Por qué ser feministas y querer al Diego no es una contradicción | RED/ACCIÓN
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Por qué ser feministas y querer al Diego no es una contradicción

Periodistas, investigadoras, ilustradoras, comunicadoras escribieron sobre este debate que hizo arder las redes en el día de la muerte del Diez, pero que resonaba desde hacía un tiempo. Algunas de ellas también lo analizan y cuentan sus historias con Maradona, en esta nota.

Por qué ser feministas y querer al Diego no es una contradicción

Ilustración: Ro Ferrer

¿Es verdad? ¿No es fake? ¿Chequearon en los medios? Pará, ¿en cuáles, quién lo dijo?, no sería la primera vez que la pifian o joden con esto. No, parece que es verdad. Es cierto. Se confirmó.

El miércoles al mediodía, después de que los grupos de WhatsApp se incendiaran con preguntas que no querían, que deseaban que no fuese real, que no concebían la sola idea,  la Argentina enmudeció. En la garganta del país crecía una sandía mientras se intentaba asimilar la noticia. Y el silencio se deshizo en lágrimas. Y las lágrimas fueron río. Y el río un torrente que dio paso al estallido: “Olé, olé, olé, olé, Diego, Diego”. A un grito colectivo: “Y todo el pueblo cantó Maradó, Maradoó”. A la ebullición: “¡Te quiero, Diego!”

La despedida al mejor jugador del deporte más popular del mundo no podía ser de otra manera que convirtiendo las calles en una inmensa hinchada. Una sin precedentes, en la que camisetas de todos los equipos, en la que equipos de todo el mundo, alentaban al mismo jugador. Un barrilete que emprendía su regreso al cosmos.

Y como pasa en los velorios de un ser muy querido, para poder comenzar el duelo, para empezar a aceptar, allá fue la familia a despedirse. Una familia de millones. “La familia maradoniana”, como dirá la doctora en Ciencias Sociales, maradoniana y feminista, Malvina Silba.

Mientras el mundo asimilaba el paso del Diego a la inmortalidad, la prensa dejaba a un lado el contenido programado y corría para cubrirlo todo, en las redes se desataba otro incendio: feministas fans del Diez y feministas que no podían comprender cómo había compañeras que podían decir feminista y Maradona en la misma oración con conectores de amor, se tiraban con de todo. Sacando a relucir cada acto violento en contra de las mujeres que se le conoció al Diego, unas; intentando explicar que si bien no lo olvidan, el mito, pueblo y pasión de multitudes, representaba mucho más, otras. Y el debate puso a muchas comunicadoras en muchos medios a cargar tintas para intentar que esta no sea una nueva grieta. Que en el país ya tenemos suficientes tajos.

 “Que hay que entender que Diego es más que su machismo, que no, que en realidad es una figura que avala y representa las cosas más horribles de esta sociedad patriarcal, que si sos una buena feminista no bancás ni llorás a Maradona, que el feministómetro se lo pueden guardar en el bolsillo que acá todas hacemos lo que podemos. Y la verdad es que ni a favor ni en contra. (...) Me llama la atención cómo y desde dónde algunos sectores del feminismo señalan a quienes ven en Maradona un suceso histórico inigualable. (...) Creo que quienes deberían tener vergüenza o estar incómodos, no son ni las feministas maradonianas, ni siquiera el mismo Diego, sino aquellos comunicadores que jamás cuestionaron el horror o la impunidad que tuvo y que tienen los varones con ese nivel de poder. (...) Diego era varón y como varón un hijo sano del patriarcado”.

Por Paula Gimenez para Filo News.

Pero esta disputa no empezó con la muerte del Diego. Ya venía resonando como un runrún virtual desde hace tiempo, y había comenzado a encenderse el 30 de octubre pasado, para el cumpleaños número 60 de Maradona. Es por eso que en ese momento las periodistas Nadia Fink, Lisbeth Montaña y Camila Parodi decidieron escribir una nota titulada ¿Por qué queremos tanto al Diego si somos feministas? para el portal Marcha.

Este texto tiene un comienzo contundente: “Esta será la primera -y última- nota en la que daremos explicaciones sobre nuestros sentimientos y elecciones. Para nosotras, el feminismo es mucho más que una causa por la lucha de derechos específicos. (...) Es un modo de mirar, amar, disfrutar y habitar nuestras vidas. Y nuestras vidas no son más que permanentes contradicciones”. 

“Creo que la nota empieza así porque venía siendo un cuestionamiento de los últimos días”, dice ahora, del otro lado del teléfono, Nadia Fink, que además es creadora de la Colección Antiprincesas y Antihéroes de la Editorial Chirimbote. Habla con la voz partida por haber pasado los últimos días despidiendo al Diez. “Tuvimos la idea de escribir esa nota porque nos pasó con hijas de amigas que no lo habían visto jugar, no lo conocían, y también se habían criado en un feminismo más construido, entonces había surgido varias veces la pregunta: ‘¿Y cómo le explico a mi hija quién es el Diego?’ Y empezamos a ver que estaba generándose esa grieta entre las feministas que lo bancaban y las que no. Así que decidimos sentar postura, contar por qué nos consideramos populares, feministas y maradonianas”. 

Fink dice que su historia con Maradona “es desde siempre” y que comenzó a plantearse esta inquietud hace algunos años, cuando el feminismo se convirtió, para ella, en una forma de mirar el mundo que había llegado para quedarse. 

“Si hay algo que aprendí, primero, es a mirar con perspectiva de clase”, dice. “Por eso me considero popular y feminista, en ese orden, porque así es como aprendí a construir mis puntos de vista. No digo que esté bien, que sea lo único, creo que cada quien tiene su propia historia, y de eso pienso que se trata el feminismo popular: de ir pudiendo contar cómo desandamos y cómo vamos construyendo nuestros puntos de vista”. 

Dice que se crió con el Diego. Que a los 9 años vio el Mundial 86, que a los 18 llevó a una prima de 10 a la cancha para que lo conociera, que estaba embarazada en el '94, cuando a él “le cortaron las piernas” y lloró tanto que el obstetra le pidió que tratara de no estar tan triste porque le iba a hacer mal. Que como estas anécdotas, 1500. Que a veces los sentimientos no se explican.

“No me genera contradicción, sí por supuesto me hace pensar que era un hijo sano del patriarcado. Y que sus violencias responden a lo que se genera en torno al fútbol masculino profesional y el uso del cuerpo de las mujeres y el abuso de poder que causa ser un ídolo reconocido, que también pasa en el mundo de la música, de la actuación. Que el patriarcado atraviesa todo esto”, señala.

Ilustración: Ro Ferrer

Y sigue: “En lugar de pararnos a juzgar desde el purismo, me parece que es una buena oportunidad para pensar qué genera el patriarcado en el cuerpo de las mujeres, qué genera el poder, el dinero, la fama. Y también para ver que hubo muchísimos hombres llorando en la calle. Y cuando pensamos en nuevas masculinidades les pedimos mayor sensibilidad, entonces creo que desde el feminismo es una buena oportunidad para ver a estos hombres tristes. Porque no poder tener empatía con ese sentir popular me parece que es muy complejo para poder mirar políticamente el mundo. Ojalá se atreva la gente que critica desde ese lugar tan correcto a mirar el mundo con los ojos contradictorios de las mayorías populares y de la gente común. Me parece que es una buena oportunidad, ojalá no la desaprovechamos por pararnos en un pedestal que no existe”.    

“Tenemos memoria y no olvidamos la violencia que ha ejercido contra muchas mujeres, lo tenemos claro y sabemos que es parte de la sociedad y el futuro por el que luchamos: que ser macho no signifique tener privilegios ni ejercer violencia alguna contra el cuerpo de las mujeres. Que ser macho no sea cuestión de poderes ni de fuerzas físicas. Pero en medio de tanto ruido ahogando la voz de las y los pobres, no nos olvidamos de que el Diego y su fútbol siempre apuntaron hacia el sur. Desde su nacimiento estuvo marcado con esta estrella y siempre supo bien de dónde vino y hacia dónde quería apuntar: salió del barro y nunca olvidó su origen, la conciencia de clase la forjó en los lugares donde perfeccionó su arte con la pelota y con los más olvidados convirtió al fútbol en el escenario para hacer visible lo invisible”. 

Por Nadia Fink, Lisbeth Montaña y Camila Parodi para Marcha.

“Una cosa que me pasó estos días fue darme cuenta de que yo era fanática de Maradona antes de entender lo que era el feminismo”, dice Malvina Silba. “Esa conexión mía con él y con mi historia, con mi barrio, todo eso tan difícil de procesar y tan valioso en la biografía de uno, la tengo desde muy chica”.

Y como le pasó a la mayoría de los que lo quisieron bien, en estos días de la nostalgia, Silba tampoco pudo evitar recordar: tenía 13 años cuando en el Mundial 90 rezó “Santo Pilato, la cola te ato” rogando llegar a los penales en la final. Se acuerda de cómo los había celebrado “en los cuartos y la semi”, del dolor de Diego. “Entonces para mí Diego era todo eso, era como una especie de síntesis de esa relación mía con el fútbol”, dice. 

Para ella, como para Nadia Fink, el feminismo llegó después. En el caso de Malvina ingresó por su formación de posgrado, por los seminarios de teoría de género. Por la academia y el feminismo ilustrado. Tardó un poco, dice, hasta que el movimiento Ni Una Menos empezó a denunciar diferentes tipos de violencias y gran parte de la sociedad pareció correr un velo, en vincular ese feminismo de los libros con las prácticas cotidianas. Y cuando pudo hacerlo dice que sí, que cuando “estás denunciando unos tipos de violencia y te aparece un video de Diego pegándole a Rocío, eso no puede quedar fuera del análisis” pero, insiste, “una cosa no obtura la otra”. 

Al igual que Fink, Silba coincide en que Maradona “era un tipo de otra época”: “Me parece que en él coinciden un montón de aspectos de una sociedad patriarcal, machista, jerárquica, pero que también tiene un interesante condimento de clase”.     

Sobre este aspecto, profundiza: “Creo que ese feminismo que se coloca con una superioridad moral muy fuerte, que se coloca en el lugar de un feminismo radical que no perdona a nadie, que le dice a las demás qué es lo que tienen que sentir, que además de moralista es normativo, este feminismo ilustrado que no perdona contradicciones, critica a Maradona como el sujeto varón, hetero, que ejerce esa violencia machista, incluso la de no reconocer a sus hijos, porque es clasista y está distanciado del pueblo y del dolor popular”. 

“Ayer en Plaza de Mayo —continúa— había un montón de mujeres que, si hacemos un análisis sociológico rápido de cómo caminaban, cómo hablaban y vestían, eran de sectores populares, medios bajos, gente laburante. Pero también había mujeres de clase media, pibas con el pañuelo verde. Entonces ¿todas estas mujeres son estúpidas? A mí esa es la pregunta que me ronda en la cabeza. Todas esas mujeres, yo incluida, somos estúpidas porque no podemos darnos cuenta de que Maradona era violento y lo vamos a reverenciar igual porque somo ignorantes, estamos alienadas porque todavía no llegamos a la verdad que tiene la vanguardia feminista. Me parece que ahí hay algo que no cierra, y que esos discursos, en el día de la muerte de Diego, son desubicados, discursos que no pueden respetar el dolor popular, un dolor mayoritario”. 

Dice que tampoco le genera contradicciones ser feminista y maradoniana y apunta, al igual que Fink, que “lo que hay que tratar de entender es que él también [Maradona] era producto de esta cultura machista en la que nos criamos la mayoría de quienes tenemos de 20 para arriba y que en todo caso hay que tratar de romper un poco eso. Y romper un poco eso significa también crear un feminismo que sea inclusivo, popular, diverso, que sea abierto al pueblo, que incluya a las mujeres que más padecen”. 

“Yo quiero un feminismo que discuta con el poder, que sea anticapitalista, que reconozca y pueda incluir a los movimientos populares y a esos intereses de las mayorías populares que se enfrentan al poder. Y estoy absolutamente segura de que ese feminismo no puede ser uno que señale con el dedo ‘esto está bien, esto está mal’, no es normativo, no es moralizante. No puede ser jerárquico, no hay una vanguardia iluminada y el resto atrás, obedeciendo. A mí me parece que el feminismo tiene que ser con las mujeres pobres adentro, representando también sus intereses, su dolor y sus ídolos e idolas. Ahí creo que está la cuestión a tratar de construir de aquí en más”.  

Sucede que cualquier persona que sienta inquietud por los fenómenos populares no puede menos que volver a recuperar a Maradona a cada instante. Un pibe humilde, un negro, un villero, que salió de ahí para significar alegría para un pueblo entero. (...) Es indefendible su ejercicio de la violencia y que no reconoció a sus hijos durante mucho tiempo. También seguimos yendo a ver las películas de Darín y no queda muy claro si es mucho menos machirulo que Maradona. El desprecio por su clase no nos puede resultar indiferente, la cuestión de lograr lo imposible, tampoco. (...) Por ahí sí lo que tiene para hacer el feminismo es cuestionar por qué los varones se han apropiado silenciosamente de todo, por qué conocimos primero la versión masculina de casi todas las cosas, por qué el fútbol ha sido (...) uno de los closets más herméticos del mundo. Por qué tener un ídolo implicó para ellos bancarle todo”.

Paula Provenzano para Revista Un caño.

La ilustradora y feminista maradoniana Ro Ferrer, sintentiza mucho de lo que analizan sus colegas y clarifica la disputa con una reflexión luminosa: “Como feminista, Maradona representa todas las contradicciones posibles. Pienso que en una cultura patriarcal, machista, él fue el estereotipo ‘nivel Dios’. Ninguna de todas las que ayer lloramos ante su muerte, desconocemos o negamos sus violencias. Ninguna separa a la persona, al machirulo, del que en nuestra niñez y adolescencia nos hizo amar el fútbol. Tampoco dejamos de ver que siempre se puso del lado del pueblo frente al Poder real, político, económico”. 

“El dolor es dolor y tiene algo de inexplicable...te atraviesa y punto. Ayer se murió parte de mi infancia, de esos momentos felices y también sufridos. Comprendo que muchas no entiendan lo que nos genera, lo que no puedo aceptar es que intenten  disciplinar lo que yo siento. Tengo 43 y durante la mitad de mi vida los referentes fueron todos masculinos (patriarcado, baby); entonces él, Charly, son parte de mí, de quien soy. ¿Cómo voy a negar parte mi historia? Con los ojos bien abiertos y el corazón triste abrazo a las feministas maradonianas”.

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