Tamara Tenenbaum, una voz de una generación | RED/ACCIÓN

Tamara Tenenbaum, una voz de una generación

La autora de 'El fin del amor' presenta su primera novela y abre nuevos interrogantes.

Desde que en 2019 publicó El fin del amor, una radiografía sobre el estado actual de los vínculos y de las parejas, esta filósofa de treintipocos se convirtió en una observadora astuta de lo que les pasa a las, a les y a los sub-30. Todas nuestras maldiciones se cumplieron es su primera novela, y reaviva la pregunta: ¿quién es Tamara Tenenbaum y cuáles son sus maldiciones?

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Tamara Tenenbaum en 2019. Foto: Rodrigo Mendoza @rodrigomendozafoto

Todas nuestras maldiciones se cumplieron es la primera novela de Tamara Tenenbaum, la autora del grandioso El fin del amor: Querer y coger en el siglo XXI. Este fue como un ensayo-tótem que apareció en 2019 y al que recurrieron muchísimas chicas feministas en busca de nuevas miradas y discusiones sobre los vínculos sentimentales.

Pero El fin del amor parece no terminar nunca: Lali Espósito está preparando la serie para 2022, el libro ya lleva nueve ediciones en la Argentina (35.000 ejemplares vendidos) y dos en España, y catapultó a Tenembaum a una posición de referente que cuando habla, abarca un abanico de asuntos y no lo hace en vano: en 2020 sumó más vivos de Instagram que cualquier otra escritora (salvo quizás que Luciana Peker).

Así que le pregunto si es la voz de una generación y ella, con un audio de WhatsApp, mientras elonga en el Parque Centenario, dice: “Me parece que no lo soy y pienso como dice Lena Dunham [la de Girls]: una es una voz de una generación, y eso ya es mucho”. Sigue: “Me interesa habitar y pensar mi época, pero no pienso que mis posiciones sean representativas de algo. Conozco gente de mi generación que piensa cosas muy distintas a las que pienso yo, y no trato de representar a nadie. Pero si puedo aportarle algo a la discusión pública, eso me importa”.

Todas nuestras maldiciones se cumplieron narra el tránsito a la madurez de una chica que creció en una comunidad judía ortodoxa hasta que el atentado de la AMIA hizo estallar todas sus certezas y se llevó la vida de su padre. (Aunque las maldiciones en ídish son famosas por su negritud y muy útiles, Tenenbaum dice que son parte de su novela, pero no de su vida cotidiana. Igual elige una favorita, que de verdad es muy maldita: “Que se te caigan todos los dientes excepto uno, y que ese te duela”).

Tamara Tenenbaum en 1997, en el tránsito a la madurez desde una comunidad judía ortodoxa.

En la novela, las mujeres tienen la fuerza y la determinación para salir adelante, con las limitaciones impuestas a su género por el medio en que se mueven. Y la protagonista, que se llama Tamara (¿es Tenenbaum? por momentos sí y por momentos no) no está dispuesta a aceptar esos mandatos de los ortodoxos que se le vuelven cada vez más absurdos. Algo de eso habíamos leído en El fin del amor.

Tenenbaum recurre al humor negro para contar su historia personal y describir el clima de su infancia y su adolescencia dentro de la comunidad religiosa, y la ruptura posterior. Es una novela con una estructura fragmentaria —una referencia fue Estamos unidas, de Marina Mariasch— y Tenenbaum dice que tardó en entender que ella quería esto en vez de una estructura narrativa clásica con un conflicto externo que ordenara la trama.

“Yo quería encontrar una voz, un universo y un ritmo”, explica. “A mí lo que más me gusta es encontrar una cadencia que te empuje a querer saber más sobre la narradora. Lo único que me importa en la literatura es que te empuje hacia adelante”.

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Antes de Todas nuestras maldiciones se cumplieron, publicó el libro de cuentos Nadie vive tan cerca de nadie (en 2020). Y antes de El fin del amor, los poemas Reconocimiento de terreno (2017)

Tenenbaum escribe sin parar y de un modo omnívoro, nutriéndose de la cultura pop y de la filosofía dura, pero dice que no tiene una rutina fija de trabajo: “Escribo a medida que tengo que hacerlo o que quiero hacerlo. Y no me preocupa terminar una columna dos horas antes. Todo lo que escribo sale de lo que hago en la vida, por eso me preocupo por tener tiempo de ocio, de mirar tele, de pasear, de estar sola, de hablar con gente. Me preocupo de tener tiempo en la cabeza y por eso a veces me bajo de planes. A veces puede parecer ortiba, lo sé, pero trato de usar el tiempo en que no escribo para hacer otras cosas. Y la vida se va organizando”.

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Tenenbaum siempre resultó adelantada e inquieta: de la secundaria ILSE —que parece que odió— todos la recuerdan como “la feminista”, luego fue candidata a legisladora por un partido de izquierda, crítica de bares y drinks para Maleva, pionera de las newsletters junto a Lucila Pinto con Amigas por correspondencia y fundadora de una editorial (Rosa Iceberg). Incansable.

Además de escritora y columnista, es egresada de la carrera de Filosofía, podcaster y guionista de TV. Tiene 32 años. Y cree que el amor romántico no es el amor, sino la hiperinflación de la pareja, de la monogamia, un imperativo moral. Dice que ya está harta, a fin de cuentas, del amor. “No porque el tema no sea fascinante”, explica, “sino porque me lo preguntan todo el tiempo. Y aunque tengo algunas ideas, no soy modelo ni experta en cómo deberíamos vivir”.

Sigue: “Después de El fin del amor, obvio que en la editorial hubieran querido que hiciera más ensayos. Pero elegí otro camino y por suerte me acompañaron. Soy muy caprichosa y hago las cosas que a mí me gustan, no me fijo en la expectativa. Rechazo muchas cosas que tienen que ver con el amor. Ese fue un tema de investigación y de escritura, pero no es mi especialidad”.

  • Tu carrera fue en ascenso muy vertiginosamente. ¿Qué cosas cambiaron en tu vida?
    Me da risa eso, pero no lo niego, sé que tengo mucha suerte. Mi vida cambió porque puedo elegir qué hacer y qué no. Escribo libros y guiones, hago columnas, elijo mucho mi trabajo… cosa que antes no podía. Ahora todos los trabajos que hago me gustan.

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En Salta, en el año 2010.

Hace poco, Tenenbaum decía en una nota que “los medios masivos amplifican cierta idea de feminismo que no es la que más me interesa. Por ejemplo, respecto del ‘amarse a una misma’. Me interesa lo que dice el investigador Nicolás Cuello, que es parte de la militancia gorda: pareciera que si vos querés a tu cuerpo, no sufrís, y entonces estamos echándole la culpa a la gente gorda del hecho de que salgan a la calle y las traten mal. Pero no es una cuestión de que si yo me quiero a mí misma, ese sufrimiento desaparece, porque no es culpa mía”. 

Seguía: “A veces, lo que los medios toman como el discurso feminista son versiones muy edulcoradas, muy simplificadas y muy funcionales al individualismo capitalista. No creo que eso sea representativo para nada del feminismo argentino. A veces dicen ‘el feminismo tal cosa’, bueno, estás hablando de cuatro chicas sueltas de Instagram…”.

  • ¿Cómo fue que te convertiste en una feminista?
    Me convertí en feminista desde muy chica. Siempre leí sobre feminismo y en la secundaria todos me recuerdan como “la feminista”, supongo que porque vengo de una familia de mujeres. Después, en la universidad, empecé a conocer el activismo más organizado. Trato de ser una feminista interseccional y eso implica que en algunos problemas la variable de género no es la única, sino que también están las de etnia, clase y geografía. Me considero transfeminista porque creo que las personas trans y las disidencias son tan sujetos del feminismo como las mujeres cis. Y también estoy a favor de que las trabajadoras sexuales elijan las formas en las que trabajan, y esa es una posición que muchas veces me han criticado. 

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Y vamos hablando y así aparecen sus maestros, la gente que dejó una huella en Tenenbaum. Los maestros que conoció en la carrera de Filosofía (Diana Maffía, Paula Bergallo, Marcelo Alegre, Virginia Cano), los de los talleres literarios (Santiago Llach, Félix Bruzzone, Margarita García Robayo), los de las redacciones (Pablo Perantuono, Josefina Licitra)… y los que nunca conoció —que, quizás, sean tan importantes como todos los otros—: Jane Austen, Sara Gallardo, Laurence Sterne, Emmanuel Carrère, Sharon Olds.

  • Y entonces, ¿cuál fue el libro que cambió tu vida?
    Muchos libros cambiaron mi vida, desde Mujercitas hasta Memorias de una joven formal, de Simone de Beauvoir, y Una habitación propia, de Virginia Wolf. Esos me enseñaron lo que es un ensayo. Y también hay libros de Fabián Casas que me cambiaron la vida: Ocio y El salmón me hicieron pensar en lo que podía llegar a ser la literatura argentina. 
Fabián Casas en 2016. Foto: Julián Alvarez/Telam/Archivo

👉🏼 Si El fin del amor: Querer y coger en el siglo XXI te cambió la vida, escribime y contame por qué.

Foto: @LibrosdelaArena

Hoy mencionamos 10 libros en SIE7E PÁRRAFOS:

1️⃣ Todas nuestras maldiciones se cumplieron, de Tamara Tenenbaum.
2️⃣ El fin del amor: Querer y coger en el siglo XXI, de Tamara Tenenbaum.
3️⃣ Estamos unidas, de Marina Mariasch.
4️⃣ Nadie vive tan cerca de nadie, de Tamara Tenenbaum.
5️⃣ Reconocimiento de terreno, de Tamara Tenenbaum.
6️⃣ Mujercitas, de Louisa May Alcott.
7️⃣ Memorias de una joven formal, de Simone de Beauvoir.
8️⃣ Una habitación propia, de Virginia Wolf.
9️⃣ Ocio, de Fabian Casas.
🔟 El salmón, de Fabián Casas.

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Sobre libros y escritores. Todos los martes, por Javier Sinay.

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