Jeffrey D. Sachs | RED/ACCIÓN
Opinión | 14 de diciembre

Huawei, el celular low cost al centro de la guerra comercial entre China y EE.UU.

Jeffrey D. Sachs es economista de Harvard y director del Centro de Desarrollo Sostenible en la Universidad de Columbia. The New York Times lo describe como “probablemente el economista más importante del mundo”.

El conflicto de la administración Trump con China tiene poco que ver con los desequilibrios externos de Estados Unidos, los mercados chinos cerrados o incluso el supuesto robo de propiedad intelectual de China. Tiene todo que ver con contener a China al limitar su acceso a mercados extranjeros, tecnologías avanzadas, servicios bancarios globales y quizás incluso universidades de los Estados Unidos.

El arresto de Meng Wanzhou, directora financiera de Huawei, es una peligrosa jugada del gobierno del presidente estadounidense en su creciente conflicto con China. Si (como supuestamente dijo Mark Twain) muchas veces la historia rima, nuestra era recuerda cada vez más al período anterior a 1914. Igual que las grandes potencias europeas de entonces, Estados Unidos, gobernado por una administración decidida a afirmar el dominio estadounidense sobre China, está empujando al mundo hacia un desastre.

El contexto del arresto es sumamente importante. Estados Unidos pidió a Canadá arrestar a Meng en el aeropuerto de Vancouver, donde se hallaba en ruta a México desde Hong Kong, y extraditarla a Estados Unidos. Esa jugada es casi una declaración de guerra de Estados Unidos contra la comunidad empresarial china.

Casi sin precedentes, expone a los empresarios estadounidenses que viajan al extranjero a un riesgo mucho mayor de que otros países tomen con ellos medidas similares.

No es común que Estados Unidos arreste a altos directivos de empresas (estadounidenses o extranjeros) por delitos presuntamente cometidos por las compañías a las que pertenecen; sí lo es que sean arrestados por presuntos delitos personales (como malversación, soborno o violencia).

Es verdad que los directivos deberían ser responsables (incluso penalmente) de las transgresiones de sus empresas, pero comenzar esta práctica con una importante empresaria china, en vez de empezar con los numerosos directores ejecutivos y financieros estadounidenses culpables de actos de esa naturaleza, es una sorprendente provocación contra el gobierno, la comunidad empresarial y el pueblo de China.

El arresto es una excusa de Trump

A Meng se la acusa de violar las sanciones estadounidenses a Irán. Pero hay que analizar su arresto en el contexto de las numerosas empresas (estadounidenses o no) que han violado sanciones de Washington contra Irán y otros países. Por ejemplo, en 2011, JP Morgan Chase pagó 88,3 millones de dólares en multas por violar sanciones de Estados Unidos contra Cuba, Irán y Sudán. Pero a Jamie Dimon no lo bajaron a la fuerza de un avión para ponerlo bajo custodia.

Y además, JP Morgan Chase no es la única empresa que haya violado sanciones estadounidenses. Desde 2010, las siguientes grandes instituciones financieras pagaron multas por ese motivo: Banco de Moscú, Banco de Tokio-Mitsubishi, Banco do Brasil, el Banco Nacional de Abu Dhabi, el Banco Nacional de Pakistán, Bank of America, Bank of Guam, Barclays, BNP Paribas, Clearstream Banking, Commerzbank, Compass, Crédit Agricole, Deutsche Bank, HSBC, ING, Intesa Sanpaolo, JP Morgan Chase, PayPal, RBS (ABN Amro), Société Générale, Standard Chartered, Toronto-Dominion Bank, Trans-Pacific National Bank (ahora llamado Beacon Business Bank) y Wells Fargo.

Ninguno de los directores ejecutivos y financieros de estos bancos infractores fue arrestado y puesto bajo custodia por esas infracciones. En todos los casos, se consideró responsable a la empresa, no a un directivo individual. Tampoco se los hizo responsables de las numerosas infracciones cometidas antes o después de la crisis financiera de 2008, por las que, según un cálculo reciente, los bancos pagaron la asombrosa suma de 243 000 millones de dólares en multas.

En vista de este historial, el arresto de Meng constituye un sorprendente desvío respecto de lo habitual. Sí, que los directores ejecutivos y financieros rindan cuentas, pero empecemos por casa, para evitar la hipocresía, la conducta interesada disfrazada de altos principios y el riesgo de incitar un nuevo conflicto global.

Trump apunta a debilitar la economía china

Es bastante evidente que la acción estadounidense contra Meng es en realidad parte de un intento más amplio de la administración Trump de debilitar la economía china, apelando para ello a aranceles, cierre de mercados occidentales a las exportaciones chinas de alta tecnología y a evitar la compra china de empresas tecnológicas estadounidenses y europeas. No sería exagerado decir que es parte de una guerra económica contra China (y muy imprudente, por cierto).

Huawei es una de las empresas tecnológicas más importantes de China, lo que la convierte en uno de los blancos principales del intento de la administración Trump de frenar o detener el avance de China en varios sectores de alta tecnología.

Las motivaciones de Estados Unidos en esta guerra económica son en parte comerciales (proteger y favorecer a empresas estadounidenses rezagadas) y en parte geopolíticas. No tienen nada que ver con la defensa de la legalidad internacional.

La tecnología 5G está al centro de la disputa

Estados Unidos ha puesto a Huawei en la mira sobre todo por el éxito de la empresa en la comercialización mundial de tecnologías 5G de avanzada; afirma que plantea un riesgo de seguridad concreto porque tiene herramientas de espionaje ocultas en su hardware y software. Pero el gobierno estadounidense no ha dado pruebas que sustenten esta afirmación.

En este sentido, es reveladora una reciente diatriba contra Huawei aparecida en el Financial Times. Tras conceder que “en TIC no puede haber pruebas concretas de interferencia, a menos que uno tenga la suerte de encontrar la aguja en el pajar”, el autor se limita a afirmar que “no se puede correr el riesgo de poner la propia seguridad en manos de un potencial adversario”.

Dicho de otro modo, aunque no podemos realmente señalar una conducta inapropiada por parte de Huawei, de todos modos debemos poner a la empresa en la lista negra.

Cuando las normas del comercio internacional obstaculizan las tácticas mafiosas de Trump, entonces según él son las normas las que tienen que cambiar. Es lo que admitió el secretario de Estado Mike Pompeo en Bruselas la semana pasada, cuando declaró: “Nuestra administración está abandonando o renegociando legalmente tratados, acuerdos comerciales y otros esquemas internacionales desactualizados o perjudiciales que no sirven a nuestros intereses soberanos o a los intereses de nuestros aliados”. Pero incluso antes de salir de estos acuerdos, el gobierno de Trump los está destruyendo con acciones imprudentes y unilaterales.

El inédito arresto de Meng es incluso más provocador porque se basa en sanciones extraterritoriales de los Estados Unidos, es decir, en la afirmación de que Estados Unidos puede ordenar a otros países que dejen de comerciar con terceros, como Cuba o Irán. Pero sin duda Estados Unidos no toleraría que China o cualquier otro país les diga a las empresas estadounidenses con quién pueden o no pueden comerciar.

La fiscalización de sanciones referidas a actores no nacionales (por ejemplo, sanciones estadounidenses a una empresa china) no debería quedar en manos de un solo país, sino del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas a través de acuerdos alcanzados en su seno.

En ese sentido, la Resolución 2231 del Consejo de Seguridad exhorta a todos los países a eliminar las sanciones contra Irán, como parte del acuerdo de 2015 sobre el programa nuclear iraní. Pero ahora Estados Unidos (y sólo Estados Unidos) niega la competencia del Consejo de Seguridad en estos temas. La administración Trump, no Huawei ni China, es la mayor amenaza actual a la legalidad internacional y con ella a la paz mundial.

Traducción: Esteban Flamini

Jeffrey D. Sachs es profesor de Desarrollo Sostenible, profesor de Gestión y Política Sanitaria y director del Centro de Desarrollo Sostenible en la Universidad de Columbia. También es director de la Red de Soluciones de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas.
© Project Syndicate 1995–2018

Opinión | 3 de diciembre

Foto: AFP

Luchar contra el calentamiento global, la desigualdad y la crisis migratoria es caro

La cooperación internacional necesita fondos. El mundo de hoy debe combatir el cambio climático y enfrentar una serie de otras amenazas a la paz y la estabilidad internacionales. Sin embargo, debido a que los impuestos y el gasto se llevan a cabo de manera abrumadora a nivel nacional y local, las necesidades que deben abordarse a nivel global y regional se están volviendo cada vez más insatisfechas.

La provisión actual de bienes y servicios públicos es peligrosamente inadecuada. El sistema de las Naciones Unidas, la Unión Europea y otros organismos multilaterales están bajo fuerte presión, porque sus presupuestos no están a la altura de sus responsabilidades.

Aunque unos pocos ideólogos del libre mercado todavía sostengan que hay que dejar que corporaciones motivadas por el lucro dirijan el mundo sin intervención estatal, la experiencia demuestra lo contrario. El Estado es esencial para la provisión de acceso universal a servicios vitales como la salud y la educación; infraestructuras (por ejemplo, autopistas, ferrocarriles y redes de distribución eléctrica); y financiación para la investigación científica y las primeras etapas del desarrollo tecnológico. También es necesario para cobrar impuestos a los ricos y transferir ingresos a los pobres. De lo contrario, nuestras sociedades se volverán peligrosamente desiguales, injustas e inestables (como está pasando hoy en Estados Unidos).

En los países exitosos de altos ingresos, el Estado cobra al menos el 25% del producto nacional en impuestos para desempeñar estas funciones. En las economías más exitosas del mundo, entre las que se destacan las socialdemocracias del norte de Europa, el Estado recauda en impuestos alrededor del 50% del producto nacional. Estos ingresos se usan para tres funciones vitales: provisión de servicios públicos, inversiones públicas y transferencias de los ricos a los pobres.

Hoy es urgente extender estas tres funciones públicas al nivel supranacional. Grupos de países vecinos (por ejemplo la UE y la Unión Africana) necesitan servicios públicos, inversiones públicas y transferencias a través de las fronteras nacionales, a menudo con la participación de decenas de países en simultáneo. Los organismos regionales necesitan presupuestos regionales adecuados para desempeñar sus funciones vitales. La ONU en su conjunto también necesita un presupuesto adecuado que le permita financiar iniciativas globales para combatir el cambio climático, proteger los océanos, erradicar la pobreza extrema, resistir la proliferación nuclear y detener conflictos locales a través del Consejo de Seguridad de la ONU antes de que se conviertan en desastres globales.

La UE, la UA y otras agrupaciones regionales deberían estar tendiendo redes regionales de distribución eléctrica basadas no en combustibles fósiles sino en fuentes de energía renovables (por ejemplo, eólica, solar e hídrica). También deberían estar transfiriendo fondos desde las regiones más ricas hasta las más pobres, para eliminar bolsones de pobreza persistente. Y deberían estar protegiendo a la naturaleza sin distinción de fronteras e invirtiendo mucho más en ciencia y tecnología para aprovechar la revolución digital.

Pero los recursos presupuestarios disponibles para la cooperación multilateral son ínfimos. Mientras muchos estados miembros de la UE cobran en impuestos al menos el 25% del producto nacional para financiar el gasto público en los niveles nacional y local, el presupuesto conjunto de la UE sólo cuenta con el 1% del ingreso combinado de los estados miembros. El Banco Europeo de Inversiones ofrece financiación adicional para proyectos de inversión, pero dependiente de la obtención de fondos en el mercado.

La razón de la subfinanciación es obvia. Los impuestos están bajo jurisdicción de gobiernos nacionales y locales, que defienden celosamente sus prerrogativas tributarias; en la UE, los gobiernos nacionales acordaron transferir sólo el 1% del producto nacional a Bruselas para uso conjunto.

El resultado es una UE con aspiraciones muy grandes y un presupuesto operativo muy pequeño. Peor aún, los nacionalistas europeos (por ejemplo, los partidarios del Brexit en el Reino Unido) afirman que el presupuesto de la UE es demasiado grande, en vez de terriblemente pequeño. Ningún país podría sostenerse con sólo el 1% del producto nacional; y es posible que tampoco la UE pueda hacerlo con un presupuesto tan minúsculo. La cantidad de servicios públicos, inversiones y transferencias en el nivel paneuropeo es una exigua fracción de lo que se necesita para una unión realmente efectiva.

La situación es todavía peor en el nivel global. El presupuesto regular de la ONU es sólo 2700 millones de dólares al año, es decir, sólo el 0,003% del producto total mundial (90 billones de dólares). La recaudación total anual del organismo, incluidos aportes adicionales de los estados miembros para operaciones humanitarias y de mantenimiento de la paz, ronda los 50 000 millones de dólares (el 0,06% del producto mundial), apenas una fracción de lo que realmente se necesita. Aunque los estados miembros de la ONU han propuesto medidas acertadas y audaces como los Objetivos de Desarrollo Sostenible y el acuerdo de París sobre el clima, carecen de medios financieros para implementarlas.

Pese al reducido presupuesto de la ONU, el gobierno estadounidense no deja de acusar a la institución de estar sobredimensionada y ser demasiado cara. Estados Unidos aporta alrededor del 22% del presupuesto regular anual de 2700 millones de dólares (es decir, unos 600 millones de dólares al año), pero eso es menos de dos dólares por cada estadounidense… Sumando aportes para mantenimiento de la paz y otros pagos, la contribución anual total de Estados Unidos llega a unos 10 000 millones de dólares (aproximadamente 30 dólares per cápita). Con su avaricia, Estados Unidos se perjudica a sí mismo. Es posible que el costo final, para Estados Unidos y para el mundo, de la subinversión crónica en las necesidades globales ascienda a varias decenas de billones de dólares.

Además de los aportes a través de la ONU, los países de altos ingresos hacen transferencias directas a otros más pobres en la forma de ayuda oficial al desarrollo. El valor neto combinado de estas ayudas ronda los 150 000 millones de dólares al año, o sea, sólo el 0,31% del ingreso de los países donantes, que hace mucho prometen destinar a estas ayudas el 0,7% de sus ingresos. Como estas transferencias globales son tan pequeñas, persiste la pobreza extrema en un mundo de abundancia. Y los países ricos todavía no cumplen sus viejas promesas de proveer a los países pobres al menos 100 000 millones de dólares al año para financiar proyectos relacionados con el clima.

El mundo debe tomarse en serio equiparar la financiación multilateral con las necesidades multilaterales. La UE debe duplicar lo antes posible el presupuesto al 2% del producto paneuropeo (y seguir aumentándolo con el tiempo). Asimismo, el mundo debería dedicar al menos el 2% del producto mundial a la provisión de bienes y servicios públicos globales para erradicar la pobreza extrema, combatir el cambio climático, proteger la naturaleza, salvar a millones de indigentes de una muerte prematura, garantizar la escolarización universal y sostener la paz a través de la ONU.

Ha llegado la hora de pensar en nuevos impuestos globales (sobre los ingresos corporativos, las cuentas offshore, las transacciones financieras internacionales, el patrimonio neto de los multimillonarios y la contaminación) para financiar las necesidades de un mundo interconectado y bajo presión. Con creatividad, cooperación y previsión, podemos movilizar nuevos fondos para convertir nuestra enorme riqueza global en bienestar sostenible para todos.

Traducción por Esteban Flamini

Jeffrey D. Sachs es profesor de Desarrollo Sostenible, profesor de Gestión y Política Sanitaria y director del Centro de Desarrollo Sostenible en la Universidad de Columbia. También es director de la Red de Soluciones de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas.

Copyright: Project Syndicate, 2018.


Opinión | 14 de noviembre

Foto: Cindy Ord / AFP

Trump post elecciones: poder en caída, furia en aumento

Los próximos meses pueden ser especialmente peligrosos. A medida que la posición política del presidente de los Estados Unidos se debilita y los obstáculos que enfrenta se incrementan, su inestabilidad representará un peligro cada vez mayor.

El drama de la presidencia de Donald Trump ha girado en torno de si un presidente extremista podría ejecutar un programa político extremista contra la voluntad de la mayoría de los estadounidenses. Hasta ahora la respuesta ha sido negativa; y el resultado de la elección intermedia lo hace mucho más improbable. Pero las crecientes frustraciones de Trump pueden llevarlo a un derrumbe psicológico, con consecuencias potencialmente angustiosas para la democracia estadounidense y para el mundo.

Trump ha buscado implementar su agenda radical de tres maneras distintas. La primera fue usar las mayorías republicanas en las dos cámaras del Congreso para tratar de aprobar leyes pese a la fuerte oposición popular. Este método funcionó una vez, con la rebaja del impuesto corporativo de 2017, porque los donantes del Partido Republicano insistieron en que se aplicara la medida; pero fracasó cuando Trump intentó derogar el Obamacare, ya que tres senadores republicanos se opusieron.

El segundo método es el uso de decretos ejecutivos para eludir al Congreso. Aquí los tribunales han intervenido reiteradas veces; la más reciente fue a días de la elección, cuando un tribunal federal de distrito suspendió los trabajos en el oleoducto Keystone XL, un proyecto al que los ambientalistas se oponen intensamente con el argumento de que el gobierno de Trump no presentó una “explicación razonada” de sus acciones. Trump ha abusado de su autoridad en forma reiterada y peligrosa, y los tribunales siguen forzándolo a retroceder.

La tercera táctica de Trump fue tratar de poner a la opinión pública de su lado. Pero a pesar de sus frecuentes mitines, o tal vez debido a ellos y a su vulgaridad incendiaria, el índice de rechazo de Trump ha superado al índice de aprobación desde los primeros días de su gobierno. En la actualidad, su índice general de rechazo es 54%, contra un 40% de aprobación (con aproximadamente un 25% de aprobación fuerte). No ha habido un cambio sostenido a favor de Trump.

En las elecciones legislativas, que Trump describió como un referendo sobre su presidencia, los candidatos demócratas para la Cámara de Representantes y el Senado superaron con creces a sus adversarios republicanos en términos absolutos. En la competencia por la Cámara, los demócratas recibieron 53.314.159 votos en el nivel nacional, contra 48.439 810 para los republicanos. En la competencia por el Senado, los demócratas superaron a los republicanos por 47.537.699 votos a 34.280.990.

Sumando los votos por partido en los últimos tres ciclos electorales (2014, 2016 y 2018), los candidatos demócratas al Senado superaron a los candidatos republicanos por unos 120 millones de votos contra 100 millones. Sin embargo, los republicanos mantienen una ligera mayoría en el Senado, donde a cada estado lo representan dos senadores sin importar el tamaño de su población, porque los republicanos tienden a ganar escaños en los estados menos poblados, mientras que los demócratas prevalecen en los grandes estados costeros y del medio oeste. 

El nuevo escenario para la Casa Blanca

Sin embargo, desprovisto del control de la Cámara de Representantes, Trump ya no podrá aprobar leyes impopulares. Sólo políticas con apoyo de ambos partidos tendrán una chance de ser aprobadas en las dos cámaras.

En el frente económico, las políticas comerciales de Trump se volverán todavía menos populares en los meses venideros, cuando agotado el estímulo efímero de la rebaja del impuesto corporativo, la economía estadounidense se enfríe como consecuencia de la creciente incertidumbre sobre la política comercial global, que paraliza la inversión empresarial, y del aumento simultáneo del déficit fiscal y de los tipos de interés. Los mendaces argumentos de seguridad nacional que adujo Trump para la suba de aranceles también serán objeto de cuestionamientos políticos y quizá judiciales.

Es verdad que Trump podrá seguir nombrando jueces federales conservadores con la casi certeza de que la mayoría republicana en el Senado confirmará sus nombramientos. Y en asuntos de guerra y paz, Trump actuará con un nivel de independencia terrorífico respecto del Congreso y de la opinión pública, un problema que aflige al sistema político estadounidense desde la Segunda Guerra Mundial. Lo más probable es que Trump, como sus últimos predecesores, mantenga a Estados Unidos empantanado en guerras en Medio Oriente y África, pese a la poca comprensión o apoyo de la opinión pública.

Las nuevas vulnerabilidades de Trump

Sin embargo, hay tres motivos más para creer que el poder de Trump se debilitará significativamente en los próximos meses. En primer lugar, es muy probable que el fiscal especial Robert Mueller logre documentar ilícitos graves por parte de Trump, sus familiares o sus asesores cercanos. Antes de la elección Mueller mantuvo un perfil bajo, pero es casi seguro que pronto oiremos más de él.

En segundo lugar, los miembros demócratas de la Cámara de Representantes comenzarán a indagar en los manejos impositivos y comerciales de Trump, para lo cual tienen la potestad de dictarle intimaciones legales (subpoenas). Hay fuertes indicios de que Trump cometió actos de evasión fiscal importantes (como explicó hace poco el New York Times) y que enriqueció ilegalmente a su familia siendo presidente (una demanda que obtuvo vía libre judicial lo acusa de violar la cláusula de la Constitución referida a recibir dádivas de gobiernos extranjeros). Es probable que Trump ignore o resista las intimaciones, lo que puede ser el inicio de una seria crisis política.

En tercer lugar, y más importante, Trump no es un simple político extremista, sino que padece lo que el profesor Ian Hughes denominó hace poco “una mente en desorden”, llena de odio, paranoia y narcisismo. Según dos de sus observadores cercanos, el contacto del presidente con la realidad “seguirá disminuyendo” conforme enfrente cada vez más obstáculos políticos, investigaciones de sus manejos impositivos y comerciales, los hallazgos de Mueller y una oposición política fortalecida. Es posible que ya lo estemos viendo, en la conducta errática y agresiva de Trump desde la elección.

Los próximos meses pueden ser especialmente peligrosos para Estados Unidos y para el mundo. Conforme la posición política de Trump se debilite y aumenten los obstáculos que enfrenta, su inestabilidad mental será cada vez más peligrosa. Podría explotar de furia, despedir a Mueller y acaso tratar de iniciar una guerra o reclamar poderes de emergencia para restaurar su autoridad. Todavía no hemos visto a Trump totalmente enfurecido, pero es probable que lo veamos pronto, al estrecharse todavía más su margen de maniobra. En tal caso, mucho dependerá del funcionamiento del orden constitucional estadounidense.

Traducción por Esteban Flamini

Jeffrey D. Sachs es profesor de Desarrollo Sostenible, profesor de Gestión y Política Sanitaria y director del Centro de Desarrollo Sostenible en la Universidad de Columbia. También es director de la Red de Soluciones de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas.

© Project Syndicate 1995–2018

Actualidad | 30 de octubre

En Estados Unidos, los plutócratas están ganando

Los alborotos del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, contra programas sociales y regulaciones ambientales son en parte producto de su ignorancia y narcisismo. Pero también representan algo más: la corrupción del sistema político estadounidense.

La política estadounidense se ha convertido en un juego de, por y para poderosos intereses corporativos, con recortes de impuestos para los ricos, desregulación para los contaminadores y guerra y calentamiento global para el resto de nosotros. Trump no es más que un síntoma, aunque chocante y peligroso, de un malestar político mucho más profundo.

Las políticas de Trump incluyen prioridades ampliamente respaldadas por los republicanos en el Congreso de los Estados Unidos: reducir los impuestos para los ricos a expensas de los programas para los pobres y la clase trabajadora; aumentar el gasto militar a expensas de la diplomacia; y permitir la destrucción del medio ambiente en nombre de la “desregulación”.

Divergencia de intereses entre el poder y la ciudadanía

Pero estas no son las prioridades compartidas por la mayoría de los estadounidenses, ni siquiera cerca. La mayoría quiere cobrar impuestos a los ricos, ampliar la cobertura de salud, detener las guerras de Estados Unidos y combatir el calentamiento global. Trump y sus cómplices se oponen a la opinión pública, no la representan.

Lo están haciendo por una razón: el dinero. Las políticas de Trump sirven a los intereses corporativos que financian campañas electorales y administran efectivamente el gobierno de los Estados Unidos. Hoy en día, las compañías mega-contaminantes ya no necesitan presionar; Trump les entregó las llaves del Departamento de Estado, la Agencia de Protección Ambiental y el Departamento de Energía. Los expertos de la industria también ocupan cargos de personal superior del Congreso.

Gran parte del dinero corporativo puede ser rastreado; el resto fluye de forma anónima, como “dinero oscuro” que evita el escrutinio público. La mayor fuente de dinero oscuro son los hermanos Koch, David y Charles, quienes, con un valor neto combinado de unos $ 100 mil millones, han gastado libremente durante décadas esencialmente para comprar el sistema político de los Estados Unidos. Sus esfuerzos están teniendo éxito.

Un partido Republicano cooptado

Cuando se trata de política fiscal y cambio climático, el Partido Republicano está casi completamente en manos de los hermanos Koch y sus amigos de la industria petrolera. Su objetivo inmoral es simple: reducir los impuestos corporativos y desregular el petróleo y el gas, independientemente de las consecuencias para el planeta. Su maldad es escalofriante, pero es real. Y Trump es su factotum.

Ahora es tarea del resto del mundo decir no a la temeraria avaricia corporativa de los Estados Unidos y a los propios estadounidenses reclamar sus instituciones democráticas mediante la eliminación del dinero oscuro y la malevolencia corporativa que suscribe. Los estadounidenses, y el mundo, merecen algo mejor.

Jeffrey D. Sachs, Profesor de Desarrollo Sostenible y Profesor de Política y Gestión de Salud en la Universidad de Columbia, es Director del Centro de Desarrollo Sostenible de Columbia y de la Red de Soluciones de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas.

© Project Syndicate 1995–2018 | Foto: Nicholas Kamm – AFP

Actualidad | 13 de septiembre

Al final, las políticas de Trump terminarán destronando al dólar

Los beneficios que los Estados Unidos obtienen de tener la principal moneda internacional del mundo están disminuyendo con el aumento del euro y la moneda china. Y ahora las guerras comerciales mal orientadas del presidente Donald Trump que tan fuerte han golpeado a las monedas emergentes, incluyendo el peso argentino, acelerarán la pérdida del rol dominante que ha tenido el dólar.

Allá por 1965, Valéry Giscard d’Estaing (entonces ministro de finanzas de Francia) calificó de “privilegio exorbitante” los beneficios que reportaba a Estados Unidos el hecho de que el dólar fuera la principal moneda de reserva del mundo. Pero esos beneficios están disminuyendo con el ascenso del euro y del yuan chino como monedas de reserva alternativas. Y ahora, las erradas políticas de guerra comercial y sanciones a Irán del presidente estadounidense Donald Trump acelerarán el abandono del dólar.

Una ventaja desproporcionada para EE.UU.

El dólar supera a todas las otras divisas como moneda para las transacciones internacionales. Es la unidad de cuenta (o de facturación) más importante para el comercio internacional. Es el principal medio de intercambio para el pago de transacciones internacionales. Es el principal depósito de valor de los bancos centrales de todo el mundo. La Reserva Federal actúa como prestamista de última instancia del mundo, como lo hizo durante el pánico financiero de 2008, aunque debemos reconocer también que los errores de la Reserva ayudaron a provocar la crisis de 2008. Y el dólar es la principal moneda financiera, al estar denominadas en él la mayor parte de las deudas internacionales de empresas y gobiernos.

En cada una de estas áreas, el dólar abarca mucho más de lo que le correspondería según el peso de Estados Unidos en la economía mundial. En la actualidad Estados Unidos genera cerca del 22% de la producción mundial medida a precios de mercado, y alrededor del 15% en términos de paridad de poder adquisitivo. Pero el dólar representa más de la mitad de la facturación, las reservas, los pagos, la liquidez y la financiación del mundo. Su principal competidor es el euro, mientras que el yuan asoma a la distancia en tercer lugar.

La función que cumple el dólar como principal moneda del mundo otorga a Estados Unidos tres importantes beneficios económicos. El primero es la capacidad de financiarse en el extranjero en dólares. Un gobierno que se endeuda en moneda extranjera puede quebrar; no es así cuando se endeuda en su propia moneda. Más en general, el papel internacional del dólar ofrece al Tesoro de los Estados Unidos más liquidez y tipos de interés más bajos al momento de endeudarse.

Una segunda ventaja tiene que ver con la actividad bancaria: Estados Unidos, y más precisamente Wall Street, obtiene importantes ingresos de la venta de servicios bancarios al resto del mundo. Una tercera ventaja tiene que ver con el control regulatorio: Estados Unidos administra o coadministra directamente los principales sistemas de liquidación de pagos del mundo, lo que le da importantes herramientas para vigilar y limitar los flujos de fondos relacionados con el terrorismo, el narcotráfico, la venta ilegal de armas, la evasión fiscal y otras actividades ilícitas.

Pero estos beneficios dependen de que Estados Unidos provea al mundo servicios monetarios de alta calidad. La amplitud de uso del dólar se debe a que ha sido la moneda más conveniente, menos costosa y más segura como unidad de cuenta, medio de intercambio y depósito de valor. Pero no es insustituible. En el transcurso de los años, la función de custodia del sistema monetario internacional por parte de Estados Unidos ha tenido serios tropiezos, y el desgobierno de Trump puede acelerar el final del predominio del dólar.

La mala administración fiscal y monetaria de Estados Unidos a fines de los sesenta llevó en agosto de 1971 a la ruptura del sistema de fijación cambiaria basada en el dólar de Bretton Woods, cuando el gobierno del presidente Richard Nixon repudió unilateralmente el derecho de los bancos centrales extranjeros a cambiar sus dólares por oro. Al quiebre del sistema basado en dólares le siguió una década de alta inflación en Estados Unidos y Europa, y luego una abrupta y costosa desinflación en Estados Unidos a principios de los ochenta. La turbulencia del dólar fue uno de los principales motivos por los que Europa inició en 1993 el proceso de unificación monetaria que culminó en 1999 con la creación del euro.

Asimismo, el mal manejo estadounidense de la crisis financiera asiática en 1997 alentó a China a iniciar la internacionalización del yuan. La crisis financiera global de 2008, que comenzó en Wall Street y en poco tiempo se extendió por el mundo a la par que se agotaba la liquidez interbancaria, fue un nuevo aliciente para el abandono del dólar y la adopción de monedas alternativas.

Las políticas de Trump debilitarán el rol de Nueva York como centro financiero global

Ahora es casi seguro que las desacertadas guerras comerciales y sanciones de Trump reforzarán la tendencia. Así como el Brexit está debilitando a la City londinense, las políticas comerciales y financieras de Trump, englobadas en el eslogan “Estados Unidos primero”, debilitarán el papel del dólar y el de Nueva York como centro financiero global.

De las políticas económicas internacionales de Trump, las más trascendentes y erradas son la creciente guerra comercial con China y la reimposición de sanciones a Irán. La guerra comercial es un intento torpe y prácticamente incoherente del gobierno de Trump de detener el ascenso económico de China tratando de asfixiar las exportaciones del país y su acceso a tecnología occidental. Pero si bien los aranceles y las barreras comerciales no arancelarias de Estados Unidos pueden afectar el crecimiento de China en el corto plazo, no cambiarán decisivamente su trayectoria ascendente a largo plazo. Lo más probable es que refuercen la determinación de las autoridades chinas de poner fin a la continua dependencia parcial de su país respecto de las finanzas y el comercio estadounidenses y redoblar la política de fortalecimiento militar, inversión masiva en tecnologías de avanzada y creación de un sistema internacional de pagos basado en el yuan como alternativa al sistema del dólar.

El abandono de Trump del pacto nuclear de 2015 con Irán y la reimposición de sanciones a la República Islámica pueden ser factores igualmente trascendentes de debilitamiento del papel internacional del dólar. Sancionar a Irán se contradice con las políticas internacionales hacia este país. El Consejo de Seguridad de la ONU aprobó por unanimidad seguir apoyando el pacto nuclear y restaurar las relaciones económicas con Irán. Otros países, liderados por China y la UE, empezarán a buscar modos de eludir las sanciones estadounidenses, sobre todo mediante la evitación del sistema de pagos en dólares.

Por ejemplo, el ministro alemán de asuntos exteriores, Heiko Maas, declaró hace poco el interés de Alemania en crear un sistema europeo de pagos independiente de Estados Unidos. Según Maas, es “indispensable fortalecer la autonomía europea mediante la creación de canales de pago independientes de Estados Unidos, un Fondo Monetario Europeo y un sistema SWIFT independiente” (SWIFT es la organización que gestiona el sistema de mensajería internacional para transferencias interbancarias).

Hasta ahora, la dirigencia empresarial estadounidense ha apoyado a Trump, que les prodigó rebajas de impuestos corporativos y desregulaciones. Pese al creciente déficit fiscal, la fortaleza del dólar a corto plazo sigue firme, ya que las rebajas impositivas impulsaron el consumo estadounidense y un alza de tipos de interés que atrae capitales del exterior. Pero en algunos años, las dispendiosas políticas fiscales de Trump y sus imprudentes políticas comerciales y de sanciones debilitarán la economía estadounidense y el papel del dólar en las finanzas mundiales. ¿Cuánto tiempo pasará antes de que las empresas y los gobiernos del mundo acudan a Shanghai en vez de Wall Street para colocar bonos en yuanes?

Traducción por Esteban Flamini

Jeffrey D. Sachs es profesor de Desarrollo Sostenible, profesor de Gestión y Política Sanitaria y director del Centro de Desarrollo Sostenible en la Universidad de Columbia. También es director de la Red de Soluciones de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas.

© Project Syndicate 1995–2018 | Foto: Nicholas Kamm – AFP

Sustentabilidad | 6 de agosto

Todos somos refugiados climáticos

Los incendios de este verano, las sequías y las altas temperaturas récord deberían servir como una llamada de atención. Cuanto más tiempo una élite estrecha e ignorante condena a la humanidad a vagar sin rumbo fijo en el desierto político, más probable es que todos terminemos en un páramo.

Los humanos modernos, nacidos en una era climática llamada el Holoceno, han ingresado en otra era, el Antropoceno. Pero en lugar de un Moisés que guía a la humanidad en este páramo nuevo y peligroso, una banda de negadores de la ciencia y contaminadores hoy desorienta a la humanidad y la conduce hacia un peligro aún mayor. Hoy somos todos refugiados climáticos y debemos trazar un camino hacia la seguridad.

El Holoceno fue la era geológica que comenzó hace más de 10.000 años, con condiciones climáticas favorables que sustentaron la civilización humana tal como la conocemos. El Antropoceno es una nueva era geológica con condiciones ambientales que la humanidad nunca antes ha experimentado. Es lamentable, pero la temperatura de la Tierra hoy es más alta que durante el Holoceno, debido al dióxido de carbono que la humanidad ha emitido a la atmósfera al quemar carbón, petróleo y gas, y al transformar indiscriminadamente los bosques y las praderas del mundo en granjas y pasturas.

El futuro no es prometedor

La gente sufre y muere en un contexto nuevo, y lo que se viene es mucho peor. Se estima que el huracán María se cobró más de 4.000 vidas en Puerto Rico en septiembre pasado. Los huracanes de alta intensidad se están volviendo más frecuentes, y tormentas de gran envergadura están causando más inundaciones, debido a la mayor transferencia de calor de las aguas cada vez más cálidas de los océanos, la mayor humedad en el aire más templado y el ascenso de los niveles del mar –todos ellos mucho más extremos como consecuencia del cambio climático inducido por el hombre.

Apenas el mes pasado, más de 90 personas murieron en los suburbios de Atenas como resultado de un incendio forestal devastador ocasionado por la sequía y las altas temperaturas. Este verano, en el Hemisferio Norte, también están estallando grandes incendios forestales en otros lugares tórridos y devenidos secos recientemente, como California, Suecia, Gran Bretaña y Australia. El año pasado, Portugal fue devastado. En todo el mundo, se están alcanzando muchas temperaturas altas sin precedentes este verano.

Qué imprudente por parte de la humanidad haber atravesado a toda prisa la frontera del Holoceno, ignorando –como un personaje de una película de terror- todas las señales de advertencia obvias. En 1972, los gobiernos del mundo se reunieron en Estocolmo para ocuparse de las crecientes amenazas ambientales.

En el período previo a la conferencia, el Club de Roma publicó Los límites del crecimiento, que introdujo por primera vez la idea de una trayectoria de crecimiento “sostenible” y de los riesgos del descontrol ambiental. Veinte años después, las señales de advertencia destellaron en Río de Janeiro, donde los estados miembro de las Naciones Unidas se reunieron en la Cumbre de la Tierra para adoptar el concepto de “desarrollo sostenible” y firmar tres tratados ambientales importantes para frenar el calentamiento global inducido por el hombre, proteger la diversidad biológica y detener la degradación y desertificación de la tierra.

Estados Unidos está en deuda

Después de 1992, Estados Unidos, el país más poderoso del mundo, ignoró ostentosamente los tres nuevos tratados y dio a entender a otros países que también podían disminuir sus esfuerzos. El Senado de Estados Unidos ratificó los tratados sobre clima y desertificación, pero no hizo nada para implementarlos. Y se negó inclusive a ratificar el tratado para proteger la diversidad biológica, en parte porque los republicanos de los estados del oeste insistieron en que los propietarios tienen derecho a hacer lo que quieran con su propiedad sin intromisión internacional.

Más recientemente, el mundo adoptó los Objetivos de Desarrollo Sostenible en septiembre de 2015 y el acuerdo climático de París en diciembre de 2015. Sin embargo, una vez más, el gobierno de Estados Unidos ha ignorado deliberadamente los ODS y quedó en el último puesto entre los países del G-20 en términos de esfuerzos de implementación gubernamentales. Y el presidente Donald Trump ha declarado su intención de retirar a Estados Unidos del acuerdo climático de París en el momento más temprano posible, 2020, cuatro años después de que el acuerdo entrara en vigencia.

Las cosas van a empeorar. El ascenso de CO2 causado por el hombre todavía no ha alcanzado su efecto pleno de calentamiento, debido al considerable retraso del impacto que tendrá en las temperaturas de los océanos. En las próximas décadas el calentamiento aumentará otro 0,5ºC aproximadamente en base a la concentración actual de CO2 (408 partes por millón) en la atmósfera, y el calentamiento será mucho mayor si las concentraciones de CO2 siguen subiendo con la quema habitual de combustibles fósiles. Para lograr el objetivo del acuerdo de París de limitar el calentamiento “muy por debajo de 2ºC” en relación al nivel preindustrial, el mundo necesita pasar decididamente del carbón, el petróleo y el gas a la energía renovable aproximadamente en 2050, y de la deforestación a la reforestación y la restauración de las tierras degradadas.

Un grupo pequeño pero poderoso mantiene el sistema actual

¿Por qué, entonces, la humanidad sigue avanzando tontamente hacia una tragedia segura?

La razón principal es que nuestras instituciones políticas y los gigantes corporativos deliberadamente ignoran los crecientes peligros y perjuicios. La política tiene que ver con obtener y mantener el poder y los beneficios, no con solucionar problemas, ni siquiera problemas ambientales de vida o muerte. Administrar una empresa importante tiene que ver con maximizar el valor accionarial, no con decir la verdad o evitar un gran daño al planeta. Los inversores en busca de ganancias son dueños de los grandes medios, o al menos ejercen influencia a través de sus compras de publicidad. Así, un grupo pequeño pero muy poderoso mantiene el sistema de energía basado en combustibles fósiles a costa de un creciente peligro para el resto de la humanidad hoy y en el futuro.

Trump es el último tonto útil que cumple las órdenes de los contaminadores, instigado por los republicanos del Congreso que financian sus campañas electorales con aportes de delincuentes ambientales como las Industrias Koch. Trump ha llenado el gobierno de Estados Unidos de lobistas industriales que están desmantelando sistemáticamente cada regulación ambiental a la que pueden echar mano. Más recientemente, Trump ha nombrado a un ex abogado de la megacontaminadora Dow Chemical para liderar el programa de limpieza tóxica de Superfund de la Agencia de Protección del Medio Ambiente. Es de no creer.

Necesitamos un nuevo tipo de política que empiece con un objetivo global claro: la seguridad ambiental para la gente del planeta, cumpliendo con el acuerdo climático de París, protegiendo la biodiversidad y reduciendo la contaminación, que mata a millones de personas cada año. La nueva política escuchará a expertos científicos y tecnológicos, no a líderes empresarios que actúan en interés propio ni a políticos narcisistas. Los climatólogos nos permiten calcular los crecientes peligros. Los ingenieros nos instruyen sobre cómo hacer la transición rápida, en 2050, a una energía sin emisiones de carbono. Los ecologistas y los agrónomos nos demuestran cómo tener más y mejores cultivos en menos tierra, terminando al mismo tiempo con la deforestación y restableciendo la tierra degradada anteriormente.

Una política de esas características es posible. En verdad, la población la espera con ansias. Una gran mayoría de los norteamericanos, por ejemplo, quiere combatir el calentamiento global, quedarse en el acuerdo climático de París y adoptar la energía renovable. Sin embargo, mientras una elite estrecha e ignorante condena a los norteamericanos y al resto de la humanidad a vagar sin rumbo en el desierto político, lo más probable es que todos terminemos en un yermo del cual no habrá salida.

Jeffrey D. Sachs, profesor de Desarrollo Sostenible y de Política y Gestión de la Salud en la Universidad de Columbia, es director del Centro para el Desarrollo Sostenible de Columbia y de la Red de Soluciones para el Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas.

© Project Syndicate 1995–2018

Sustentabilidad | 25 de junio

La revolución energética como un agente de cambio para el bien común

Necesitamos que la política, la economía y la tecnología cumplan un propósito mucho mayor que el poder, la riqueza o el crecimiento económico. Las necesitamos para promover el bienestar humano de hoy y de las generaciones futuras.

La crisis climática que hoy enfrentamos es el reflejo de una crisis mayor: una confusión global de medios y fines. Seguimos utilizando combustibles fósiles porque podemos (medios), no porque sean buenos para nosotros (fines).

Esta confusión es la razón por la que el Papa Francisco y el patriarca ecuménico Bartolomé nos estimulan a pensar seriamente en lo que es verdaderamente bueno para la humanidad, y cómo lograrlo. A comienzos de este mes, el Papa y el patriarca congregaron a líderes empresariales, científicos y académicos, en Roma y en Atenas respectivamente, para acelerar la transición de los combustibles fósiles a una energía renovable segura.

La tecnología y la política para promover el bien común

En gran parte del mundo hoy, los propósitos de la política, la economía y la tecnología se han degradado. La política es considerada como una lucha de poder sin limitaciones, la economía como una carrera despiadada detrás de la riqueza y la tecnología como el elixir mágico para un mayor crecimiento económico. En verdad, según Francisco y Bartolomé, necesitamos que la política, la economía y la tecnología cumplan un propósito mucho mayor que el poder, la riqueza o el crecimiento económico. Las necesitamos para promover el bienestar humano de hoy y de las generaciones futuras.

Estados Unidos puede ser el más confundido de todos. Estados Unidos hoy es un país rico más allá de lo que se pueda imaginar, con un ingreso mediano de los hogares y un producto interior bruto per capita igual, en cada caso, a casi 60.000 dólares. Estados Unidos podría tenerlo todo. Sin embargo, lo que tiene es una creciente desigualdad de ingresos, una caída de la expectativa de vida, una tasa de suicidio en ascenso y una epidemia de obesidad, sobredosis de opioides, masacres en escuelas, trastornos depresivos y otros males graves. Estados Unidos incurrió en pérdidas por 300.000 millones de dólares causadas por desastres relacionados con el clima el año pasado, incluidos tres huracanes inmensos, cuya frecuencia e intensidad han aumentado, debido a la dependencia de los combustibles fósiles. Estados Unidos tiene un poder, una riqueza y un crecimiento enormes y, sin embargo, un bienestar reducido.

El poder del lobby

La economía y la política de Estados Unidos están en manos de los lobbies corporativos, entre ellos el de los gigantes petroleros. Se asignan recursos de manera implacable a desarrollar más campos de petróleo y gas, no porque sean buenos para Estados Unidos o el mundo, sino porque los accionistas y gerentes de ExxonMobil, Chevron, Conoco Philipps y otros así lo exigen. Trump y sus secuaces trabajan diariamente para socavar los acuerdos globales y las regulaciones domésticas que se implementaron para acelerar el cambio de los combustibles fósiles a la energía renovable.

Efectivamente, podemos producir más petróleo, carbón y gas. ¿Pero para qué? No para nuestra seguridad: los peligros del calentamiento global ya están entre nosotros. No porque no tengamos alternativas: Estados Unidos tiene recursos eólicos, solares e hídricos entre otras fuentes de energía primaria que no causan calentamiento global. La economía estadounidense, lamentablemente, es un gigante fuera de control, que persigue la riqueza petrolera y pone en peligro nuestra propia supervivencia.

Por supuesto, Estados Unidos no es el único en la búsqueda alocada de riqueza por sobre el bienestar. La misma confusión de medios y fines, centrada en el rédito inmediato, está haciendo que la Argentina, que será sede de la Cumbre del G-20 más avanzado este año, lleve adelante fracturación para extraer gas natural, con todos los riesgos climáticos y ambientales asociados, en lugar de aprovechar su potencial generoso de energía eólica, solar e hídrica. La misma corrupción de propósitos está haciendo que el gobierno canadiense garantice un nuevo oleoducto para exportar a Asia la producción proveniente de sus arenas petrolíferas contaminantes y costosas, mientras que sub-invierte en las vastas fuentes de energía renovable de Canadá.

El Papa y los CEO

En su reunión con los CEOs de las principales compañías petroleras y de gas, Francisco les dijo: “Nuestro deseo de garantizar la energía para todos no debe conducir al efecto no deseado de una espiral de cambios climáticos extremos debido a un ascenso catastrófico de las temperaturas globales, ambientes más inhóspitos y mayores niveles de pobreza”. Observó que las empresas petroleras están empeñadas en “la búsqueda continua de nuevas reservas de combustibles fósiles, mientras que el Acuerdo de París claramente instó a mantener la mayoría de los combustibles fósiles bajo tierra”. Y les recordó a los ejecutivos: “¡La civilización requiere energía, pero el uso de energía no debe destruir la civilización!”

Francisco subrayó la dimensión moral del problema:

“La transición a una energía accesible y limpia es una deuda que tenemos con millones de nuestros hermanos y hermanas en todo el mundo, con los países más pobres y con las generaciones futuras. El progreso decisivo en este camino no se puede hacer sin una mayor conciencia de que todos formamos parte de una familia humana, unida por lazos de fraternidad y solidaridad. Sólo si pensamos y actuamos pensando constantemente en esta unidad subyacente que supera todas las diferencias, sólo si cultivamos un sentido de solidaridad intergeneracional universal, podemos encarar en serio y con determinación el camino por delante”.

Mientras Francisco se reunía con los CEOs en Roma la semana pasada, Bartolomé congregaba a líderes de instituciones científicas, de agencias de las Naciones Unidas y de las principales religiones en Atenas y el Peloponeso, para trazar un camino hacia la seguridad ambiental. Bartolomé también subrayó la cuestión moral fundamental: “La identidad de cada sociedad y la medida de cada cultura no se juzgan por el grado de desarrollo tecnológico, crecimiento económico o infraestructura pública”, dijo. “Nuestra vida civil y nuestra civilización están definidas y juzgadas principalmente por nuestro respeto por la dignidad de la humanidad y la integridad de la naturaleza”.

Los 300 millones de fieles de las iglesias del Este lideradas por el patriarca ecuménico están en tierras que enfrentan los peligros extremos del calentamiento global: intensas olas de calor, crecientes niveles de los océanos y sequías cada vez más severas. La región mediterránea ya está asolada por el peligro ambiental y la migración forzada de las zonas de conflicto. Un cambio climático descontrolado -que ya ha contribuido al conflicto- sería desastroso para la región.

La conferencia de Bartolomé se inauguró en la Acrópolis, el corazón mismo de la antigua Atenas, donde hace 2.300 años Aristóteles definió la ética y la política como la búsqueda del bienestar. La comunidad política, escribió Aristóteles, debería apuntar “al bien supremo”, que se alcance cultivando las virtudes de la ciudadanía.

Aristóteles es célebre por contrastar dos tipos de conocimiento: téchne (saber técnico) y phrónesis (sabiduría práctica). Los científicos y los ingenieros nos han dado el conocimiento técnico para pasar rápidamente de los combustibles fósiles a la energía de cero consumo de carbono. Francisco y Bartolomé nos instan a encontrar la phrónesis, la sabiduría práctica, para redirigir nuestra política y nuestra economía hacia el bien común.

Jeffrey D. Sachs, profesor de Desarrollo Sostenible y profesor de Política y Gestión de Salud en la Universidad de Columbia, es director del Centro para el Desarrollo Sostenible de Columbia y de la Red de Soluciones de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas.

© Project Syndicate 1995–2018

Tecnología | 13 de abril

Facebook y el futuro de la privacidad online

El testimonio de Mark Zuckerberg ante el Senado de EE.UU. sirvió de poco para apuntalar la confianza pública en una empresa que trafica datos personales de sus usuarios. Su inmenso poder de lobby ha eludido cualquier tipo de regulación. Los mercados de datos personales han prosperado en base a la idea de podrían ser el “nuevo petróleo” de la economía digital así como -aparentemente- de la política.

NUEVA YORK – Chris Hughes, cofundador de Facebook, recientemente observó que el escrutinio público de Facebook “debió haberse producido hace mucho tiempo”, y dijo “me resulta sorprendente que no hayan tenido que responder más de estas preguntas antes”.

Los líderes de la industria de la tecnología de la información, especialmente en Europa, han venido advirtiendo sobre los abusos cometidos por Facebook (y otros portales) desde hace años. Sus percepciones y recomendaciones prácticas son especialmente urgentes hoy.

El testimonio del CEO de Facebook, Mark Zuckerberg, ante el Senado de Estados Unidos sirvió de poco para apuntalar la confianza pública en una empresa que trafica datos personales de sus usuarios.

El momento más elocuente del testimonio se produjo cuando Richard Durbin, senador por Illinois, preguntó si Zuckerberg estaría cómodo compartiendo el nombre de su hotel y la gente con la que había intercambiado mensajes esa semana, exactamente el tipo de datos rastreados y utilizados por Facebook. Zuckerberg respondió que no se sentiría cómodo ofreciendo esa información. “Creo que tal vez de eso se trate todo esto”, dijo Durbin. “Su derecho a la privacidad”.

La respuesta europea

Los críticos de Facebook vienen sosteniendo este punto desde hace años. Stefano Quintarelli, uno de los principales expertos en TI de Europa y un defensor destacado de la privacidad online (y, hasta hace poco, miembro del Parlamento italiano), ha sido un crítico persistente y profético del abuso por parte de Facebook de su posición de mercado y del mal uso de los datos personales online.

Ha defendido desde hace mucho tiempo una idea poderosa: que cada uno de nosotros debería retener el control de nuestro perfil online -perfil que debería ser fácilmente transferible entre portales-. Si decidimos que no nos gusta Facebook, deberíamos poder pasarnos a un competidor sin perder los enlaces a los contactos que siguen en Facebook.

Para Quintarelli, el abuso por parte de Cambridge Analytica de datos adquiridos de Facebook fue una consecuencia inevitable del modelo de negocio irresponsable de Facebook. Facebook ahora ha reconocido que Cambridge Analytica no es el único que explotó perfiles personales adquiridos de Facebook.

En comunicaciones personales conmigo, Quintarelli dice que el Reglamento General de Protección de Datos de la Unión Europea, que entra en vigencia el 25 de mayo, después de seis años de preparación y debate, “puede servir como guía en algunos aspectos”. Según el RGPD, observa, “las organizaciones incumplidoras pueden enfrentar sanciones severas, de hasta el 4% de sus ingresos. Si el RGPD ya estuviera establecido, Facebook, para evitar esas penalidades, habría tenido que notificar a las autoridades sobre la filtración de datos inmediatamente después de tomar consciencia de ello, mucho antes de la pasada elección de Estados Unidos”.

Quintarelli enfatiza que “la competencia efectiva es una herramienta poderosa para aumentar y defender la biodiversidad en el espacio digital”. Y aquí el RGPD debería ser de ayuda, porque “introduce el concepto de portabilidad del perfil, por el cual un usuario puede mover su perfil de un proveedor de servicios a otro, como hacemos cuando pasamos nuestro perfil telefónico -el número de teléfono móvil- de un operador a otro”.

Pero “esta forma de propiedad de los datos de nuestro propio perfil”, continúa Quintarelli, “en efecto no basta”. Igualmente importante es “la interconexión: el operador en el que depositamos nuestro perfil debería estar interconectado con el operador de origen para que no perdamos contacto con nuestros amigos online. Esto es posible hoy gracias a tecnologías como IPFS y Solid, desarrolladas por el inventor de la web Tim Berners-Lee”.

Los datos personales, el “nuevo petróleo” de la economía digital

Sarah Spiekermann, profesora de la Universidad de Economía y Negocios de Viena (WU) y presidenta de su Instituto de Sistemas de Información de Gestión, es otra pionera de la privacidad online que ha advertido desde hace mucho tiempo sobre el tipo de abusos vistos con Facebook. Spiekermann, una autoridad global en materia de tráfico de nuestras identidades online para fines de publicidad dirigida, propaganda política, vigilancia pública y privada u otros fines nefastos, destaca la necesidad de tomar las riendas de “los mercados de datos personales”.

“Desde que el Foro Económico Mundial empezó a discutir los datos personales como una nueva clase de activos en 2011”, me dijo, “los mercados de datos personales han prosperado en base a la idea de que los datos personales podrían ser el “nuevo petróleo” de la economía digital así como -aparentemente- de la política”.

Como consecuencia de ello, “más de mil empresas hoy participan en una cadena de valor de información digital que recopila datos a partir de cualquier actividad online y ofrece contenido dirigido a usuarios online o móviles en el lapso de aproximadamente 36 segundos de su ingreso al reino digital”.

No son “sólo Facebook y Google, Apple o Amazon los que recogen y usan nuestros datos para cualquier fin que se nos pueda ocurrir”, dice Spiekermann. “Las plataformas de gestión de datos, como las operadas por Acxiom u Oracle BlueKai poseen miles de atributos personales y perfiles socio-psicológicos sobre cientos de millones de usuarios”.

Si bien Spiekermann piensa que “los mercados de datos personales y el uso de los datos en su interior deberían prohibirse en su forma actual”, piensa que el RGPD “es un buen motivador para que las empresas en todo el mundo cuestionen sus prácticas de compartir datos personales”.

También observa que “un ecosistema rico de servicios online amigables con la privacidad está empezando a funcionar”. Un estudio realizado por una clase de alumnos de WU “analizó las prácticas de recopilación de datos de nuestros principales servicios online (como Google, Facebook o Apple) y las comparó con sus nuevos competidores amigos de la privacidad”. El estudio, dice, “les da a todos la posibilidad de cambiar de servicios al instante”.

El inmenso poder de lobby de Facebook hasta ahora ha eludido esencialmente las ideas prácticas de Quintarelli, Spiekermann y sus colegas activistas. Sin embargo, el escándalo reciente le ha abierto los ojos a la población sobre la amenaza que plantea la inacción para la democracia misma.

La UE ha tomado la delantera en la respuesta, gracias a sus nuevas normas de privacidad, y propuso el cobro de mayores impuestos a Facebook y otros vendedores de datos personales online. No obstante ello, es posible hacer más. Quintarelli, Spiekermann y sus colegas defensores de la ética online nos ofrecen un camino práctico hacia una Internet que sea transparente, justa, democrática y respetuosa de los derechos personales.

Jeffrey D. Sachs, profesor universitario en la Universidad de Columbia, es director del Centro de Desarrollo Sostenible de Columbia y de la Red de Soluciones para el Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas.

Copyright: Project Syndicate, 2018.
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Uncategorized | 12 de abril

Foto: State Grid Corporation of China.

La atrevida visión energética de China

La atrevida visión energética de China

Es la iniciativa más sólida e inspiradora que un gobierno haya propuesto para lograr las metas del acuerdo climático de París. El mundo cuenta hoy con suficientes fuentes de energías limpias para alimentar toda la economía global. China ha creado una impresionante organización para lanzar una red energética renovable global en la que participa Argentina.

por Jeffrey D. Sachs

16 de Abril de 2018






BEIJING – El plan más atrevido para alcanzar los objetivos del acuerdo climático de París de 2015 viene de China. El acuerdo de París compromete a los gobiernos del planeta a mantener el calentamiento global bien por debajo de los 2o Celsius con respecto al nivel preindustrial.

Esta meta se puede lograr principalmente si el mundo cambia sus fuentes de energía primarias desde los combustibles fósiles basados en carbono (carbón, petróleo y gas natural) a renovables sin carbono (eólica, solar, hídrica, geotérmica, oceánica, biomasa) y energía nuclear para el año 2050. El plan de Interconexión Energética Global (IEG) de China ofrece una asombrosa visión de cómo lograrla.

Pocos gobiernos aprecian la escala de esta transformación. Los científicos del clima hablan del “presupuesto del carbono”, la cantidad total de emisiones de dióxido de carbono que puede emitir la humanidad en los próximos años manteniendo el calentamiento global a menos de 2o.

Planeta con fecha de vencimiento

Las estimaciones actuales fijan el punto promedio de este presupuesto en cerca de 600 mil millones de toneladas. En la actualidad, la humanidad emite unos 40 mil millones de CO2 al año, lo que implica que el mundo solo tiene hasta mediados de siglo o antes para dejar de usar combustibles fósiles y pasar completamente a usar fuentes de energía primaria con cero emisiones de carbono.

Es necesario hacer lo siguiente: la electricidad actual se genera, en gran parte, mediante la quema de carbón y gas natural, fuentes de energía térmica que se deben ir reemplazando con electricidad generada a partir de fuentes solares, eólicas, hídricas, nucleares y otras fuentes no emisoras de carbono. Las edificaciones actuales se calientan con calderas, radiadores y estufas alimentadas principalmente por la quema de petróleo y gas natural, fuentes que se deben ir sustituyendo por calefacción a electricidad. Los vehículos de hoy funcionan con productos del petróleo y se deben reemplazar por vehículos eléctricos.

Los barcos, camiones pesados y aviones también funcionan gracias al petróleo; en el futuro deberán hacerlo con combustibles sintéticos producidos con CO2 reciclado y energías renovables, o con hidrógeno producido por energías renovables. Y la electricidad tendrá que reemplazar los combustibles fósiles que sustentan los procesos industriales de hoy, como la producción siderúrgica.

En consecuencia, la solución pasa por el uso masivo de energía sin emisiones de carbono, en especial energía renovables tales como la eólica y la solar, en la forma de electricidad. El mundo cuenta hoy con suficientes fuentes de energía sin emisiones de carbono como para alimentar toda la economía global… de hecho, para potenciar una economía mucho mayor que la actual.

Un paso clave es llevar las energías limpias a los centros de población que la necesitan.

Aquí China aporta una gran visión. En los últimos años, el país ha respondido al reto de la transformación energética internamente. Las mejores fuentes de energía renovable se encuentran en el oeste del país, mientras que la mayor parte de la población y demanda de energía están en la zona del Pacífico (al este del país).

Apuesta a transmisión de UHV

China ha ido solucionando el problema al crear una enorme matriz de distribución basada en transmisión de voltaje ultra alto (UHV), que reduce al mínimo la pérdida de calor en su trayecto. La transmisión de UHV de larga distancia es eficiente y económica, y China ha logrado grandes avances en el desarrollo de esta tecnología.

Ahora China propone ayudar a conectar el mundo entero con una red global de UHV. Como allí, en el resto del planeta las mayores concentraciones de energía renovable (como los sitios más soleados y ventosos) están lejos de donde vive la gente.

La energía solar se debe llevar desde los desiertos a los centros poblados. Asimismo, el potencial de la energía eólica suele estar en su pico en lugares remotos, como en el mar. Es posible hallar un inmenso potencial hidroeléctrico en ríos distantes que fluyen por regiones montañosas deshabitadas.

La lógica tras esta propuesta es que la energía renovable es intermitente. El sol sólo brilla de día, e incluso entonces si el cielo está nublado las nubes impiden que los rayos solares lleguen a los paneles fotovoltaicos.

De manera similar, la fuerza del viento fluctúa. Al vincular estas fuentes intermitentes, se pueden atenuar las variaciones de energía. Si las nubes reducen la energía solar en una región, se puede usar energía solar o eólica desde generada en otro lugar.

Pensando a lo grande, China ha creado una impresionante organización -la Organización de Cooperación y Desarrollo para la Interconexión Energética Global (GEIDCO)- para aunar a gobiernos nacionales, operadores de matrices energéticas, instituciones académicas, bancos de desarrollo y agencias de las Naciones Unidas para lanzar la red energética renovable global.

En su encuentro global realizado en marzo, la GEIDCO reunió a delegados de países tan alejados como Argentina y Egipto para colaborar en hacer realidad la visión de una energía limpia e interconectada a nivel planetario.

China está tomando varios pasos adicionales. La GEIDCO se encuentra movilizando recursos de investigación y desarrollo para responder a varios retos tecnológicos clave, como el almacenaje de energía a gran escala, la superconductividad en la transmisión de energía y la inteligencia artificial para gestionar grandes sistemas energéticos interconectados.

Asimismo, ha propuesto nuevos estándares técnicos internacionales para que las redes energéticas de los países puedan armonizarse en un sistema global ininterrumpido. El país ha invertido intensamente en IyD sobre generación de energía renovable de bajo coste, como sistemas fotovoltaicos avanzados y usos finales, como vehículos eléctricos de alto rendimiento.

Ejemplo a imitar para EE.UU. y UE

Estados Unidos y la Unión Europea deberían formar parte del mismo tipo de resolución de la problemática energética, y cooperar con China y otros actores para acelerar la transformación a una energía sin emisiones de carbono.

Lamentablemente, en Estados Unidos el Presidente Donald Trump y sus entidades normativas se encuentran prisioneros del cabildeo de los combustibles fósiles, mientras que la UE discute con sus miembros productores de carbón el cómo y cuándo abandonarlo.

Así, la interconexión energética global que propone China (basada en energías renovables, transmisión por UHV y una matriz inteligente con IA) representa la iniciativa más sólida e inspiradora que un gobierno haya propuesto para lograr las metas del acuerdo climático de París. Se trata de una estrategia acorde a la magnitud sin precedentes de la transformación energética que enfrenta nuestra generación.

Traducido del inglés por David Meléndez Tormen

Jeffrey D. Sachs es profesor en la Universidad de Columbia, Director de su Centro para el Desarrollo Sostenible y de la Red de Soluciones de Desarrollo Sostenible de la ONU.

Copyright: Project Syndicate, 2018.
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