Niñas que limpian y niños que venden pan: cómo hacer que la pandemia no justifique el trabajo infantil - RED/ACCIÓN

Niñas que limpian y niños que venden pan: cómo hacer que la pandemia no justifique el trabajo infantil

Se sabe que la crisis del coronavirus afectará el empleo y lo sentirán más las familias pobres. En muchos hogares, niños y adolescentes pasan a ocuparse de tareas de adultos o salen a trabajar. Los especialistas aseguran que sostener el vínculo con la escuela es clave para que la situación no sea difícil de revertir.

Intervención: Pablo Domrose

Desde que empezó la cuarentena, Jésica no pudo hacer ninguna tarea de la escuela porque no tiene celular ni computadora. Tampoco, conexión a Internet. Y cree que retomar las clases no va a ser para nada sencillo. “No tuve ningún contacto con la maestra en todo este tiempo”, dice la niña de 12 años.

A Jésica le gusta jugar a la pelota pero no le alcanza el tiempo: tiene que cuidar a su hermanita de dos años, limpiar la casa y cocinar. Su mamá no puede cuidarla porque tiene problemas de adicciones. Ella vive con sus abuelos en Juan Bautista Alberdi Norte, un barrio de la periferia noroeste de San Miguel de Tucumán conformado por unas 1500 familias en situación de pobreza.

Muchos de los amigos de Jésica trabajan: “Tengo compañeros que venden cosas por el barrio y uno de mis primos, que tiene mi edad, ya dejó la escuela y vende limones con sus hermanos”.

Entre tanta incertidumbre provocada por el COVID-19, hay algunas certezas: la pandemia nos dejará un mundo más desigual, con mayor pobreza y condiciones precarias de trabajo. Por eso será necesario redoblar los esfuerzos para terminar con lo urgente: el trabajo infantil. Hoy, en la Argentina ya hay unos 764 mil niños y niñas que trabajan, la mayoría en el sector agropecuario. Y uno de los posibles efectos de la pandemia es que pronto sean más.

Foto: Lucio Boschi / OIT Argentina

Un estudio de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) estima que el trabajo infantil podría aumentar entre 1 y 3 puntos porcentuales. Eso es hablar de entre 109.000 y 326.000 niños, niñas y adolescentes de la región que podrían ingresar al mercado de trabajo sumándose a los 10,5 millones que ya están en situación del trabajo infantil. 

¿Quiénes están más expuestos? Los chicos y chicas de familias vulnerables, afectados por el aumento del desempleo, el empleo informal y la pobreza. Sobre todo en un contexto donde muchos de los espacios de cuidado, como escuelas y jardines, están cerrados y el acceso a la educación virtual tiene, para ellos, muchas dificultades.

Cuidar a su sobrina, la tarea que alejó a Stephi de la escuela

Stephi dejó la escuela cuando tenía 13 años. Al tiempo, comenzó a cuidar al bebé de su hermana mayor para que ella pudiera ir a trabajar. Ahora, ella tiene 17 años y trabaja, hace dos meses, como empleada doméstica para apoyar a su familia con los ingresos. Su hermana, de 19 años, vende sandwiches por la calle y su otro hermano, de 20 años, trabaja en un depósito de un supermercado. Ellos también viven en el barrio Alberdi Norte.

“Dejé la escuela porque mi mamá no me podía comprar los útiles que necesitaba. No tenía las cosas que llevaban los otros chicos para estudiar. Muchas veces pensé en retomar, pero ahora es más difícil y necesito trabajar”, dice Stephi.

El especialista en trabajo infantil de la OIT en la Argentina Gustavo Ponce explica que el trabajo infantil no se da de modo aislado. “Es una situación que le ocurre a los niños en un contexto familiar y ese contexto está profundamente afectado por una crisis económica y social”, explica.

Foto: Lucio Boschi / OIT Argentina

"Las niñas corren más riesgo de realizar trabajo doméstico"

Ponce señala que las niñas corren mayor riesgo de realizar trabajo doméstico o tareas de cuidados en el hogar. Al mismo tiempo, ellas están más expuestas a sufrir accidentes y abusos físicos o sexuales. Ponce advierte: “El trabajo infantil doméstico es el más invisible de todos. Los adultos no los suelen percibir como un trabajo, sino como una ayuda. Y como pasa al interior de los hogares es más difícil el control”.

Más allá de las medidas económicas, hay una primera instancia que resulta clave para erradicar el trabajo infantil en el país y es la percepción que muchos todavía tienen de esta problemática. “Si el trabajo infantil se percibe como algo que ayuda a que los niños se alejen de las drogas, del mundo delictivo y que no se conviertan en vagos, eso es un discurso y una forma de percibir el trabajo infantil que realmente hace mucho daño y que está muy instalada hace mucho tiempo”, advierte Ponce.

Foto: Lucio Boschi / OIT Argentina

Venden tortillas y rosquitas en la calle para "ayudar" a la familia

En medio de la pandemia, en los barrios populares urbanos se empieza a ver a algunos chicos que buscan contribuir a los ingresos familiares a través de la venta callejera de alimentos como pan casero o rosquitas. También se ven adolescentes que están con los carros juntando cartones.

En este momento, Loreley y su marido están sin trabajo y tienen once hijos. El más grande tiene 20 años y el más chico, cinco meses. Viven en Monte Grande y reciben bolsones de alimentos de la escuela y de un centro social. Además, para poder subsistir cocinan tortillas y rosquitas y las venden por el barrio. “Nos turnamos para salir a vender. Algunos días salgo yo y otras los chicos. Ellos van con barbijo y alcohol en gel”, comenta Loreley.

Leyes que prohíben pero que no logran proteger a los niños y niñas

Según Gabriel Lerner, secretario nacional de Niñez, Adolescencia y Familia (SENAF), en nuestro país existen importantes brechas entre las protecciones legales y la efectiva garantía de derechos de chicos y chicas en diversos temas, uno de ellos es el trabajo infantil: “En los años 2008 y 2013 se sancionaron importantes leyes en esta materia, la ley N°26.390 y la N°26.847, que elevaron a 16 años la edad mínima para el trabajo y determinaron que lucrar con el trabajo de personas por debajo de esta edad es considerado un delito". Y aclara: "Es decir, contamos con normas adecuadas, pero seguimos teniendo una deuda pendiente en el camino de la erradicación del trabajo infantil y también con la protección del trabajo adolescente”.

Lerner considera que el contexto actual, signado por la pandemia, lejos de facilitar la erradicación del trabajo infantil, se presenta aún con mayores complejidades y desafíos: “La pandemia tendrá un impacto negativo mayor en las familias más vulnerables. Este factor perjudica la realidad de muchos niños y niñas, que deberían ir a la escuela y dedicarse a jugar, en lugar de trabajar para generar un aporte extra a los ingresos familiares, o colaborar con las tareas hogareñas o a cuidar a sus hermanitos menores”.

Foto: Archivo AFP

Estar cerca de las familias para pensar soluciones

Las organizaciones sociales se las rebuscan para poder acompañar en este contexto a niños y adolescentes para que puedan continuar con su educación y evitar, que tras la frustración, consideren la deserción escolar.

La directora de la organización social Desarrollo y Autogestión, Maró Guerrero, señala que es importante encontrar la forma de mantenerse cerca de las familias en este contexto de pandemia. “En muchas zonas donde trabajamos no tienen acceso a la educación virtual y no hay estrategia para que accedan. Desde la organización estamos financiando datos para el celular para que los chicos tengan un mínimo contacto con la escuela. También les imprimimos materiales para que les lleguen paquetes con tareas a las casas”, comenta Guerrero.

A la referente de Desarrollo y Autogestión le preocupa que en Tucumán, provincia donde tienen trabajo territorial, ahora empieza la temporada de cosecha. “¿Dónde van a estar los chicos si todos los centros de cuidado están cerrados?”, se pregunta.

En este sentido, la codirectora ejecutiva de Fundación Uniendo Caminos, María Maciel, cuenta que en los centros que tienen en la villa 21-24, en la ciudad de Buenos Aires, se habilitaron salas de computación para que los niños con los que trabajan para que terminen la escuela puedan imprimir materiales o puedan buscar alguna bibliografía.

“En este momento, las familias están mayormente en sus hogares y tratan de no dejar salir a los chicos. Después de la cuarentena es probable que muchas familias den más prioridad al trabajo y descuiden la escuela. Si un adulto no pone energía en la escolaridad del niño, es difícil que el chico vaya solo. Lo que ya vemos es que por la poca conectividad, muchos no hicieron ninguna tarea y por eso ya se sienten en desventaja con sus compañeros”, dice Maciel.

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Los que trabajan en plantaciones de yerba, tabaco y arándanos

De acuerdo con la Encuesta de Actividades de Niños, Niñas y Adolescentes (EANNA), desarrollada por el Ministerio de Trabajo en 2017, casi el 20% de los niños y niñas de 5 a 15 años de áreas rurales trabajan.

Hay chicos que hacen tareas en la producción de tabaco, yerba mate o arándanos. Otros no están vinculados directamente a la producción, pero pasan muchas horas del día en la chacra familiar, alimentando a los animales u ocupándose de la huerta. Cuando el chico pasa a tener la responsabilidad de un adulto eso se considera trabajo infantil.

Liliana tiene 17 años y vive en el barrio 25 de mayo en La Ovejeria, Jujuy. Ella cuenta que es muy difícil sostener las clases a distancia porque en su barrio no hay mucha señal y en el celular no tiene espacio.

“Si no te explican las profesoras, se hace complicado entender los contenidos. Me mandan tareas para hacer en Word y con el celular no lo puedo hacer. Mi celular esta llenísimo con todas las imágenes que mandan. No tengo una notebook”, cuenta.

La madre de Liliana es ama de casa y su papa albañil. Pero cuando empieza la cosecha de tabaco, se va al campo. Ella hizo cursos de peluquería y hace algunas changas para cortar el cabello. En su entorno social, tiene un amigo que ya trabaja como albañil, otro que vende en un negocio y su primo trabaja en un lavadero.

Foto: Archivo AFP

Taller de verano para alejarlos de las tareas del campo

La Asociación Conciencia desarrolla el programa Porvenir que busca evitar el trabajo infantil rural en la producción tabacalera del norte del país. La iniciativa se implementa en Salta, Jujuy y Misiones.

El proyecto consiste en invitar a los hijos e hijas de los trabajadores a Centros de Verano, que además de ofrecer talleres y actividades orientadas a niños, niñas y adolescentes de 0 a 18 años, cumplen el rol de mantener a sus participantes alejados de los campos. Como los centros no pueden reunir a los chicos en este contextos intentan hacer seguimiento a través de otras estrategias, como acompañamiento a través de docentes de la organización.

La directora de programas en Asociación Conciencia, Anabella Serignese, cree que la exposición de los chicos al trabajo infantil, en zonas rurales, está siendo mayor. “La escuela es un espacio de contención superimportante para que no estén trabajando. El no funcionamiento de las escuela expone a los chicos a mayores situaciones de riesgo”, destaca.

Los adolescentes suelen ser los primeros que salen a “ayudar” a las familias con los ingresos. Serignese enfatiza: “Si hay chicos que dejan el colegio, después va a ser difícil que retomen. Lo mas importante es que no se pinchen con esta situación y no dejen los estudios. No podemos permitir que todo lo que se ha avanzado en la lucha contra el trabajo infantil en estos años retroceda por la pademia y su impacto económico”.

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