Una biblioteca que se convirtió en un punto de encuentro e inclusión | RED/ACCIÓN

Una biblioteca que se convirtió en un punto de encuentro e inclusión

"Es una forma de que la sociedad vea el potencial que tenemos las personas con discapacidad visual", señala Hernán Pereyra, presidente de la Biblioteca Argentina para Ciegos.

Chacarera y aplausos en la biblioteca. (Foto: Biblioteca Argentina para Ciegos).


La Biblioteca Argentina Para Ciegos es una asociación civil que tiene 96 años y está en el barrio porteño de Almagro. Cuenta con un catálogo de 2.300 libros en braille, además de libros parlantes. También brinda talleres, cursos y apoyo educativo y tiene una de las imprentas de braille más grandes de Latinoamérica. La charla con Hernán la publicamos el 4 de enero, Día Internacional del Braille.


—¿Cómo impacta el trabajo que hacen en las personas ciegas?
—La biblioteca inició con una necesidad de acceso a la información a través de transcripción de libros, pero se fue transformando en un puente hacia la inclusión plena de las personas con discapacidad. Dejó de ser un lugar de asistencia. Personas que pasaron por acá, hoy en día, dirigen la institución (ahora todos los dirigentes somos ciegos), trabajan en empresas, en el Estado, se dedican al arte. Al mismo tiempo, la biblioteca funciona como un punto de encuentro, como una forma de dar visibilidad a las personas con discapacidad visual. Por ejemplo, los ateneos culturales que hacemos los sábados son abiertos a la comunidad. También tenemos socios, voluntarios o personas que participan de los talleres que no son ciegas. La idea es que todas las personas conozcan y vean que tenemos la capacidad y los recursos para poder incluirnos de manera plena en la sociedad. Esto sirve para concientizar.


—¿Cómo trabajaron estos meses?
—Nuestras actividades siempre habían sido presenciales. Brindar talleres y cursos por Zoom nos dio una llegada más amplia: en lugar de que se acercaran solo del AMBA, personas ciegas o con baja visión de todo el país accedieron a nuestros cursos. Además, como la pandemia lanzó otras necesidades, tratamos de orientar estos cursos para colaborar con lo que las personas ciegas requirieron, como el manejo de las tecnologías y plataformas virtuales; de las apps de delivery o bancarias. También tuvimos conversatorios y talleres de otros temas que fueron multitudinarios. Y, a su vez, se movió mucho nuestro servicio de ventas. Estamos buscando que nuestra página para comprar sea accesible.


—¿Cómo influye en el trabajo que hace la aprobación y entrada en vigencia del Tratado de Marrakech [que modifica la ley de propiedad intelectual y facilita la adaptación de libros a formatos alternativos]?
—Para nosotros es fundamental. Vamos a participar de un observatorio que va a formarse al respecto. Ahora podemos tener muchísimo más acceso a la información a nivel internacional. Vamos a poder compartir con otros países libros en audio o en texto que pueda leer un lector de pantalla. Va a ser una gran facilidad. También vamos a poder imprimir o grabar. Hasta ahora no podíamos digitalizar libremente un texto por tema derechos de autor.


—¿En qué creés que avanzamos como sociedad a nivel inclusión y qué cuentas pendientes hay?
—Creo que falta todavía, pero hemos avanzado bastante. Los recursos tecnológicos nos dan la posibilidad de tener mayor visibilidad, de hacernos conocer y así tener voz en las medidas que se toman en busca de inclusión.


Esta entrevista fue publicada originalmente en Oxígeno, la newsletter que edita Juan Carr. Podés suscribirte en este link.

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