El rugby argentino toma medidas para evitar lesiones como las que ya dejaron en silla de ruedas a 34 jugadores | RED/ACCIÓN

El rugby argentino toma medidas para evitar lesiones como las que ya dejaron en silla de ruedas a 34 jugadores

Intervención: Pablo Domrose | Crédito: FUAR

Argentina tuvo en 2016 el peor récord de la historia del rugby y uno de los más alarmantes a nivel mundial: en dos meses tres jugadores sufrieron lesiones cervicales en un scrum. Dos de ellos quedaron cuadripléjicos y uno se recuperó pero tiene débil el lado izquierdo de su cuerpo.

La Unión Argentina de Rugby (UAR) reaccionó y ese año creó un plan para evitar lesiones catastróficas, como llaman a las que dejan secuelas invalidantes. Hubo cambios de reglas y se corrigió el scrum. No volvió a haber lesiones en esa formación, que por los cambios perdió importancia. El juego se tornó más dinámico y acciones como el tackle y el ruck ganaron relevancia. Casualidad o no, en 2017 dos rugbiers se lastimaron la cervical exactamente en esas jugadas. Uno de ellos quedó cuadripléjico. Aunque en el 2018 no hubo nuevos lesionados, la UAR planea medidas para sostener las mejoras en el tiempo.

En la Argentina, 70 mil personas juegan al rugby y están fichadas en la UAR. Cada provincia tiene su unión de rugby y unos 400 clubes compiten en las distintas divisiones. Además hay otras 70 mil personas, la mayoría chicos, que practican el deporte en escuelas o clubes de barrio, por ejemplo.

Por eso, cuando ocurre una lesión grave en un partido de rugby, las preocupaciones escalan a todo el país y a miles de familias.

El desafío que tiene ahora la UAR es lograr que a esa red de clubes lleguen certezas y se difundan las medidas que tomaron y algunas nuevas que se lanzarán el año que viene.

“El rugby es uno de los deportes que más evoluciona en busca de la seguridad del jugador. Y lo que estamos haciendo ahora es revisar cómo programamos el desarrollo físico y técnico de los jugadores desde que empiezan a jugarlo. Queremos generar una coherencia evolutiva con la que puedan trabajar los entrenadores”, explica Alexis Padovani, coordinador de Rugby Seguro, el programa que la UAR fundó en octubre de 2016.

El foco de esta planificación está puesto en cómo formar a los jugadores en cuatro destrezas vitales: tackle, scrum, ruck y line. En gran medida, todo lo que se acuerde se podrá repasar en un campus virtual que servirá para formar a los entrenadores.

Además, el programa implica una revisión sobre cómo y cuándo deben ir incursionando en estas habilidades los chicos de las divisiones juveniles. Por ejemplo, hoy el tackle se práctica desde los 6 años. En 2019, es una duda.

El origen de los cambios: un scrum peligroso

Para entender las medidas que tomó o analiza implementar la UAR hay que entender cuál es el problema.

El 23 de octubre de 2016, Federico Bocelli, de 17 años, disputaba un scrum. Pero la formación se desplomó. Los jugadores se levantaron, pero Federico, de Tala de Córdoba, quedó tirado, inmóvil. El desplazamiento de una vértebra le lesionó la médula espinal.

Un mes antes, el 23 de septiembre, le pasó algo parecido a Jerónimo Bello, pilar del SIC de 23 años. En ese partido hubo 15 scrums, de los cuales 12 se derrumbaron. En el último, Bello se lastimó la cervical.

También ese año, pero el 3 de septiembre, Ignacio Maeder, de 23 años, disputaba un scrum para Duendes de Rosario. La formación colapsó e Ignacio, que había caído con una mala postura, se lesionó la cervical.

Esos casos llevaron a que el país alcanzara la tasa de lesiones invalidantes más alta de su historia: 4,68 cada 100 mil jugadores. El doble de la que registraba el país entre 1977 y 1997. Se pasó de un promedio de un lesionado por año a tres en dos meses. A fines de 2016, las lesiones catastróficas del rugby local escalaban a 35 en toda su historia.

Varios de los lesionados del rugby argentino se juntaron para la cena anual de la FUAR. Crédito: FUAR

Además, los tres casos llevaron a que la incidencia local fuera cuatro veces mayor que la de Irlanda (0,89 cada 100 mil), el doble que la de Francia (1,7) y Nueva Zelanda (2), y por arriba de la de Sudáfrica (4,5). Sólo en Fiji (10) y Australia (6,8) se superaban los registros argentinos, según diversas investigaciones médicas. 

En esta situación había un componente local: a diferencia del mundo, donde las lesiones prevalecen en el tackle, en la Argentina se producían en el scrum: el 51% de los 35 lesionados hasta ese año se lastimaron en esa formación. ¿La razón? El rugby argentino era reconocido mundialmente por la potencia de su scrum y muchos clubes, como SIC, Belgrano o Tala, hacían un “culto” del scrum, al que consideran una herramienta para someter física y psicológicamente al rival.

Sobredimensionada la importancia de esa formación, aparecieron mañas antirreglamentarias para ganar la disputa de la pelota en el scrum y hacer retroceder al rival: empujar antes de que la pelota entrara en juego, hacer presión hacia abajo para derribar el scrum o empujar en diagonal.

Juan Gastaldi, jugador del CASI lesionado y en sillas de ruedas hace tres años, me reconoció hace dos años que hizo esas “mañas” y que se las enseñaban los propios entrenadores. Ahora, Federico Bocelli me cuenta que el día que se lesionó, entró al scrum con la cabeza un poco cruzada y que el colapso de la formación lo sorprendió: “Son mañas de hooker, para incomodar al rival. Pero obvio que hay que evitar ese juego”.

A diferencia de Bello y Maeder, Bocelli volvió a caminar, aunque tiene menos fuerza en el lado izquierdo de su cuerpo.

Cómo se evitaron nuevas tragedias en el scrum

La lesión de Bocelli fue la última que se registró en un scrum y no fue casualidad. A fines de 2016, la UAR creó Rugby Seguro. Y rápidamente introdujo modificaciones, en acuerdo con la World Rugby, que terminaron con gran parte del riesgo al que se exponían los jugadores. 

Se obligó además a que todos los jugadores de la primera línea del scrum (hooker y pilares) tengan que hacer un curso de seguridad y lealtad en el juego antes de poder ocupar esos puestos, los más sensibles del scrum.

También se dispuso que el jugador que se ubica al final de la formación ya no tenga que esperar a que la pelota llegue a sus pies para agarrarla, sino que la puede tomar de los pies de sus compañeros de la segunda línea. El empuje, en tanto, no puede producir un desplazamiento del scrum de más de 1,5 metros, una reglamentación que solo rige en nuestro país.

Además, la infracción en esta formación empezó a penalizarse con más rigor. Y un asistente entra a la cancha para asistir al referí.

La buena postura en el scrum es fundamental para evitar que la formación se derrumbe. Crédito: UAR

Las medidas dieron resultado: bajó a la mitad la cantidad de scrums "reseteados" o colapsados y la cantidad de pelotas jugables desde los scrums aumentaron en un 22%. También bajó la cantidad de penalidades en esta formación. Estiman que ahora la pelota está en juego, fuera del scrum, entre 8 y 10 minutos más que antes.

El tackle y el ruck, las nuevas preocupaciones

“Ahora el juego es más dinámico. Hay más juego abierto. Y se le da más importancia a la defensa. Entre otras cosas, hay más tackles”, analiza Ignacio Rizzi, gerente de la FUAR, una fundación que se ocupa de ayudar a los jugadores argentinos de rugby que por una lesión dentro de la cancha quedaron cuadripléjicos, parapléjicos o con una discapacidad severa permanente.

Rizzi remarca que no volvieron a haber lesionados en el scrum pero advierte que en 2017 dos jóvenes se lesionaron la cervical gravemente. Juan Manuel Marchetto, de Yaguá Pitá de Rojas, quedó cuadripléjico tras disputar un tackle. E Ignacio Spontón, de Rafaela, tuvo una luxofractura cervical en la disputa de un ruck tras un tackle. Fue operado y, aunque tiene algunas secuelas, volvió a caminar.

Los dos nuevos lesionados llevan a 37 los lesionados, 34 de los cuales quedaron cuadripléjicos o parapléjicos. Es decir, no volvieron a caminar.

“En el mundo las lesiones en el scrum no eran tan frecuentes como las que tuvimos nosotros. Pero sí en el tackle”, asegura el traumatólogo Mario Larraín, que es miembro de la FUAR y fue médico de Los Pumas durante casi dos décadas.

¿Cuál es el riesgo del tackle? “Lo más peligroso es cuando es alto (por arriba de la línea de los hombros), porque el impacto produce un latigazo en el rival que puede provocar una lesión cervical. También existe riesgo cuando hay una carga contra el jugador que está en el aire, que por gravedad puede caer de cabeza”, detalla Larraín.

La World Rugby elaboró un manual con las situaciones peligrosas en el tackle.

Nadie se anima a relacionar directamente las últimas dos lesiones con el mayor dinamismo del juego. Pero sí exponen los riesgos.

“Perdió importancia la disputa del scrum y el juego es más veloz. Por eso se necesitan jugadores veloces y potentes. A mayor velocidad y potencia, los puntos de contactos, como el tackle, tienen mayor intensidad”, señala Carlos Hernández, ex pilar y hooker de Tala, referí de divisiones juveniles e impulsor de “Se ve venir”, un método que busca darles herramientas a los árbitros para que puedan corregir posturas en el scrum para evitar lesiones.

Hernández fue uno de los invitados a una charla que un ex rugbier, Agustín Woinilowicz, organizó en Tigre Rugby Club como parte de una iniciativa que llamó Derrumbe Cero y con la que busca generar conciencia para un juego más seguro. El grupo que creó en Facebook ya tiene más de 17 mil seguidores y las charlas tendrán continuidad.

La universidad neozelandesa de Massey estudió el físico promedio del equipo de los All Blacks en 2005 y los comparó con el de 1905. Demostró que los de 2005 tenían en promedio 187 centímetros de altura, 12 cm más alto. Y que su peso, de 102,5 kilos en promedio era 7,5 kilos más pesado que el más grande de 1905.

Las medidas que analiza tomar la UAR

De los 34 jugadores lesionados que quedaron en silla de ruedas, 24 se lesionaron en un scrum, 3 se lastimaron en un ruck y 7 en un tackle. 

“En nuestro eje para evitar lesiones catastróficas estamos revisando cómo programamos el desarrollo físico y técnico del jugador en cinco destrezas, entre las cuales está el tackle y el ruck”, cuenta Alexis Padovani, coordinador de Rugby Seguro, ex pilar del CASI.

Alexis se mueve en una silla de ruedas por una lesión sufrida en 1997 durante el derrumbe de un scrum en un partido organizado justamente para juntar fondos para ex jugadores lesionados.

La UAR también está revisando la forma de entrenar y practicar el scrum y el line. Y están analizando a qué edad los jugadores juveniles deben empezar a trabajar con contactos físicos.

Lo interesante es que toda la progresión que se defina será parte de los contenidos que deberán aprender los entrenadores que quieran enseñar rugby. Esos contenidos serán accesibles desde un campus virtual que la UAR lanzará el año que viene. Lo que no se sabe aún es cuándo esos cursos pasarán a ser una condición para estar al frente de un equipo, sea juvenil o de adultos.

Es decir que una vez consensuada la progresión, las nuevas maneras de formar al jugador llegarán hasta los 400 clubes, que ya debieron nombrar un referente de seguridad.

Lo que sí ya se aplicó es una especie de protocolo de actuación en caso de conmociones cerebrales en cancha. “Se trata de reconocer, retirar y reportar. Es decir que si se sospecha que el jugador sufrió una conmoción, se lo retira de la cancha. Luego se confirma o se descarta la conmoción y en caso de que se confirme, se realiza un retorno gradual”, explica Padovani.

Todo eso queda registrado en una herramienta que se instrumentó a principios de este año: la tarjeta electrónica. En esa ficha, donde están todos los jugadores del partido, el árbitro puede ver qué jugador está inhabilitado para jugar porque sufrió en la fecha pasada, por ejemplo, una conmoción cerebral o porque no hizo el curso de primera línea sobre seguridad en el scrum.

“Cuando un jugador sufre una conmoción cerebral, hay un período ventana durante el cual es muy vulnerable a una segunda conmoción. Existe entre 4 y 6 veces más posibilidades de que vuelva a tener una conmoción. Por eso se le suele dar como mínimo 12 días de descanso, para los adultos, y por lo menos 4 semanas para los juveniles”, explica el neurólogo Fernando Salvat, jefe del área de Dolor de la clínica Fleni. Y detalla: "El promedio actual es de una conmoción cerebral cada seis partidos".

La conmoción cerebral es una lesión producida por un golpe en la cabeza, directo o indirecto, que produce un alteración, por lo general transitoria y reversible, en el funcionamiento del cerebro. Se acompaña de signos y síntomas neurológicos como dolor de cabeza, trastornos de memoria, confusión, alteraciones visuales, inestabilidad y mareos. 

Salvat y un equipo de médicos están terminando una investigación sobre lesiones catastróficas en el rugby local. Recorre el período que va desde 1966 a 2016 e incluye entrevistas a 32 jugadores lesionados. “Se trata de un estudio cuantitativo y cualitativo”, adelanta.

Tres muertos en Francia elevan los temores

La preocupación respecto a las conmociones cerebrales y el tackle no es exclusiva de la Argentina. Este año Francia atraviesa algo todavía más trágico que lo que sufrió nuestro país a fines de 2016. Concretamente, tres jugadores de rugby murieron tras distintas situaciones en el campo de juego.

En mayo, Adrien Descrulhes, un jugador de 17 años, fue encontrado muerto en su cama la mañana después de haber sufrido una conmoción cerebral en un partido para menores de 18 años.

En agosto, Louis Fajfronwski, de 21 años, se desplomó en el vestuario luego de haber sufrido un fuerte tackle.

A principios de diciembre, Nicolas Chauvin, de 19 años, murió tras sufrir un tackle a la altura del cuello.

Por estas muertes, en Francia reclaman que la autorización de tacklear de los hombres hacia abajo pase a ser desde la cintura para abajo.

Es tan generalizada la necesidad de volver más seguro la práctica del rugby que muchos otros países tienen programas como el de la UAR. El programa Rugby Seguro, de hecho, tiene como modelo a Boksmart, el plan que conformó Sudáfrica con prácticamente los mismos objetivos.

“Las principales áreas de enfoque del programa son la prevención de lesiones, la gestión de lesiones, la seguridad en el rugby y el rendimiento del jugador, con atención específica en lesiones graves y catastróficas de cabeza, cuello y columna vertebral”, se presentan en Boksmart, que además de diversas políticas para darle seguridad al juego, genera información científica sobre las lesiones más peligrosas.

A nivel mundial, también existen otras iniciativas del mismo tono: el "Rugbysmart" de Nueva Zelanda y el "Smartrugby" de Australia.

Cómo el universo del rugby ayuda a sus lesionados

Ignacio Rizzi, gerente y fundador de la FUAR, sufrió una lesión cervical en un tackle durante un partido que jugó en Francia. Está en silla de ruedas desde 1992. 

Lo que ofrece la FUAR es algo así como un padrinazgo de los jugadores que por una lesión durante un partido de rugby quedaron cuadripléjicos o con una discapacidad grave.

Desde el punto de vista económico, cuando un jugador sufre una lesión de esas características lo primero que hace la fundación es darle un subsidio único para resolver los problemas urgentes. En 2018, ese seguro estaba calculado en $ 1.400.000. Pero nadie lo necesitó porque no hubo nuevos lesionados. Además, todos los lesionados reciben una mensualidad. 

La financiación de la fundación surge en gran medida de un fondo solidario constituido por alrededor de $200 al año que aporta todo jugador fichado en la UAR. Además reúnen fondos de donaciones y de torneos de golf, cenas y partidos a beneficio.

Rizzi suele decir que desde la fundación trabajan justamente para no tener más socios. Porque los “socios” a los que hace referencia son los lesionados a los que asisten: actualmente 34. Pero también siente, como me lo dijo una tarde en la sede de la UAR, que desde la FUAR tienen una misión: "Cuando un jugador se lastima nos comprometemos a darle una mano el resto de sus vidas". 

Conocé más sobre cómo la FUAR ayuda a los jugadores lesionados

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