La importancia de hacer visible el lado invisible de la pobreza

Es la única forma de diseñar buenas políticas públicas para combatir la desigualdad y la exclusión. El Semáforo de la Pobreza es una iniciativa que está mostrando buenos resultados en lograr una mejor definición del fenómeno. Permite a las propias familias medir su nivel de pobreza e identificar estrategias personalizadas para solucionar carencias específicas.

Por Iván Weissman

13 de agosto de 2018

Federación Argentina de Cartoneros, Carreros y Recicladores - CTEP

“Todas las familias ricas son iguales; pero cada familia pobre lo es a su propia manera”. Esta afirmación tan contundente está inspirada en el inicio de la novela Ana Karenina, del escritor ruso León Tolstoi. La original se refiere a la felicidad, no a la pobreza, y es sin duda una de las frases más famosas de la literatura universal. Martín Burt, fundador del Semáforo de Eliminación de Pobreza, la usa porque está convencido de que es la manera más precisa de explicar lo complejo que es para los gobiernos diseñar políticas públicas para combatir la desigualdad y la pobreza.

Burt fue uno de los protagonistas del Foro Pobreza y Desigualdad ‘Escondida’ que organizó hace dos semanas el Observatorio de la Deuda Social de la UCA. Allí, el objetivo fue buscar las mejores herramientas para medir la pobreza y así poder desarrollar mejores políticas para reducirla y ayudar a la gente a salir de la exclusión.

Entre los que estudian la pobreza hay consenso de que el fenómeno no es solo un problema de ingresos, sino también de factores subjetivos. Ahí radica la importancia de poder medirlos. El desarrollo de mediciones alternativas y en múltiples dimensiones amplía la información disponible y permiten una mejor definición de la pobreza en toda su complejidad, lo que ayuda a construir mejores soluciones.

“Avanzar sobre la definición y estimación de medidas de pobreza alternativas, multidimensionales y directas es prioritario para evitar los importantes sesgos que se producen en el diseño y criterio de elegibilidad de los programas sociales orientados únicamente por medidas de pobreza monetarias o criterios basados en aspectos laborales”, sostuvo el equipo que organizó el encuentro en la UCA.

La buena noticia es que los encargados de diseñar las políticas públicas de la región, reunidos en este Foro, coincidieron en que para que las políticas sean efectivas, los nuevos ejercicios de medición tienen que tener en cuenta y adaptarse a las particularidades de las diferentes sociedades y poblaciones. Y para ello es indispensable mirar factores como la salud (tanto física como mental), vivienda, saneamiento y educación, entre otras.

La cruda realidad argentina

Agustín Salvia, anfitrión del encuentro y director del Observatorio de Deuda Social de la UCA, lleva años tratando de explicar a la sociedad que la pobreza no es sólo un problema de ingresos. “La exclusión social y la desigualdad son problemas tan importantes o iguales que el de ser pobre”, dice.

“Queremos mostrar los aspectos más escondidos de la pobreza. Hay aspectos básicos como tener agua, cloacas, trabajo. Pero tener eso no es todo para mejorar y salir de la exclusión y la desigualdad”, agrega.

Para los pobres, tan importante como tener ingresos suficientes es tener un trabajo decente y digno, seguridad, habilidad de ir por la vida sin sentir vergüenza o humillación, y no sentirse estigmatizados por ser pobres.

Un informe que presentó Salvia muestra algunos de los problemas ocultos de ser pobre en la Argentina. El más preocupante es el alto costo psicológico. Según ese estudio en promedio los pobres son más infelices, viven estresados y experimentan mayores niveles de inseguridad.

Bienestar subjetivo según pobreza por ingresos

La Encuesta de la Deuda Social, que apunta a medir los aspectos invisibles de la pobreza, revela que la infelicidad y el malestar psicológico prácticamente se duplican entre los indigentes y los pobres cuando se los compara con el de la población de 18 años o más considerada “no pobres”.

El "malestar psicológico" llega al 35% en los indigentes y al 30% en los pobres. Entre los no pobres es el 15%.

Entre los más pobres (indigentes), el 14% dice sentirse “nada o poco felices en su vida” contra el 6% de quienes no se encuentran en la pobreza y el 7% de la población total.

Déficit en la estimulación emocional e intelectual

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Salvia señala que tener asistencia psicológica es de suma importancia pero es visto como un lujo en materia de salud pública.

Otra cifra desoladora es que a casi la mitad de los niños más pobres (48%) jamás le contaron un cuento. Casi un tercio (29%) comparte cama o colchón, más de la mitad (55%) no tiene libros infantiles en casa y al 30% de los chicos entre 1 y 12 años no le celebraron su último compleaños.

El estudio de Salvia muestra que el bienestar subjetivo varía de acuerdo a los niveles de carencias (cloacas, agua, luz, trabajo, acceso a transporte público, etcétera).

  • Por ejemplo, entre los que sufren tres o más carencias, el malestar psicológico llega al 30%, contra el 11% de quienes no sufren carencias.
  • La infelicidad llega al 11% entre los más carenciados, contra el 3% de los que están mejor.
  • El "bienestar subjetivo" en la población no sólo difiere de acuerdo a los niveles de pobreza. También varía por género. El malestar psicológico es mayor en las mujeres (22%) que en los varones (15%), y es mayor entre quienes viven en una villa (30%) y quienes no (17%).

El malestar psicológico y la infelicidad también aumenta entre quienes no realizan actividades físicas, no tiene amigos y están lejos de un familiar cercano.

  • Alrededor del 22% de los que no hacen actividad física dicen sentir malestar psicológico y poca satisfacción con la vida, versus el 13% de los que hace algo al menos una vez por semana.

La manera tradicional de medir la pobreza y la desigualdad

En Argentina, el INDEC mide la pobreza en base a datos de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH). Y define que son pobres aquellos que tienen un ingreso familiar inferior a la Canasta Básica Total (CBT), que está compuesta por la Canasta Básica de Alimentos y por un componente no alimentario (vestimenta, transporte, educación, salud, etc.).

Según el último informe del INDEC, el índice de pobreza en la Argentina fue de 25,7% al cierre del segundo semestre de 2017. Esa cifra fue la más baja en décadas. Pero lamentablemente la mejora no va a durar. De acuerdo a cálculos preliminares de la UCA, a raíz de la crisis económica que estalló en mayo, hay al menos 1,5 millones de personas que están en riesgo de caer nuevamente en la pobreza.

Salvia estima que la pobreza estructural en la Argentina, aquella que no baja a lo largo de los años, es del 25%.

En términos de desigualdad, la realidad es un poco mejor. Argentina sigue estando entre las economías menos desiguales de la región y el índice GINI, que mide la desigualdad en la distribución de los ingresos, se ha mantenido relativamente estable desde 2010 en un promedio de alrededor 0,42.

El indicador toma en cuenta cómo se reparte la totalidad de los ingresos por persona. Es un indicador que varía entre 0 y 1. Cuanto más cercano a 1, mayor es la desigualdad en la distribución del ingreso y pasa lo contrario cuando se acerca a cero (igualdad absoluta).

La desigualdad tiene una relación directa con la reducción de la pobreza. Si la inequidad se mantiene estable, la pobreza puede disminuir solamente por el aumento de los ingresos, pero si cae, potencia el efecto del aumento de los ingresos, lo que hace que la pobreza disminuya aún más. De hecho, una mejora en la distribución puede reducir la pobreza, aunque no aumenten los ingresos.

Desigualdad en países de América Latina (Índice de Gini)

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Una nueva herramienta de medición

Una de las iniciativas que está mostrando los mejores resultados en hacer visible el lado desconocido de la pobreza es el Semáforo de Eliminación de Pobreza que fundó Martín Burt.

El Semáforo es un instrumento que permite a las propias familias medir su nivel de pobreza e identificar estrategias personalizadas para solucionar carencias específicas.

En el foro de la UCA, Burt explicó que el Semáforo desafía los índices de pobreza y permite a cada familia tener un plan específico acorde a sus necesidades.

El Semáforo define qué significa “no ser pobre” a través de seis dimensiones: ingreso y empleo, salud y medioambiente, vivienda e infraestructura, educación y cultura, organización y participación, motivación e interioridad. Cada dimensión a su vez se divide en 50 indicadores, cada uno con tres niveles simples que representan lo que es ser pobre extremo (rojo), pobre (amarillo) y no pobre (verde). Las familias se autoevalúan con la ayuda de un sistema que refleja los tres niveles posibles.

Por ejemplo, una de los indicadores que se mide es de “Ahorros familiares”. La familia elige el nivel que mejor refleja su realidad actual. Si logra ahorrar el 20% de sus ingresos mensuales en una cuenta bancaria, la familia apuntaría a la luz verde. Si está ahorrando de manera informal e inconsistente, la luz es amarilla. Y si la familia está usando “la alcancía” y gastando más de los que ingresa, entonces la luz es roja.

El Semáforo de eliminación de pobreza

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Burt, que fue alcalde de Asunción en Paraguay y es considerado una de las personas que más sabe sobre educación y el diseño de políticas públicas para combatir la desigualdad y la pobreza en el mundo, explica que el Semáforo es una innovación social que tiene a las familias como protagonistas. “La pobreza es multidimensional y afecta a cada familia de forma diferente”.

Burt es crítico de las mediciones y estudios de pobreza tradicional, “ya que no saben incorporar a los pobres en la medición y es por eso que es necesario un enfoque integral”.

El Semáforo permite que cada familia autodiagnostique su nivel de pobreza y desarrolle su propia estrategia personalizada para salir del problema en forma permanente. Además, sostiene este apasionado emprendedor social, el sistema quiebra el concepto de la pobreza en problemas manejables que pueden ser solucionados a través de las propias acciones de las familias, “haciendo visible lo invisible” en forma de indicadores y dimensiones.

“Para los tomadores de decisiones y los propios afectados, tener ‘feedback’ y un diálogo constante con las familias es esencial. La pobreza no se puede medir en una sola dimensión”, explica Burt. Y remata diciendo que “para que la gente cambie, tiene que creer que puede cambiar. Por eso es tan importante que los pobres sean parte de la solución”.

En Paraguay, casi 4 mil familias han logrado salir de la pobreza medida por los 50 indicadores, 26 mil familias han superado la pobreza de ingresos y más de 90 empresas han incorporado el Semáforo a su gestión interna. A nivel global, 58 organizaciones en más de 20 países, incluyendo Argentina, están implementando el Semáforo.

El desafío para las autoridades

Guillermo Cruces, asesor de políticas económicas del Ministerio de Hacienda, también estuvo en el foro de la UCA. Concuerda con que el ingreso sólo no es una buena medida de pobreza, aunque hace hincapié en que los índices tradicionales son indispensables para generar acción. “Sirven para empujar y comunicar políticas públicas”, explica.

Soledad Cubas, directora nacional de Sistema de Información, Evaluación y Monitoreo de Programas Sociales, dice que es indispensable tener buenos instrumentos de medición de la pobreza y concuerda con que tener una mirada multidimensional “es una herramienta central para desarrollar buenas políticas públicas”.

En lo que todos estuvieron de acuerdo es en lo que dijo Emilio Inzaurraga, miembro de la Comisión de Justicia y Paz de la Conferencia Episcopal de Argentina: “La pobreza es de todos. Es un problema para el que la vive y es una vergüenza para toda la sociedad argentina”.

Foto apertura: Facebook Federación Argentina de Cartoneros, Carreros y Recicladores - CTEP

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