Una mujer con mejor atención sanitaria trae enormes beneficios para la sociedad

Lograr un acceso universal a los derechos y salud reproductiva es algo ambicioso, pero es algo que puede hacerse realidad y es accesible. Las Naciones Unidas lo incluyó en la lista de Objetivos de Desarrollo Sostenible ya que estima que mejoras en los derechos sobre salud reproductiva y sexual, entre las mujeres en especial, van a ayudar a abordar las disparidades de género en los sectores sanitarios.

Por Marleen Temmerman

9 de julio de 2018

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Un débil compromiso político, recursos inadecuados y discriminación constante contra mujeres y niñas: estas son algunas de las razones por las que muchos países no abordan todavía de manera abierta y amplia los derechos y la salud reproductiva y sexual.

Así lo confirman las cifras. Cada año, en los países en vía de desarrollo, incluídos los africanos, más de 30 millones de mujeres no dan a luz en un centro de salud. Más de 45 millones reciben atención inadecuada o ninguna antes del nacimiento. Y más de 200 millones de mujeres desean evitar el embarazo, pero no tienen acceso a métodos anticonceptivos modernos.

Los Objetivos de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas fueron creados para abordar muchos de estos problemas. Los objetivos reconocen que los derechos y salud reproductiva y sexual resultan esenciales para la supervivencia y salud de la gente, para la igualdad de los sexos y para el bienestar de la humanidad.

Pero muchas naciones del continente todavía deben recorrer un largo camino antes de poder lograr algún avance respecto de los objetivos.

En un intento por impulsar estos objetivos fundamentales, en 2016 se creó la Comisión Guttmacher-Lancet sobre Derechos y Salud Reproductiva y Sexual.

Fui una de las especialistas del mundo que colaboró con esta comisión para probar y encontrar nuevas formas que permitan lograr una salud reproductiva y sexual universal. Nuestro principal hallazgo -difundido este año- es que los servicios de salud reproductiva y sexual están fragmentados y muchas veces son ineficaces y están duplicados.

Como parte de los hallazgos creamos una serie de intervenciones basadas en pruebas que tienen sus raíces en los derechos humanos. Estas son una respuesta a las brechas identificadas por la comisión. Se espera que salvando estas brechas podamos contribuir a lograr los Objetivos de Desarrollo Sostenible para 2030. Después de todo, los progresos en los derechos sobre salud reproductiva y sexual, entre las mujeres en especial, van a ayudar a abordar las disparidades de género en los sectores sanitarios y otros.

Nuestros hallazgos

Los hallazgos de la comisión abordan componentes comúnmente reconocidos de la salud reproductiva y sexual como servicios de anticoncepción, centros de cuidado materno infantiles y prevención y tratamiento del HIV/SIDA.

Pero también abordan componentes muchas veces pasados por alto o tratados aisladamente. Estas áreas son críticas si la gente desea tomar decisiones autónomas sobre su salud y su vida y entre ellas figuran:

  • Educación sexual amplia
  • Abortos seguros
  • Prevención y tratamiento de infecciones de transmisión sexual otras que el HIV
  • Atención psicológica y clínica para la salud sexual y el bienestar en general
  • Prevención, detección y manejo de la violencia de género, la infertilidad y tipos de cáncer vinculados a la vida reproductiva.

Las intervenciones son de distintas formas. Un ejemplo supone la incorporación de información sobre cómo evitar infecciones de transmisión sexual, anticoncepción y bienestar sexual en la planificación de la salud en adolescentes. Todo esto defiende el derecho de los jóvenes a la autodeterminación respecto de su sexualidad y redunda en mejores resultados sanitarios.

Otra intervención supone ofrecer asesoramiento sobre anticonceptivos como parte de la atención post parto y post aborto. Todos los años en las regiones en vías de desarrollo, más de 200 millones de mujeres desean evitar el embarazo pero no utilizan métodos modernos de anticoncepción. El hecho de brindarles este acceso les permite poder acceder a anticonceptivos con facilidad y reduce el riesgo de embarazos no deseados.

Esta intervención podría reducir los embarazos no deseados un 75% de 89 millones en 2017 a 22 millones. Y sólo supondría un costo de 9 us$ por persona y por año. Este es un costo modesto teniendo en cuenta que la mitad ya se gasta para cubrir los gastos de los niveles médicos actuales.

Otras intervenciones tendrían que incluir la reforma de las leyes o políticas de una nación. En 2010, por ejemplo, el gobierno de Kenia aprobó leyes que permiten que haya abortos bajo determinadas circunstancias. De todos modos, pasados ocho años ya los profesionales de la salud se muestran renuentes todavía a realizar el procedimiento porque temen consecuencias legales. ¿Por qué? Porque el Código Penal aún no ha sido modificado y, por ende, todavía podrían ser acusados de un crimen.

El resultado de esta brecha entre la ley y el papel es que en 2012 hubo en Kenia cerca de medio millón de abortos no seguros. Por lo menos 100 mil de esas mujeres necesitaban ser atendidas en hospitales y alrededor de un cuarto falleció por las complicaciones que sufrieron.

Todo esto muestra que si bien el hecho de lograr un acceso universal a los derechos y salud reproductiva y sexual es algo ambicioso también es algo que puede hacerse realidad y es accesible.

El camino a seguir

Hay varios pasos que los gobiernos necesitan dar para enfrentar estos temas. El primero es que los gobiernos, organizaciones multilaterales y defensores debieran abrazar el paquete recomendado de la comisión sobre intervenciones básicas de salud reproductiva y sexual y luchar por su inclusión en la planificación nacional e internacional.

También resulta crucial que los proveedores de servicios y ministerios del área de salud consideren la forma y lugar en dónde introducir estos cambios en el sistema de salud. Deben incluso resolver cuál es la mejor forma para integrar las intervenciones de la salud reproductiva y sexual a otros servicios de salud.

Muchos países en vías de desarrollo no están equipados actualmente para ofrecer toda la gama de intervenciones. Pero esto nos les impide comprometerse para lograr un acceso universal a los derechos y salud sexual y reproductiva y para hacer progresos regulares y constantes, independientemente de su punto inicial.

La Dra Zeba Sathar, directora del Population Council’s Country en Islamabad, Pakistán, también colaboró con la preparación de este artículo. Marleen Temmerman es directora del Centro de Excelencia en Salud Materno Infantil y presidenta del Departamento de Obstetricia y Ginecología (OB/GYN), Universidad Aga Khan.

Traducción por Silvia S. Simonetti

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