María Marta García Belsunce y el feminismo | RED/ACCIÓN
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García Belsunce, un caso que permite ver algunas conquistas del feminismo en materia de derechos

La miniserie documental "Carmel: ¿Quién mató a María Marta?" volvió a poner en agenda una causa que 18 años después deja en el aire muchas preguntas. Cómo hubiese sido su tratamiento de haber contado con una mirada con perspectiva de género es una de ellas. Sobre esto reflexionan especialistas en esta nota.

García Belsunce, un caso que permite ver algunas conquistas del feminismo en materia de derechos

Intervención: Denise Belluzzo

“Mamá, ¿qué le pasó a María Marta? ¿María Marta se cayó de la bañadera?”, le preguntaba hace casi dos décadas su hija menor, que entonces tenía tres años, a Patricia Nigro, doctora en Comunicación Social y especialista en Ciencias del Lenguaje, cada vez que escuchaba la televisión. “Lo tengo muy presente”, dice la especialista, “era tal el bombardeo de las noticias que era tremendo. Y yo le decía: ‘Sí, se lastimó con la bañadera’ o cosas así. Era tremendo, tremendo”.

Con la miniserie Carmel: ¿Quién mató a María Marta?, los realizadores Vanessa Ragone y Alejandro Hartmann volvieron a poner en agenda un caso que hace 18 años colmó tapas de diarios, revistas, titulares de noticieros y programas de todos los horarios, durante meses. Un crimen cometido, según la escritora Claudia Piñeiro, en un lugar donde se supone que no tiene que haber un crimen, acaparó la atención y fascinó a gran parte de la sociedad que consumía las noticias sobre el caso como si se tratase de una función prolongada del mejor policial del momento. 

Una de las hipótesis más fuertes que atravesó el caso apuntaba a su marido, Carlos Carrascosa, ahora absuelto. Aún hoy hay más interrogantes que certezas: ¿por qué trajo tanta repercusión este caso en particular?, ¿incidió el hecho de que se tratara de un crimen de clase alta?, ¿se le hubiera dado otro tratamiento y cobertura mediática de haber contado en su momento con una mirada con perspectiva de género? Y, principalmente, ¿quién mató a María Marta?

Cómo se cubrió el caso en los medios

“La cobertura mediática del crimen de María Marta García Belsunce sirve para dar cuenta de todo lo que avanzamos en materia de perspectiva de género en el ámbito del periodismo y también de todo lo que falta por hacer para terminar con la violencia mediática”, dice Paula Rey, responsable del área de comunicación del Equipo Latinoamericano de Justicia y Género (ELA).

“La construcción de la ‘buena’ o de la ‘mala’ víctima —continúa— es todavía algo vigente, y en muchas ocasiones tiene una base clasista. En el caso de García Belsunce esa especie de halo que se construyó basado en su trabajo en la organización social (aunque luego en ocasiones se indagara sobre su vida personal, sus relaciones), así como en otros femicidios que han ocurrido también en barrios cerrados, puede observarse, solo con alguna excepción, la construcción de ese perfil de la víctima. Lo que muestra que en el imaginario colectivo pareciera persistir la idea de que la violencia machista solo tiene lugar en los sectores populares”. 

Patricia Nigro coincide y agrega que el hecho de tratarse de un crimen que ocurre en un lugar en el no se espera que ocurra, en el centro de la clase alta, fue un condimento clave para cautivar el interés colectivo.

 “Creo que en ese momento, como era la época en la que empezaban a hacerse countries y barrios cerrados, había un mito de que ahí había seguridad: en los countries no te iban a robar, no te iban a matar, entonces vos te protegías en una burbuja. Y la gente que se fue en las primeras oleadas pensaba que eso era realmente una burbuja impenetrable. Además había también una idea de que los ricos se portan bien. Que no necesitan matar, no necesitan robar. Entonces el shock que produjo el caso de María Marta fue porque ‘¡cómo en un country te van a meter seis tiros en la cabeza en tu casa!’, en un lugar donde todos nos conocemos y donde todos son ‘gente como uno’”, ironiza.

El impacto de este caso que conmocionó a la sociedad del 2002 tenía que ver, entonces, con una de las grandes preguntas que sobrevolaba en la prensa: “¿Cómo puede pasar esto en un country?”, asegura Nigro. 

Claro que dos décadas atrás, cuando aún no se libraban muchas batallas para conquistar derechos en torno a la igualdad de género, la cobertura mediática fue, quizás, muy diferente de lo que sería hoy.  

Nigro dice que en aquel momento “todavía no estábamos preparados”: “Fue hace 20 años y los cambios en este tiempo han sido muchos y muy rápidos a nivel global: los movimientos Me Too, Ni Una Menos, y todos los que fueron surgiendo, hicieron muy rápido las denuncias por acoso, por violación e instalaron el tema. Pero en esa época todavía no teníamos ni siquiera la visión del femicidio”. 

Paula Rey coincide: “Si los medios de comunicación hubieran informado desde una perspectiva de género, se hubiera hablado de un posible femicidio y de un tema que sigue siendo tabú: la violencia machista de los estratos sociales acomodados”.

Del "crimen pasional" al femicidio

En el tercer capítulo de la serie los documentalistas preguntan a algunos de los entrevistados por la perspectiva de género, o más bien, la falta de ella, en aquel caso, su cobertura y tratamiento. 

“El concepto ‘femicidio’ no existía en ese momento. Es un concepto mucho más moderno”, dice el periodista y abogado Pablo Duggan, autor de Carmel, la investigación definitiva sobre el caso García Belsunce.

A continuación, la miniserie muestra a diferentes periodistas televisivos hablando del caso: “La hipótesis del crimen pasional”, “¿Víctima de un crimen pasional?”, “Y se vuelve a reforzar la teoría del crimen pasional”.

“Se usaba el término ‘pasional’ sin saber muy bien qué quería decir o a quién se lo acusaba de qué pasión. Por suerte, es un término que hoy está desterrado absolutamente”, dice la escritora Claudia Piñeiro. “Se confunde un femicidio con lo que antes se llamaba un ‘crimen pasional’. Ahí no hay pasión, si no que hay odio, y hay muerte y hay asesinato, ¿no?”, remata.

Laura Zyseskind, fiscal del juicio por encubrimiento, agrega que, si el caso hubiese sucedido en la actualidad, “muy probablemente se hubiera tratado no solamente como un caso de femicidio, sino con perspectiva de género”.

El término “‘crimen pasional’ estaba siempre unido a ‘emoción violenta’. No necesariamente se refería a la muerte de una mujer, valía para muchas cosas que entraban dentro de este concepto, pero particularmente a las mujeres les hacía un daño tremendo porque justificaba al varón: ‘ella me hizo enojar’, ‘ella me puso nervioso’”, explica Patricia Nigro.

La especialista recuerda, además, que en esos casos, para la ley, demostrar que la o el acusado había actuado bajo emoción violenta representaba un atenuante, una suerte de justificativo. Lo compara con lo que sucedía con el alcoholismo al volante y señala los avances que como sociedad tuvimos en ese aspecto: “Antes, manejar alcoholizado y matar a alguien en ese estado era un atenuante, ahora no lo es, al contrario, es una irresponsabilidad manejar un auto, que es un arma, en estado de ebriedad, es un factor que empeora el crimen. Ahí vemos cómo han habido cambios. Antes, el hecho de dejarse llevar por la emoción implicaba una suspensión de la razón, como una especie de locura temporal que le agarraba a alguien. Y con la excusa de que era ‘pasional’ se permitía cualquier cosa”.

Nigro es contundente: “Como el caso del de Callejeros que prendió fuego a su mujer adelante de los nenes chiquitos —dice en referencia a Eduardo Vázquez, exbaterista de la banda que asesinó a su pareja, Wanda Taddei, quemándola—. No podés decir: ‘Ah, está con emoción violenta’, no: ¡sos una basura de persona! No hay nada que justifique una cosa así”. 

Sin embargo, reconoce que el hecho de usar la “emoción violenta como argumento” sigue vigente en muchos casos de violencia de género en los que las mujeres conviven con una pareja que las golpea, o las maltrata: “‘No, pero me pega a mí y a los chicos solo cuando se enoja’, o ‘nos pega solo cuando toma, si no no nos pega’. Eso es parte de esta relación entre la mujer golpeada y el golpeador. Y el golpeador probablemente venga de repetir una historia de abuso. Y ese es un tema. Lo psicológico probablemente te puede servir para explicar, pero no para justificar o juzgar desde el punto de vista legal, tiene que tener el castigo que corresponde”. 

Ella lo dice con conocimiento de causa, ya que fue  testigo cercana de situaciones de violencia de género. 

De todos modos, echa una mirada retrospectiva y destaca que ha habido “un cambio de percepción” al respecto y que el término “crimen pasional” es cosa del pasado: “Por suerte eso cambió y apareció la figura de femicidio”.

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Pero, ¿quién mató a María Marta? ¿se puede hablar de femicidio en un caso irresuelto?

Carmel: ¿Quién mató a María Marta? volvió a dejar en el aire interrogantes que aún hoy ni la Justicia supo responder. Carlos Carrascosa, viudo de María Marta, que hace 11 años había sido declarado culpable del asesinato de su esposa y que cumplió una condena de 8 años de cárcel hasta que la investigación dio un giro y fue liberado por falta de elementos probatorios, fue absuelto del todo la semana pasada por la Corte Suprema de Justicia. 

En la serie, pueden verse las diferentes hipótesis sobre quién o quiénes pudieron haber sido los asesinos sin ninguna respuesta concluyente, porque aún no la hay. Es decir, se menciona que de haberse demostrado que Carrascosa era el culpable hoy se hablaría de un femicidio, pero esta hipótesis la Justicia la echó por tierra. Entonces el interrogante principal que abre la investigación documental sigue sin poder responderse. Aún así, invita a reflexionar sobre el camino recorrido en cuanto a la perspectiva de género para el tratamiento de este tipo de crímenes y el que queda por recorrer.  

“Creo que la serie puede colaborar con esta reflexión sobre los avances y desafios a la hora de ejercer un periodismo feminista y abordar las noticias desde una perspectia de género y derechos humanos. Pero esto no deja de ser un ejercicio contrafáctico. Lo que sucedió alrededor del crimen tiene que ver también con la época, el momento histórico en el que ocurrió”, dice Paula Rey.

Patricia Nigro coincide y agrega: “El problema que yo le veo al caso de María Marta es que nunca terminó de aclararse del todo si realmente el marido la mató o no. No sé si en este caso se podría hablar en este sentido de un femicidio (cometido por el marido o por otra persona) porque el femicidio siempre tiene que ver con un lazo emocional, y eso es lo que no se pudo saber. Entonces 20 años después seguimos así: con una mujer con seis tiros en la cabeza en su propia casa, sin saber quién la mató”.

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