Furia al volante: ¿por qué alguna vez pensaste en bajarte a pelear? | RED/ACCIÓN

Furia al volante: ¿por qué alguna vez pensaste en bajarte a pelear?

Las discusiones en situaciones de tránsito pueden tener desenlaces graves, como ocurrió este mes cuando un hombre mató a otro en Ensenada. En la Argentina, el 7,5% de los conductores están dispuestos a tomarse a golpes.

Imagen: Pablo Domrose

“Al principio de mi oficio en el taxi, yo venía con mi chip de conductor de auto particular y me metía en discusiones”, dice Javier Pereyra, un taxista independiente que lleva siete años al volante. “En el tránsito se da una cosa machista: se compite a ver quién es más guapo. Los que tienen el derecho a pasar no frenan y los que no, tampoco, porque quieren demostrar que son pícaros. Al final, los dos se preguntan: ‘¿Cómo voy a permitir que alguien avance sobre mi hombría al volante?’. Y así empiezan los insultos”.

Estamos dando una vuelta por Buenos Aires en el taxi de Pereyra, una Chevrolet Spin, que es uno de los 1.512.568 autos que circulan en la ciudad (y que son un 10% de todos los autos argentinos). Pereyra, un taxista popular en Twitter (síganlo en @elgriegoOK, donde se presenta como “el tachero de Tuiter”), dice que nunca llegó a pelearse a golpes. “Pero estuve muy cerca; era fácilmente irascible”, cuenta. “Mi mujer me había aconsejado ver a un psicólogo especialista en ira, pero al final no lo hice”. En cambio, se serenó escuchando a Duke Ellington y a Miles Davis. Mientras hablamos, las motos se cambian velozmente de carril y un coche dobla sin prender la luz de giro.

La irascibilidad al volante excede a los taxistas: es un tema de todos los conductores y no todos se serenan. La Organización Mundial de la Salud estudió que en cerca del 90% de los accidentes de autos el factor humano es determinante y muchas veces también lo es el factor emocional. La psicología ha dedicado una rama a estudiar esto: la Psicología del Tránsito. Y ha detectado un Síndrome de ira al volante. Según una investigación del psicólogo Aldo Merlino, de 2012 (una de las pocas que hay), el 52% de los conductores argentinos manejan con síntomas de irritación y el 20% lo hace con un nivel de irascibilidad demasiado alto.

Esteban Zablocki golpeando a Jorge Alberto Gómez, Imagen: captura de TV.

El 8 de julio pasado, una discusión de tránsito ocurrida en el cruce de las calles 126 y 60, en Ensenada, terminó cuando Esteban Zablocki se bajó de su camioneta y atacó a Jorge Alberto Gómez, quien a su vez se había bajado de su taxi. Zablocki, que practicaba artes marciales, noqueó al taxista, que quedó cinco días en coma, conectado a un respirador artificial, antes de morir.

Más temprano este mismo año, en abril, un taxista llamado Claudio Daniel Rímolo obtuvo una medida de prisión domiciliaria por haber golpeado a otro conductor en Villa Urquiza, aunque su propia mujer y su hija viajaban con él en el taxi. Rímolo, que tenía antecedentes penales por robo, fue imputado por lesiones leves y daño agravado. Fabio Rojas, el otro conductor, dijo: “Vi el video [de lo que pasó] cinco veces y pienso que quería matarme. Cuando pone marcha atrás… Agradezco estar vivo, sinceramente me dolió cómo me dejó el auto pero agradezco que no me pasó nada”. El video en cuestión parece una imitación de la película Relatos salvajes.

Otro taxista, Natalio Kowal, sufrió en enero de 2017 un golpe, de parte de otro conductor, que lo dejó tirado en una calle del microcentro porteño. El SAME lo llevó inconsciente al Hospital Argerich. “Lo que el otro hizo me podría haber costado la vida”, dijo Kowal algunos días más tarde. El agresor lo buscó en Facebook luego, para pedirle perdón. “Me dijo que se siente un animal, que no se animó a venir y que le da vergüenza mirar a los hijos a los ojos”, contó el taxista.

Los taxistas tienen cuatro gremios, pero ninguno ofrece talleres de manejo de ira, y de hecho tampoco es muy fácil de encontrar, en nuestro país, alguna actividad destinada al manejo de ira especialmente al volante. En Rosario, en 2016, Easy Taxi ofreció sesiones grupales de yoga, relajación y manejo de ira. “En el caso de los taxistas creo que este tipo de prácticas son fundamentales”, dijo a Perfil el psicólogo José Luis Comas, a cargo de esos cursos de control de ira, “por lo que supone estar manejando todo el día en el tránsito, con calles cortadas, el auto que se te rompe y la plata que no te alcanza para arreglarlo”. (Consultada para esta nota, una vocera de Easy Taxi dijo que este tipo de actividades no se están haciendo ahora).

En la Argentina, la ira al volante no está lo suficientemente estudiada. Uno de los pocos especialistas es el psicólogo Mario Trógolo, quien testeó el funcionamiento local de la Escala Abreviada de Ira en la Conducción (DAS, por sus siglas en inglés) y del Inventario de Expresión de Ira en Conductores (DAX, por sus siglas en inglés), dos instrumentos utilizados en otros países para medir la aparición y la expresión de la irascibilidad al volante.

Trógolo (que publicó sus resultados aquí y aquí) evaluó a 378 conductores cordobeses y confirmó que hay tres situaciones que producen ira: el avance impedido por otros (por ejemplo, una congestión en el tráfico), la conducción temeraria o imprudente (como cuando alguien se mete en tu carril sin dar aviso) y la hostilidad directa (es decir, recibir un insulto de parte de otro conductor). Un estudio de la Universidad Siglo 21 encontró un cuarto factor que genera ira en los conductores argentinos, pero que no se ve en otros países: el mal estado de la infraestructura viaria.

Luego, en la Argentina hay cinco formas en las que los conductores expresan la ira. Según Trógolo: “De modo adaptativo, es decir, sin violencia, que es la más frecuente; de modo verbal; mediante el vehículo; de forma desplazada, descargando la ira en otra gente; y por último, la menos común: la expresión física de la ira, que es tomarse a golpes con otra persona”. Un 7,5% de los entrevistados dijo que puede pelearse físicamente (sumando las respuestas de: algunas veces, bastante y casi siempre). Según el estudio de Merlino de 2012, el 3,7% de los conductores dicen que pueden llegar a pelear con sus puños.

“Hay una gran discusión: ¿nos transformamos al volante o conducimos tal como somos?”, sigue Trógolo. “Hay características específicas en la conducción que hacen que experimentemos ira con mayor frecuencia que en otros contextos. Y por otro lado hay casos muy concretos, como el de Esteban Zablocki, que ya tenía antecedentes de violencia. Para él, la conducción fue un ámbito más donde expresó ese temperamento agresivo. Pero se ha observado que, en general, las reacciones de ira al volante son moderadas”.

En la Argentina hacen falta más investigaciones, pero también más educación vial y más infraestructura viaria. “Hay muchas medidas que sirven para disminuir la ira”, dice Trógolo. “Algunas son tan sencillas como planificar el camino antes de subir al auto, para evitar una congestión”.

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