el hombre le dio tantos golpes que por poco la mata, la salvó el conserje del hotel.

“Las mujeres prostituidas suelen decir que ellas eligen qué hacer y qué no, o que ellas ponen el precio, pero es mentira. Ninguna puede elegir, para eso les pagan; pero lo tienen que decir para sobrevivir”, explica.  Esa noche, en su casa, dolorida y con la sangre seca pegoteada en su rostro lloró como nunca jamás lo había hecho, lloró mares profundos.

Esa noche, la que llama “la más larga, oscura y liberadora de su vida” terminó con ella arrojando a la basura montones de bolsas de consorcio con sus zapatos de taco, sus pelucas, sus botas, sus shorts de cuero y sus remeras escotadas. Esa mañana, amaneció siendo Sonia Sánchez, chaqueña, de 22 años, recién llegada a la ciudad de Buenos Aires. Su primer trabajo: clasificadora de cucuruchos.

En pleno proceso de reconstrucción, recorriendo las librerías de la avenida Corrientes, encontró a su primer amor. La relación con Roberto duró seis años y tuvieron a Axel, que hoy tiene 22 años.

Hoy Axel vive en Villa Ángela porque no le gusta Buenos Aires. “Es un chico increíble. Estudia y desde los 18 años también trabaja. Él no es violento, jamás será prostituyente, Axel es un varón feminista”, describe con orgullo.

“Yo Además, no rescato mujeres, eso es responsabilidad del Estado. Mis charlas son para la sociedad en general porque son las mujeres, los hombres y los adolescentes los que por acción u omisión generamos o  sostenemos a las mujeres prostituida”, explica Sonia.

A Sánchez la convocan desde colegios y universidades hasta cárceles y diferentes dependencias del Estado. Tanto a nivel local como internacional. En sus charlas ella busca sensibilizar a la sociedad en su conjunto para que las mujeres dejen ser de prostituidas y destaca que prostitución no es un trabajo que se elige, ni dignifica a nadie. También explica que es necesario que se tome conciencia de que a la mujer prostituida no se la ayuda regalándole preservativos. “Ellas necesitan educación y capacitación laboral”, sostiene.

Sonia nunca más volvió a pasar hambre, no le sobra nada, pero el plato de comida diaria ya no le falta. Hoy vive de la venta de sus libros -está trabajando en el quinto-  y de las charlas que da por el país. “Ahora sé defenderme, voy a golpear las puertas del Estado, pero a la calle no vuelvo más”, asegura. Sonia vive sola. No está en pareja y dice que tampoco la desea. Hoy su amor es solo para ella, su hijo y las tres o cuatro amigas que considera genuinas.

Nombre: Sonia Teresa Sánchez
Edad: 52
Profesión: Escritora y militante feminista
Sector que trabaja: Derechos Humanos  
Lugar de Nacimiento: Villa Ángela (Chaco)
Lugar en el que desarrolló su actividad: Argentina y Latinoamérica

1 ¿Cuál es tu motor interior, qué te inspira a hacer lo que haces?

Mi motor es ser feliz. Cuando lo necesito me permito llorar, pero sólo una hora. Después, me levanto, me ducho, me maquillo mucho como me ves, me visto, pongo música y otra vez la felicidad.

2 ¿Qué te hace feliz?

Primero saber que mi familia está bien. Además de mi hijo, tengo seis hermanas, las siete somos muy unidas. Tenemos un grupo de WhatsApp donde nos llamamos por el número de llegada al mundo, yo soy la cuatro. En segundo lugar me hace absolutamente feliz verme bien, saber que tengo salud, que hago lo que quiero y ver las cosas que tengo.

3 ¿Qué cosas no te dejan dormir?

Hace 15 años todas las noches tuve pesadillas. Amanecía agotada con un dolor profundo en el pecho. Entonces, trabajé para terminar con esto. La prostitución es violación pública por lo tanto jamás hice ni haré terapia entre cuatro paredes; mis terapias son públicas y las hago cuando doy las charlas, capacitaciones y entrevistas.

Ahora me angustia mucho como estamos social y económicamente. Ver a la gente durmiendo en la calle me mata, yo incluso sigo siendo una mujer empobrecida. Eso sí, no voto. Ninguna dirigencia política, ni popular o nacional, ni de derecha o de izquierda, me representa.  

4 ¿Qué te gustaría cambiar del mundo?

La indiferencia. En la sociedad hay una profunda indiferencia hacia el otro y la otra. Tenemos leyes muy buenas, pero culturalmente no hemos avanzando. Yo creo todos pueden ayudar. ¿Cómo? Primero no mirando el programa de Tinelli y segundo exigiendo que los políticos nos miren a la cara, que dejen de andar en sus coches con vidrios polarizados o helicóptero. No nos miran ni en épocas de elecciones, levantan a un niño con mocos, pero sin mirarlos, solo miran la cámara para la foto.

5 Cuando eras chica, ¿qué querías ser de grande?

Nunca me lo pude preguntar. Quizás nunca pensé en el futuro porque tenía que vivir el presente. ¿Pero sabes? Antes de viajar a Buenos Aires busqué trabajo en Villa Ángela, las opciones eran ser empleada municipal o policía. Municipal no me daba, me anoté para policía, aprobé todas las pruebas teóricas, pero no pasé la revisión médica porque no me dio la altura.

100 Mujeres | 28 de marzo de 2019

Foto: gentileza María Eva Juncos | Intervención: Pablo Domrose

Conocé a María Eva Juncos, la creadora de una aplicación de taxis que conecta conductoras mujeres con pasajeras

María Eva Juncos (45) es taxista desde hace una década. Manejando en las calles de Rosario, su ciudad natal, escuchó un abanico de comentarios que lograron llevarla al hartazgo. Desde “Qué bueno una mujer taxista tan linda” hasta “Te invito a subir a mi departamento”, sin obviar la pregunta: “¿Soltera?”. Fueron las conversaciones que mantuvo con las pasajeras las que la motivaron a decir: “Basta”. Y en 2016 creó She Taxi, una aplicación que conecta usuarias con choferes de taxi mujeres.

Juncos es de las taxistas a las que le gusta conversar con el pasajero: el tiempo, el tráfico, la vida; lo que dé. En esas charlas fue descubriendo cuán vulnerables suelen sentirse las mujeres cuando viajan en un taxi conducido por un hombre. Es que siempre, asegura, les ha tocado escuchar comentarios, preguntas o piropos incómodos y, en algunos casos, también vivir situaciones más graves, de abuso. “Supe cómo un taxista le trabó las puertas del auto a una clienta; de chicas que por miedo se tiraron del vehículo andando; y de cómo se organizan los grupos de amigas con determinados códigos para avisarse si pasa algo. Eso más las noticias tremendas que salen en la tele. Ahora recuerdo un caso judicializado de Buenos Aires de un taxista que violó a una chica”, cuenta aún con espanto. El caso al que Juncos se refiere es el de Manuela, una joven que fue dormida, violada y amenazada por el conductor del taxi que tomó para volver a su casa luego de pasar una velada con amigos en un bar de Colegiales en 2015. El chofer, Tito Franklin Escobar Ayllon, está prófugo y lo busca hasta Interpol.

“Muchas mujeres se sienten más cómodas si la conductora también es mujer por lo que siempre terminaban pidiéndome el número de teléfono para contactarme en sus próximos viajes. La verdad es que no daba abasto con la demanda. Después supe que a otras taxistas mujeres les pasaba lo mismo, daban sus celulares y luego corrían de un lado a otro de la ciudad para responder a los pedidos de pasajeras que ya se habían convertido en clientas”, cuenta. She Taxi aparecía como una necesidad. La rosarina se puso en contacto con un desarrollador, pidió un préstamo y, sin más, la creó.

María Eva no gana más dinero con She Taxi¸ no cobra por su uso ni a las usuarias ni a las conductoras. Ella sigue manejando por Rosario su auto negro y amarillo todas las noches, aunque reconoce que ahora tiene viajes más seguros. No pensó en la aplicación como un negocio sino como una herramienta de seguridad. De hecho, dice, su objetivo es que algún día She Taxi deje de existir. “Por ahora lamentablemente esta aplicación es un éxito. Pasan los años y tenés una clase dirigente que levanta las banderas de la equidad, pero no va contra el statu quo. En Rosario, por ejemplo, imponen un cupo femenino para las licencias que es de un 30%. Esto es un insulto a nuestra inteligencia, igualdad es un 50%  y un 50%”, se queja.

La aplicación cuenta con un botón antipánico, otro de objetos perdidos y un chat de comunicación con la conductora asignada para mensajes de audio. Por ahora la red funciona solo en Rosario con alrededor de 120 choferes mujeres a disposición y cerca de 30.000 clientas registradas. El plan es replicar el concepto en las principales ciudades del país donde el uso del taxi es moneda corriente.  

Durante un tiempo funcionó en Córdoba, pero por falta de mujeres taxistas Juncos tuvo que desactivarla, aunque espera reactivarla en cuanto la oferta pueda responder a la demanda. En la Ciudad de Buenos Aires, la Ley 5627 de 2016 establece que las aplicaciones móviles son de uso exclusivo de los servicios creados por el Gobierno de la Ciudad para su app BA Taxi o de las empresas de radiotaxi. Por lo que She Taxi no podría operar libremente sin adecuarse a una de estas empresas. Con Martín Castro, su abogado, Juncos inició una acción de amparo ante la Justicia porteña, pero la rechazaron tanto en primera como en segunda instancia bajo el argumento de que la norma tiene el espíritu de salvaguardar la seguridad de los pasajeros.  Para el abogado esto es falaz ya que lo que realmente asegura es el privilegio de las empresas de radiotaxi. A la fecha esperan que el Tribunal Superior de Justicia revierta esta medida teniendo en cuenta el avance de las nuevas tecnologías que hoy superan los beneficios que alguna vez supieron brindar con el servicio de radiotaxi y quedaron obsoletos con la llegada de Internet y los smartphones.

Paciencia a Juncos no le falta. La vida la llevó a recorrer caminos inimaginables. Antes que taxista fue una buscadora que avanzó corriendo los límites sin preguntarse si una u otra cosa era adecuada para ella. Al salir del colegio intentó hacer una carrera universitaria pero se aburrió y a los dos meses la dejó para dedicarse a la fotografía. En una de sus primeras salidas laborales, como fotógrafa profesional, le tocó cubrir una marcha que terminó con represión policial; ese día, entre gases lacrimógenos y corridas, decidió colgar la cámara: la sacaría solo al ver algo que la conmoviera o que, para ella, valiera la pena retratar. Pero todavía tenía que ganarse la vida. Siguiendo la convicción de que nada le estaba vedado, recorrió la ciudad en bicicleta vendiendo sándwiches de milanesa, cuidó ancianos y trabajó en un criadero de chinchillas hasta que se fue de mochilera a probar suerte al viejo mundo. En España, sin ciudadanía ni residencia, trabajó en el guardarropa de un boliche, fue camarera en el comedor de una empresa con 400 obreros y repartió volantes en la puerta de un supermercado. Su aventura por Europa terminó cuando a principios del año 2000 le dijo “no más” a los inviernos bajo cero. Volvió a la Argentina, ahora sí a subirse a un taxi.

Juncos pertenece a una familia de cinco hermanos. Vive con su mamá y su perra; ellas son su vida y su cotidianeidad. “Mientras yo trabajo mamá no duerme y me manda WhastApp pidiéndome que por seguridad no suba a más de dos pasajeros juntos. Es que, pobre, yo soy de la vieja escuela y, a pesar de la aplicación, sigo levantando gente en la calle. Ella me cuida, me hace reír, siempre me hace la misma pregunta: ‘¿Hay mucho trabajo?’. En realidad quiere saber si voy a volver temprano para poder dormir”, remata entre risas.   

Foto: gentileza María Eva Juncos

Nombre completo: María Eva Juncos
Edad: 45 años
Profesión: Taxista
Sector en el que se destaca: Transporte de pasajeros
Lugar de nacimiento: Rosario, Santa Fe
Lugar donde desarrolla su actividad: Rosario

¿Cuál es tu motor interior, qué te inspira a hacer lo que haces?
Aportar para un mundo en paz. ¿Por qué nace todo este hartazgo? Salís de tu casa, pasás por una obra en construcción y te gritan barbaridades, subís al colectivo y un hombre te apoya, te tomas un taxi y el taxista se hace el vivo. Es un infierno, vivimos en una olla a presión.

¿Qué te hace feliz?
Sin duda estar en paz, es un estado pleno, incluso más óptimo que la felicidad que en realidad son instantes. Pero debo reconocer que me pone feliz cuando una pasajera se sube al taxi y te dice que ahora, gracias a She Taxi, puede salir de noche.

¿Qué no te deja dormir?
Cuando suena la aplicación y somos pocas conductoras y nos van quedando viajes afuera. Me la paso pensando en cómo lograr que seamos cada vez más.

¿Qué te gustaría cambiar del mundo?    
Las prioridades. Creo que en términos generales tenemos las prioridades invertidas. La mayoría piensa en hacer dinero y probablemente lo logren, pero seguramente no estarán resolviendo un problema. Yo creo que hay que anteponer el valor de la vida, quizás también se pueda ganar dinero pero seguramente se logrará algo mucho más exitoso.

Cuándo eras chica, ¿que querías ser de grande?
Nunca lo pensé porque nunca fui de planificar el futuro, ni siquiera de chica.

100 Mujeres | 13 de marzo de 2019

Intervención: Pablo Domrose

Alejandra Hartman, la gurú que asesora a 250 mil mujeres con autos

Soñaba con un local donde no hubiese calendarios con fotos de chicas desnudas, donde llegar en pollera y tacos altos fuese tan natural como llegar en pantalón. Soñaba con un taller mecánico al que cualquier mujer pudiese ir con su auto sin sentir que se ríen de ella por no poder explicar qué es ese ruidito que siente en el “cosito de ese coso”. La que soñaba es Alejandra Hartman (45), quien hace dos años renunció a una exitosa carrera ejecutiva para crear “Lady Fierros, Clínica de autos”, una comunidad en redes sociales desde donde capacita y aconseja a mujeres sobre temas relacionados con el manejo y la mecánica de los autos.

Alejandra arma tutoriales sobre cómo cambiar una rueda o tips para antes de comprar un auto usado; explica qué puede indicar el color del humo que sale del caño de escape o qué luces usar un día de niebla; o presenta a mujeres inspiradoras que trabajan en talleres o la industria automotriz.

Pero empecemos por el principio. Su pasión por los autos no es casual.  Alejandra creció entre vestidos rosados y muñecas, pero también entre rulemanes, neumáticos y mamelucos engrasados. De jugar a la mamá podía pasar rápidamente a jugar a que arreglaba su bicicleta en el taller mecánico que su padre tenía en la planta baja de su casa natal en Villa Pueyrredón.

Sin embargo, lo natural para los Hartman, por lo menos en aquel entonces, era que ella estudiase una profesión alejada del mundo de los fierros. Eso hizo: se recibió de Licenciada en Comercialización y cursó un máster en Negocios Internacionales. No le fue nada mal. Es una de las pocas mujeres que logró superar el famoso techo de cristal convirtiéndose en representante en el país de Grand Visión, una cadena de ópticas holandesa con presencia en más de 60 países. En Argentina se la conoce como + Visión.

Antes, fue jefa de productos en Quickfood, directora de marketing en Flora Dánica y, durante los 7 años que vivió en Estados Unidos, en Sopas Campbell.

Por un lado, logró estabilidad económica, conocer parte del mundo y buenos contactos, pero por otro lado, mucho cansancio, estrés y poco tiempo para sus hijos Vicente y Paloma. Sumado a eso, tuvo la constante sensación de que por ser mujer el derecho de piso ganado estaba siempre amenazado y debía salir a defenderlo demostrando que su cargo estaba bien merecido.

“Me empecé a plantear si eso era lo que quería para el resto de mi vida. No me arrepiento de nada, fue una experiencia increíble, pero la verdad es que había que remarla en Nutella permanentemente. Cada vez que viajaba para una presentación no dormía y tenía un nudo en el estómago. Ni hablar cuando me enteraba cuánto más ganaba un hombre ocupando mi misma posición”, argumenta. Sin embargo, nada fue en vano y mucho de lo que aprendió de la vida empresarial ahora es aplicable al plan de negocios de Lady Fierros.

Al principio y con una amiga, consideró entrar a la industria de la cosmética capilar, pero se alejó de la idea al reconocer que era un mercado con demanda resuelta y le dio lugar a la preocupación que le generaba la continuidad del negocio del padre, que ya tiene 78 años. Además, atenta a las necesidades de las mujeres empezó a preguntarse por qué no iban personalmente a los talleres mecánicos a llevar sus autos. “Por lo general le piden al marido, hijo, padre o amigo. Rápidamente entendí que había una necesidad insatisfecha y un espacio para que trabajar en el empoderamiento de la mujer en un área que, de alguna manera, está en mis genes.”, explica.

No especuló la respuesta. Supo que de los 12 millones de vehículos que hay en el país, 3 millones son conducidos por mujeres. Además, hizo una encuesta a 100 mujeres parda saber cómo suelen organizar el mantenimiento de su auto y se encontró con datos sorprendentes: el 50 % de esas mujeres no lleva el auto personalmente al mecánico por miedo a no saber explicar correctamente cuál es el problema que tienen o que les tomen el pelo o que no le arreglen lo que realmente haya que reparar. Otro dato que le llamó la atención es que el 70 % de las conductoras no saben cambiar un neumático. Así, todos los caminos la conducían a Lady Fierros.

Sin embargo ser hija de mecánico y su experiencia en marketing no era suficiente para Hartman. Si la propuesta iba a ser enseñar y aconsejar a través de tutoriales en redes sociales, tenía que hacerlo con fundamento y conocimientos certeros, por lo que se puso a estudiar mecánica de autos en el Instituto Tecnológico de Capacitación Automotriz (ITCA). El día de la entrevista con RED/CCIÓN, la emprendedora rindió con éxito su último examen y se recibió de Técnica Mecánica.

“Ojalá esto sirva para que la que quiera estudiar mecánica lo haga, pero lo que yo en realidad pretendo es que de la misma manera que podemos hacer una torta sin que se nos queme, podamos solucionar cuestiones sencillas del auto y podamos entender de qué hablamos al plantarnos frente al mecánico. Y ojo, esto no va solo dirigido a mujeres, también a hombres”, explica.   

Solo en Facebook, a la comunicad Lady Fierros la integran casi 250.000 personas y Hartman no cobra ni por el asesoramiento personalizado que suelen pedirle (acompañó a una seguidora a ver un auto usado que se quería comprar). Pero como de algo hay que vivir, Hartman mantiene reuniones para cerrar acuerdos con empresas del rubro automotriz interesadas en contratarla para dar charlas y participar en actividades.

Más adelante, cuando la situación del país lo permita, pondrá su taller mecánico Lady Fierros y otorgará franquicias. “Mi idea es gestionar ese taller, no necesariamente ser yo la que arregle los autos, pero sí ser la cara visible, la que atienda a las clientas cuando vengan con sus autos.

Para sus hijos, mamá antes vendía hamburguesas, margarinas y anteojos. Ahora con mucho orgullo dicen: “Mi mamá es mecánica”.

Nombre: Alejandra Hartman
Edad: 45 años
Profesión: Licenciada en Comercialización y Técnica Mecánica
Sector en el que trabaja: Industria Automotriz
Lugar de Nacimiento: Villa Pueyrredón, Ciudad de Buenos Aires
Lugar en que desarrolla su actividad: Ciudad de Buenos Aires

1.¿Cuál es tu motor interior? ¿Qué te inspira a hacer lo que hacés?
Mi energía es mi familia; mis hijos y mi marido. Por otro lado, los que me sacan la energía son esas personas que son muy negativas, esas que enseguida te dicen que no, que tal cosa no se puede hacer.

2. ¿Qué te hace feliz?
Sin duda mis hijos, sus nacimientos fueron los momentos más felices de mi vida. Y me hace muy feliz que mis hijos pueda vivir Lady Fierros porque creo que ayuda a su inteligencia emocional. Me parece que de alguna manera les estoy dando un mensaje integrador, que no hay los unos y los otros.  

3. ¿Qué no te deja dormir?
Hoy por suerte duermo en paz. Con Lady Fierros recuperé el sueño, me quitó ese nudo en el estómago que me causaba la vida corporativa.

4. ¿Qué te gustaría cambiar del mundo?
Tengo una lista extensa, pero si tengo que priorizar diría que el rol de la mujer. Creo que necesitamos integrarnos más, de trabajar y producir de manera más en conjunto.

5. Cuándo eras chica, ¿qué querías ser de grande?
Supongo que de chica muy chica quise ser bombero o piloto de avión, pero de adolescente, cuando empezaba la época de tomar decisiones ya me gustaba el mundo de la publicidad y la comercialización. Solía preguntarme mucho porqué la gente compra una marca y no la otra.

Educación | 13 de marzo de 2019

Foto: Inaubepro | Intervención: Pablo Domrose

Cómo Entre Ríos desarrolló el único sistema de becas universitarias del país financiado por sus egresados

En las últimas décadas, Argentina tuvo varios intentos por estructurar un sistema de becas universitarias a escala nacional financiado por los egresados. Por presiones, básicamente de los propios colegios profesionales, los proyectos no prosperaron. Sin embargo, Entre Ríos a escala provincial y Uruguay a escala país lograron desarrollar programas basados en la solidaridad intergeneracional. Es decir, que los egresados financian a los estudiantes que no cuentan con recursos económicos suficientes para afrontar una carrera universitaria. Acá te explicamos cómo se gestionan ambos programas y qué impacto tienen en sus beneficiarios.

“Sin la beca, no hubiese podido hacer la carrera universitaria o no la hubiera hecho en tiempo y forma como la hice. En 2001, por ejemplo, sin esa ayuda me hubiese tenido que volver a mi pueblo”. En el teléfono, la voz de Priscila Pusch suena sin titubeos.

Ella tiene 35 años y se licenció como instrumentadora quirúrgica en 2003, en la Facultad de Ciencias de la Salud de la Universidad Nacional de Entre Ríos. Hoy habla desde el lugar en el que trabaja: el hospital provincial Justo José de Urquiza, en Concepción del Uruguay.

Los logros de Priscila son más que ilustrativos del potencial de una beca si se tiene en cuenta que en Argentina solamente el 29,4% de los universitarios se gradúan en el tiempo teórico estipulado. Mientras que el 51,7% comienza a retrasarse ya desde el primer año, de acuerdo a las últimas estadísticas universitarias oficiales. Y cuando hacemos foco en la población universitaria con menores ingresos, la tasa de deserción promedio es del 55%, contra el 25% de quienes tienen ingresos más altos, según el estudio de Abandono de los Estudios Universitarios.

Priscila Pusch.

Priscila pasó su infancia en el campo entrerriano, en Colonia Los Ceibos, una localidad a 27 km. de Concepción. Allí cursó la primaria. Pero para hacer el secundario debió viajar todos los días 17 km hasta Colonia Elías, un pueblo al que el Censo de 2010 le contó 1.566 habitantes. “Mi papá es avicultor, cría pollos, y mi mamá es ama de casa. Fui la primer universitaria de la familia”, destaca con mezcla de agradecimiento y orgullo.

A la beca accedió en segundo año del secundario, en 1997, cuando el colegio, contemplando las necesidades económicas de la familia y el excelente rendimiento académico de Priscila, la alentó a solicitarla.

Y como el sistema de becas entrerriano contempla que mientras las necesidades y los rendimientos del estudiante se mantengan la beca se sostiene, Priscila la sostuvo hasta que terminó sus estudios universitarios, en 2002. “Fue una ayuda muy importante para mi. Sobre todo para estudiar en la universidad, que implicó venir a vivir a la casa de mis abuelos en Concepción, en medio de la crisis de 2001. Lo que mis padres me daban me alcanzaba para pagar el pasaje del colectivo y ayudar con algo de comida a mis abuelos”.

Con la beca solventó los gastos de la facultad propiamente dichos: cuadernos, libros y apuntes “que eran muchos porque por entonces no era tan fácil acceder a Internet, como lo es hoy”, subraya.

Graduados y Estado, un modelo único en el país

La historia de Priscila Pusch no es una historia aislada en Entre Ríos, donde la inclusión universitaria es política de Estado, por lo menos desde 1989. Ese año se creó a través de la Ley 8336 el Instituto Becario Provincial, que desde 1991, al adquirir autonomía, se denominó Instituto Autárquico Becario Provincial (Inaubepro). Su objetivo: asistir con becas a alumnos con recursos económicos insuficientes para realizar una carrera universitaria o terciaria y, así también, aumentar la cantidad de profesionales de la provincia y democratizar el acceso a las universidades.

Las becas se solventan mediante el Impuesto al Ejercicio de Profesiones Liberales que abonan más de 20.000 graduados universitarios que ejercen profesiones liberales en la provincia, sin importar la universidad en la que hayan cursado.

El tributo es del 2% de su facturación con un mínimo de $250 y, como compensación, los aportantes quedan exentos del pago de Ingresos Brutos. Considerando el tiempo de inserción y adaptación al mercado laboral que todo recién recibido necesita, los tres primeros años después de graduados los profesionales están eximidos del pago mínimo.

La recaudación se realiza a través de la Administradora Tributaria de Entre Ríos (ATER) y cubre el 60% de los recursos que administra Inaubepro; el 40% restante lo aporta el Tesoro Provincial. La ley también establece que el 90% de los fondos deben destinarse, sin excepción, a las becas y sólo el 10% para el funcionamiento del Instituto Becario.

Así, en 2018 el dinero destinado a becas fue de $85.500.000 con el que se beneficiaron 8.000 estudiantes universitarios y terciarios; 3.000 más respecto a 2017.

Las becas son exclusivamente para estudiantes o ingresantes de universidades públicas de Entre Ríos y Santa Fe, más algunos institutos terciarios y profesorados. Aunque también se becan a alumnos que estudian en universidades privadas carreras que no tienen opción estatal.   

Este año Inaubepro prevé abonar $1500 mensuales a los estudiantes universitarios y $1200 a los terciarios. Y el monto asciende a $2000 y $1500 respectivamente si la carrera está dentro del listado de las que la provincia califica como prioritarias para el desarrollo de Entre Ríos. Así las becas también son un incentivo para cubrir profesiones faltantes como Ingeniería Civil, Marketing, Lengua y Literatura, Enfermería y Psicología, solo por nombrar algunas de las 50 profesiones que componen el Mapa Entrerriano de Carreras Prioritarias.

A la beca pueden aplicar los entrerrianos o quienes tengan residencia comprobable por más de 3 años en la provincia.

Para facilitar la gestión de la beca el Inaubepro cuenta con 34 delegaciones distribuidas en los 17 Departamentos de la provincia de modo que el trámite no quede centralizado en Paraná, su capital.

Como contrapartida y para poder renovar el subsidio, el alumno terciario debe tener aprobado el 70% de las materias previstas para el año cursado y el universitario el 50%. Cabe resaltar que alrededor del 88% de los becarios logran renovar el beneficio. “Este alto rendimiento académico demuestra el impacto positivo de la beca”, traduce Claudia Gieco, Directora Ejecutiva de Inaubepro en una charla telefónica con RED/ACCIÓN.

Claudia Gieco, Directora Ejecutiva de Inaubepro.

La entrerriana Lucía Caminos, que estudia psicología en la Universidad Nacional de Rosario (UNR) coincide con Gieco. “De no tener la beca, podría estudiar en la universidad, pero no podría estar al día con la carrera ni hacer el curso de acompañante terapéutico que terminé el año pasado y que espero me permita una salida laboral más rápida”, sostuvo.

Desde Nogoyá, su pueblo natal, Lucía contó a RED/ACCIÓN que ella es la segunda de cuatro hermanos y que su hermana mayor, que estudia odontología en la misma universidad, al no estar becada no puede mantener al día la carrera. Ella debe trabajar algunas horas cuidando niños para solventar sus gastos.

Acompañar al estudiante desde el inicio

Si bien el Inaubepro se creó para financiar a los universitarios, en los últimos años amplió sus objetivos y a través de diferentes programas incentiva la educación desde el nivel inicial hasta el superior. De allí que en 2018, sin contar las becas a universitarios y terciarios, otorgó 25.000 subsidios.

De hecho, a Lucía Caminos le ofrecieron la beca en séptimo grado, cuando obtuvo el mejor promedio de su escuela. En ese momento su papá estaba sin trabajo y la familia sólo contaba con el sueldo de maestra jardinera de la madre. “La beca me permitió estudiar francés. Con ese dinero pagaba el instituto y los exámenes que se rendían en Rosario, Santa Fe. De hecho, ninguno de mis hermanos pudo estudiar idiomas”.

Inaubepro ambulante en un pueblo de Entre Ríos. Foto: Inaubepro

Daniela Pérez vive en Nogoyá y el último año tuvo a cargo la oficina que tramita las becas en esa ciudad. “Vi familias que esperaban ese dinero para comprar el guardapolvo o la mochila. La beca no es la solución, pero para muchos es una gran ayuda”.

Aunque no lo tienen medido, Gieco asegura que Inaubepro, a lo largo de sus 30 años de actividad, colaboró con la formación de muchas primeras generaciones de profesionales de familias entrerrianas. “Cuando hacemos las recorridas por lo barrios o nos reunimos con diferentes actores sociales, nunca falta un padre orgulloso que nos cuenta que gracias a la beca su hijo logró ser el primer profesional de la familia”, celebra Gieco.

Entre 2001 y 2016, Entre Ríos tuvo un aumento del 158% en la cantidad de estudiantes universitarios, pasando de 18.554 a 47.894. Mientras que a escala nacional, para el mismo período, el incremento fue del 37%. Pasó de 1.412.999 a 1.939.419.

La población de Entre Ríos es de aproximada 1.236.000 habitantes, lo que la convierte en la séptima provincia más poblada del país, y ostenta una tasa de alfabetización del 97.9%, según el INDEC. Es la única provincia argentina con un sistema de becas financiado por sus graduados.

La experiencia uruguaya

Del otro lado del Río de la Plata, Uruguay logró implementar un modelo similar al entrerriano, pero a escala nacional.   

Desde 1994 funciona el Fondo de Solidaridad Universitaria de Uruguay (FSU). Se trata de un ente público no estatal creado para financiar becas económicas para estudiantes de la Universidad de la República (UdelaR), de la Universidad Tecnológica (UTEC) y del nivel terciario del Consejo de Educación Técnico Profesional (CETP – UTU).

Desde su creación el FSU otorgó 118.000 becas. Es decir, 11% de los estudiantes que ingresaron a esas universidades recibieron el subsidio. En 2018 becó a 8582 estudiantes, 350 más que en 2017. El monto anual destinado a becas ronda los U$S17 millones.

Basado en el concepto de solidaridad intergeneracional, al igual que Entre Ríos, son los egresados los que aportan el dinero para financiar las becas de los estudiantes.

Según explicó Magdalena Difilippo, encargada de Comunicación del FSU, el aporte es obligatorio para todos los profesionales graduados de UdelaR, UTEC y CETP cuyos ingresos mensuales sean superiores a 8 Bases de Prestaciones y Contribuciones, que traducidos a valores del 2019 son alrededor de US$ 1000. Los aportantes, que al año 2017 eran 122.187, pagan a partir del quinto año de recibidos, ejerzan o no su profesión y hasta la jubilación.

Además de la ayuda económica, que ronda los U$S 251 mensuales y a la que pueden acceder estudiantes uruguayos o extranjeros con residencia, el FSU cuenta con programas enfocados al apoyo y seguimiento de los becarios ya que algunos estudiantes, pese a contar con la ayuda económica, explica Difilippo, abandonan sus estudios o tienen dificultades para cursar.

A esto se suma un plan de descuentos especiales para que los becarios puedan acceder a talleres de idiomas, clubes deportivos, pasajes y abonos diferenciales de telefonía móvil, entre otros beneficios especiales. Para renovar la beca, el estudiante debe aprobar el 60% de las materias cursadas.

El año pasado, a través de una encuesta, el FSU consultó a los becarios acerca de la relevancia del monto de la beca en relación al total del dinero destinado al estudio. Los resultados demostraron la necesidad del sistema:

  • el 45 % contestó que representa su mayor aporte
  • el 44 % que solo cuenta con ese dinero para solventar sus estudios
  • solo 11%  contestó que es similar o menos que otros aportes con los que cuenta.

Según el informe de resultados 2018, el 90% de los becarios son primera generación universitaria en la familia.

¿Qué pasaría en nuestro país si se creara un sistema como el uruguayo? En diciembre de 2018, el Centro de Estudios de la Educación Argentina, de la Universidad de Belgrano publicó un estudio que sostiene que si bien “nuestra universidad estatal es gratuita, son pocos los estudiantes de hogares humildes que se gradúan en ella”. Y planteó que de adoptar un programa de becas como el de Uruguay, financiadas por todos los graduados (según datos oficiales del 2016, se gradúan por año unos 125.000 estudiantes), se podría llegar a beneficiar a 100.000 estudiantes de origen humilde.

La propuesta no es nueva. Ya a fines de los 90, Hugo Juri, que fue Ministro de Educación durante la presidencia de Fernando de la Rúa y es el actual rector de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC) propuso, inspirado en la experiencia entrerriana y uruguaya, la creación de un fondo universitario con aportes obligatorios de los graduados para becar a los estudiantes más necesitados. Pero la propuesta no prosperó porque, según evalúa hoy, se mal entendió: “Se creyó que todos los graduados debían pagar. No era así, pero los colegios profesionales protestaron, dijeron que no, que ellos ya pagaban impuestos”, recuerda.

Desde el Inaubepro, Claudia Gieco, sostiene que para implementar este sistema a escala nacional “se necesita el apoyo unánime de muchos actores, principalmente de quienes vayan a financiar el sistema; tienen que entender y compartir la finalidad, aceptar las condiciones y tener un espíritu solidario con las futuras generaciones”.   

Alieto Guadagni, director del Centro de Estudios de la Educación (CEA), concuerda: “Para que exista un fondo solidario necesitamos una sociedad solidaria”.

Becas Progresar

Sin un programa de becas basado en la solidaridad intergeneracional, los estudiantes universitarios y terciarios argentinos cuentan con las Becas Progresar, del Ministerio de Educación de la Nación. Financiadas con una partida del presupuesto nacional que para 2019 contempla $9.480.616.767, “que serán destinados exclusivamente al otorgamiento de becas”, sostuvieron autoridades del ministerio, vía mail.

Para acceder a la beca el estudiante debe tener entre 18 y 30 años, ser argentino o residente legal con al menos 5 años en el país y el ingreso de su grupo familiar no debe superar en 3 salarios vitales y móviles. Es decir, $37.500 desde marzo de 2019, teniendo en cuenta que ese salario se estipuló en $12.500 para este mes.

En cuanto a los requisitos académicos para mantenerla, el estudiante debe aprobar al menos 50% de las materias según el plan de estudios y año de cursada.

El monto de las becas van desde los $1600 a los $4900 dependiendo si el estudiante es universitario o terciario y si su carrera está comprendida en las ciencias básicas, ciencias aplicadas o enfermería; áreas que el Estado estableció como estratégicas y prioritarias para el desarrollo del país.

En 2018, Progresar otorgó 379.711 becas (171.132 para estudiantes terciarios y 208.579 para estudiantes universitarios).

Desde el ministerio aseguraron que no hay cupos. “Este es un programa que pretende ser universal, por lo tanto, toda persona que pida la beca y cumpla los requisitos la va a recibir; nadie se va a quedar afuera por falta de presupuesto”, prometen.

La inscripción es a través de la página del ministerio y puede hacerse hasta el 31 de marzo. “Al 8 de marzo tenemos 280.000 inscriptos. Pero esperamos beneficiar como mínimo a 573.000 estudiantes este año”, afirmaron desde el ministerio.

Querés inscribirte

Todos podemos colaborar

Más allá de los intentos fallidos por estructurar un sistema de becas universitarias a nivel nacional financiado por egresados, en la ciudad de Buenos Aires, en 2007, un grupo de amigos creó la Fundación Integrar. Con el objetivo de apoyar la formación profesional de jóvenes provenientes de contextos socioeconómicos vulnerables. Ya lo hicieron con 560 estudiantes.

Las becas, explica el presidente de la fundación, Juan Ignacio Sánchez Alcazar, son personalizadas. Es decir, son para cualquier carrera, cualquier universidad y con un presupuesto a medida, ajustado a las necesidades reales de cada estudiante. Por lo tanto, si un joven quiere estudiar una carrera específica puede hacerlo, de acuerdo a sus preferencias, en una institución pública o privada.

Belén Coria vive en la Villa 31, situada en el barrio porteño de Retiro. Su padre es operario en una fábrica de calzado y su madre vende tortillas en la vereda. Apoyada por la fundación, el año pasado Belén se recibió de abogada. Estudió en la Universidad de Buenos Aires y esta es su historia.

Además del aporte económico, Integrar pone a disposición del alumno, por un lado, un tutor voluntario de su misma área de estudio que lo acompañará durante su trayecto educativo, y por el otro lado, talleres formativos en habilidades blandas y competencias profesionales. Así se busca favorecer su inserción a la vida universitaria.

QUERÉS DONAR A INTEGRAR, SER TUTOR O ESTUDIAR

Al final de la charla, la tonada entrerriana de Priscila Pusch vuelve a sonar particularmente alegre: “Para mi era un orgullo poder tener la beca porque sentía que era un premio al esfuerzo que hacía cada día. Y luego, recibirme y trabajar de lo que estudié me hace muy feliz. Si bien al trabajar en unl hospital público no aporto al fondo de beca, siento que retribuyo lo que me dieron eligiendo trabajar en una institución pública”.

Sociedad | 26 de septiembre de 2018

Por qué no tenemos que dejar de buscar a Sofía

Sofía Herrera desapareció hace 10 años. Tenía poco más de 3 años. Encontrarla es una deuda pendiente del Estado y la sociedad para con ella y su familia. Recientemente, por la solidaridad de los ciudadanos, han aparecido personas que estaban perdidas hacía décadas y eso renueva las esperanzas.

¿Dónde estás Sofía? ¿Quién te llevó? ¿Te están cuidando? ¿Vas al colegio? ¿Quién te abraza cuando la adolescencia duele? Eso me pregunto después de adentrarme en la historia de Sofía Yasmín Herrera. Porque el 28 de septiembre se cumplen 10 años de la desaparición en Río Grande (Tierra del Fuego) de Sofía, una década de la búsqueda más intensa y dolorosa jamás imaginada por su mamá María Elena Delgado (48) y su papá Fabián Herrera.

Ese día, como lo hicieron por primera vez aquel martes 30 de septiembre de 2008, los riograndenses se concentrarán en la céntrica esquina de Belgrano y San Martín para pedir que la justicia siga buscando a Sofía, hasta encontrarla. “El año pasado se difundió una foto con el rostro actualizado de mi hija y entró un juez nuevo – Daniel Mario Cesari Hernández – pero este año no se ha hecho nada. Esto nos desespera, nos sentimos muy solos y abandonados. La justicia ya fracasó, nunca encontraron nada”, se lamenta Delgado.

Aquella mañana la primavera había frenado el frío y a los vientos fueguinos. Con el sol iluminando su carita, Sofía subió al auto familiar para ir con sus papás y otra familia amiga a pasar el día al camping John Goodall.  Pero no hubo asado, ni mate, ni mancha quemada para los chicos. Aquella mañana Sofía desapareció. Tenía 3 años y 8 meses y nunca más se la volvió a ver.

DSCN4090

Descargá y compartí la imagen de Sofía

En estos diez años se dijo de todo sobre la desaparición de la pequeña, desde que pudo haberse caído al mar hasta un ajuste de cuentas con la familia.  Se chequearon miles de datos aportados por ciudadanos que creyeron haberla reconocido en La Pampa, en Córdoba, en Salta, en Neuquén, en Chile, Colombia, incluso en Canadá. Pero lo cierto es que nada se sabe; ni qué pasó, ni quién se la llevó.

Sin embargo, María Elena no pierde las esperanzas de encontrar a su hija con vida. “Si algo malo hubiese pasado en la zona, ya la hubiésemos encontrado porque se buscó con perros y hasta con aviones. Yo creo que se la llevaron, lo que no sabemos es quién y con qué fin. Los perros marcaban una zona del alambrado donde tranquilamente podía estacionar un auto y sacarla del predio”, analiza.

Juan Carr, titular de Red Solidaria, no puede ni quiere especular con hipótesis sobre lo que pudo haber pasado, pero explica que en todos los años que lleva trabajando para generar encuentros aprendió que no hay nada más duro que la palabra nada. “Casos donde la persona no fue secuestrada para pedir rescate, no padecían enfermedades y no están fallecidas. Nada, no hay nada y es muy difícil, muy doloroso. Yo creo que la nada es peor que la muerte”, explica.

Sin comparar las distintas responsabilidades entre un funcionario y la ciudadanía, para Carr lo que falló en la búsqueda de Sofía es la comunidad. Y detalla: “La sociedad argentina es muy generosa y solidaria, pero en ese momento faltó comunidad. Es decir, pensando en el modelo de búsqueda de niños perdidos en los balnearios, cuánto más gente aplaude la posibilidad de reunirlos con sus papás es mayor. Lo que intentamos es que ese aplauso se multiplique. Hoy, diez años después y con Sofía como Norte, tenemos una alerta solidaria conformada por 7700 voluntarios. Es decir, cada vez que desaparece alguien, cada uno desde su celular manda una alerta para que en los primeros 20 minutos la foto de la persona perdida ya esté circulando en por lo menos 520 ciudades”.

DSCN3150

Pero para que esto ocurra es importante que se cumplan rápidamente con los pasos que hacen que la policía, la justicia y la sociedad se pongan en alerta. Según datos de Red Solidaria y el Portal Personas Perdidas hay 520 adultos y 67 niños extraviados.

María Elena limpia, cocina y ordena su casa en silencio, siempre pensando dónde seguir buscando. Su cable a tierra es Yuliana, de 9 años, la hermana menor de Sofía, hermana a la que sólo pudo conocer por alguna ecografía. Aquella mañana de camping, Sofía besaba a su hermana a través de la panza de María Elena y ella imaginaba qué lindo iba a ser tener a sus “princesitas” juntas en casa.  Aún no las pudo reunir, pero sigue luchando. “Yuliana nos dio oxígeno para vivir. Ella se crió con la búsqueda de Sofi, desde que nació sabe que su hermanita está perdida. Le buscamos ayuda psicológica y nosotros tratamos de darle a ella una vida lo más normal posible. Tiene sus actividades, muchos amigos, va a pijamadas. Con ella estoy tranquila, sé dónde está y confío en la gente que la rodea”, cuenta por teléfono.

Retwitteá y difundí la imagen de Sofía:

Por qué no tenemos que dejar de buscar a Sofía Herrera #BuscamosASofía https://t.co/5rpvvL7u5T pic.twitter.com/z7Ld3aY5sf

— RED/ACCIÓN (@redaccioncomar) September 26, 2018

Todas las noches,  después de acostar a Yuliana, María Elena se sienta frente a la computadora y lee los cientos de mensajes que diariamente recibe en su Facebook: “No te des por vencida”, “Dios los guie y puedan encontrar a Sofía”; “Sofía está más grande, si vos no la encontrás ella los encontrará a ustedes”. María Elena contesta y agradece cada uno de los mensajes.

Cada tanto, aparece el de alguien que dice haber visto a una nena parecida a Sofía y sin descartar ningún dato, los pasa a la policía para que se investiguen. Sin embargo, reconoce que a esta altura, a todo lo toma con pinzas y es cautelosa porque los resultados negativos son un baldazo de agua fría cuando las esperanzas se renuevan. “Fabián es muy distinto. Él se convence de que se trata de ella, se entusiasma, le pone todas las pilas a cada dato que aparece y después se bajonea. Es muy duro levantarse y seguir. Para esta época Fabián está siempre muy triste, muy venido abajo”, cuenta María Elena.

Foto: Lucia Merle


Foto: Lucia Merle

Aunque comprende el dolor que generan las falsas alarmas, Carr asegura que es preferible un montón de gente equivocada al silencio o a que nadie se involucre, por lo tanto apela a la solidaridad de la ciudadanía para que, si ven o se enteran de algo, se comuniquen con el (+54) 0800- 222- SOFI (7634), con Red Solidaria; Missing Children, el portal de Personas Perdidas o la policía. Hay una recompensa de 2.500.000 de pesos.

Al dolor que les genera la falta de Sofía, también se sumaron acusaciones. El año pasado, cansados los Herrera de las declaraciones  de una supuesta clarividente que aseguraba ver a Sofía enterrada en el patio de la familia, hicieron una excavación y convocaron a los medios para demostrar que las acusaciones eran falsas.

“Ahora se sabe que la mujer tiene problemas psiquiátricos y se la declaró inimputable. Por eso no queremos darle trascendencia, pero fue realmente una tortura porque la gente le creía, ensuciaba la causa y a nosotros como padres. Estuvimos con custodia judicial desde septiembre del año pasado hasta febrero de este año. Tiene prohibición de acercamiento, pero no para,” se queja. Hoy en día, asegura María Elena, la mujer sale a tapar las fotos que la familia pone sobre la Ruta 3 y pone carteles insistiendo con la acusación al matrimonio.   

Cauteloso, Carr cuenta que desde Red Solidaria han tenido casos que resultan muy esperanzadores. “Hace dos meses, después de 20 años de búsqueda, encontramos a un joven correntino que su familia daba por fallecido. Hace 3 años encontramos en Medellín (Colombia) a otro chico que se había perdido 12 años antes en Salta. Estos dos casos son historias de dos familias que ahora están en sus casas dándose un abrazo. Con estos ejemplos lo que quiero decir es que es posible y que por lo tanto no hay que dejar de buscar”, invita.

¿Felicidad? No, dice María Elena. Desde aquella mañana, hace 10 años, el matrimonio Herrera ya no puede hablar de felicidad. Su hija menor les aporta las fuerzas y momentos de alegría, pero felices van a ser cuando de una vez y para siempre los cuatro puedan estar juntos.  ¿Su peor pesadilla? Que cierren la causa y la justicia deje de buscar. “Algo nuevo debe haber para la búsqueda de personas. Si bien el caso de Sofía por sus características es único, hay muchos otros niños desaparecidos. Necesitamos que se haga algo, que traigan tecnología de afuera, algo”, ruega desesperada.

Podés ayudar a buscar a Sofía. Si creés tener información sobre ella:
CONTACTATE
Series | 23 de agosto de 2018

Andrea Paredes: “Somos muchas las mujeres que manejamos camiones”

100 MUJERES

15

Andrea Paredes

Es camionera, instructora de manejo en Volvo Trucks y Buses Argentina. Su papá le enseñó a conducir camiones a los 14 años. Hoy, gestiona un grupo de WhatsApp de mujeres camioneras y se suma a cruzadas solidarias.

Por Laura Andahazi Kasnya

23 de agosto de 2018






Andrea Paredes, La Negra, como le dicen desde chica,  tiene un referente en la vida: Adolfo, su padre. Si él hubiese sido médico, seguramente ella también lo sería, pero fue camionero y ella también. Él fue el encargado de transportar los autos de carrera de Luis y Marcos Di Palma.

En vacaciones,  fines de semana o cuando la vida escolar se lo permitía, Andrea ocupaba el asiento del acompañante del camión que a su padre le tocase conducir. Así, entre mate y mate cebado, fue aprendiendo a manejar. Primero mirando y luego, ya más grande, practicando en los campos cerrados de Arrecifes, su ciudad de crianza, en el norte de la provincia de Buenos Aires.

Por su contextura pequeña, los pedales y el volante le quedaban inalcanzables, pero el ingenio de su padre ayudó: un almohadón en el asiento y un par de tacos como extensión para sus pies. En aquel entonces todo era un juego y momentos mágicos entre padre e hija.

Sin embargo, cuando Adolfo enfermó, jugar ya no fue posible, había que salir a trabajar. “Tuvimos que internar a mi papá en Buenos Aires y yo quise viajar para acompañarlo, pero él me dijo que no, que no estuvo tantos años aguantándome en el camión como para que no esté ahora que me necesitaba para que lo reemplace”, recuerda Paredes con emoción.

Entró a trabajar con la familia Di Palma, con ellos estuvo por lo menos 20 años. Empezó barriendo el taller o haciendo los mandados hasta que le fueron confiando a ella la tarea de su padre. Al cumplir la mayoría de edad,  pasó al volante y desde entonces nunca más se bajó de un camión.

La ruta, el viajar de ciudad en ciudad fue lo que a Paredes más le gustó. Así lo hizo hasta mediados del 2016 que entró a trabajar en Volvo Trucks y Buses Argentina como instructora de manejo del programa de capacitación en Conducción Eficiente y Segura que la marca tiene para sus clientes.

A través del programa, Paredes, capacita gratuitamente a los conductores de camiones de diferentes empresas transportistas para que conozcan las herramientas tecnológicas y las funciones con las que cuentan los vehículos de la compañía.

Los cursos se dan en cada uno de los concesionarios de la red que Volvo tiene en el país. Así viajar sigue siendo parte de la rutina de la joven. “El desafío fue más que nada hacer algo distinto. Tratar con hombres, después de tantos años, ya me tiene acostumbrada. Además algunos de los que asisten a los cursos ya me conocen de la ruta”, cuenta.

Ser mujer nunca fue un impedimento, ni siente que tuviera que ganarse el derecho de piso para ser camionera. Nunca, asegura, a nadie se le ocurrió sugerirle que eso era cosa de hombres; todo lo contrario.

La camaradería, explica Paredes, es el denominador común del rubro, hombre o mujer siempre habrá algún compañero que se va a acercar para saber si el otro está bien o si necesita ayuda.

“Hoy somos muchas las mujeres que manejamos camiones. No hay límites, si uno se lo propone las cosas salen bien. A las mujeres que no se animan les digo que lo hagan, que es cuestión de animarse que después el resto viene solo como con cualquier otro trabajo”, anima.

Paredes administra un grupos de WhatsApp que se llama Simplemente Camioneras y lo armó con el objetivo de crear un lugar de encuentro que no  solo les permita conocerse sino también prestarse auxilio o pasarse información de las rutas o puertos. “Solo en el grupo hay 80 camioneras”, destaca.  

Ese espíritu comunitario no se acota al grupo de WhatsApp. Andrea también formó parte de los once camioneros que en febrero pasado transportaron, desde Buenos Aires hasta Salta, las 300 toneladas de mercadería que Red Solidaria reunió para los inundados de un pueblo de Salta.

“De chicas, los fines de semana, mis amigas salían a andar en bicicleta y yo me quedaba con mi papá engrasando o lavando el camión. Una vez que terminaba, salía con ellas y hacia lo que hace toda nena”, remarca.

Andrea es la más grande de tres hermanas mujeres, pero fue la única que siguió los pasos paternos, aunque, su hermana del medio, cuenta, también aprendió a manejar camiones. “El tema es que no le gusta ensuciarse, por eso es profe de matemática”, bromea.  

Vive en la ciudad de Buenos Aires, pero su lugar en el mundo es la cabina de un camión. La ruta, el amanecer, la música y los mates son las fotos, esos flashes de los momentos que a Paredes le llenan el alma y lleva grabados a fuego en su corazón. Por ella y en memoria de su padre preguntarse si puede o si no debería hacer tal cosa nunca será una opción; desear y hacer es el curso que la joven eligió para su vida. Sin embargo, si algún hombre osa mandarla a lavar los platos, ella dice que va encantada, “siempre y cuando cocinen”, remata entre risas.

AndreaParedesCamion

Nombre: Andrea Paredes
Edad: 37 años
Profesión: Chofer de camiones
Sector en el que trabaja: Transportista
Lugar de Nacimiento: Buenos Aires
Lugar en el que desarrolla su actividad: Arrecifes

1. ¿Cuál es tu motor interior, qué te inspira a hacer lo que hacés?
Mi pasión por los camiones y hacer lo que me gusta. Esto hace que  todos los días me levante con muchas ganas. Por otro lado, soy muy activa, no tengo algo que me quite la energía. Ni los días de mucho frío o de viento me quitaron jamás las ganas de salir a la ruta.

2. ¿Qué te hace feliz?
Manejar un camión y viajar. También compartir tiempo con mi familia, sobrinos y amigos. Los recuerdos más felices son los vividos con mi papá; él fue el primero que me dio la oportunidad de subirme a un camión y fue el que me decía por qué no, él que me recordaba todo el tiempo que yo podía hacer lo que quisiera.

3. ¿Qué cosa no te deja dormir?
Pensar en las cosas que tengo que hacer me desvelan. Suelo irme a acostar pensando en lo que me toca hacer al otro día y eso me desvela. Pero trato de dormirme igual, no tengo opción, no puedo salir a trabajar cansada.

4. ¿Qué te gustaría cambiar del mundo?
No sé si del mundo, pero sí me gustaría quehaya más escuelas de conducción de camiones porque la realidad es que hay muy pocas y no me gustaría que se pierda esta profesión. Hoy no todos tienen opciones accesibles para aprender y sacar el registro profesional.

5. Cuándo eras chica, ¿qué querías ser de grande?
Conductora de camiones. Está en mi ADN. Tuve la suerte de que me den la oportunidad de aprender y después de trabajar. Esas oportunidades son fundamentales. Uno puede querer ser un montón de cosas y hacer lo posible por lograrlo, pero también es necesario que alguien te abra las puertas y te dé la oportunidad de hacerlo.

El periodismo no sólo sirve para contar el mundo,
también sirve para cambiarlo.

Sumate a nuestro periodismo con propósito, y recibí todos los meses tu ejemplar de MONO, la revista desplegable de periodismo porque sí.


hacete miembro

GPS

Todos los días, las historias del día, curadas por los editores de RedAcción

Recibí gratis todas las mañanas y
tardes nuestro resumen editorial


ENCUENTROS
RED/ACCIÓN

ENCUENTROS

Los desafíos urgentes del periodismo argentino
Adriana Amado y Julián Gallo. Modera Chani Guyot.

Jueves 3 de mayo
Fundación Telefónica
Arenales 1540 – CABA
18:00hs

Inscripción: [email protected]

Series | 20 de julio de 2018

Denise Nathalie Henry Maffeis: “Mami, yo siempre supe que ibas a volver, me dijo”

100 MUJERES

13

Denise Nathalie Henry Maffeis

Fuerza, coraje y determinación son las palabras que elige para describirse. No porque haya tenido una vida complicada. Todo lo contrario. Pero necesitó de ellas para ir de una escuela pública de Córdoba a la Universidad de Harvard y para conseguir adoptar a un niño haitiano mientras nacía su primer hijo.

Por Laura Andahazi Kasnya

20 de julio de 2018






Hija de padre haitiano y madre italiana, Henry es cordobesa y, mezcla de ambos, es mulata. De chica, recuerda, sus amigas se comían las galletitas de vainilla y a ella le dejaban las de chocolate apelando a su color de piel. “Mi padre, me dijo que así era yo, que podía lamentarlo o podía trabajar para que la diferencia juegue a mi favor”, cuenta.

Lamentarlo nunca fue su opción, aprender a capitalizar sus rasgos fue el primer voto de confianza hacia sí misma. Los resultados quedaron a la vista: desarrolló una carrera empresarial que empezó como telemarketer y que hoy la tiene como directora de operaciones en Apex América, una empresa cordobesa que brinda servicios de BPO (Business Process Outsourcing) y es madre de cuatro niños: Benicio, las mellizas Lupe y Paz y, Gael, un chiquito haitiano que conquistó su corazón sin siquiera haberlo visto.

A Apex entró a trabajar a los 19 años cuando estudiaba para traductora pública.  Arrancó como pasante y poco a poco fue ascendiendo, primero a supervisora, luego a jefa de call center, después a gerente y ahora a directora de operaciones globales liderando un equipo de más de 5.000 personas.

“Además del grupo de gente maravillosa que conforman los equipos de trabajo, para el liderazgo me jugó a favor la capacidad de escucha, algo que desarrollé desde muy chica. Yo era la amiga a la que todas iban a contarle sus cosas. Siempre me permitió conectar con el otro, es la herramienta más poderosa que encontré para manejarme en el mundo del management”, destaca.

Su crecimiento en el plan carrera de Apex no fue solo por carisma; Henry también se capacitó. En el 2006, la empresa se vendió a la norteamericana Sykes y Henry, que en ese entonces era responsable del call center en Rosario, decidió bajarse del barco para terminar sus estudios y seguir formándose. Completó las ocho materias que le quedaban de la carrera de traductora pública e hizo un Máster en Negocios en la Universidad de Harvard, hizo cursos de posgrado en Columbia y obtuvo una diplomatura en Innovación de Singularity University.

“Cuando me recuerdo, veo a una chica que con todo su nivel de inconsciencia nunca pensó era que imposible pasar de una educación pública a Harvard”, analiza. En 2010, cuando Sykes se fue del país, los fundadores de Apex recompraron la empresa y Henry volvió a ocupar su cargo ctual.

Una vez que termina la jornada laboral, el único lugar que quiere habitar es su casa. “No hay mejor plan que abrir la puerta, sacarme los zapatos y escuchar las vocecitas de mis hijos que corren a recibirme.”, cuenta. Sin embargo, no siempre la casa estuvo tan llena de alegría.

Nada impedía a Henry quedar embarazada naturalmente, pero ella quería adoptar. No recuerda cómo nació el deseo, pero sí recuerda cómo ese deseo se fue transformando en una necesidad.

Cuando conoció a Paolo, su marido, fue una de las primeras cosas que le planteó en cuanto la relación empezó a perfilarse más comprometida. Paolo, que en ese entonces tenía 23 años, no lo dudó, cumplir el sueño de su mujer era hacerlos más felices a ambos.

Así, a sus 26 años, Henry inició los trámites de adopción y, mientras esperaban respuestas, ya casados, empezaron a buscar un bebé de manera natural. Fue en medio de esa búsqueda que recibieron un llamado de Haití: había un bebé de dos meses en condiciones de ser adoptado. La felicidad fue inmensa, pero lo que nunca imaginaron fue que el proceso les llevaría 3 años y una decena de viajes.

Un terremoto, la trata de blanca y el cierre de los convenios de adopción con Argentina retrasaron el añorado encuentro de Gael con su madre, su padre y Benicio, su hermanito que ya había nacido. Fue una época de abogados, viajes y ruegos. No había forma, le recomendaban buscar en otro país, pero la escena del momento que se vieron por primera vez le recordaba a Henry no bajar los brazos.

La mulata abrió la puerta de la habitación del orfanato y allí estaba Gael, sentado en la cama mientras una cuidadora peinaba sus rizos negros. Con sus piernitas colgando se dio vuelta: “Hola, mami”, le dijo. “Lloré con la misma intensidad que cuando nació Benicio y me lo pusieron al pecho por primera vez. Fue un amor inmenso”, cuenta emocionada hasta las lágrimas.

Sin embargo, la burocracia los obligó volver al país sin él y esa despedida se repitió muchas otras veces. Para peor, el hambre de Haití no perdonaba a nadie, ni al pequeño Gael que sin llegar a cumplir sus tres años ya sufría un raquitismo severo que casi le impedía caminar.

“Cuando lo vi me juré que como sea esta vez me lo iba a llevar, no lo iba a dejar”, asegura. Lo llevó a un hospital y con radiografías en mano, Henry fue a rogar humanidad a la embajada de Argentina. Exigió una respuesta urgente explicando que si no lo dejaban irse con ella el chiquito no iba a sobrevivir.  Era la una de la tarde, a las 3 su avión salía para Buenos Aires, el cónsul accedió, le dio una guarda provisoria. Veinticuatro horas después, luego de cruzar con nervios cada control de cada uno de los aeropuertos que pisaron, llegaron a Córdoba, donde toda la familia los esperaba. Entraron agarrados de la mano y nunca más se soltaron. “Mami, yo siempre supe que ibas a volver”, confiesa Gael hoy cuando junto a su familia, ahora con las mellizas, recorren su historia.

Denise-Henry

Nombre: Denise Nathalie Henry Maffeis
Edad: 35 años
Profesión: Traductora y directiva de una empresa
Sector en el que trabaja: Empresario
Lugar de Nacimiento: Córdoba
Lugar en el que desarrolla su actividad: Desde Córdoba para toda Latinoamérica

1. ¿Cuál es tu motor interior, qué te inspira a hacer lo que hacés?
Me inspira pensar que cada ámbito que habito es único para mí y para el otro, y que mi accionar en el mismo desencadena algo positivo en el mundo. Eso me motiva a intentar ser mi mejor versión, también, la transformación como meta de lo que hago o de por qué existo. Transformar positivamente la vida de los que me acompañan, de mis niños, de mi equipo. Sumar activamente a su plenitud y la mía. Asignarle sentido a los ámbitos más allá de lo que tácticamente parezcan ser.

2. ¿Qué te hace feliz?
Mis hijos, mi tiempo con ellos, su salud, sus sonrisas, sus reflexiones, su crecimiento, sus salidas pícaras. Un mate. Una mañana con mamá. Disfrutar con mi hermana. Mi persistencia. Las visitas de mi papá. Mi casa. Caminar. Pintar. El mar. Leer. Un té de mi marido. Cumplir un objetivo. Ayudar. El silencio. Mis amigas. Viajar. Que los que me rodean sean felices.

3. ¿Qué cosa no te deja dormir?
Siempre tuve buen “dormir”, pero la única sensación que logra alterarme es la de sentir que no tengo nada que hacer para cambiar una situación que me afecta a mí, o algún aspecto relevante de mis espacios, porque depende de otro. He aprendido a convivir con la incertidumbre y trabajo diariamente en aprender a convivir con el soltar

4. ¿Qué te gustaría cambiar del mundo?
La injusticia, es un concepto muy amplio, pero invirtiéndolo, quisiera generar un mundo justo, principalmente para los niños. No solo desde lo básico (abrigo, comida, techo) sino garantizar que sean amados, potenciados, que los miren a los ojos, los abracen fuerte y los escuchen. Me gustaría un mundo de compasión hacia ellos.

5. Cuándo eras chica, ¿qué querías ser de grande?
Puff… azafata. ¡Con la cantidad de horas de vuelo que tengo, me podrían dar el título honorario!

El periodismo no sólo sirve para contar el mundo,
también sirve para cambiarlo.

Sumate a nuestro periodismo con propósito, y recibí todos los meses tu ejemplar de MONO, la revista desplegable de periodismo porque sí.


hacete miembro

GPS

Todos los días, las historias del día, curadas por los editores de RedAcción

Recibí gratis todas las mañanas y
tardes nuestro resumen editorial


ENCUENTROS
RED/ACCIÓN

ENCUENTROS

Los desafíos urgentes del periodismo argentino
Adriana Amado y Julián Gallo. Modera Chani Guyot.

Jueves 3 de mayo
Fundación Telefónica
Arenales 1540 – CABA
18:00hs

Inscripción: [email protected]

100 Mujeres | 29 de junio de 2018

Intervención: Pablo Domrose

La historia de Mia Fedra, la primera tenista trans de la Argentina

Hasta 2012 Mía Fedra fue él. Aunque hacía ya muchos años que para todo su entorno él era ella. Paradójicamente sólo su Documento Nacional de Identidad la seguía llamando por su nombre masculino, pero eso se acabó con la Ley de Identidad de género; Mía pudo ser ella sin que ningún papel diga lo contrario.

También pudo volver al tenis, el deporte la hace feliz, que la cobijó y salvó; pero que tuvo que dejar cuando, como andrógina, competir contra varones se volvió una desventaja. Hoy Fedra es la primera tenista profesional trans del país.

Fedra descubrió al tenis a los 7 años en el club Village de Adrogué como una travesura. Detrás del alambrado se robaba las pelotas perdidas, pero de paso pispiaba. “El ruido del golpe de las pelotas en la raqueta y el aroma a polvo del ladrillo me ponía como loca. En realidad, todo empezó con una paleta en la que mi papá me había pintado una sirenita, yo la adoraba”, confiesa entre risas.

Al tiempo la paleta de la sirenita se convirtió en una raqueta y la vereda de su cuadra en una cancha. Los torneos juveniles fueron su mejor plan y todos los días, al salir de colegio, Fedra iba a entrenar.

Pero, a medida que crecía, competir contra varones empezó a ser frustrante ya que por sus movimientos cada vez más delicados iba quedando en desventaja; tenía que competir  contra mujeres, pero era impensable en ese entonces. Dejó el tenis y en 2002, cuando terminó el colegio secundario, adoptó el nombre de Mía (por Mía Farrow en el Bebé de Rosemary) y empezó a trabajar en su cambio de género.

Si bien su familia siempre la acompaño en sus decisiones,  reconoce que la de la transición no fue tan fácil. Su padre, recuerda, se puso un poco triste y su madre temió que agarre el camino de la prostitución, un camino que muchas chicas trans se ven obligadas a tomar cuando, por su condición, la sociedad les cierra las puertas al mundo laboral. “Creo que lo que me salvó a mí fue bancarme no tener un mango.”, reflexiona.

Durante su adolescencia, en el secundario, Fedra reconoce que fue bastante discriminada por lo que para protegerse tuvo que cambiar varias veces de colegios.

“Hasta los 16 sufrí bastante, después no tanto porque fue el momento que te pones un piercing, tenés el pelo azul, nada te importa y haces tú vida. La cancha de tenis fue siempre mi principal refugio, mi cable a tierra”, recuerda.

Sin embargo, así como en el colegio fue objeto de risas, en el tenis fue diferente, allí tanto profesores como pares la respetaron y asegura que a nadie nunca le importó si era ella, él o si le gustaban las chicas o los chicos. Mía en la cancha siempre fue un contrincante.

Por eso, con su nuevo DNI, se acercó a la Asociación Argentina de Tenis (ATT) y a la Federación Internacional de Tenis (ITF), pidió ser incorporada y la revalidación de su título de profesora que obtuvo con su nombre de varón en 2009; la respuesta inmediata fue un sí y pudo volver a los saques y voleas; en 2017 alcanzó el cuarto lugar en la categoría de mujeres mayores de 30.

La primera vez que Mía se vistió con ropa de mujer fue con otra travesti en un auto para ir a bailar. Salió de su casa como varón y en el trayecto, como pudo, se cambió y se maquilló: “Entre la poca luz y el traqueteo del auto era un mamarracho, pero me sentía fantástica”, recuerda entre risas. Sin embargo, sus piernas largas, su cabellera negra y sus ojos claros conquistaron pasarelas que la consagraron como modelo, anfitriona de fiestas y drag queen.

Mía es extremadamente simpática, cada una de sus frases terminan con una broma. Por ejemplo, dice que no quiere hablar de su pareja actual para que sus amantes no se ofendan. Sin embargo, un poco más seria, confiesa que si de amor hablamos, casarse es algo que ya a su edad (que no quiso develar) empieza a considerar.

Aunque Fedra es consciente de lo difícil que es la vida para las chicas trans, cree que lo mejor que ella puede hacer es marcar el ejemplo viviendo. “Tengo puesta la camiseta por todas, pero nunca podría ser activista porque ignoro sobre leyes y derechos. Es una responsabilidad muy grande y siendo un personaje público tengo que ser responsable, no quiero hablar por hablar. Hay gente muy preparada que hace 20 años trabaja por la causa. Mi granito de arena pasa por otro lado”, explica.

MiaFedraS

Nombre: Mia Fedra
Edad: No contesta, solo dice que nació bajo el signo de Tauro
Profesión: Tenista y modelo
Sector en el que trabaja: Deporte y moda
Lugar de Nacimiento:  Adrogué, Buenos Aires
Lugar en el que desarrolla su actividad: Buenos Aires

1. ¿Cuál es tu motor interior, qué te inspira a hacer lo que hacés?
Mis sobrinos. Ellos me devuelven a mi infancia. Soy muy aniñada y me gusta mucho jugar con ellos y pelearlos; nos divertimos mucho.

2. ¿Qué te hace feliz?
Mi gente, mis amigos y la noche. Soy muy de abrazar y cariñosa; me encanta que me digan que soy divina. Me hace muy feliz bailar y jugar al tenis, pero también esos momentos de mates y charlas con mis papás. Además, me hace muy feliz dormir y andar relajada de entre casa y sin maquillaje.

3. ¿Qué cosa no te deja dormir?
 Los ex novios no me dejan dormir, me acosan. Son tremendamente obsesivos y me ponen muy nerviosa. También me ponen muy nerviosa las previas de los partidos; soy muy de pensar antes de dormirme y entonces maquino mucho con el cómo me irá y cómo voy a hacer para ganar.

4. ¿Qué te gustaría cambiar del mundo?
La cabeza de la gente, que sigue tan cerrada como siempre.

5. Cuándo eras chica, ¿qué querías ser de grande?
Me gustaba mucho todo lo que tenía que ver con la moda. También soy medio nerd y me gustaba mucho todo lo que tenía que ver con el pensar y retar al ingenio.

100 Mujeres | 5 de junio de 2018

Intervención: Pablo Domrose

Quién es Gabriela Terminielli, la única mujer en el directorio de Bolsas y Mercados Argentinos (BYMA)

Les preguntamos a qué mujer postularían para la #Serie100Mujeres y nos llegaron propuestas interesantes.  Aquí está la primera seleccionada.

Es psicóloga y empresaria, pero no encaja con los estereotipos. Ni look intelectual ni de yuppie. En Jean, nada te tacos altos, un suéter de escote en V y campera de plumas; poco maquillaje, casi a cara lavada, arreglada, pero sencilla. Gabriela Terminielli se muestra auténtica. Dice no ser ejemplo de nada, sin embargo reconoce que sus ganas de superación son una buena característica suya a imitar.

Nació en Parque Patricios y se crió en La Boca. Su hogar era humilde, toda la familia tenía que trabajar para asegurarse el pan, incluso ella con 10 años. Su padre tuvo un restaurante, allí aprendió a cocinar canelones y entendió el valor del trabajo. Aquel emprendimiento familiar quedó lejos en su historia, hoy Terminielli es miembro de dos directorios, desde 1993 de Compañía Argentina de Comercio (CADEC – Guillermo Carracedo y Asociados) y desde hace dos meses de Bolsas y Mercados Argentinos (BYMA); donde es la única mujer entre los 14 miembros del directorio.

Su historia y sus ganas de crecer la motivaron para gritar a viva voz que los negocios no son cosa de hombres; que las mujeres también pueden. Promover el liderazgo de las mujeres se convirtió en la gran obsesión de Terminielli. ¿Por qué? “Porque somos consideradas minoría cuando somos el 51% de la población y porque de las 500 empresas más grandes del mundo, sólo el 4% está a cargo de mujeres”, justifica.

Ningún día es igual a otro para ella. Cuando no está en reuniones de directorio, está mentoreando a alguna chica o dando alguna conferencia sobre empoderamiento. En el marco del Women Corporate Director (WCD), entidad que integra desde 2017, se la puede encontrar capacitando a mujeres empresarias.

También puede estar en Voces Vitales, la ONG creada por Hillary Clinton que promueve la participación de la mujer en la sociedad, donde desde 2012 es la vicepresidente de la filial local. Conoció a la ONG “de cara dura” cuando se coló a una cumbre internacional donde estaban la ex presidente Cristina Fernández, Michelle Bachelet y Dilma Rousseff, entre otras figuras femeninas. “Sí, soy feminista. No de las que llevan el cuchillo en la boca, pero para hacer lo que hago hay que serlo”, reconoce de sí.

Su ingreso al mundo corporativo fue casi inevitable, su madre y 11 familiares más trabajaron en Grupo Bunge y Born; y ella también. Terminó el secundario e inmediatamente entró como administrativa, después pasó por los diferentes rubros en los que la empresa participaba; desde granos a turismo, pasando por la división Nuevos Negocios.

Mientras, estudiaba psicología y coaching ontológico. Sin embargo dice que su verdadera carrera profesional arrancó cuando Guillermo Carracedo renunció a su cargo de CEO en Bunge y Born y la convocó para refundar CADEC e integrar el directorio. Ya recibida, con el consentimiento de Carracedo, al que reconoce como su mentor, comenzó a dictar seminarios sobre clima laboral e hizo un máster en Administración de Empresas. Tenía 49 años y cursaba con chicos de 28, pero no se intimidó. Su tesis se tituló “La felicidad en el trabajo y su relación con la productividad”; lloró cuando recibió el título.       

El mandato familiar priorizaba el trabajo por sobre la formación. Lo esperable era que Terminielli se capacite en lo justo y necesario para preservar su cargo en Bunge y Born; luego llegaría un marido que la mantuviese. Pero rompió las reglas: se casó a los 23 años con su novio del colegio, tuvieron una hija y luego de 30 años de matrimonio se divorciaron.

Aunque creció laboralmente no siempre el trabajo se tradujo en estabilidad económica. De hecho confiesa que le hubiese gustado tener más hijos, pero que el bolsillo nunca fue suficiente. Económicamente, con su ex marido las pasaron todas; la peor fue cuando los estafaron y los dejaron sin el sueño de la casa propia y, claro, sin el anticipo de dinero que pusieron.

Fue con su indemnización en Bunge y Born que logró comprar un departamento en Palermo, el mismo que ocupa hoy. Vivir el presente sin hipotecar el futuro es su frase de cabecera. Por eso ahora, aunque es joven, ahorra para su vejez.

GT-

Nombre:  Gabriela  Terminielli
Edad: 55 años
Profesión:  Magister en Administración de Empresas y licenciada en Psicología
Sector en el que trabaja:  Empresario
Lugar de Nacimiento: Parque Patricios – Ciudad de Buenos Aires
Lugar en el que desarrolla su actividad: Ciudad de Buenos Aires

1. ¿Cuál es tu motor interior, qué te inspira a hacer lo que hacés?
Mi pasión es detectar talentos y abrir puertas a personas que quieran superarse. Para ellas estoy disponible siempre a cualquier hora y lugar. No me gustan los interesados, esos que ayer te daban la espalda y hoy te dan palmaditas. Me quitan la energía; igual que el chismerío y la gente que no es genuina.

2. ¿Qué te hace feliz?
Mi nietito. Nunca imaginé lo tremendo que es el amor de abuela. Solía decirle a mi hija que era todo para mí y ella muy inteligentemente me preguntaba si no era mucho; claro, es una carga muy fuerte, pero el amor de abuela me transformó. Cuando estoy mal, veo la foto del bebé y enseguida me compongo. Es un tierno hasta cuando llora y me da mucha gracia.
También me hace muy feliz hacer la diferencia con algo, como cuando doy una charla por ejemplo, pierdo la noción del tiempo

3. ¿Qué cosa no te deja dormir?
Los temas de salud. Por suerte tanto mi familia como yo estamos bien, pero en este momento tengo cercano el caso de un chiquito que está muy complicado; eso me pone muy triste y no me deja dormir.
Para conciliar el sueño agarro un libro o miro la foto de mi nieto. Cuando me atormentan cosas que no puedo manejar rezo mucho.

4. ¿Qué te gustaría cambiar del mundo?
Trabajo con las mujeres porque veo una gran injusticia, pero me destruye también la inseguridad, la pobreza, la maldad. Mi trabajo no tiene que ver solamente con satisfacer mis propios intereses, estoy haciendo algo por el otro y eso me hace sentir bien. No voy a poder salvar a la humanidad de la pobreza, pero desde mi lugar algo hago: a una chica que está en un proyecto social le abro una puerta, la mentoreo y la ayudo a encontrar oportunidades. Esa chica mañana  va a derramar en su contexto todo lo que le di.

5. Cuándo eras chica, ¿qué querías ser de grande?
Maestra.  Era pasión: desde que me despertaba hasta que me iba a dormir jugaba a la maestra.  Como mi abuelo era maestro y mi mamá pasó situaciones económicas complicadas porque los maestros siempre ganaron dos mangos, me prohibió ser maestra. De alguna manera, creo que pude cumplir ese sueño.