La historia de los campesinos que plantaron 14 millones de árboles para salvar Haití | RED/ACCIÓN

La historia de los campesinos que plantaron 14 millones de árboles para salvar Haití

Video: James Goetz. Animación: Pablo Domrose.

Inés se despierta a las 4 de la mañana, le prepara el desayuno a sus 8 hijos y luego camina 3 horas por las montañas húmedas de Haití hasta llegar a su terreno de trabajo. Allí, lidera un equipo de más de 50 campesinos encargados de plantar árboles de mango, lima, cacao, roble y cedro sobre suelo deforestado.

A sus 55 años, Inés forma parte de una comunidad de 1.400 trabajadores rurales haitianos conocida como CODEP, que en la última década ha plantado más de 14 millones de árboles en la isla. Su objetivo es revertir el impacto ambiental que ha tenido la deforestación en el país, y al mismo tiempo empoderar a comunidades locales a través del trabajo y la educación.

El problema de la deforestación en Haití es uno que ha sido ampliamente documentado por académicos y especialistas ambientales. En su libro “Colapso: Por qué unas sociedades perduran y otras desaparecen”, el geógrafo y escritor estadounidense Jared Diamond identifica la deforestación como uno de los principales factores que explican la actual desigualdad económica y política entre Haití (el país más pobre del hemisferio oeste) y la República Dominicana.

“Cuando uno se para en la frontera entre los dos países, mira hacia el este y ve bosques de pino. Cuando se da vuelta y mira hacia el oeste, no ve nada excepto campos sin ningún árbol”, escribe Diamond. “Este visible contraste ejemplifica la diferencia entre los dos países en su enteridad”.

La deforestación es un problema que afecta a decenas de países en el mundo, particularmente en América Latina, África Subsahariana y Asia Sudoriental. Según el informe 2018 sobre El Estado de los Bosques del Mundo de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), América Latina es una de tres regiones donde continúa la deforestación. Pero la situación de los bosques de Haití es una de las más graves.

Según relata Diamond, solo el 1% de la tierra de Haití se encuentra forestada, mientras que en la República Dominicana este porcentaje es del 28%. Aunque estos datos han sido cuestionados (la FAO indica que el porcentaje de tierras con bosques en Haití es del 3.5%), la diferencia entre los dos países es clara cuando se compara su superficie a través de imágenes satelitales.

“Existen tres principales causas de deforestación en Haití: el uso de madera y carbón como principal recurso para cocinar, la ganadería que evita que los bosques se regeneren, y la demanda de tierra para agricultura”, explica a RED/ACCIÓN James Goetz, biólogo y conservacionista estadounidense que trabaja hace dos décadas en la isla.

Según datos de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), la producción de leña y carbón es la principal causa de deforestación en Haití, ya que el 70% del consumo energético del país se genera a partir de la madera.

También existe un factor histórico. Durante la colonización francesa de Haití en los siglos 17 y 18, muchos de los bosques nativos fueron arrasados para dar lugar a plantaciones de azúcar. Cuando Haití declaró su independencia en 1804, debió pagarle una indemnización a Francia para que reconozca su soberanía. Mucha de esta deuda fue pagada con la venta de madera de árboles nativos.

Además, según Goetz y Diamond, la falta de política pública para conservar las áreas forestadas del país generó un detrimento aún mayor de los bosques haitianos.

“El Estado nunca hizo nada para proteger a los bosques, para ayudar a la gente a que tenga algo de comer”, dice Goetz. “Es por eso que las mismas comunidades se tuvieron que organizar para reforestar el país”.

Una solución multidimensional liderada por comunidades locales

“Cuando era jóven, la tierra de las montañas era tan blanca como la palma de mi mano. Estaba todo descubierto, no había ni un árbol”, recuerda René, un campesino que nació y creció en un pueblo al sur de Haití, en la comuna de Leogane. “Ahora es totalmente diferente, está todo verde, tenemos todo tipo de especies de árboles”.

El esfuerzo de reforestación en Leogane comenzó en 1990, cuando un grupo de campesinos, junto con voluntarios de Carolina del Norte, Estados Unidos, formaron CODEP. La organización tenía como objetivo mejorar la salud de la tierra para facilitar la agricultura y así alimentar a más familias. Con el tiempo, el grupo se percató de que la mejor manera de lograr esto era plantando árboles.

“Con los árboles no sólo se nutre la tierra y se previene la erosión, lo que disminuye el riesgo de inundaciones y avalanchas”, explica Michael Anello, el director ejecutivo de Haití Reforestation Partnership, una organización de Estados Unidos que trabaja en conjunto con CODEP. “También se genera una fuente de comida e ingreso a través de los frutos cultivados de los árboles”.

En las últimas tres décadas, CODEP ha plantado el equivalente a 10.000 hectáreas de árboles en el sur del país (algo similar a 15 canchas de fútbol completas), lo que representa la mayor iniciativa de reforestación de Haití.

Sitios de plantación de CODEP. Foto: Lucía Wei He.

Junto con campesinos de 17 lakous (pueblos) de la región, el colectivo también ha logrado implementar un modelo de negocios a través del cual los participantes de CODEP venden las frutas y distintos cultivos de los árboles (como café, maní y porotos) en mercados locales. Con este ingreso, CODEP le paga a cada campesino un sueldo mensual o un bono por los árboles plantados.

“La idea era crear bosques de trabajo, a través de los cuales los campesinos no solo trabajen para cuidar el ambiente, sino también para poder mantener a sus familias”, cuenta Anello.

Campesinos parte de CODEP. Foto: Lucía Wei He.

A través de la alianza con la Haití Reforestation Partnership, los campesinos de CODEP también reciben donaciones para comprar semillas y otros materiales de cultivo, y capacitaciones en temas como técnicas de agricultura e ingeniería.  

En paralelo, CODEP también fundó una escuela a la cual asisten más de 120 estudiantes, la mayoría de ellos hijos de los mismos campesinos que forman parte de CODEP.

Para muchos de los campesinos, construir un futuro mejor para las próximas generaciones es el principal incentivo para seguir trabajando, día tras día, plantando árboles.

En las palabras de Jean Claude, un campesino que hace casi 30 años trabaja con CODEP: “Sí, es difícil trabajar tantas horas bajo el sol, pero si plantamos árboles, el día de mañana nuestros hijos van a poder trabajar bajo la sombra».

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