Eventos extremos del cambio climático | RED/ACCIÓN

Olas de calor, sequías, inundaciones: por qué se producen los eventos climáticos extremos y qué podemos hacer ante este escenario

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Las temperaturas altísimas en América del Norte volvieron a dejar en evidencia las consecuencias del cambio climático. ¿Cómo podemos adaptarnos a esta realidad que ya está entre nosotros?

Olas de calor, sequías, inundaciones: por qué se producen los eventos climáticos extremos y qué podemos hacer ante este escenario

El 29 de junio pasado, la Organización Meteorológica Mundial, un órgano dependiente de la ONU, emitió una alerta sobre la ola de calor que se estaba viviendo en partes del hemisferio Norte. La llamó una ‘‘ola de calor excepcional y peligrosa‘‘, y señaló que podía ser una amenaza importante para la agricultura, el ambiente y la salud de las personas, especialmente tratándose de zonas que no están acostumbradas a lidiar con este tipo de temperaturas y que no están preparadas para afrontar esto desde la infraestructura, desde algo tan simple como tener aire acondicionado en las casas.

En la Columbia Británica, un estado de Canadá, llegaron a hacer casi 48 grados centígrados. En Seattle y Portland, Estados Unidos, la temperatura sobrepasó los 41 grados y 44 grados respectivamente. La organización tildó al fenómeno como algo ‘‘más característico de Oriente Próximo que de una zona como esa, donde están las montañas Rocosas y hay glaciares. Y esto se está viendo también en otros lugares del hemisferio, como Europa del Este, el Norte de África, la península Arábiga, Irán y el oeste de Rusia.

Foto: AFP.

“Las olas de calor impactan sobre la salud humana pero también sobre la flora, la fauna, la disponibilidad de agua. Favorecen la ocurrencia de incendios forestales, el derretimiento del hielo. Y en un contexto de crisis climática como la actual, donde lo que sabemos es que las olas de calor van a ser más frecuentes, van a alcanzar umbrales de temperatura cada vez más altos, las extensiones temporales serán cada vez mayores. Lo que esperamos es que en consecuencia, los riesgos sobre cada una de estas cosas que mencioné sean crecientes”, asegura Inés Camilloni, doctora en Ciencias de la Atmósfera, profesora en la UBA e investigadora en el CONICET.

El año pasado, la NASA publicó un informe en el que queda en evidencia que 2020 fue el año más caluroso de la historia, empatado con 2016.  Desde hace siete años, la temperatura promedio global viene aumentando.

La Tierra es hoy en promedio 1,2 grados más caliente que a fines del siglo XIX. Esto es resultado principalmente de una indiscriminada emisión de gases de efecto invernadero, como resultado de la actividad humana. Una vez que se emiten, estos gases, como el dióxido de carbono, absorben la radiación térmica de la superficie del planeta y la devuelven a la superficie, haciendo que la temperatura de la Tierra vaya en aumento. El resultado de esto son serios desequilibrios que a la larga ponen en riesgo la vida en el planeta en todas sus formas.

El Acuerdo de París es un tratado internacional que rige desde 2015 y en el que 196 países se comprometieron a redoblar sus esfuerzos para reducir sus emisiones de estos gases. El objetivo es limitar el calentamiento del planeta a muy por debajo de los dos grados en comparación con los niveles preindustriales.

La ola de calor del hemisferio Norte alcanzó los titulares de medios de todo el mundo por ser un caso muy extremo. Pero los efectos del cambio climático tienen múltiples caras, desde incendios forestales, sequías, inundaciones, derretimiento de glaciares, aumento del nivel del mar, huracanes, y la lista sigue.

Esta nota se desprende de un episodio de FOCO, el podcast de RED/ACCIÓN.

Tais Gadea Lara, periodista en cambio climático y autora de nuestra newsletter PLANETA, hace una aclaración interesante al respecto: “Es muy importante tener en cuenta que el cambio climático no produce directamente un período de sequía, un incendio o un huracán, sino que lo que hace es intensificar las variables de las cuales dependen estos eventos. Y cuando decimos intensificar puede ser que sus efectos sean más prolongados o que sean más frecuentes. No se puede atribuir una relación causa efecto al cambio climático, pero este actúa intensificando esos eventos, haciendo que sus efectos sean más dramáticos y tengan consecuencias desde todo punto de vista: económicas, productivas, sociales e incluso atentar contra la vida de las personas”.

¿Cómo se sabe si un fenómeno del clima está o no siendo intensificado por el cambio climático?

Inés Camilloni explica que los eventos extremos como la ola de calor que está atravesando Canadá o la fuerte sequía que está sucediendo en el río Paraná pueden ser atribuidos al cambio climático, pero que para tener certeza de eso la ciencia necesita realizar un procedimiento llamado atribución.

“Para eso se hacen simulaciones con modelos climáticos, para poder decir que son realmente respuesta a un aumento en la concentración de gases de efecto invernadero. Pero más allá de eso, cualquier evento extremo de los que estamos atravesando, ahora o de los que sucedieron en las últimas décadas o que van a surgir en los próximos años, se dan en un contexto en el que el clima es progresivamente cada vez más cálido. Sabemos que cuando esto pasa, los eventos extremos tienden a ser más frecuentes, tener mayor duración, mayor cobertura espacial, alcanzar umbrales cada vez más altos, en el caso de los excesos de calor, o eventualmente también déficit de precipitación que pueden conducir a sequías como la que estamos viendo”, dice.

Camilloni se refiere a una bajante histórica que está habiendo en el río Paraná, en la región del Litoral. El agua llegó a sus niveles más bajos en 50 años. Para que te des una idea, a principios del siglo pasado, el caudal era en promedio de 12.600 metros cúbicos por segundo. En este mes de junio fue de 6.200.

¿Cómo afecta el cambio climático en Argentina?

Camilloni señala que el cambio climático impacta de maneras distintas en nuestro país debido a la gran extensión que tiene. “Mayormente se ha identificado un aumento de temperatura principalmente en la zona de Patagonia, y también en la zona norte y centro del país, en menor magnitud. Cambios en la precipitación, una tendencia al aumento de la lluvia en el centro este y disminución en gran parte de la Patagonia. Esto tuvo consecuencias porque además se modificaron las formas en la que llueve y la ocurrencia de olas de calor. Por lo tanto los impactos del cambio climático en la Argentina son diversos, pero más que nada relacionados a estas modificaciones en la ocurrencia de los eventos extremos, y que por lo tanto tiene ocurrencias en la disponibilidad de agua, en condiciones más favorables para la transmisión de enfermedades a través de vectores, y también cambios en rendimiento de cultivos y el proceso de retracción de glaciares.”

Además de suponer un riesgo para la biodiversidad y para la salud humana, el cambio climático pone en jaque a los modelos productivos y afecta directamente a la vida de las personas, especialmente las que viven en una situación de mayor precariedad. Y nuestro país no es ninguna excepción.

A fines de junio, el Banco Mundial publicó un informe en el que advierte que la Argentina está teniendo pérdidas millonarias anuales debido a las sequías e inundaciones.

El informe subraya lo siguiente: ‘‘El sector agropecuario ha sido tradicionalmente uno de los motores del crecimiento económico argentino. Los eventos climáticos que afectan la producción agropecuaria tienen efectos negativos en la  estabilidad macroeconómica‘‘.

Sin ir más lejos, la grave sequía que sufrió el país a principios de 2018 tuvo un impacto directo en la economía. Causó más de la mitad de la caída de la actividad económica de ese año.

Por eso, insiste en que para protegerse lo más posible de las sequías, el sector agropecuario necesita políticas e inversiones de adaptación. Esto, por supuesto, aplica también a todos los sectores de la economía.

Así como la aparición de sequías lleva a una desestabilización de la macroeconomía, las inundaciones arrastran a más gente a la pobreza.

El Banco Mundial calcula que cada año, a consecuencia de las inundaciones, en promedio, un 0,14 % de la población argentina cae en la pobreza. Para prevenir esto, insiste en que tiene que haber un mayor desarrollo de infraestructura que tenga como objetivo combatir o reducir el impacto de inundaciones.

¿Qué debemos hacer frente al cambio climático?

Tais Gadea Lara habla de la importancia de invertir en las políticas climáticas. “Los grupos que ya tienen ciertas vulnerabilidades son los que se ven más afectados por el cambio climático, porque intensifica esa vulnerabilidad. Por eso es importante que se le dé financiamiento a esas políticas de adaptación, que es lo que no viene ocurriendo en los últimos años. Es importante también que dejemos de romantizar un poco desde la comunicación, por ejemplo, cuando hay olas de calor, a la gente bañándose en fuentes en una plaza, por ejemplo. Porque con las olas de calor hay víctimas fatales, y por eso es necesario aplicar políticas de adaptación, para evitar las víctimas fatales”, indica.

El informe del Banco Mundial dice que si la Argentina no inicia un camino de adaptación al cambio climático, el PIB podría caer hasta un 5% en 2050, y los ingresos fiscales podrían caer un 10%.

Mientras los países avanzan para reducir sus emisiones a través del Acuerdo de París, y hasta que los distintos gobiernos logren esa adaptación en múltiples niveles, ¿cómo podemos desde nuestro lugar individual prepararnos para estos cambios en el clima, que van a seguir sucediendo?

“Las acciones para hacer frente al cambio climático son dos: la mitigación y la adaptación. La mitigación es cómo podemos contribuir cada uno de nosotros para reducir las emisiones de los gases de efecto invernadero, que producen el cambio climático, y esto es a través del uso eficiente de la energía, un consumo responsable y de elementos sustentables, modificaciones también en la dieta basadas en productos de origen local, pero es esencial también la adaptación, y esto es estar atento a las alertas desde el punto de vista meteorológico e hidrológico, para saber cómo actuar y reducir la vulnerabilidad y los riesgos que puede traer estar expuestos a olas de calor o lluvias intensas que podrían dar lugar a inundaciones”, explica Camilloni.

Gadea Lara agrega que otro punto clave es la información que circula acerca de estos fenómenos. “Es muy importante que los tomadores de decisión estén informados y compartan correctamente qué medidas hay que seguir. Si hay olas de calor cada vez más intensas, bueno, identificar en qué horarios exponernos más y en cuales menos. Hace algunas semanas en Nueva York el gobierno pidió que se use lo mínimo posible la electricidad, incluso el aire acondicionado, para evitar el colapso de la matriz energética. Entonces, todas esas parecen tonterías de cómo nos vamos adaptando, pero están basadas en información, en que sepamos qué está pasando y qué tenemos que hacer todos para adaptarnos”.


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