Denuncias de abusos: la catarsis colectiva se expande y miles se animan a hablar | RED/ACCIÓN

Denuncias de abusos: la catarsis colectiva se expande y miles se animan a hablar

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Denuncias de abusos: la catarsis colectiva se expande y miles se animan a hablar

Ilustración: Pablo Domrose

Luego de la acusación de la actriz Thelma Fardin contra Juan Darthés, las denuncias por abuso sexual se dispararon en todo el país. La Línea Nacional contra el Abuso Sexual Infantil registró un aumento del 240%: de 16 llamadas a 55 por día. La línea 137, que acompaña a víctimas de violencia familiar y sexual en Buenos Aires, tuvo un aumento del 18%: de 626 a 736 llamadas por día.

Muchos de esos casos habían permanecido silenciados durante años, incluso el que denunció Thelma Fardin. Y las expertas coinciden en que hay algo terapéutico o sanador en levantar la voz junto a otras personas.

“Cuando las víctimas sienten el acompañamiento de la sociedad, se animan a contar lo que les pasó”, dice Ada Rico, la presidenta de La Casa del Encuentro, una ONG que lucha contra toda forma de violencia hacia mujeres, niñas y niños. “Las consultas de acoso, abuso y violación que nos llegan se multiplicaron y superaron nuestra capacidad normal: esto es un aluvión, un hito”.

Las actrices Araceli González, Reina Reech, Eva de Dominici y Mery del Cerro; las periodistas Romina Manguel, Fernanda Iglesias y María Julia Oliván; y la bailarina Magui Bravi también denunciaron acosos y abusos en estos días. Además, los senadores Juan Carlos Marino (UCR) y Jorge Romero (FPV) fueron incriminados en otros episodios. Y, en el punto más trágico de esta ola nacional, Luis María Rodríguez, un funcionario de San Pedro, se quitó la vida luego de ser acusado de una violación.

Para Eleonor Faur, doctora en Ciencia Sociales y autora del libro Mitomanías de los sexos (junto a Alejandro Grimson), este episodio masivo de denuncias y testimonios marca un antes y un después. “Se empezó a desnaturalizar este tipo de prácticas”, dice. 

En las redes sociales los testimonios fueron y siguen siendo masivos, especialmente bajo los hashtags #MiraComoNosPonemos y #NoNosCallamosMás, y también con la frase “Hermana, yo sí te creo” (que también tiene su versión en hashtag). Es lo que algunos llaman “el #MeToo argentino” (en referencia a la ola de denuncias y testimonios que siguió al caso de Harvey Weinstein en Estados Unidos).

La cocinera Tefi Russo, por ejemplo, compartió el primero de esos hashtags en su perfil de Instagram y escribió “Solo pone ‘YO’ acá abajo si alguna vez sufriste abuso. Solo para que entiendan, la magnitud de lo que vivimos por ser mujeres... HASTA AHORA. #noesno”. Recibió más de 34.000 comentarios.

Este tweet, con el que la propia Thelma Fardin agradeció todo el apoyo que recibió, tuvo más de 130.000 likes:

Y desde que ella denunció a Juan Darthes, las búsquedas de sus nombres en Google se dispararon exponencialmente:

“Hay algo muy terapéutico en poder encontrar que nuestro dolor es compartido por otras”, dice la psicóloga Antonella Dalessio, fundadora de la Red de Profesionales Feministas (de la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires). “No es lo mismo ser la única víctima de violación que saber que esto es algo muy común. De ese modo, al sabernos acompañadas en el dolor, entendemos nuestra biografía dentro de una trama sociohistórica en la cual podemos, muchas veces, dejar de lado la culpa que nos causa no haber podido frenar un ataque sexual”.

El caso de Thelma Fardin es paradigmático en más de un sentido. No sólo porque quedará en la historia como iniciador de algo grande e importante, sino también porque a esta actriz le llevó diez años juntar el valor necesario para contar públicamente su calvario.

Las esperas pueden ser eternas. En febrero de este año, cuando el movimiento #MeToo ya llevaba unos meses de historia, Stephanie Sigman, una actriz mexicana, contó que cuando tenía 22 años y estaba haciendo fila para entrar al baño en una fiesta, un director de cine muy conocido (cuyo nombre no reveló) la agarró del pelo, la empujó y la metió con su esposa a un cuarto oscuro, donde la comenzaron a tocar.

Cuando, algunos días después, le preguntaron por qué había esperado tanto para hacer la denuncia, Sigman respondió con un tweet y 12 argumentos. No son mexicanos, son universales:

Son incontables las razones por las cuales es difícil hablar de abusos, acosos y violaciones. “Son hechos traumáticos que involucran algo muy íntimo: la sexualidad humana”, dice Dalessio. “La posibilidad de hablar también está obturada porque las violaciones se dan, en la mayoría de los casos, de un modo distinto al que nos muestran los medios de comunicación y entonces la culpa recae sobre las víctimas: a dónde estaban, por qué no dijeron nada, por qué no gritaron. La realidad es que el cuerpo se paraliza y muchas veces las mujeres intentan, al menos, negociar el uso del preservativo o convencer al varón de que no es necesario forzar la situación. Todo esto, más la culpabilización y el circo de los medios y la Justicia, logra que el silencio permanezca por años”.

El Índice Nacional de la Violencia Machista, realizado por el colectivo Ni Una Menos en noviembre de 2016, señala que el 70% de las mujeres y mujeres trans que sufrieron algún tipo de violencia de género no hicieron la denuncia. Y el 97% respondió que se sintió víctima de algún tipo de acoso en espacios públicos o privados.

Por otro lado, según los datos relevados por La Casa del Encuentro, hubo 225 asesinatos por odio de género en la Argentina entre enero y noviembre de 2018 (o sea, un femicidio cada 32 horas) y sólo 16 de las víctimas habían realizado una denuncia antes (es decir, el 7%).

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Luego de contar en Showmatch que el encargado de un edificio abusó de ella cuando tenía 11 años, Mery del Cerro dijo algo más en el programa Los especialistas del show, que conduce junto a Marcelo Polino: “Fue algo que borré de mi cabeza”. Agregó que no supo qué le pasó después de la denuncia de Thelma Fardin, pero durante dos días le tembló el cuerpo y sintió frío en las manos. Durante 22 años había callado ese mal recuerdo.

“Contarlo sana el dolor y concientiza”, posteó en Instagram, “y es este punto donde me sentí obligada de hacerlo público”.

El propio sistema judicial puede llegar a conspirar contra las víctimas y eso se vuelve otra razón para callar. “Algunas policías mujeres tienen una actitud condenatoria sobre las denunciantes: ser mujer no significa de por sí tener una mirada de género”, dice la psicoanalista Miriam Maidana.

“Por otro lado”, agrega, “cuando el abuso se da en la infancia puede quedar reprimido mucho tiempo y aparecer después como un trauma que rompe la cadena del olvido generalmente en la adolescencia. A veces, esto tiene que ver con que el abusador esté ligado a una figura de amor: un abuelo, un tío, etcétera. Y, además, el abusador infantil amenaza a la víctima”.

Mientras el tema se convierte en un océano de declaraciones, nuestra sociedad aprende a hablar de algunos tabúes. “Salir de este silencio ha sido reparador a nivel colectivo”, dice Eleonor Faur. “Vimos que el silencio no era algo individual, sino que nadie hablaba porque había un sistema de silenciamiento. Los abusos fueron miles”.