Cómo reclamar los libros que prestaste y no te devolvieron | RED/ACCIÓN

Cómo reclamar los libros que prestaste y no te devolvieron

Ahora que estamos entrando en la recta final del año es hora de sacar cuentas y pedir como siempre los ejemplares que diste.

¡Hola! Los libros tienen muchas más vidas que las que podríamos imaginar. Libros prestados, libros usados, libros robados, libros nuevos y viejos: hay que ir tras ellos porque amamos el papel escrito.

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¿Lo tuyo es tuyo? Ahora que estamos entrando en la recta final del año es hora de sacar cuentas. Fue un año difícil, por supuesto, quizás el más difícil de nuestras vidas. Pero eso no significa que algunas cosas rutinarias deban cambiar; por ejemplo, hay que reclamar como siempre los libros que prestaste y no te devolvieron (yo tengo que recuperar El delirio blanco, un extraordinario reportaje en movimiento del periodista polaco Jacek Hugo-Bader sobre Rusia).

Un escritor alemán del siglo XIX llamado Theodor Fontane dijo: “Los libros tienen su orgullo: cuando se prestan, no vuelven nunca”. ¿Será tan así? Ojalá que no. Ojalá que a veces vuelvan. 

Pregunté en Facebook y Twitter a nuestra comunidad de lectores cómo se hace para reclamar un libro prestado. Muchos me respondieron que anotan su nombre en la página inicial. Como Cecilia Lede, en Facebook: “Todos mis libros tienen nombre y año. Es lo primero que hago cuando compro uno. Lo hacia mi mamá…”. Otros, como Cynthia Gabbay, ya tomaron decisiones drásticas: “Yo dejé de prestarlos porque siempre te los roban, je, y los órganos vitales no se regalan”. 

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Las vidas de un libro. Todo eso me llevó a preguntarme: ¿cuántas vidas tiene un libro? Nacho Damiano acaba de lanzar Pila de libros, una red de intercambio a la que él llama “un Tinder de libros” (el podcast que hace Damiano con Julieta Venegas lleva el mismo nombre).

“Las vidas de un libro son infinitas”, me dice. “Primero, porque es una tecnología perfecta: entre la imprenta de Gutenberg y lo que consumimos nosotros hoy no hay demasiada diferencia. Un libro traspasa el tiempo. Segundo, un libro puede tener miles de lecturas de diferentes personas e insiste en transmitir lo que tiene para transmitir. Pero además, un libro tiene varias vidas en uno mismo: un libro que uno lee en la adolescencia no se lee igual que en un momento diferente”.

La idea original de este “Tinder de libros” surgió en Instagram, donde hubo unos 300 matches en varias ciudades. Cuando en los últimos días de octubre Damiano lanzó la web, los usuarios subieron 700 libros en 6 horas. “En términos de cantidad, yo sabía que eran gente que leía mucho y bien, pero así y todo me sorprendió: los libros que ofrecen son increíbles”, me dice.

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Materia vs ubicuidad. Y hablando de libros y de tecnologías, la semana pasada leí algo interesante: Jorge Carrión publicó un artículo en The New York Times a favor de los soportes materiales o analógicos (por ejemplo, el libro) y Martín Caparrós le respondió haciendo un alegato por la no materia. Hoy mismo Carrión volvió a arremeter con un segundo argumento.

  • Carrión: “Me cuesta distinguir —en el recuerdo [de una videollamada]— lo que dije en un lugar o en otro: todo ocurrió en la misma pantalla de mi casa. La capacidad del contexto para convertir la experiencia en memoria es lo que vuelve la reunión física superior a la digital. Se trata de la misma razón por la que sigue siendo para muchísima gente mejor la lectura de un libro en papel que la de uno electrónico; ver una película en el cine en vez de hacerlo en un dispositivo; o compartir una serie en el sofá de casa en lugar de verla a solas en el teléfono móvil. El marco, que es diferente en cada ocasión, hace memorable la experiencia”.
  • Caparrós: “El libro electrónico fue, decíamos, un avance en la autonomía de los textos con respecto a la materia. Solo que el avance no se detuvo allí. El proceso siguió y el objeto libro, la materia del libro electrónico, fue reemplazada por las materias más diversas o, mejor: por algo inmaterial […] Los textos se han independizado realmente de la materia que los sostiene. Son ubicuos: aparecen cuando los convocas en un teléfono, una tableta, un ordenador de falda o de mesa, una tele, un proyector –y cada vez es un milagro raro, el placer del reencuentro”.

¿Cuál es tu lectura favorita? ¿Papel o electrónico?
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Turismo de ratón de biblioteca. En mis viajes suelo (bueno, solía…) meterme en librerías de usados. Uno encuentra grandes cosas cuando no busca nada en especial. Estas fotos las saqué en algunas de esas cuevas de Quito y de Ciudad de México (la librería Ático es mi favorita). 

Librería Tolomeo, Quito
Librería Ático, Ciudad de México
Librería A través del espejo, Ciudad de México
Librería La luz, Quito
Librería Ático, Ciudad de México

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Libros y sorpresas. Los libros usados, mientras tanto, siguen circulando en estos meses… aunque quizás más en la web que en los estantes. “La venta online nos salvó en la etapa más dura de la cuarentena”, me dice Hernán Lucas, dueño de la librería Aquilea, situada en Corrientes 2008, ahí donde empieza el circuito de librerías de usados. “La venta por Mercado Libre y redes sociales se equipara a lo que vendo en la librería: pocas operaciones, pero significativas”.

Daniel Zachariah, un inglés de Essex asentado en Buenos Aires, creció vendiendo libros en inglés, luego alemanes y antiguos, y pasó de ser un chef que tenía el comercio de libros como un hobby a poseer su propia librería (The Book Cellar) y luego a comprar otra: ahora su negocio es The Book Cellar & Henschel.

“Estuve en la casa de una señora que vendía los libros de su tío húngaro”, me dice. “Había un libro con notas biográficas del tío: eran sobre la resistencia antinazi en Marsella, llenas de datos clandestinos que él recordaba. Hay muchas historias fascinantes, como ésta, en torno a los libros”. 

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Sosa Villada se lleva el Premio Sor Juana. Cambiando de tema, una noticia: Camila Sosa Villada acaba de ganar con Las malas el Premio Sor Juana, uno de los más importantes para escritoras en habla hispana. Es otorgado por la Feria Internacional del Libro de Guadalajara y el acta del jurado señala que Las malas es ficción y realidad trabajada con oficio e inspiración. Destaca que es un texto “rudo y a la vez hermoso”. 

Hace dos semanas, en SIE7E PÁRRAFOS, nos preguntábamos por el fenómeno de ventas que es Las malas

“Hay varios factores que influyen en la venta de Las malas en cuarentena”, decía Paola Lucantis, editora a cargo de Tusquets en Argentina (el sello que publicó a Sosa Villada). “Uno es que teníamos reimpresiones programadas para salir y en cuanto hubo distribución, las pudimos entregar”. Las malas se agotaba constantemente y la pausa del inicio de la cuarentena permitió alimentar la demanda.

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Foto: Miguel Lizana

Tres preguntas a Marcelo Luján. Con La claridad, un libro de cuentos violentos, inquietantes y adictivos, el narrador argentino asentado en Madrid ganó en julio el premio Ribera del Duero. Es uno de los premios más prestigiosos en el mundo de los cuentos y el que reparte el botín más grande en su categoría (¡50.000 euros!).

  • ¿Cuándo una narración es un cuento y no una novela?
    Personalmente creo que la historia que queremos contar debe ser la que lo defina todo, desde las decisiones técnicas más primarias hasta el género narrativo (por supuesto el género literario). En el cuento ocurre una situación singular que está relacionada con la extensión. El tiempo subjetivo puede abarcar cien años pero lo que se narre tiene que detenerse con minuciosidad en ciertos hechos y hasta en ciertas acciones. La novela permite pasajes poco tensos, el cuento no porque el cuento es todo sustancia.
  • ¿Qué tipo de historias creés que traerá la pandemia?
    La verdad es que no me parece que esta locura que estamos padeciendo pueda aportar, de modo inmediato, a los cánones de la literatura moderna. Tal vez cuando todo haya pasado, cuando los creadores tengamos perspectiva, se pueda utilizar el suceso histórico como elemento tangencial de un relato de ficción, incluso hasta se puedan contar historias donde la situación pandémica sea un escenario referente. Ahora mismo no me parece válido -y sí un tanto oportunista- que la ficción se ocupe de contar historias de confinamiento.
  • ¿Qué fue lo mejor que leíste últimamente?
    Panza de burro, de Andrea Abreu, una de las voces jóvenes más lúcidas y que, sin duda, me gustaría ver desplegada en otras narraciones.

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Sobre libros y escritores. Todos los martes, por Javier Sinay.

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