Por qué no podemos dejar de googlear nuestros síntomas (por más que nos digan que no lo hagamos) - RED/ACCIÓN

Por qué no podemos dejar de googlear nuestros síntomas (por más que nos digan que no lo hagamos)

La pandemia multiplicó las búsquedas relacionadas con la salud, algo que ya venía ocurriendo y que está relacionado con el nuevo fenómeno de la “cibercondría”. Preguntamos a médicos, y a nuestros miembros y lectores cómo tratan el tema.

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El 24 de diciembre de 2019, Edgardo Rolla, un ginecólogo especializado en fertilidad, viajó con su esposa y dos hijas a Europa. El destino final era Annecy, Francia, en donde vive una de sus hijas con su familia. Después de caminar por la Gran Vía de Madrid y de cruzar el puente de Rialto en Venecia, en ambos casos rodeados de miles de turistas, llegó a Francia y tuvo un par de días de fiebre, tos y dolor de garganta. Pero no le dio importancia a esos síntomas.

Unos días más tarde, esquiando con hijos y nietos, Rolla tuvo un accidente. Se autoexaminó y no comprobó ningún signo de lesión grave, muscular, ósea o neurológica. Pero el dolor en la espalda y en el hombro izquierdo no se iba así que, ya en casa, fue diagnosticado con microfracturas de vértebra, costilla, hombro y rodilla. Luego, en marzo, se vacunó contra la gripe.

“Tuve síntomas por una reacción vaccinal, sumada a los dolores por el accidente, y los al googleé”, dice. “Si no hubiera sido médico y comprendido todas las cosas que se habían sumado en los últimos tiempos, seguramente habría enloquecido por lo que leí”.

Sigue: “Conocer mi cuerpo (y ser médico) evitó que tuviera una crisis emocional. Sin embargo, una noche, con síntomas vaccinales intensos, pasé por lo que hoy se conoce como ‘ataque de pánico’, que pude contener con el apoyo afectivo de mis hijas, mi mujer… y una buena película por TV, que me distrajo por lo disparatada y divertida”.

Todo el mundo (o casi todo) busca en Google qué significan los síntomas que tiene o a qué enfermedad pueden corresponder. Pero pocos, como Rolla, son médicos.

Según una encuesta de One Poll en Estados Unidos sobre 2.000 personas, dos de cada cinco (43%) se diagnosticaron erróneamente con enfermedades graves consultando en Internet y el 74% de los que buscaron, terminaron preocupándose más por su salud. Pero ¿por qué googlearon? Para saber qué tenían (47%), porque la atención médica era cara (46%) y porque no tenían un horario apropiado para ver a un médico (43%).

La cuestión adquiere una especial relevancia en tiempos de COVID-19. “Diría que al menos la mitad de la gente ya va a la consulta conociendo el tema porque leyó en Internet o en alguna otra fuente de información”, dice Damián Zopatti, médico de la División Urgencias del Hospital de Clínicas. “Si esa fuente es válida o no, y cómo la interpreta el paciente es otra cosa. Por eso la forma que los médicos tenemos de dar diagnósticos y de plantear tratamientos tiene que ser muy cuidadosa. El paciente trae muchas preguntas y el médico debe hacerle entender por qué cierta información que tiene es útil y otra no”.

Google bloquea unos 100 millones de mails cada día, que son estafas (de modo phishing) que hablan de la pandemia. Según la BBC, “el virus podría haberse convertido en el tópico masivo de phishing más grande de toda la historia, dicen desde las compañías de tecnología”.

En nuestro país, el término “coronavirus” tuvo su pico de búsquedas en Google el día 21 de marzo, justo cuando comenzó la cuarentena:

Además, en 2020, un 72% googleó síntomas de COVID-19 y un 28%, de dengue:

Y en Estados Unidos, los registros de búsquedas de los síntomas de COVID-19 muestran que fiebre es lo más googleado. Le siguen dolor de garganta, falta de capacidad de respiración, pérdida de olfato y pérdida de gusto:

Fiebre (verde), dolor de garganta (violeta), falta de capacidad de respiración (celeste), pérdida de olfato (rojo) y pérdida de gusto (rojo).

“La información en Internet tiene pro y contras”, dice el doctor Zopatti, del Hospital de Clínicas. “Los tratamientos y las responsabilidades hoy son compartidas entre médico y paciente: el médico plantea posibilidades y el paciente termina eligiendo, y yo considero que está bien. Pero lo negativo es que no todo lo que está en Internet es fidedigno. Una enfermedad puntual en una persona puntual necesita a un médico que evalúe si el paciente entra en cierta estrategia terapéutica. En Internet la información es general y escasa, y suele ser negativa, pesimista y alarmista. Hoy, una persona con tos y resfrío busca sus síntomas en Internet y es redirigida al COVID, pero lo más probable es que no sea eso. Ante un diagnóstico de una sintomatología, las alternativas son muchísimas”.

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Preguntamos a nuestros miembros y lectores si habían buscado en Internet sus síntomas a pesar de que les hubieran dicho que no lo hicieran.

  • Eduardo Grenier Rodríguez: “Creí varias veces que tenía COVID. Google me arrebató el miedo con los síntomas que nunca tuve”.
  • Margarita Palacios Mejía: “Yo una vez llegué a pensar que tenía cáncer de pulmón. Respirar me dolía tanto que creí que iba a morir. Toda la noche googleando sobre eso, superasustada. 😂 Al día siguiente voy al médico, y había sido que levanté algo muy pesado y me lastimé la espalda. ¡Plop!”
  • Maximiliano Bongiovanni: “Hace unos años a mi viejo le diagnosticaron Parkinson. Cometí el error de googlearlo. Se me llenaron los ojos de lágrimas. Cerré todo y no vi nada más. Por supuesto que la enfermedad de mi viejo no tiene nada que ver con lo que decía la página que había leído”.
  • Marcela Arnaldi: “Siempre lo hice y siempre supe que NO había que hacerlo 😐”
  • Lorena Bassani: “Siempre. Que alguien piense en los hipocondríacos. Una pandemia para nosotros es la muerte. Porque todo es la muerte.”

En su forma más exagerada, googlear síntomas y enfermedades tiene un nombre: cibercondría. “Hay foros de personas que piensan que tienen VIH aunque los tests le dan negativo una y otra vez: escriben a personas públicas con VIH y preguntan por los síntomas, y dicen que sienten que lo tienen”, dice Mariana Iácono, una referente de las personas que viven con el virus y buscan soluciones. “Respecto de los síntomas de la medicación de VIH, cuando empezás el tratamiento te dicen que no googles ni leas el prospecto, y eso es lo primero que una hace. Y parece que te diera todo lo que leés”.

Osvaldo Teglia, profesor adjunto de Enfermedades Infecciosas de la Facultad de Ciencias Biomédicas de la Universidad Austral, cree que la información es buena y que Google tiene un compromiso con los temas de salud. “Pero no todo el mundo es experto y puede discernir una buena de una mala información”, dice. “Puede haber paranoias o ansiedad, y lo recomendable es ponerse en manos de un clínico de confianza. La información más valiosa es la que va ligada con los aspectos de prevención y vida sana: es una herramienta educativa”.

Googlear también puede dar resultado

Pero… la búsqueda de síntomas en Internet en algunas ocasiones puede resultar positiva. Por ejemplo, un análisis de big data puede detectar epidemias o anormalidades sanitarias antes de que se hagan evidentes.

En un artículo de 2009 que se publicó en Nature, los investigadores demostraron que las búsquedas de Google relacionadas con la gripe habían estado ligadas a los datos semanales de influenza de los Centers for Disease Control and Prevention estadounidenses. Según The New York Times, los investigadores utilizaron esos términos de búsqueda para crear un modelo que intentara ayudar a detectar epidemias antes de que se recopilaran los datos oficiales.

¿Y qué tal si luego de una búsqueda en Google terminás sabiendo más que tu propio médico? A veces, la “mente de principiante” (un término sobre el que el budismo zen insiste una y otra vez) está abierta a las posibilidades nuevas y no está obstaculizada por sesgos. 

“Soy buscadora serial y gracias a eso me diagnostiqué sola de una enfermedad rara”, dice Cecilia Lede en Facebook. “Antes de eso yo tenía muchas enfermedades y me sentía siempre realmente muy mal. No me cerraban los múltiples diagnósticos. A veces hay que pensar que muchas cosas es una sola. Y buscando metodológicamente todo me llevaba a la misma cosa: al Síndrome de Cushing. Muy contenta con mi diagnóstico pedí un turno con un médico endocrinólogo. Me senté y le dije lo que tenía. Me miró asombrado y me dijo: ‘Yo nunca vi un caso, es imposible que tengas eso’. Me hizo estudios por meses hasta que decidió hacerme el del Síndrome y dio positivo. Me operaron a tiempo y salvé mi vida. Quedé inmunodeficiente, pero viva. Me pidió disculpas y es el día de hoy que si yo pienso que tengo algo, me hace los estudios necesarios”.

https://twitter.com/danielselser/status/1267552062486859779

Quizás sea imposible dejar de googlear ante una pregunta clave: ¿qué está ocurriendo en mi cuerpo? Lo importante es tener certezas.

Andrea Miranda Rivas cuenta, también en Facebook, que a los 15 años desarrolló un trastorno de la conducta alimentaria, depresión y ansiedad, pero no fue tratada “por temas de tabú y dinero”. Se recuperó sola pero a los 19 tuvo una recaída y comenzó un tratamiento con terapia y medicación. Ahora tiene 24, y el médico le dijo que lo suyo quizás sea un “trastorno del humor”, pero como no lo define, ella investigó y cree que es, en realidad, uno de personalidad. “En fin, estas cosas son difíciles de diagnosticar”, dice, “pero como paciente es frustrante no darle un nombre”.

Por cuestiones como la de Andrea Miranda Rivas, un estudio de 2018 publicado en el Medical Journal of Australia decía que las personas que googleaban mejoraban la relación médico-paciente (porque participaban más activamente en su propia atención médica) y el cumplimiento del tratamiento.

¿Y Edgardo Rolla, el médico cuya historia inició esta nota? Al final no tenía nada serio. Pero cuenta por mail que no puede dejar de pensar que si en un momento de síntomas confusos llegó a una crisis de angustia (aun siendo médico), para los inexpertos debe ser muy dramático descubrir en Google que tienen algunos síntomas que podrían deberse a COVID-19.

“Es difícil contener el deseo insaciable de todos por conocer sobre nuestros cuerpos, y sobre las enfermedades que podríamos padecer”, dice, “pero a veces es un arma de doble filo: te enriquece culturalmente pero te enloquece psicológicamente”.

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