Raves, DJs, discotecas... y literatura | RED/ACCIÓN

Las raves, los DJs y las discos están tomando la literatura por asalto

 Una iniciativa de Dircoms + RED/ACCION

Llegó la hora de leer sobre sus excitantes círculos de underground y de mainstream.

Las raves, los DJs y las discos están tomando la literatura por asalto

“Inauguré Pacha-Ibiza el 15 de junio de 1973”, cuenta el empresario discotequero Ricardo Urgell en el libro Balearic. “La primera semana la gente aún no estaba muy enterada, pero la segunda y la tercera ya estaba a reventar. Todo eso lo hice sin dinero, con socios. Ya tenía cuatro discotecas, pero todo el mundo me decía: ‘¿Ibiza? Cuatro hippies, cuatro colgados. ¿Qué coño vas a hacer a Ibiza?’”.

Varios años después, en 1996, el famoso deejay Frankie Knuckles termina su set en una discoteca neoyorquina y le ofrece un regalo a un joven que se pasó varias noches mirándolo mezclar en esa cabina. El regalo es un DAT con el registro de la música que acaba de poner. ¿El joven? Hernán Cattáneo.

La música electrónica tiene una larga historia y ha llegado la hora de leer sobre sus excitantes círculos de underground y de mainstream.

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Para Hernán Cattáneo, el DJ con el que todos hemos bailado alguna vez, la cuarentena significó un momento de descanso. Dejó de hacer 200 vuelos en un año (a ese nivel de popularidad global había llegado) y comenzó a hacer memoria. Así escribió El sueño del DJ: Memorias, un libro en el que repasa su vida detrás de las bandejas. Desde las fiestas para adolescentes, pasando por Clubland, hasta un tiempo de premios y fiestas top top top.

“¡Espero tomarlos pronto otra vez!”, me dice sobre los 200 aviones por año. ¿Qué lee a bordo? “En los aviones escucho música, miro series y leo. Principalmente me gustan las biografías de música y los libros de fútbol”. El mejor libro de música electrónica para él es Electroschok, de Laurent Garnier, y también recomienda Last Night a DJ Saved My Life: The History of the Disc Jockey, de Bill Bewster. “Los dos son maravillosos”, dice. Y tres revistas: DJ Mag, XLR8 y Vicious.

Un vistazo a El sueño del DJ: Cattáneo teen en una fiesta de disfraces.
  • El libro de Cattáneo es un recuento de sus sets y de sus cabinas. Muchísimas noches, muchísimos DJs y personajes de todas las épocas de la escena dance argentina (como Martín Gontad, Poli Armentano, Tuti Gianakis o Ezequiel Deró), lo mismo con las pistas internacionales e incluso viene con playlists para descargarse. Pero… ¿dónde están las drogas y los excesos de la noche? 

“Yo siempre digo que no soy un tipo de la noche”, me explica, “no me siento representado ahí. Tuve la suerte de estar loco por la música desde muy chico y muy enfocado en ser un buen DJ desde los 15 años. Siempre vi que todas las tentaciones de la noche le restaban mucho al desempeño de mis colegas mayores y nunca me sentí atraído por ellas. Digamos [que soy] una persona del día que trabaja de noche porque sucede que lo que me gusta suele pasar en ese horario. Pero soy feliz también siendo DJ de día :)”.

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La caja original de Pachá en Ibiza.

Entre todas las discotecas, hay algunas cuyos nombres están grabados a fuego en la memoria clubber: Pacha, KU, Amnesia. ¿Qué tienen en común? Todas están en Ibiza, la isla española que es la tierra prometida de las fiestas electrónicas. Luis Costa y Christian Len escribieron Balearic: Historia oral de la cultura de club en Ibiza, la gran narración sobre ese territorio tan importante para la música dance.

El libro cuenta los ’60 (“Ibiza era parte de la ruta hippie de camino a Marruecos, Turquía, Líbano y Afganistán”, dice una de las personas entrevistadas), las discotecas de los ’70, la avanzada inglesa con Paul Oakenfold de 1987 y todo lo que vino después: espuma y beats.

Un momento importante: “Paul Oakenfold empezó a acercarse a la cabina a preguntarnos por los temas que poníamos”, dice Leo Mas, DJ y productor italiano que en 1985 entró en Amnesia. “Recuerdo claramente que vino como un loco a preguntarnos cuando pusimos «Jíbaro» de Elkin & Nelson; siempre estaba allí preguntándonos qué era cuando la poníamos, así que al final se lo apunté en un trozo de papel”.

El staff de Amnesia posa para una publicidad.

“No existía un libro como este y era necesario”, me dice vía email Luis Costa. “Disponíamos de testimonios aislados y dispersos e historias las más de las veces escandalosamente sesgadas, cuando no sensacionalistas. De tal modo que se abría un espacio enorme para trabajar en profundidad sobre una historia completa que abordara este asunto en profundidad, y ha sido un reto absolutamente apasionante”. 

Costa es él mismo un DJ que empezó a pinchar de joven en Barcelona. “Debo reconocer que yo andaba lleno de prejuicios y tardé lo suyo en acudir a la isla”, dice. “Cuando por fin pude catar esos clubs, la experiencia me voló la cabeza. Sin embargo, lo que atrapó de Ibiza y que se me antoja como único, es su brutal magnetismo, que experimentas apenas pisar esta isla, tiene una energía que puedes percibir en todo momento. Te atrapa”. 

Le pregunto si queda algún club salvaje aún en Ibiza. “Para mí, sin duda, el Pikes”, responde. “Allí también puedes percibir una energía especial que emana de todos sus rincones, como esa piscina donde se han bañado Julio Iglesias, George Michael, Freddy Mercury o Grace Jones. Un espíritu 100% Balearic, tan hedonista como glamuroso, que ha vuelto con fiestas como Mercury Rising, comandada por el capitán Harvey... Y sin duda también, las fiestas Circoloco en DC-10, con una programación y sonido impecable”. 

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Una rave en Lyon, Francia, en 2007. Foto: FRED DUFOUR / AFP

En la newsletter de hoy no podemos dejar de mencionar a Simon Reynolds, que en 1998 publicó una de las biblias de la música electrónica: Energy Flash: Un viaje a través de la música rave y la cultura de baile, luego reeditada y actualizada (¡688 páginas!). 

Como todos los de Reynolds (Retromanía y Postpunk son otros de sus hits), Energy Flash es un ensayo sobre algunas de las cuestiones más interesantes de la cultura pop, elaborado con mucha información y buenas ideas. Lo más interesante no son las entrevistas con productores, deejays y personajes de cada escena electrónica (incluidos Paul Oakenfold, Richie Hawtin y DJ Shadow), sino la capacidad que tiene Reynolds para ver, más allá del árbol, el bosque: cómo se relacionan los orígenes del tecno de Detroit, el house de Chicago y el garage de Nueva York, con el acid house, el jungle, el dubstep, el trip hop y el trance en el Reino Unido, la proliferación de pastillas de éxtasis y las fiestas ilegales. En resumen, la expansión de la cultura rave. 

  • “Esa música contenía, en algunos casos, o un sentimiento de fraternidad o una visión muy oscura de la sociedad”, dijo Reynolds en una entrevista
Fiesta en un hangar en Lieuron, Francia, el 1 de enero de 2021. Foto: JEAN-FRANCOIS MONIER / AFP.

Reynolds también hace su trabajo en el terreno. Por ejemplo va a una rave llamada Even Furthur (donde en 1996 los Daft Punk tocaron sin sus disfraces de robots), y escribe: 

A las siete de la mañana, Mixmaster Morris contraataca con un set de ambient improvisado en la segunda carpa. Al principio, pincha encantado para un público formado por, exactamente, cero personas.
—Llevo aquí desde el miércoles —me cuenta Morris—. ¡Por eso huelo tan mal! —y sigue pinchando en la carpa durante seis horas más.

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Tiesto en Club Spin, Miami Beach, en marzo de 2002. Foto: ELIOT SCHECHTER / AFP

Cuando en 2014 Enzo Maqueira publicó la novela Electrónica, aportó algo de lo que había poco entre los autores argentinos: una historia de desencanto treintañero condimentada con pastillas de éxtasis, mucha marihuana, fiestas porteñas a principios del siglo XXI y música de Tiësto (de hecho, si mal no recuerdo, mencionaba “Adagio For Strings”, uno de los superhits de Tiësto).

Electrónica tenía algunas escenas brutales en las discotecas y creo que Maqueira puede revelarnos un secreto: ¿cuál es el método para narrar la noche tecno? 

Responde: “El disparador: la memoria emotiva. Trasladar la mente, el recuerdo, el cuerpo, a aquellos años de música, máquinas de humo y distorsiones visuales. Un ejercicio inspirado en el teatro: encarnar, primero desde el pensamiento, aquello que éramos/sentíamos cuando estuvimos ahí. Ayuda acompañar el rito de la escritura con algunos beats que repliquen las emociones pero también le marquen el ritmo a las frases. Deben ser cortas, entrecortadas, recrear el caos de la confusión del tiempo (funciona jugar con la aliteración y los sonidos), pueden rebotar con un pum pum pum que se desborda hacia la catarata de luces, colores, una voz que grita ¡dale, dale, dale! hasta que el DJ revienta la burbuja, estallan esos beats, bailar con los dedos calientes sobre el teclado, escribir con el cuerpo estremecido hasta que la adrenalina traspase a la pantalla. Después volver a la realidad, a corregirlo todo y esperar que los lectores se sumen a la fiesta”.

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Tres preguntas a Ezequiel Fanego. Como codirector editorial de Caja Negra, publicó libros fundamentales sobre la cultura tecno, pop y hip hop (incluidos Postpunk y Retromanía, de Simon Reynolds), y también hay en su catálogo cine, filosofía, memorias y sociología. Creó el espacio de intercambio sonoro Family Affair y mezcla beats y melodías bajo el nombre de F.A.N.G.O.

  • ¿Qué es lo mejor de la experiencia, aparentemente contradictoria, de leer sobre música electrónica?
    Tal como lo mencionás en tu pregunta, la contradicción en realidad es sólo aparente, y se basa en la noción errónea de que la música electrónica está diseñada para una experiencia meramente física, en la que los pensamientos deben ponerse entre paréntesis. Varios de los autores que publicamos en nuestra colección Synesthesia (David Toop, Kodwo Eshun, Simon Reynolds) coinciden en señalar que esta distinción es equivocada. De hecho la música electrónica trata al cuerpo como si se tratara de un gran cerebro, una especie de antena nerviosa, que piensa a partir del movimiento. En ese sentido, leer sobre música puede potenciar la escucha, abrirnos a nuevos campos de percepción como si se tratara de una droga. 
  • Caja Negra publica desde hace muchos años varios libros de música electrónica, pop, hip hop... ¿Cuando empezaron era un espacio vacío en el panorama editorial argentino?
    Creo que lo era en el panorama editorial hispanohablante. Salvo algunas excepciones aisladas (pienso en Rastros de carmín de Greil Marcus, por ejemplo, traducido por Anagrama, o, mucho antes en el tiempo, en los maravillosos libros locales de autores como Juan Carlos Kreimer o Miguel Grinberg), por lo general todos los libros que se publicaban por ese entonces sobre música no pasaban de ser biografías, libros fotográficos o tal vez alguna colección de letras.  
  • ¿Qué fue lo mejor que leíste últimamente?
    Lo último, y mejor, que leí sobre música es un libro de un autor muy joven, creo que tiene 25 años, que se llama Kit Mackintosh. El título del libro es Neon Screams y describe una especie de mutación reciente en el hip hop que está fundando una sonoridad radicalmente nueva basada en la experimentación vocal. La tesis es que todos esos protogéneros urbanos que están copando el espectro musical (trap, mumble rap) en realidad tienen tanto que ver con el hip hop como el house con la música disco o el rock con el blues: son géneros que empezaron como una mutación natural de sus antecesores, pero terminaron convirtiéndose en una región totalmente novedosa y no asimilable a nada del pasado. Probablemente lo publiquemos en Caja Negra el año que viene. 
Foto: @cattaneo_hernan

Hoy mencionamos 5 libros en SIE7E PÁRRAFOS:

1⃣ El sueño del DJ: Memorias, de Hernán Cattáneo
2⃣ Balearic: Historia oral de la cultura de club en Ibiza, de Luis Costa y Christian Len.
3⃣ Energy Flash: Un viaje a través de la música rave y la cultura de baile, de Simon Reynolds.
4⃣ Electrónica, de Enzo Maqueira.
5⃣ Neon Screams, de Kit Mackintosh.

Fin de fiesta... 🙂

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  • Si querés recomendarme libros, autores o temas para tratar, o contarme si leíste algo de lo que mencionamos, ¡adelante!

Nos vemos,
Javier

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Sobre libros y escritores. Todos los martes, por Javier Sinay.

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