10 años de la Ley de Glaciares, un paso ambiental histórico: qué falta hacerse y qué nos enseña para próximas leyes | RED/ACCIÓN

10 años de la Ley de Glaciares, un paso ambiental histórico: qué falta hacerse y qué nos enseña para próximas leyes

"Fue la primera vez en la que el Congreso sancionó una norma que no favorecía intereses concentrados", recuerda en esta entrevista Enrique Viale, abogado especializado en Derecho Ambiental. Y traza un paralelo con la Ley de Humedales, que actualmente se debate.

En la madrugada del 30 de septiembre de 2010 se sancionó la Ley de Glaciares en territorio argentino. Se trata de la ley de presupuestos mínimos para la preservación de los glaciares y del ambiente periglacial.

Llegar a esa sanción fue el resultado de un proceso de muchos obstáculos desde ciertos sectores, que incluyó una sanción anterior y un veto presidencial, pero que concluyó con el triunfo del reclamo popular. Sobre esto conversé con Enrique Viale, abogado especializado en Derecho Ambiental y cofundador de la Asociación Argentina de Abogados Ambientalistas.

¿Qué es lo más destacado de la ley sancionada hace 10 años?
—Lo más destacado fue que, por primera vez, el Congreso de la Nación pudo sancionar una norma que no favorecía a los intereses concentrados. En este caso, protegiendo a los glaciares que son las fábricas de agua. Fue una ley muy peleada. Fue la segunda ley de presupuestos mínimos después de la Ley de Bosques. Una ley de glaciares que, recordemos, tuvo un veto presidencial en el 2008. Y también esta ley tiene eso: fue producto de las luchas populares y logró finalmente su sanción en el 2010.

—¿Cuáles fueron los aspectos positivos y negativos en su implementación posterior?
—Como aspecto negativo, se dio algo particular: con la Ley de Glaciares nos iban corriendo la meta de llegada permanentemente. Luego de las idas y vueltas mencionadas, y su final sanción en 2010, después no la reglamentaban. Después salió un fallo judicial en San Juan que buscaba evitar su aplicación en esa provincia y luego vino el fallo de la Corte, y así. Lo mismo pasó con la elaboración del inventario de glaciares, que tardó seis años en publicarse. Es como que permanentemente nos fueron corriendo. De ese inventario, nos preocupó que se tomó una versión muy restrictiva de la definición de áreas glaciares y periglaciares, es decir, dejan afuera gran parte de los cuerpos de hielo que la propia ley establece que hay que inventariar. Ese inventario tiene que actualizarse cada cinco años, es decir, tiene que haber una presentación en 2021. Estamos convencidos de que tiene que hacerse con la metodología que establece la propia ley: cualquier glaciar, cualquiera sea su forma y/o dimensión. Lo positivo es que evitó destruir glaciares, pero de forma concreta. Se logró evitar que proyectos mineros avancen sobre glaciares y ambientes periglaciares.

¿Qué podemos tomar de esta experiencia para futuras leyes ambientales en el país?
—Vemos un paralelo con el actual debate por la Ley de Humedales y las presiones del lobby. Es un gran déjà vu de lo que fue con Glaciares: las mentiras que decían, los lobbies actuando, teniendo sus representantes. Hay muchas lecciones que podemos sacar de lo que fue esta ley, pero principalmente fue una lucha popular: pudimos vencer la transversalidad de los partidos políticos. Para que salga Glaciares tuvimos que apelar a todos los partidos. Y va a ocurrir lo mismo con Humedales.

Cómo es el avance de la Ley de Humedales en el Congreso y qué no puede faltar en el proyecto final

Si te interesa saber más sobre el tema, hoy a las 18 habrá una conversación online entre especialistas, incluido Enrique, organizada por Periodistas por el Planeta y Greenpeace Argentina. Podés verla acá.


Este contenido fue publicado originalmente en Planeta, la newsletter con información para actuar y cuidar al planeta que edita Tais Gadea Lara. Podés suscribirte en este link.


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