Cómo te cuidás en la calle: las estrategias y técnicas a las que acuden las mujeres cuando salen solas | RED/ACCIÓN

Cómo te cuidás en la calle: las estrategias y técnicas a las que acuden las mujeres cuando salen solas

Desde salir en zapatillas por si a la vuelta hay que correr hasta arrancarse pelos para dejar rastros en los asientos de los medios de transporte. Junto a la comunidad de lectores y seguidores de RED/ACCIÓN contamos cómo vivimos muchas argentinas por el miedo a los ataques y abusos.

Imagen: Pablo Domrose

Este contenido contó con participación de lectores de RED/ACCIÓN

El mes pasado, la médica y docente feminista que ya es furor en redes (tiene 160 mil seguidores en Instagram y más de 70 mil en Twitter), “Sol despeinada”, lanzó al ciberespacio esta pregunta: “¿Qué precauciones tenés en cuenta a la hora de salir a la calle sola? ¿Y en un taxi/Uber?”.

El interrogante forma parte de una especie de sección que la influencer comenzó en sus redes en la que abre una encuesta sobre diferentes experiencias cotidianas.

El miedo de volver de una cena con amigas y amigos, pagar ubers y taxis para no caminar de noche y aún así tener miedo del conductor, o pensar qué ponerte si vas a volver tarde, es algo con lo que convivimos las mujeres de todas las edades, todos los días. 

Las mujeres que somos parte de RED/ACCIÓN nos sentimos interpeladas y también compartimos las formas en las que nos cuidamos e invitamos a nuestras lectoras a contarnos sus estrategias.

Recibimos más de 100 respuestas. Muchas coincidían con las de la encuesta lanzada por Sol despeinada, otras eran inéditas, como practicar artes marciales o tomar clases de defensa personal; hacer diferentes recorridos para llegar al mismo destino; poner “cara de desquiciada”, revolear los ojos y mirar fijo a quien da desconfianza; ponerse “en posición de pelea” para estar preparada; no mostrar miedo; “cantar como una loca” si la calle está desierta; tener un llavero de autodefensa. Y tantas más.  

La creatividad y el esfuerzo a la hora de sentirse más protegidas es ilimitada y va desde salir en zapatillas o llevarlas por si a la vuelta hay que correr hasta arrancarse pelos y dejarlos en los asientos de taxis, ubers o colectivos para dejar rastros por si pasa algo. A esta última respuesta que se repitió mucho, otras chicas le dejaron abajo un tip: arrancarlo “desde la raíz, con el folículo, porque es la parte que tiene más ADN”. 

Hay quienes caminan en contra de los autos, cerca de las casas por si hay que tocar timbre, quienes intentan parecer varones, se cubren con capuchas o llevan las llaves abiertas entre los dedos a modo de arma para defenderse.

Otras recurren al gas pimienta y están las que tienen su propia pistola táser, que brinda descargas eléctricas. Por supuesto compartir la ubicación en tiempo real, avisar por WhatsApp si llegaron bien y pasar la patente del autos al que suben forma parte de la rutina de la mayoría de las mujeres cuando se mueven solas. 

¿Paranoia? ¡No! Miedo. Tan real como las estadísticas de femicidios, abusos y violaciones que son relevadas por los diferentes observatorios que las actualizan mes a mes. Tan real como Ángeles Rawson, Micaela García y Lucía Pérez, por mencionar solo algunos nombres emblemáticos.

El acoso callejero es una de las primeras formas de violencia de género que viven las mujeres cuando están solas en la calle. Según una encuesta realizada en 2014 por la Fundación Acción Respeto en 2014, en la Ciudad de Buenos Aires más del 94% de las mujeres fue víctima de alguna situación de acoso en la vía pública.

En 2015 el Gobierno de la Ciudad estableció el 2 de octubre como el Día de lucha contra el acoso callejero. Un año después se incorporó el acoso sexual en espacios públicos y privados de acceso público en el Código Contravencional porteño a través de la ley 5.742, pudiéndose denunciar el acoso callejero en comisarías, fiscalías y en la Defensoría de la Ciudad. Aunque muchas veces estas denuncias, como las de otro tipo de violencias, no son tomadas en cuenta o no se les da la relevancia que debería y terminan en violaciones y femicidios.

Más acá en el tiempo, en 2017, la agrupación Mujeres de la Matria Latinoamericana (Mumalá) realizó un informe basado en una encuesta a 1.300 mujeres, entre 13 y 80 años, de 11 provincias del país (Ciudad de Buenos Aires, provincia y Gran Buenos Aires,  Corrientes, Córdoba, Mendoza, Neuquén, Salta, Santa Fe, Santiago del Estero y Tucumán).

El estudio reveló que 8 de cada 10 mujeres se sienten inseguras cuando van solas por la calle o la vía pública, sobre todo por la noche; que el 82% utiliza el colectivo como medio de transporte, pero que mientras durante el día lo usa el 53%, el porcentaje desciende al 15% durante la noche cuando eligen taxis o remises como una opción más segura. Además, el 44% dijo haber sufrido situaciones de acoso verbal en una parada de colectivo y el 6% de las encuestadas aseguró haber sido abusada sexualmente.

Este número es mayor en la Ciudad de Buenos Aires, donde el 54% (una de cada dos mujeres) afirma haber sido acosada verbalmente y el 10% (una de cada diez), abusada mientras esperaba el colectivo.

Los números y testimonios muestran que no hay opción del todo segura y también el transporte privado puede ser un escenario de peligro: un 14% de las encuestadas dijo que fue acosada por algún chofer de taxi y el 89% de las mujeres al subir a uno se mantienen comunicadas con otras personas o identifican la patente (70%) para sentirse más seguras.

Una opción a las situaciones de inseguridad y acoso que viven las mujeres en los medios de transporte, y que fue muy recomendada por las usuarias de redes sociales es utilizar She taxi, la aplicación que conecta conductoras mujeres con pasajeras, creada por la rosarina María Eva Juncos.

Esta alternativa, que al momento solo está disponible en Rosario, Córdoba y Santa Fe (aunque hace dos años Juncos está intentando implementarla en la Ciudad de Buenos Aires) nació en julio de 2016, cuando después de siete años de manejar un taxi y escuchar y en ocasiones presenciar historias de abusos y ataques a chicas y mujeres por parte de los taxistas varones, Juncos dijo basta. Pensó que algo había que hacer.  

“Las pasajeras, cada vez que se subían y veían que era mujer, tenían una alegría, ¡imaginate! Automáticamente se relajaban y te pedían el número de teléfono —dice Juncos—. Llegaba a mi casa, me acostaba y pensaba: ‘Ahora estarán lastimando a una chica y mañana va a ser otra’. Era algo terrible. Inclusive cosas que vi. Se me han tirado arriba del taxi las chicas porque venía el tipo con un cuchillo atrás. Y así nació”. 

Según Juncos, poder elegir que te busque una conductora mujer es algo que cualquier empresa de transporte que cuente con una app podría hacer. “Pero no lo hacen. Porque si She taxi, en Rosario, con 190 conductoras mujeres, le saca un porcentaje de trabajo a los hombres, imaginate esa situación con mil mujeres”. 

Imagen: gentileza María Eva Juncos

La iniciativa no brinda tranquilidad y seguridad solo a las pasajeras sino también a las conductoras de taxis, que en muchas oportunidades sufrían situaciones de abusos e inseguridad por parte de pasajeros o colegas varones. 

Silvia Vanni, también rosarina, conductora de la app, excolectivera y taxista desde hace 17 años destaca que lo bueno de She es que "muchas conductoras que no se animaban a manejar de noche, al saber que van a ir exclusivamente a buscar a chicas, se animaron”.

Sol despeinada coincide: “Me encantaría que la realidad de las mujeres y las disidencias no necesitaran de entes aparte, porque si lo necesitan es porque estamos al horno. Porque no estamos incluidas en los entes convencionales. Eso ya te habla de dónde estuvimos paradas todo este tiempo”.

Imagen: gentileza María Eva Juncos

Ella señala que para que esta situación se modifique, para dejar de tener miedo, las mujeres “tenemos que seguir luchando, visibilizando lo que vivimos, ganar espacios para contar lo que pasa. La gente se tiene que enterar de cuáles son todos estos rituales que tenemos a la hora de salir a la calle, tienen que entender que no es una exageración, no es que le pasó a una sola chica, no son casos aislados. Es importante que esto llegue a grupos de varones, porque el cambio va a estar ahí. Hay quienes están tomando consciencia de lo que está pasando”.

La solución, sostiene, es “el cambio cultural”, que se entienda “que no le pertenecemos a los hombres, que no nos tienen que violar, que no nos tienen que raptar”. Y si bien está segura de que las modificaciones van a ser graduales, pone el foco en educar a las nuevas generaciones: “Tiene que haber políticas educativas fuertes, concretas, bien dirigidas, dadas por un plantel de personas preparadas para ese rol y eso requiere cursos de capacitación, un grupo de profesionales que se siente a armar un material teórico. Es un laburazo pero hay que hacerlo”.

“Por eso la importancia de la Educación Sexual Integral, —destaca— donde se les explican los roles de géneros, el consentimiento: si una mujer dice que no, es no; si una mujer está incómoda hay que parar ahí. Se habla de los miedos, los privilegios. Hay muchos varones que no van a cambiar, van a seguir siendo acosadores y deberían ir presos, pero también hay nuevas generaciones y gente cambiando, y eso es lo que está bueno”.

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