María Castillo: "Suele pensarse en un doctor o licenciado y no alguien de la economía popular para ocupar un lugar en el Estado"- RED/ACCIÓN

María Castillo: "Suele pensarse en un doctor o licenciado y no alguien de la economía popular para ocupar un lugar en el Estado"

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Ella es la primera cartonera que se convirtió en funcionaria pública: desde diciembre de 2019 trabaja como directora nacional de Economía Popular. Hoy hay tres recuperadoras urbanas ocupando roles en el sector público en el país. En esta entrevista analiza qué implica esto y cuáles son los desafíos del reciclaje inclusivo en Argentina.

Collage con todos de María Castillo.

Intervencion: Julieta De la Cal.

El 10 de diciembre de 2019, María Castillo se convirtió en la primera cartonera en ocupar una función en el Estado. Ella se desempeña como directora nacional de Economía Popular, un área desde donde se llevan adelante políticas públicas para el reconocimiento de las y los recuperadores del país y el fortalecimiento de las unidades productivas.

Castillo nació hace 45 años en Villa Fiorito, tiene tres hijos y es abuela. Al repasar su recorrido, recuerda cuando comenzó a trabajar como cartonera, en el 2001, en medio de la crisis política, económica y social. Ese año, su marido se quedó sin trabajo y ambos tuvieron que salir a rebuscársela. En ese momento, buscar cartón con un carro en la calle era considerado un delito en el país.

“Nos peleábamos con la Policía para que no nos secuestrara el vehículo, para que nos permitiera trabajar”, dice Castillo. Desde el 2002, Buenos Aires quitó una antigua ley que tipificaba como delito hurgar en la basura. En 2005, se logró otro avance: salió la Ley Basura Cero, que daba prioridad a los cartoneros en la recolección de residuos reciclables y proponía el reciclaje en detrimento del enterramiento de residuos.

“La posibilidad de salir a cartonear se presenta ante una crisis. No vi ninguna persona que tenga trabajo y lo deje para estar bajo del frío, de la lluvia, para clasificar artesanalmente. Es un trabajo que surge desde la necesidad. Después se le pone carne, lo tomás como bandera y lo militás. Te juntás con compañeros y te organizas”, cuenta la funcionaria.

María Castillo comenzó a cartonear a los 22 años, cuando su marido se quedó sin trabajo.

Castillo fue parte de la conformación, junto a otras y otros recuperadores urbanos, de la Cooperativa Amanecer de los Cartoneros y del sistema de recolección diferenciada que funciona en la ciudad de Buenos Aires, modelo en todo el mundo de reciclado con inclusión social. La Capital Federal tiene desde 2013 un sistema mixto de recolección de residuos: los no reciclables (que constituyen el mayor volumen dado el bajo porcentaje de separación en origen) son retirados por empresas, y los reciclables por cooperativas.

—  ¿Cómo viviste el cambio de trabajar por tu cuenta a formar parte de una organización?
— No es sencillo. Uno está acostumbrado a manejar el día a día. Pero, luego, uno entiende que organizarse es la mejor herramienta para transformar el trabajo cotidiano y para ir reclamar derechos. Cuando íbamos en busca de compañeros independientes les explicábamos que no es lo mismo estar solo en la calle a estar una cooperativa que tiene un acompañamiento en diversas problemáticas, como violencia de género, adicciones, accidentes, entre otras.

Con el tiempo, Castillo acompañó junto a otros y otras trabajadoras la conformación de la Cooperativa Jóvenes en Progreso, en Lomas de Zamora, que hoy organiza a 150 recuperadores para realizar la recolección diferenciada en ese municipio. A su vez, fue secretaria general de la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular (CTEP) en Lomas de Zamora y referente de la Federación Argentina de Cartoneros, Carreros y Recicladores (FACCYR).

“No hay que olvidarse de dónde uno viene. Para mí, el mundo cartonero es impresionante. Se ve mucha la solidaridad, compromiso y compañerismo”, señala la funcionaria.

Castillo tuvo que dejar de estudiar cuando quedó embarazada. Cuando sus hijos fueron más grandes, terminó el secundario y ahora cursa en la universidad. En un principio, ella quería estudiar Psicología, pero finalmente comenzó hace unos años a estudiar la licenciatura en Gestión Ambiental. “Hubo metas que tuve que posponer porque tenía que dedicarme a mis hijos, al trabajo y a los problemas que fueron surgiendo. Retomar el estudio fue retomar una cuenta pendiente. Pude mostrarles a mis hijos que no hay trabas para estudiar y que la gente pobre sí lo puede hacer”, reflexiona.

Soy alguien que conoce las necesidades del sector

Al principio de su gestión, cuando María Castillo se presentaba como cartonera recibía miradas prejuiciosas. Luego, al mostrar los resultados del trabajo, que viene realizando con su equipo, la expresión de sus interlocutores se transformó hacia la sorpresa. “Siempre se piensa que el funcionario es un licenciado o un doctor. Se espera que tenga estudios. No se suele pensar a un compañero de la economía popular en ese lugar”.

A Castillo no le gusta hablar de política partidaria, pero sí de política productiva. “Veo la necesidad de tener políticas públicas orientadas a la inclusión de los recicladores. Hay que generar herramientas, normativas y un orden territorial para construir un sistema de reciclado. Mi aporte en este rol es que soy alguien que conoce las necesidades del sector”, dice la funcionaria.

—¿Cómo impacta en tu vida personal ocupar hoy un rol en el Estado?
—Yo sigo considerándome cartonera y me voy a considerar así toda la vida. Hoy, cuando recorro un basural y veo niños, cuando veo que compañeros siguen en medio de la basura o cuando voy a una cooperativa y veo que no tienen herramientas, me enojo. Siento como propias las necesidades de mis compañeros.

—¿Qué es lo que más te preocupa?
—Lo peor que tenemos son los basurales a cielo abierto. No puede ser que la gente siga trabajando ahí. El trabajo del reciclador no implica solo recolectar el material, traerlo al galpón, clasificarlo y venderlo. Hay un montón de cosas que afectan ese trabajo. Lo más prioritario es consolidar las mesas de trabajo intersectoriales para que el sistema de reciclado sea efectivo.

La situación del reciclaje en Argentina

Argentina tiene 2.200 municipios, de los cuales solo el 37% tiene políticas de reciclado. "Y ni siquiera todas funcionan bien. Como país tenemos que ordenar el sistema y avanzar en una línea”, expresa Castillo.

Desde su gestión, Castillo lleva adelante el programa Argentina Recicla, que busca darle asistencia a las cooperativas y sus trabajadores para mejorar las condiciones y generar valor agregado. La iniciativa tiene cuatro líneas de trabajo. En primer lugar, se asiste al recuperador de base —el cartonero— con equipamiento, carro, bolsones, indumentaria y protección por el COVID-19. La segunda línea es el financiamiento para herramientas de esos nodos de trabajo que son enfardadoras, autoelevadores y todos los insumos que se necesitan dentro del espacio. En el ámbito de la comercialización, le garantiza al reciclador la venta directamente a la industria y eso impacta en la mejora del precio por kilo del material enfardado. Y la cuarta línea es el valor agregado, todo el material que ingresa a la cooperativa y se le pueda dar un reacondicionamiento, cuyo proceso se acompaña. En el marco del programa se han brindado herramientas a unos 30.000 trabajadores.

“En una reunión con una cooperativa me comentaban que estaban vendiendo el kilo de cartón a 9 pesos el kilo, cuando en el mercado vale más de 30. Existen cooperativas con diferentes realidades, por eso es importante garantizar un sistema donde todos los compañeros trabajen en condiciones dignas, estén registrados, puedan vender directamente al mercado”, dice Castillo.

En Argentina hay alrededor de 150.000 cartoneros y que entre el 60 y el 65 por ciento, son mujeres y jefas de hogar.

Este mes, en el marco del Día Mundial del Reciclador (fue el 1 de marzo), desde la Dirección Nacional de Economía popular se lanzó la guía para la gestión de la basura. Esta herramienta propone crear Sistemas Locales de Reciclado, integrados por los municipios y las cooperativas de recuperadores, para que se encarguen de gestionar en conjunto las distintas formas de residuos que se desechan diariamente en cada comuna.

La guía GIIRSU, por la sigla de Gestión Integral e Inclusiva de Residuos Sólidos Urbanos, está pensada para ser aplicada en conjunto con una futura Ley de Envases con Inclusión Social. El proyecto de esta ley mantiene estado parlamentario, pero al no haber sido tratado en el recinto antes del 10 de diciembre de 2021 tendrá que obtener dictamen nuevamente en las comisiones de Ambiente y Presupuesto. En Argentina, se generan alrededor de 50.000 toneladas de residuos por día y aproximadamente el 20% de ellos son envases. 

“En estos años se ha visto una gran transformación en la Ciudad de Buenos Aires.  Se pasó de considerar como un delito a la actividad del cartonero a desarrollar un proyecto de ley de presupuestos mínimos para la gestión de envases con promoción del reciclaje inclusivo”, resalta Castillo.

En Argentina hay alrededor de 150.000 personas cartoneras, de las cuales entre el 60 y el 65% son mujeres y jefas de hogar. Hoy en el sector público hay tres trabajadoras cartoneras asumiendo funciones. El 16 de diciembre de 2021, Natalia Zaracho asumió como diputada nacional del Frente de Todos por la provincia de Buenos Aires, y así se convirtió en la primera cartonera en integrar el Congreso de la Nación. En febrero de este año, Jackie Flores comenzó a desempeñarse como subsecretaria de Residuos Sólidos Urbanos y Economía Circular del Ministerio de Ambiente de la provincia de Buenos Aires.

“Estar en el Estado es una responsabilidad muy grande porque una representa a los compañeros. El hecho de ser mujer hace que el desafío sea más grande porque es difícil que nosotras nos insertemos en estos espacios. Es parte de la lucha”, expresa Castillo. Y agrega: “Que se hayan abierto puertas en el Estado para que ocupemos estos lugares, nos permite trabajar para transformar la realidad. Ocupar este rol no lo siento como un mérito propio, sino un logro del sector”.


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