Recortan el número de jardines de infantes que se construirán en 2019 | RED/ACCIÓN
Actualidad |   8 de noviembre de 2018

Recortan el número de jardines de infantes que se construirán en 2019

El ajuste que impulsa el Gobierno para el presupuesto 2019 hará que el plan para construir jardines pierda financiamiento y los objetivos que Cambiemos se había planteado para ampliar la cobertura del nivel inicial se diluyan.

Del plan original de hacer 3.000 jardines durante los cuatro años de gestión, el Ministerio de Educación de la Nación reconoció que al término de su mandato habrá podido sumar 877 jardines.

En concreto, el Gobierno apuesta a construir durante 2019 exactamente 768 aulas y aumentar la capacidad de los jardines. Para este año, en cambio, había pautado sumar 3.043 aulas. Estos últimos datos fueron transparentados por el Ministerio de Hacienda en el proyecto de presupuesto que el Senado convertiría en ley el miércoles de la semana que viene.

El ajuste es empujado por una quita de fondos en el programa de “Fortalecimiento Edilicio de Jardines de Infantes”: mientras que para este año fueron asignados $ 6.063 millones, la inversión para 2019 cae a $ 2.528 millones. Es decir, sufre un reducción nominal del 41% y una caída real del 69%, contemplando la inflación del 34,8% que estima el Gobierno en el presupuesto.

“Preocupa la reducción del gasto en estos programas y la ausencia de razones explícitas que la justifiquen, sobre todo en un contexto de profundización de la desigualdad y de las brechas en el acceso al derecho a la educación”, advirtió Julieta Izcurdia, abogada del área de derechos económicos, sociales y culturales de la Asociación Civil por la Igualdad y la Justicia (ACIJ), que analizó el gasto público en infraestructura y equipamiento escolar.

Fuente: www.presupuestoabierto.gob.ar y proyecto de presupuesto 2019.

Otro aspecto preocupante es que de acuerdo a los datos actualizados al 5 de noviembre, de la partida para construir jardines este año sólo se usó un 29%, por lo que en lo que va del año hay una subejecución del programa. 

Cómo se ajustó la promesa de los 3.000 jardines

Durante la campaña presidencial y en los primeros meses de gobierno, Mauricio Macri prometió construir 3.000 jardines para alcanzar una “cobertura universal de las salas de tres, cuatro y cinco años de edad”.

Esa propuesta luego se ajustó a crear 10.000 salas, sin contemplar si eran nuevos jardines o ampliaciones de edificios. Pero ahora y según detallaron por escrito fuentes del Ministerio de Educación, el objetivo “alcanzable” es llegar a fines de 2019 con 2.087 salas construidas, lo que equivaldría a “877 jardines promedio”.

De alcanzar ese número, representaría un aumento del 4% de la oferta, ya que en 2016 había 20.428 jardines, según datos de la Dirección de Información y Estadística Educativa.

El principal argumento por el que los objetivos fueron recortados es que hubo incumplimientos de las empresas contratistas que llevaron a rescindir contratos en varios puntos del país, como en La Pampa, por ejemplo.

Por esa razón muchas obras fueron descentralizadas y ahora las llevan adelante las provincias, pero con financiamiento nacional. En el informe escrito, el Ministerio de Educación resalta incluso que “no es bueno que el Ministerio de Educación se dedique a construir (jardines) y distraiga su función esencial”.

El nuevo objetivo, pese a ser menos ambicioso, también aparece difícil de cumplir. De acuerdo a los informes oficiales de ejecución presupuestaria, en 2017 se construyeron 25 jardines. Mientras que en los primero seis meses 2018 se hicieron 121 salas, 47 estaban en obras y 105 habían sido contratadas.

Más allá de ese diagnóstico, el Observatorio Argentinos por la Educación analizó el crecimiento de la oferta de jardines entre 2011 y 2016, y expuso que en esos seis años se crearon 959 jardines, entre públicos y privados. Sin especificar cuántos de ellos son estatales.

La falta de jardines afecta más a las familias pobres

En los últimos cinco años, la matrícula que más creció es la del nivel inicial, principalmente porque en los niveles primario y secundario están mucho más universalizados y en consecuencia hay menos margen para que crezcan: 99% y 88% de los chicos, respectivamente, van a la escuela. En cambio, para el inicial (de 3 a 5 años) esa tasa es hoy del 74%.

Fuente: Observatorio Argentinos por la Educación.

Pero más allá de que la cobertura creció casi 7 puntos porcentuales, el Observatorio Argentinos por la Educación señala que los niños y niñas que van a jardines privados son proporcionalmente muchos más que en lo que ocurre en la primaria y la secundario de todo el país, donde tres de cada 10 chicos van a colegios privados.

Eso ocurre principalmente por la falta de jardines públicos. Algunos ejemplos: en la sala de bebés de 45 días a un año, sala de 2 y sala de 3, el 50,2% de los niños matriculados va a jardines privados. En sala de 4 es del 30,1% y en la de 5 es del 28,1%, trayectos que por ley son obligatorios y por eso el Estado ofrece más opciones.

“Lo que dicen estas cifras es que al faltar vacantes en salas de 45 días a tres años, las familias deben recurrir al sector privado”, le explicó a RED/ACCIÓN Rut Kuitca, vicepresidenta de la Organización Mundial para le Educación Preescolar, y remarcó que en las familias pobres no pueden pagar una cuota y desisten de mandarlo a un jardín, lo que “abre una desigualdad de oportunidades a edad temprana”.

Sociedad | 25 de marzo de 2019

Foto: Lucía Wei He

La historia del Mocha Celis, la primera escuela para personas trans del mundo

“A los 6 años ya sabía que era transgénero”, recuerda Sofía Moreno, quien desde esa temprana edad se preguntaba “¿Por qué el pene te define como sos?”. A los 17 años, cuando decidió comenzar la transición de hombre a mujer con hormonas y cirugías, se fue a vivir sola y cayó en la prostitución. En busca de un espacio de contención y educación, encontró el Bachillerato Popular Trans Mocha Celis, una de las únicas secundarias públicas y gratuitas para personas trans y travestis del mundo y, según sus fundadores, la primera. “Gracias a la escuela hoy puedo volver a vivir”, dice hoy a sus 21 años.

El Bachillerato Mocha Celis, o el “Bachi”, como lo llaman cariñosamente sus alumnas, funciona desde finales del 2011 en el quinto piso de un edificio en el corazón del barrio Chacarita, en la Ciudad de Buenos Aires. Sus fundadores, Francisco Quiñones Cuartas y Agustín Fuch, abrieron la escuela con el objetivo de crear un espacio educativo inclusivo para las personas trans, travestis, transexuales y transgénero.

“El sistema de educación argentino, si bien es público y gratuito, no habla de la realidad de las personas trans. Lo que veíamos nosotros era que la mayoría de las personas trans querían terminar sus estudios secundarios pero no lo podían hacer porque no tenían un espacio donde poder hacerlo”, dice Quiñones Cuartas.

Sofía Moreno asistió al Bachillerato Mocha Celis por dos años.

La lucha contra la discriminación

Una de las principales barreras educativas para las personas trans es la discriminación. Según una encuesta realizada por la Asociación de Travestis, Transexuales y Transgéneros de Argentina (ATTTA) y Fundación Huésped, la gran mayoría de mujeres trans dicen haber sido discriminadas en las escuelas: 7 de cada 10 por sus compañeros de clase, y 4 de cada 10 por sus directores y profesores.

Esto impacta directamente sobre las tasas de nivel educativo alcanzado por las personas trans. Según la misma encuesta, más del 50% de las mujeres trans mayores de 18 años no terminaron el secundario.

“En otros colegios yo sufrí de mucho bullying, me hacía no querer ir a estudiar. Pero cuando llegué al Mocha Celis me sorprendí muchísimo. Te emociona saber que hay un colegio donde te podés integrar tal como vos sos”, cuenta Analí Díaz, una de las actuales estudiantes del bachillerato. “Este colegio es como una casa, te enseñan muchas cosas que no sabes, acá nadie te discrimina”.

En 2012, tras la sanción de la Ley 26.743 de Identidad de Género, el bachillerato logró conseguir el apoyo de los ministerios de educación de la Nación y Ciudad para que los egresados de la escuela tuvieran un título oficial. Hoy, el Mocha Celis opera como una escuela pública y gratuita bajo el modelo de Unidad de Gestión Educativa Experimental, a través del cual recibe apoyo estatal para cubrir los salarios de una planta orgánica funcional de docentes.

Según destaca Quiñones Cuartas, el bachillerato es un espacio educativo inclusivo pero no excluyente. Aunque la mayoría de las más de 100 personas que actualmente asisten a la escuela son mujeres trans, también asisten a la escuela madres solteras, mujeres mayores, afrodescendientes, migrantes, y personas heterosexuales.

Durante un plan de estudios de 3 años, las estudiantes cursan las mismas materias propuestas en el diseño curricular del Nivel Secundario de las escuelas de la Ciudad, pero atravesadas con una perspectiva de género.

“En Argentina se han logrado grandes conquistas como la educación pública, gratuita y laica. Nosotros le venimos a agregar perspectiva de género, diversidad cultural y diversidad sexual”, dice Quiñones Cuartas. “Por ejemplo, este año hicimos una modificación de algunos de los contenidos de las clases de Historia, para abordar la materia con una mirada feminista o transfeminista”.

Lohana Berkins fue una activista trans argentina, ​ defensora e impulsora de la identidad transgénero.

Trascender el aula

Es una tarde lluviosa de marzo y Sofía se encuentra en la biblioteca de la escuela conversando una de sus maestras, Luly Arias. Entre mate y mate, comparten consejos sobre en qué hospital público conseguir hormonas, o cuentan historias de los varios tratamientos quirúrgicos a los que se sometieron ambas. El tono de la conversación es relajado, incluso hay risas. Pero ambas saben que, para muchas mujeres trans como ellas, poder hablar sobre estos temas puede ser de vida o muerte.  

En Argentina, la expectativa de vida promedio para mujeres trans es de 35 a 40 años. Muchas de ellas mueren asesinadas o por causa de enfermedades prevenibles que se agravan por falta de tratamiento médico, según los últimos datos recolectados por el Observatorio Nacional de Crímenes de Odio LGTB (coordinado por ATTTA, la Federación Argentina LGTB, y la Defensoría del Pueblo de la Ciudad de Buenos Aires).

Es por esto que, además de implementar una mirada transversal de género en distintas materias como Historia y Lengua, el Mocha Celis también ofrece clases especialmente pensadas para acompañar a personas trans en los desafíos que enfrentan por fuera de la escuela. En “Proyecto Formativo Ocupacional” las alumnas tratan temas de inclusión laboral de las personas trans, mientras que en “Educación Para la Salud” trabajan sobre problemáticas de salud particulares a la población trans, como las hormonas y las operaciones con silicona.

La biblioteca del Mocha Celis incluye una diversa selección de libros con perspectiva de género.

Además, la escuela cuenta con una unidad de Bienestar Estudiantil, que asiste a alumnas en situación de calle a conseguir un subsidio habitacional, o a aquellas que todavía no cuentan con un DNI a tramitar uno. En todos estos procesos, están acompañadas por docentes trans que empatizan con la realidad de las alumnas.

“La escuela no solo es un espacio educativo, sino que es un espacio de contención, donde yo como mujer trans y travesti puedo entender que una chica puede venir cansada o malhumorada porque tuvo una mala noche con los clientes, o porque fue expulsada de su casa. Porque yo también lo viví”, cuenta Arias.

Arias, quien además de docente es pedagoga y enfermera, dice que es fundamental que las estudiantes trans puedan tener modelos de mujeres trans profesionales.

“Lo que siento y veo es que se forma un efecto espejo. Las alumnas trans se ven reflejadas en mi, dicen “si ella puede ser docente, yo también puedo”. Ahí se les abre un abanico de posibilidades, que antes no estaba, porque la sociedad les hizo creer que solo servían para la prostitución”.

Luly Arias, una de las docentes trans de la escuela.

Un cambio estructural

A pesar del apoyo estatal que consiguió la escuela en 2012, según cuenta Quiñones Cuartas, los costos del sostenimiento cotidiano del espacio, así como los salarios de las trabajadoras sociales y psicólogas, lo asumen los docentes a través de recaudaciones, eventos, y aportes propios.

“Mocha Celis es una excepción, no es una política pública, por lo cual es difícil que el modelo se replique en otros lados”, dice Quiñones Cuartas.

Entre otras políticas, la Ley Identidad de Género sancionada en 2012 garantiza que las personas trans puedan cambiar su identidad de género libremente, que se las reconozca por su género autopercibido, y que puedan acceder a una salud integral gratuita a través de hormonas e intervenciones quirúrgicas.

Esta ley, según la encuesta realizada por ATTA y Fundación Huésped, ha tenido un impacto positivo en la integración de personas trans en el sistema educativo, reduciendo significativamente las tasas de estigma y discriminación en el entorno educativo.

Sin embargo, para Quiñones Cuartas, todavía queda un largo camino por recorrer hasta lograr una integración total de las personas trans en la sociedad Argentina.

“Hay que hacer una transformación muy grande, que no solo tiene que ver con la educación, sino con el trabajo, la salud, la seguridad”, dice Quiñones Cuartas. “Necesitamos que el modelo educativo que nosotros proponemos se replique en todas las provincias, para que desde el conocimiento, podamos reclamar nuestros derechos pero también al mismo tiempo construirlos”.

Por su lado, Arias destaca la importancia de darle visibilidad a otras iniciativas como la Cooperativa ArteTrans, que utiliza el teatro como plataforma para tratar diferentes temáticas trans, y la cooperativa textil Estilo Diversa, que fue fundada a partir de la falta de oportunidades laborales para personas trans, así como la falta de tallas de ropa para el colectivo.

“Hay que seguir visibilizando este tipo de acciones, y de a poco va a cambiar la mentalidad. Cada uno desde su lugar va abriendo camino para las nuevas generaciones. Eventualmente, va a cambiar el promedio de vida y vamos a poder envejecer, con dignidad”.

Salud | 25 de marzo de 2019

Diagnóstico: adicción a Netflix. Tratamiento: parpadear 10 veces… y otros ejercicios

En la primera semana de octubre, un hombre de Bangalore, India, se acercó a una clínica especializada con un pedido inédito de ayuda: no podía parar de mirar Netflix. “Adicto a Netflix”, fue el diagnóstico que le dio la clínica SHUT (Servicio para el uso saludable de tecnología, por sus siglas en inglés), que depende del Instituto Nacional de Salud Mental y Neurociencias.

El caso se difundió a través de los medios del mundo mientras el paciente seguía su tratamiento de rehabilitación. A cargo de él estuvo el doctor Manoj Sharma, profesor de Psicología Clínica y líder del equipo profesional de SHUT, donde llegan por semana unos 10 casos de jóvenes y adolescentes con problemas con la tecnología. “Las series le ayudaban a relajarse, a abstraerse del entorno”, cuenta en su consultorio, de paredes llenas de carteles con advertencias sobre el uso excesivo de dispositivos electrónicos.

El paciente tiene 26 años, es soltero y vive con sus padres y su hermana mayor, quien trabaja en una empresa del rubro tecnológico. Él mismo buscó ayuda profesional luego de más de 3 años sin trabajar: tras graduarse en el nivel terciario en Humanidades, no logró insertarse en el campo laboral.

“Su familia le demandaba que consiguiera trabajo. Él se comparaba con sus amigos o parientes, a quienes les iba bien. Todo contribuía al estrés”, dice Sharma. “Encontró seguridad y relajación al mirar Netflix. Empezó con 2 a 3 horas por día, pero de a poco aumentó la cantidad. Menos de un año y medio más tarde miraba entre 6 y 7 horas diarias. Incluso alguna vez llegó a estar 10 horas seguidas frente a la pantalla”.

Para él, en los casos de adicción a la tecnología pasa lo mismo que con la adicción a sustancias: “la gente se automedica, usa la tecnología como una droga para estar relajado”. El paciente lo pone en estas palabras: “Estaba perdiendo el control al mirar Netflix”.

“Está bien mirar Netflix por recreación; el problema es cuando afecta al estilo de vida de la persona”, remarca Sharma. Dice que algunas áreas que se modifican con el exceso de tecnología son el descanso, el cuidado del aspecto físico (“algunos pasan 2 semanas sin bañarse”), las actividades al aire libre y las relaciones interpersonales.

Para el paciente, Netflix se había convertido en el eje de su vida. “Cada vez que estaba en casa sentía una urgencia que me empujaba a encerrarme en mi habitación a mirar”, dijo. A su familia le daba “cualquier excusa” para aislarse en su cuarto y fijar su vista en la pantalla (casi siempre la de su celular). “Me dormía a las 2 o 3 de la madrugada, al otro día me despertaba tarde. Estaba inquieto y posponía trabajar en mi carrera profesional” dijo.

El joven había llegado a establecerse objetivos. “Se decía, como si fuera una tarea: ‘Tengo que mirar esta cantidad de episodios’”, explica Sharma. Su paciente le contó que llegó a mirar 60 horas de contenido en 30 horas reales, saltándose las partes que no le interesaban. Esto le generaba una especie de orgullo. En un día, “solía mirar más de 15 o 20 shows”, los cuales iban “de historias románticas hasta acción o cualquier otro contenido”.

En qué consistió el tratamiento

La rehabilitación comenzó con métodos de relajación y terapia psicológica, enfocada en formas de disminuir el estrés. Más tarde se trabajó en controlar la irritabilidad y las emociones y en reforzar la motivación.

“Le recomendamos que el horario de irse a dormir no se vea afectado por el uso de Netflix. También hacer un corte a los 30 minutos”, dice Sharma. En ese corte, aconseja “parpadear 10 veces, mover la cabeza hacia los lados, mover las muñecas e interactuar con alguien”, ya que “eso reduce los efectos físicos de uso excesivo y promueve el control”.

El tratamiento dio sus frutos. En un mes, el paciente miraba no más de 2 capítulos en forma consecutiva (siempre con pequeños cortes a los 30 minutos). A mediados de febrero, tras 4 meses de tratamiento, podía mantener la moderación: veía no más de 2 horas diarias y nunca más de 2 capítulos seguidos.

Esto mejoró la comunicación del paciente con su familia y lo ayudó a reenfocar su carrera: se unió a un curso de negocios por correspondencia. Y, mientras continúa las sesiones de terapia cada dos semanas, escribe un libro con su experiencia para concientizar a otros.

“Aprendí a reemplazar Netflix por otras actividades. Ahora priorizo mi carrera y me veo más con gente”, resumió el paciente. El rápido progreso, aclara Sharma, no es algo habitual: “Su caso es especial porque él vino por su cuenta. En chicos que no reconocen el problema, y son traídos por sus padres, un cambio así puede llevar unos 3 a 6 meses”.

Un fenómeno en crecimiento

Aunque el caso apareció en los titulares del mundo como el primero de un adicto a Netflix a escala global, el rótulo es difícil de establecer. “Es el primero que se da cuenta y pide ayuda. Mucha gente está en esa situación pero no se puede diagnosticar porque no se da cuenta”, dice Leticia Luque, psicóloga e investigadora de la Universidad Nacional de Córdoba y especialista en adicción a la tecnología.

Luque señala que “el fenómeno de la adicción a la televisión ha aumentado”. En 2016, una investigación de la UNC que ella codirigió -con una muestra de 628 personas de las ciudades de Córdoba y de Villa del Totoral (también de la provincia mediterránea)- arrojó que el 12,7% de los casos analizados hacía un uso “patológico” de la televisión y un 23,1% un uso abusivo. A fines del siglo pasado, un estudio similar mostró un porcentaje del 1,8% para uso patológico.

Luque relaciona el aumento de la teleadicción con la propagación del streaming, que da al usuario un alto grado de control y la posibilidad de mirar ininterrumpidamente sin esfuerzo. “A diferencia de otras adicciones, como a las compras, el uso excesivo del streaming no genera costos extras”, aclara. Y enfatiza que “en general el adicto no relaciona los cambios en su comportamiento con mirar tanta TV”.

“Es la familia o el entorno el que debe advertir excesos de este tipo, pero a veces la familia se comporta de la misma manera”, advierte. “Es un problema socialmente tolerado”, se leía en el informe de 2016.

La psicóloga no demoniza la tecnología. “Lo malo es el uso que se hace de ella”, aclara. “Ahora uno se puede dar un ‘atracón’, mirar por varias horas sin parar (en la jerga se lo conoce como binge watching)”. Luque advierte que si bien esto no representa necesariamente una adicción, es algo que puede llevar a la misma.

Sie7e Párrafos | 25 de marzo de 2019

Entre ellos, comentado por Laura Galarza

Entre ellos
Richard Ford
Anagrama

Uno (mi comentario)

Con el tiempo, la memoria los empuja cada vez más lejos. A veces los separa una sombra, a veces un muro. Por mucho que se afane en reconstruirlos con palabras, así como sucede con los sueños al despertar, a Richard Ford la vida de sus padres se le escapa. Se aproxima, sin tocarlos. Ellos riéndose en el asiento delantero del auto nuevo; la madre apretándolo muy fuerte mientras el padre cambia una goma en lo alto del puente sobre el Misisipi; el padre llegando a casa y tirando sobre la mesa metálica de la cocina unos paquetes con regalos; la madre con los puños en las sienes diciendo no, no, y el padre muerto en la cama. Retazos. Imágenes, olores, gestos. “Estoy haciendo conjeturas”, dice Ford mientras se pone en la piel de cada uno.

Entre ellos es un libro conmovedor y magistral que demuestra que se puede escribir sobre el amor, libre de sensiblería. También que cada vida – siempre corta e imperfecta –  es digna de ser recordada. Ford produce una hipnosis subyugante: lo vemos a él entre ellos, los vemos a ellos cuidar de él. Asistimos maravillados al intento amoroso que hace Ford de reconstruir las mentes y el sentir. Y también, eso que soñaban para él. ¿Qué habrán sentido ante la llegada del hijo tardío al que no esperaban, ahora que ya no podían ir por la carretera, libres y despreocupados?  Porque al fin y al cabo los padres son unos perfectos desconocidos. “Imagínenlo. Tendrán que imaginarlo porque no hay otra forma”, parece decirse a sí mismo y a nosotros.

La primera parte dedicada al padre y la segunda a la madre, ya editada en los noventa como A mi madre in memorian (una edición de tapa dura que tiene un lugar privilegiado en mi biblioteca) y que Ford adaptó a esta edición sumándole un precioso epílogo. Desde su aparente sencillez Entre ellos habla de nosotros. ¿Quiénes somos? ¿De quiénes estamos hechos? Acaso de retazos de memoria, porque el resto está destinado a desaparecer. Aunque como dice Ford: casi todo desaparece, salvo el amor.

Dos (la selección)

Y en esto hay, por supuesto, una enseñanza, una lección que he tratado -las más de las veces sin éxito- de que me sirviera de guía: es lo que sucede lo que importa, mucho más que lo que la gente, incluído uno mismo, piense sobre lo que sucede antes o después. Solo importa, o importa más que nada, lo que hacemos. No miraba entonces, y no miro aún hoy, el mundo con unos ojos como los de mi madre. Tal vez llegue a alcanzar un mayor entendimiento de esa lección. Pero fue mi madre la primera en enseñármela.

Tres

Yo la veía: su cara blanca tras la ventanilla tintada, la palma pegada al cristal para que la viese… Estaba llorando. Adiós, me decía. Hice ondear la mano en un despliegue ancho, y dije con los labios: Adiós. Te quiero. Y contemplé cómo el tren se perdía entre la urdimbre de viejas fábricas de ladrillo de la ciudad. Podría decirse, supongo, que en ese momento dio comienzo mi vida en verdadera soledad, y que había llegado a su fin lo que pudiera quedar de mi infancia.

Cuatro

¿Ha tenido alguna vez alguien una «relación» con su madre? Yo creo que no. Mi madre y yo nunca nos sentimos vinculados por las cosas de rigor: el deber atípico, el remordimiento, la culpa, la vergüenza, las formas. El amor, que nunca es típico, lo amparaba todo. Esperábamos que fuera fiable, y lo era. Siempre estábamos prestos a decir «Te quiero», como si fuera a llegar un día en que ella querría oírlo, o yo, o en que los dos querríamos oírnoslo decir el uno al otro, solo que por alguna razón -como ciertamente aconteció- al cabo no fue posible.

Cinco

Los padres -por encerrados que estemos en nuestras vidas- nos conectan íntimamente con algo que no somos, y forjan una «ajenidad unida» y un misterio provechoso, de tal suerte que aun estando con ellos estamos solos.

Seis

Me llamaba «hijo». Yo le llamaba «papá». La gente decía que me parecía a él. Seguro que no llegó a pensar nunca que setenta años más tarde yo no recordaría el sonido de su voz, aunque desearía mucho poder hacerlo.

Siete

Me contó que una vez, en el ascensor del edificio donde vivía, una nueva conocida le había preguntado: «¿Tiene hijos, señora Ford?». Y ella, sin pensarlo, le había contestado: «No.» Y luego había pensado: Oh, por el amor de Dios. Claro que tengo hijos. Tengo a Richard.

Laura Galarza es psicoanalista, escritora y crítica literaria. Escribe para el suplemento Radar de Página|12. Hace varios años es columnista literaria en radio. Empezó en Del Plata con Tom Lupo y tuvo participaciones en Radio Nacional y Radio con Vos. Desarrolla La Solapa de Laura y Nati, una serie sobre libros en Youtube. Su libro de cuentos Cosa de Nadie (Del Dock 2014) obtuvo el premio Fundación Acero Manuel Savio. Coordina talleres de lectura y escritura en Dain Usina Cultural.


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Actualidad | 25 de marzo de 2019

El impacto de la recesión: casi 2 millones de personas cayeron en la pobreza

Qué pasó. El último informe del Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina (UCA) muestra que la cantidad de pobres multidimensionales aumentó del 26,6% al 31,3%, del 2017 al 2018, lo que implica que hoy existen 12,7 millones de personas con carencias importantes en su vida. Además de medir la pobreza por ingresos, el índice considera carencia de derechos básicos como la educación y el acceso a la alimentación. Es el índice más alto desde 2010, cuando se empezó a hacer la medición.

Algunas cifras que llaman la atención del informe:

  • 6 de cada 100 hogares urbanos y casi el 7,8% de la población experimentan experiencias frecuentes de hambre (medida como “inseguridad alimentaria”). La problemática se asemeja a la crisis de 2009.
  • La pobreza estructural multidimensional saltó de 16,7% en 2017 a 18,6% en 2018. Este índice representa al porcentaje de personas que es pobre por ingresos y presenta además 3 o más carencias de derecho social.
  • 1,7 de cada 10 hogares no logran cubrir sus necesidades básicas de salud. En esos hogares vive el 22% de la población urbana. La situación ha empeorado con la crisis.
  • El mayor impacto se ve en el Conurbano bonaerense, donde la pobreza multidimensional alcanza al 40% de la población. Allí, la pobreza estructural multidimensional también aumenta al 25%.

El impacto del ajuste y la recesión. El dramático aumento de la pobreza tuvo lugar en un contexto que reflejan la inflación, la caída de la actividad, el aumento del desempleo y la incertidumbre por el dólar, que tienen al país empantanado en una dura recesión.

“Esta tendencia se explica principalmente por el deterioro de los ingresos de los hogares que no eran pobres por ingresos pero se encontraban en situación vulnerable en relación a las dimensiones de derechos consideradas”, dice el informe de la UCA.

En 2018 más de una de cada tres personas vivía en hogares sin ingresos por empleos registrados en la seguridad social o jubilaciones o pensiones contributivas, o que en su defecto contaban con al menos un componente en situación de desempleo de larga duración.

Qué es la pobreza multidimensional. El índice de la UCA cruza la medición de pobreza por ingresos, medida por el INDEC, con un análisis basado en las carencias de derechos que incluye seis dimensiones (alimentación y salud, servicios básicos, vivienda digna, medio ambiente, accesos educativos y empleo y seguridad social). El objetivo es dar una mirada más completa de la pobreza, no solo enfocada en el nivel de ingresos de una familia.

No todo es negativo:

  • En 2018 hubo una mejoría en el acceso a servicios básicos de la vivienda, donde se registra una tendencia sensible a la disminución desde 2010. Sin embargo, 3 de cada 10 hogares urbanos siguen sin contar con red de cloacas, y 1 de cada 10 hogares urbanos no cuenta con servicio de red de agua potable.
  • La mejora observada se debe a la expansión en las conexiones a red de agua potable y a la red cloacal. El informe dice que esto se debe a la inversión pública que tuvo lugar entre los años 2010 al 2014 y posteriormente entre 2016 y 2018. O sea durante el último periodo del Gobierno de Cristina Kirchner y los primeros años del mandato de Mauricio Macri.
  • Otro de los índices que muestra una leve mejora es el del medio ambiente, que bajó un punto porcentual entre 2017 y 2018. Este índice toma en cuenta la cantidad de hogares sin recolección de residuos y basurales, la presencia de fábricas contaminantes, y espejos de agua contaminados.
  • Los hogares que se encontraban privados en al menos una dimensión pasaron del 66% al 62%. Los con 2 y más carencias pasaron de 44% en 2010 a 42% en 2018 y los que experimentaban 3 carencias y más registraron un descenso de 3pp. pasando del 29% al 26%.

A pesar de estas mejoras, el informe destaca esta tendencia tiende a equilibrarse con el deterioro experimentado en otras dimensiones de derechos fundamentales, como alimentación y salud o trabajo, y con el deterioro del salario en términos reales.

El ángulo político. En el Gobierno temen el impacto electoral de las cifras ya que Mauricio Macri había pedido que se juzgara su gestión por este indicador: “si cuando finalice mi gestión no bajó la pobreza, habré fracasado”. La Casa Rosada ya se resigna a que no podrá exhibir cifras positivas de cara a las elecciones de octubre.

El informe de la UCA dice que “durante el último año, los más empobrecidos han sido los sectores obreros y las clases medias bajas”.

Lo que se viene en la semana. El informe negativo de la UCA se publica en una semana en que el Gobierno también tendrá que lidiar con las cifras de pobreza que publicará el jueves el INDEC, que mide solo los ingresos. Además, dará a conocer datos sobre la canasta básica, compras en supermercados y shoppings.

Opinión | 25 de marzo de 2019

Las guerras comerciales de Trump, un peligro absurdo para todos

Don Quijote peleaba contra molinos de viento; el presidente estadounidense Donald Trump, contra el déficit comercial. Ambos combates son absurdos, pero al menos el del Quijote tenía un dejo de idealismo. El de Trump está imbuido de una rabiosa ignorancia y el resto del mundo está pagando el costo.

La semana pasada, se anunció que el déficit externo de Estados Unidos en bienes y servicios creció a 621 000 millones de dólares, pese a la promesa de Trump de recortarlo con sus estrictas políticas comerciales hacia Canadá/México, Europa y China. Trump cree que ese déficit se debe a prácticas desleales de los socios comerciales de Estados Unidos, y juró ponerles fin y renegociar los tratados de comercio con esos países.

Pero el déficit comercial estadounidense no es indicador de prácticas desleales ajenas, ni dejará de crecer como resultado de las negociaciones de Trump. El déficit es una medida de desequilibrio macroeconómico, que las mismas políticas de Trump –especialmente la rebaja impositiva de 2017– han agravado. Su persistencia –de hecho, su aumento– era totalmente predecible para cualquiera que haya llegado a la segunda semana de un curso de pregrado sobre macroeconomía internacional.

Supongamos que una persona tiene un ingreso igual a X y un gasto igual a Y. Si decimos que el ingreso es lo que “exporta” en bienes y servicios, y que el gasto es lo que “importa”, es evidente que tendrá superávit comercial si gana más de lo que gasta, y déficit si gasta más de lo que gana.

Lo mismo ocurre al sumar los ingresos y gastos de toda la economía, incluidos los sectores privado y público. Una economía tendrá superávit de cuenta corriente (la medida más amplia de su balanza internacional) cuando la renta nacional bruta (RNB) supere al gasto interno, y déficit cuando el gasto interno supere a la RNB.

Los economistas usan el término “absorción interna” para referirse al gasto total, sumando el gasto interno en consumo e inversión. De modo que la cuenta corriente se puede definir como la diferencia entre la RNB y la absorción interna.

Es importante señalar que la diferencia entre la renta nacional y el consumo es igual al ahorro interno. Por tanto, la diferencia entre la renta y la absorción se puede expresar en forma equivalente como la diferencia entre el ahorro interno y la inversión interna. Una economía que ahorra más de lo que invierte tendrá superávit de cuenta corriente; si ahorra menos de lo que invierte, tendrá déficit.

Nótese que la política comercial está totalmente ausente en esta ecuación. El déficit de cuenta corriente es una medida puramente macroeconómica: es el faltante de ahorro respecto de la inversión. El déficit externo de Estados Unidos no es en modo, forma o circunstancia alguna indicador de prácticas comerciales desleales por parte de Canadá/México, la Unión Europea o China.

Trump cree que sí lo es, porque es un ignorante. Y que su ignorancia domine el discurso público estadounidense se debe ante todo a la pusilanimidad de sus asesores (aunque hay que admitir que los que se atreven a contradecirlo se quedan sin empleo), al Partido Republicano y a los directores de empresas estadounidenses (que se niegan a denunciar las tonterías de Trump).

Estados Unidos pasó de tener superávit de cuenta corriente a déficit crónico a partir de los ochenta, y este se debió sobre todo a una serie de rebajas impositivas aprobadas durante las presidencias de Ronald Reagan, George Bush (hijo) y Trump. Una rebaja impositiva sin un correspondiente recorte del gasto público reduce el ahorro público.

Esto puede compensarlo en parte un aumento del ahorro privado, que se dará, por ejemplo, si las empresas y las familias creen que la rebaja impositiva será temporal. Pero en general, la compensación será insuficiente. De modo que las rebajas impositivas tienden a reducir el ahorro interno, lo que a su vez aumenta todavía más el déficit de cuenta corriente.

Datos del Banco de la Reserva Federal de Saint Louis muestran que en los setenta, el ahorro público promedio en Estados Unidos fue -0,1% de la RNB, mientras que el ahorro privado promedio fue 22,2% de la RNB. De modo que el ahorro interno fue 22,1% de la RNB.

En los primeros tres trimestres de 2018, el ahorro público estadounidense fue -3,1% de la RNB, mientras que el ahorro privado fue 21,8% de la RNB, de modo que el ahorro interno fue 18,7% de la RNB. Al mismo tiempo, la cuenta corriente de Estados Unidos pasó de un pequeño superávit del 0,2% de la RNB en los setenta a un déficit del 2,4% de la RNB en los primeros tres trimestres de 2018.

Es probable que como consecuencia de la rebaja impositiva de 2017 en Estados Unidos, el ahorro público se reduzca alrededor del 1% de la RNB. El ahorro privado tal vez aumente la mitad de eso, en previsión de futuras subas de impuestos; a la par de un incremento marginal de la inversión empresarial y una caída de la inversión en vivienda con escaso efecto combinado. De modo que el resultado neto más probable es un aumento del déficit de cuenta corriente, tal vez del orden del 0,5% de la RNB.

Así que el ligero aumento del desequilibrio externo es atribuible ante todo a la política impositiva insignia de Trump. Y en esto también la política comercial es básicamente irrelevante.

Pero la política comercial no es irrelevante para la economía global. Todo lo contrario. Mientras Trump persigue su quimera, la economía mundial se ha vuelto más inestable, y las relaciones entre Estados Unidos y la mayor parte del mundo han empeorado palpablemente. Trump es visto con desdén en casi todas partes, y el prestigio del liderazgo estadounidense se derrumbó en todo el mundo.

Es verdad que las políticas comerciales de Trump no buscan solamente corregir el desequilibrio externo de Estados Unidos, sino que también constituyen un errado intento de contener a China e incluso de debilitar a Europa. Este objetivo parte de una cosmovisión neoconservadora según la cual la seguridad nacional es un juego de suma cero entre estados‑nación; los logros económicos de los competidores de Estados Unidos se ven como amenazas a la primacía mundial estadounidense, y por ende, a la seguridad nacional.

Estas ideas son reflejo de formas de beligerancia y paranoia que están presentes en la política estadounidense hace ya mucho tiempo, y que alientan un conflicto internacional tras otro. Trump y sus cómplices les están dando vía libre. Vistas en este contexto, las desacertadas guerras comerciales de Trump eran casi tan predecibles como los desequilibrios macroeconómicos en cuya solución han fracasado tan estrepitosamente.

Traducción: Esteban Flamini

Jeffrey D. Sachs es director del Centro de Desarrollo Sostenible en la Universidad de Columbia. También es director de la Red de Soluciones de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas.

© Project Syndicate 1995–2019.

Vida Cotidiana | 25 de marzo de 2019

Ilustración: Miguel Porlan / The New York Times

Consejos para manejar tu tiempo en el celular

Según los datos de Moment, una aplicación de seguimiento de tiempo de uso del celular con casi cinco millones de usuarios, la persona promedio pasa cuatro horas al día interactuando con su teléfono. Aquí hay algunos consejos para navegar por una mejor relación con tu celular.

  • RECONSIDERA LA MANERA EN LA QUE PENSAS SOBRE ÉL: muchas personas consideran que al pasar menos tiempo en sus teléfonos se niegan a sí mismos un placer, y ¿a quién le gusta hacer eso? En su lugar, piénselo de esta manera: el tiempo que dedica a su teléfono es el tiempo que no está gastando haciendo otras cosas placenteras, como salir con un amigo o buscar un pasatiempo.
  • PREPARATE PARA EL ÉXITO: crea disparadores que te recuerden tus objetivos y te facilite cumplirlos. Si quieres pasar más tiempo leyendo, deja un libro en tu mesita de noche. Si deseas cocinar más, prepara una lista de compras para esa receta que estás ansioso por probar. Configure una estación de carga para su teléfono que no esté en su habitación y compre un reloj despertador independiente. Por otro lado, evite los disparadores que lo configurarán para el fracaso. Elimine aplicaciones de redes sociales de su teléfono. (En su lugar, use las versiones de navegador). Deshabilite las notificaciones, incluidas las de correo electrónico. Establezca una regla, para usted y su familia, de no mantener los teléfonos sobre la mesa durante las comidas.
  • UTILICE LA TECNOLOGÍA PARA PROTEGERSE DE LA TECNOLOGÍA: las aplicaciones de seguimiento del tiempo como Moment, Quality Time y (OFFTIME) medirán el tiempo que pasa en su pantalla. Freedom y Flipd le permiten bloquear el acceso a aplicaciones y sitios web problemáticos cuando desea tomarse un descanso. Apple ahora tiene un modo de “No molestar mientras conduce” que envía respuestas personalizables de mensajes de texto para que pueda alejarse de su teléfono sin preocuparse de dejar a alguien colgado. Lilspace hace lo mismo para Android, y muestra un temporizador en la pantalla de bloqueo que te muestra cuánto tiempo has podido permanecer desconectado (una característica extrañamente motivadora).

© 2019 The New York Times

Sociedad | 24 de marzo de 2019

Foto: gentileza María del Carmen Roqueta | Intervención: Pablo Domrose

María del Carmen Roqueta, la mujer que le dio a Jorge Rafael Videla su última condena

Es 5 de julio de 2012 en la ciudad de Buenos Aires. Jorge Rafael Videla está sentado en la sala del Tribunal Oral Federal Número 6, del lado de los acusados. “Vamos a dar lectura al veredicto”, anuncia María del Carmen Roqueta, presidenta del tribunal. La sala está colmada, y el público mira expectante, como si estuviera asistiendo a una película de suspenso y palpitara el momento cúlmine. Pero lo que sucede aquí —lo saben bien— no tiene nada de ficción.

“Este tribunal resuelve: condenar a Jorge Rafael Videla por ser autor penalmente responsable de los delitos de sustracción, retención y ocultamiento de un menor de diez años en los siguientes casos:…”. A continuación la lista de nombres es enorme.

El acusado escucha y mira fijo con el ceño fruncido. Contrae y retrae la boca con ese espasmo involuntario de los hombres de cierta edad. La jueza continúa: “(…)Condenar a Jorge Rafael Videla a la pena única de reclusión perpetua, inhabilitación absoluta perpetua y accesorias legales”.

Videla tiene un saco azul grisáceo, una camisa blanca, una corbata bordó con pintas. Tiene algo de pelo cano a los lados de la cabeza y en la nuca, un bigote blanco, labios pálidos apretados. Tiene 86 años, y una expresión compungida. Y una cadena perpetua.

* * *

El 18 de marzo de 2019 suena el timbre en un edificio de pocos años con puertas acristaladas en el corazón de Palermo Hollywood. Desde afuera se ve un fondo con césped prolijamente afeitado que se ofrece al sol de los últimos días de verano. La exjueza abre la puerta y conduce hacia allí. Al lado del pasto hay una pileta, y luego un deck de madera oscura y más atrás, una parrilla. Todo está rodeado de luces que la tarde azul vuelve innecesarias.

—Sentí que había ofrecido un juicio con calidad, con administración de Justicia, como todos pretenden, más en estos casos tan trascendentes.  

Si se piensa en la jueza que condenó a Videla, sin conocerla, quizás la imaginación delinee una mujer mayor, endurecida por un barniz de rigidez y severidad. Pero no hay rastros de eso en ella. A María del Carmen Roqueta se la conoce como “Marita”. Tiene una melena corta y lacia color miel, y ojos verdes con destellos ambarinos. Tiene 65 años.

* * *

Roqueta nació en 1953, en la ciudad de Buenos Aires. Fue la menor de una familia “sencilla, humilde”, de padres comerciantes, dueños de un almacén de ramos generales, con dos hijas mujeres. Su hermana mayor murió hace un mes. Durante su niñez vivió en Lomas del Mirador y en Valentín Alsina. Ahí cursó la escuela primaria y la secundaria.

—Siempre fui una chica muy inquieta, muy curiosa, y lo sigo siendo. Me gustaba estudiar, siempre me apasionó la historia argentina, así que pensaba seguir esa carrera o periodismo. Pero en algún momento pensé que si cursaba Derecho iba a poder hacer todo. Además, en mi casa se hablaba mucho de política y la conciencia social estaba muy presente. Mi mamá decía: “Hay que ver la pobreza, la marginalidad, las injusticias cotidianas”. Ese era mi impulso: trabajar por la justicia. Y salí a intentar cambiar el mundo en plenos años 70.

Hizo su carrera universitaria a los saltos. Los primeros años trabajando de cadeta y luego de administrativa en una empresa constructora; después de empleada de un banco donde conoció al que sería su marido y el padre de su hija: el director de televisión, cine y teatro, Claudio Ferrari, que en ese momento también era bancario. Además ella militaba en el centro de estudiantes de la UBA. Cuando la dictadura la intervino, dejó de ir.

—Fueron años aterradores. Se llevaron a muchos compañeros. Ya no se podía ir. Preparaba algunas materias libres para no perder la regularidad, por eso mi carrera se hizo larga, como hasta el 80 no volví a cursar. Recuerdo haber llamado a una compañera desde el teléfono público de Florida y Diagonal Norte, decirle: “Hola” y ella: “Se llevaron a fulanito. Cortá”. ¿Viste cuando te das vuelta, ves la ciudad y decís: “Ahora, a dónde voy, qué hago”? El recuerdo de sentirme sola. Y el miedo. Mucho miedo.

Esos años estuvieron para Roqueta rodeados de ausencias: en 1978 murió su papá. Dos años después se casó. En 1984 murió su mamá, y en 1986 su matrimonio terminó. Pero de esa relación, en 1982, nació su hija, Flora Ferrari.

—Desde ahí la batallé sola. Terminé la carrera después de tener a mi nena, con un divorcio en el medio. Y después sí volví a militar en el peronismo. Siempre me había interesado la política pero lo que me marcó fue el levantamiento de los carapintada en semana santa. Ese domingo de Pascuas agarré a Flor, que era chiquitita, y me fui a la Plaza. Sentía que uno tenía que salir con los hijos, que después de todo lo que había pasado había que seguir apostando por la vida.

* * *

Ya instalada la democracia, la entonces abogada comenzó a trabajar junto a Chacho Álvarez. Luego fue “redactora de leyes y decretos” en La Plata, cuando Antonio Cafiero ganó la gobernación de la Provincia, y cuando Menem asumió la Presidencia, se fue al Ministerio del Interior de la Nación con las mismas tareas. “Trabajé mucho”, recuerda.

Inquieta, con el deseo de crecer en su profesión, a principio de los 90 estaba lista para pasar a otra cosa. Su objetivo era ambicioso: el Poder Judicial.

—Había logrado una entrevista con el secretario de un juzgado y me dijo: “Esto es Penal. El juez no quiere mujeres”.

Roqueta volvió a intentarlo.

—Cuando se dio, creo que fue porque estuve en el lugar correcto, en el momento indicado y despierta.

En 1993 juró como jueza del Tribunal Oral Federal número 6, donde ejerció hasta abril de 2016, cuando se jubiló.

El camino no fue apacible. En los primeros años debió lidiar con los prejuicios y las suspicacias de sus colegas por ser mujer, por ser joven, y porque no venía del mismo riñón judicial sino de la política. También con las críticas de los medios que, para pegarle al Gobierno del cual ella era parte, se encargaban de ella.

—Publicaron que era la amante de Corach. ¡Nada que ver! —exclama y ríe como si la sola idea le resultara tan inverosímil como un animal mitológico. —Decían que era una tarada, que no sabía nada. En el momento fue durísimo. Nos pegaban a todos. Y ¡pum!, me pegaron a mí. Clarín me pegó, Página 12 me pegó, Verbitsky ​me pegó. Ellos ponían: “Joven abogada, sin experiencia en el Poder Judicial”. Eso fue lo que más me costó: que me reconocieran. Ser la única mujer, y jueza. Fácil no fue.

* * *

La causa conocida como “Plan Sistemático” entró a su tribunal por sorteo. Videla había sido juzgado y sentenciado a reclusión perpetua en el Juicio a las Juntas de 1985. En diciembre de 1990 Carlos Menem indultó a todos los condenados. Ese decreto se sumaba a las leyes de Obediencia Debida (1987) y Punto Final (1986), pero esas leyes no incluían las causas por robo de bebés, y las Abuelas de Plaza de Mayo no descansaron hasta demostrar que había habido un plan sistemático para apropiarse de los niños nacidos en cautiverio.

—Era un tema que en el juicio de 1985 no se había podido probar porque todavía no había información suficiente  —explica Roqueta—. Después, en 2003, 2004, cuando se anulan las leyes de Punto Final y Obediencia Debida y se reabren las causas, Videla es investigado también por otros casos. Nosotros le dimos 50 años que era el límite por esos delitos, pero teníamos que unificar la condena con la causa original, entonces fue perpetua.

—¿Qué recordás del juicio?

—Para mí fue mucho, mucho, trabajo. Era importante contar con un buen equipo, con mucha empatía, que entendieran qué estábamos haciendo. Y hacer un juicio como se hacía cualquier otro: con las mismas garantías y la protección de los imputados, y de las víctimas. Mantener la objetividad al máximo. Difícil.

Roqueta, mujer menuda, de modos amables pero enérgicos, recuerda que los condenados nunca mostraron arrepentimiento: “No, ninguno. Videla reivindicaba todo y negaba el robo de bebés. Sí se hacía cargo de las órdenes que había impartido. Como soldado decía que era responsable de lo que había pasado: ‘Una guerra infame pero guerra al fin’”. También recuerda que siempre le hablaron con cordialidad y respeto: “Todos. Videla era militar así que era conocedor de la jerarquía. Y la jerarquía la tenía yo. Y encima era una mujer” —dice y ríe.

* * *

Desde que está jubilada disfruta de no tener horarios y aprovecha su tiempo para hacer yoga, salir con amigas, pasar tiempo con su hija, ver maratones de Friends en Netflix, escribir y viajar.

Aunque no extraña el ejercicio de la profesión sigue atenta las causas que ocupan la agenda nacional. “No, no me puedo desconectar. Tantos años trabajando y marcando una jurisprudencia de protección de las garantías procesales y ahora veo cosas que me indignan muchísimo.” Cree que la Justicia argentina tiene agujeros profundos.

—Da la sensación de que es algo sucio, corrupto y alejado de la sociedad. No es así en todos sus sectores, pero esta es la imagen que se tiene. Y la estructura es un desastre. Creo que como en su momento fue política de Estado avanzar con los juicios de lesa humanidad, debería haber un acuerdo para armar una Justicia que sea creíble y accesible. Eso es lo más importante: que cualquier persona que pise este país tenga un acceso sencillo.

Respecto a la condena a Jorge Rafael Videla (que falleció el 17 de mayo de 2013 a los 87 años y mientras estaba detenido en el penal de Marcos Paz) Roqueta señala:

—Lo que tratás de decir al final es: “Hice un juicio justo”. Me quedé muy tranquila porque era una sentencia recontratrabajada. Decir “hacer justicia” es algo muy fuerte, una trata de administrar de la mejor manera.

* * *

El 24 de marzo de 1976, cuando se despertó, su madre le dijo que había un golpe de Estado. Roqueta se puso a llorar. Tenía 22 años.

Estaba en tercer año de Derecho. El 23 de marzo, en la facultad, el ambiente era denso. El golpe se palpitaba fuerte. El 24 a la mañana fue a la oficina de la empresa constructora donde trabajaba como administrativa, en el centro porteño.

—Estaba aterrada. Siempre me acuerdo que uno de los jefes que trabaja ahí como tesorero me dijo: “Aprendé a mirar a la gente que camina por la calle. Vas a ver que van con la cabeza baja”. Empecé a prestar atención y era cierto. “Cuando vos ves que la gente comienza a caminar con la cabeza baja estamos muy pero muy mal”.

Hoy, 24 de marzo de 2019, María del Carmen Roqueta va a ir a la Plaza de Mayo. A marchar.

Salud | 21 de marzo de 2019

Ilustración: Pablo Domrose

Cómo evitar la principal causa de muerte en adolescentes y jóvenes: los siniestros de tránsito

Los incidentes viales son la principal causa de muerte entre los jóvenes en Argentina. Según la Agencia Nacional de Seguridad Vial, en 2017 fallecieron 5611 personas en las calles y rutas del país, de los cuáles 2.339 tenían entre 15 y 34 años. Es decir, cada 4 horas muere un joven por causas que podemos evitar. Qué está haciendo el estado para mitigar la epidemia y el ejemplo de Mendoza que logró reducir la mortalidad por incidentes de tránsito.

“Manuel no murió en un accidente. A mi hijo de 18 años lo atropelló un jóven de 20 años, que conducía alcoholizado, y lo mató”, precisa Ema Cibotti. Y enseguida explica: “es que un accidente es algo fortuito, inesperado e infrecuente. Y los choques, vuelcos, atropellos, embestidas no tienen nada de eso. Se pueden prevenir y evitar”.

La corrección semántica parece un detalle, sin embargo contiene la esencia del problema: las muertes provocadas por la violencia vial pueden prevenirse.

Manuel murió el 15 de mayo de 2006, en la ciudad de Buenos Aires. Tiempo después, Cibotti fundó la Asociación Civil Trabajar Contra la Inseguridad y la Violencia Vial (Activvas), que promueve el debate en torno a estas conductas.

Hoy, una estrella amarilla con el nombre de Manuel se erige en el sitio en el que lo mataron. Con estas señales, los familiares de las víctimas no sólo buscan recordarlos, también pretenden despertar la consciencia de quienes conducen, acompañan o caminan por las calles. En el país ya hay más de 50.000 estrellas bajo el lema “De vos depende no sumar una estrella más al cielo”.

Ema Cibotti. Foto: Pablo Tesoriere

Según los últimos datos de la Agencia Nacional de Seguridad Vial (ANSV), en 2017 se produjeron 137.567 siniestros viales que no solo provocaron 5.611 muertos. También hirieron a 118.550 personas, de los cuales 89% fueron leves y 11% graves.

En coincidencia con los datos nacionales, un informe de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), que analizó las causas de muerte entre 2000 y 2014 en las personas de entre 10 y 24 años de todo el continente americano, demuestra el impacto de los siniestros viales en los adolescentes y jóvenes. Y destaca que Argentina es unos de los países en los que se han registrado los mayores aumentos.

Los accidentes de tránsito son una de las principales causas de muerte entre los jóvenes en casi todos los países del mundo. Sin embargo, la Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que el 93% de las víctimas fatales menores de 20 años tiene lugar en países de ingresos medios y bajos, donde se ubica la Argentina.

A tal punto las muertes por esta causa preocupan a escala mundial que en marzo de 2011 la Asamblea de las Naciones Unidas lanzó la Década de Acción por la Seguridad Vial con un objetivo de máxima: colocar a la seguridad vial en la agenda de todos los gobiernos del mundo.

Para hacerse una idea, según expone la OMS, cada año mueren en el mundo aproximadamente 1,24 millones de personas por incidentes de tránsito. Y el 80% de esas muertes tienen lugar en los países de ingresos medios, los que representan el 72% de la población mundial con tan sólo el 52% de los vehículos registrados en todo el mundo.

También hay que decir, que si bien dentro de latinoamérica la Argentina no se encuentra entre los países con mayor tasa de mortalidad por siniestros de tránsito, sí supera el valor establecido por la OMS para que una enfermedad sea considerada como una epidemia.

¿Cómo somos conduciendo?

Los factores de riesgo determinados por la OMS son la velocidad, la conducción bajo los efectos del alcohol y otras sustancias psicoactivas, el mal uso de elementos de retención (cinturones de seguridad y sillas para niños, por caso), el mal uso del casco, elementos de distracción y la somnolencia y la fatiga.

Es decir, todas causas que pueden prevenirse y así disminuir la probabilidad de siniestros viales. Por eso también son las variables que los estados analizan al desarrollar políticas públicas para reducir el número de siniestros en calles y rutas.

En Argentina, la ANSV a través de su Observatorio Vial ya ha estudiado en profundidad a algunos de los factores:

Conducir alcoholizados. En marzo de 2018, el observatorio presentó un informe que sostiene que el mayor consumo de alcohol en general, no necesariamente al momento de conducir, se da entre los jóvenes de 18 a 24 años y es del 79%. Mientras que la franja que va de los 25 a los 34 años solo reducía levemente su consumo.

Según el mismo estudio, Argentina es el segundo consumidor de alcohol puro por bebedor más alto de América del Sur detrás de Perú, con 16 litros por año. Y si bien no existen estadísticas nacionales precisas, el informe estima que en 2015 las muertes por siniestros viales relacionados al consumo de sustancias representaron cerca del 5%. De hecho, del total de jóvenes conductores que asistieron a un hospital público con motivo de un siniestro vial, el 28% había consumido alcohol en las horas previas.

El estudio también reveló que en 2016 el 27% de los jóvenes argentinos de entre 16 y 35 años conductores de autos y el 29% de los jóvenes conductores de motos, según sus propias declaraciones habían conducido bajos los efectos del alcohol en el último año.

A modo de conclusión el informe observó que para los jóvenes manejar es símbolo de mayor libertad, independencia y adultez. Mientras que tomar alcohol implica mayor sociabilidad, disfrute y compañía con amigos. A su vez, los jóvenes no sienten que pueda tener costos el consumir alcohol y manejar. Por un lado, porque no perciben el riesgo de sufrir un siniestro vial al conducir en esas circunstancias y, por el otro, porque no sienten que el Estado los controle y sancione.

Foto: Agencia Nacional de Seguridad Vial

Entonces, ¿por qué los jóvenes deberían dejar de realizar una acción que a ellos les genera tanta utilidad? El estudio considera que la decisión de beber y conducir debería ser penalizada. Para ello es vital la implementación de controles y sanciones que favorezcan el cambio de conducta.

También recomienda sensibilizar a los jóvenes acerca de los riesgos (físicos y psíquicos) implicados ante la eventualidad de un siniestro vial ocurrido por causa del alcohol. “La concientización debe incluir la implementación de campañas masivas, cuyo contenido incluya los hallazgos de esta investigación con el objetivo de que los jóvenes se interpelen sobre su accionar”, cierra el informe.

El uso del cinturón de seguridad. En el último estudio observacional sobre la Situación de la Seguridad Vial en Argentina que realizó la ANSV y publicó en marzo de 2018, determinó que en Argentina solo el 43,6% de los vehículos transitan con todos sus ocupantes protegidos mediante el uso del cinturón de seguridad. Es decir, solo 4 de cada 10 vehículo. Aunque el uso del mismo está normado en la Ley de Tránsito desde 1994 y posee amplio conocimiento por parte de la población.

La última medición del Estudio Observacional del comportamiento de conductores y ocupantes de vehículos de 4 (o más) y 2 ruedas realizado en 2016 por el Observatorio Vial, determinó que en Argentina sólo el 43,6% de los vehículos transita con todos sus ocupantes protegidos mediante el uso del cinturón de seguridad.

El relevamiento también observó que cuando el conductor usa cinturón de seguridad, es mayor el uso del dispositivo en los demás ocupantes del vehículo. Y que las mujeres al volante se protegen más que los hombres (58,4% y 48,6% respectivamente).

Por supuesto, el uso de cinturón de seguridad, independientemente de la posición, varía de acuerdo a la región. La zona de Cuyo observa una tasa de uso muy superior a la media nacional, mientras que las regiones del NEA y el NOA registran las tasas de uso más bajas del territorio nacional.

El informe también observó que 7 de cada 10 menores de edad (0 a 17 años) viajaban totalmente desprotegidos, ya sea por el no uso del cinturón de seguridad o por su uso incorrecto.

El uso de luces diurnas. Otro aspecto importante relacionado con los elementos de seguridad del automóvil es el uso de luces durante el día. El informe sostiene que, aunque desde 2013 viene aumentando el uso de luces diurnas reglamentarias, para 2016 solo 4 de cada 10 vehículos las usaban.

Las motos y los cascos. La ANSV registra a escala nacional un crecimiento sostenido en el uso del casco desde 2011 hasta 2014, mostrando estabilidad hacia 2016. Pero con ese incremento, solo 6 de cada 10 motos observadas circula con todos sus ocupantes protegidos con cascos.

Foto: Agencia Nacional de Seguridad Vial

Por otro lado, los relevamientos evidencian que el norte argentino es la región que menos elementos de seguridad vial usa. El dato adquiere gravedad cuando observamos que esta es la región que presenta la tasa más altas de motorización motovehicular y tiene un escaso uso del casco.

“En este marco, se visualiza el desafío de continuar realizando campañas de concientización focalizadas en el uso del casco y en el desarrollo de planes locales de seguridad vial con énfasis en el motociclista”, recomienda el estudio sobre la Situación de la Seguridad Vial en Argentina.

Como ocurre con los cinturones de seguridad, el uso del casco por parte del conductor incide positivamente en su uso por parte del resto de los ocupantes de la moto.

Por último, solo 4 de cada 10 motos utilizan las luces diurnas reglamentarias. Siendo las regiones del NEA y el NOA las que registran los niveles más bajos de uso de luces.

Vale subrayar que el uso de elementos de seguridad vial en vías urbanas es menor al que se da en ámbitos ruteros, si bien en éstos últimos tampoco se alcanza un nivel de uso deseable.

Tras analizar estas variables la ANSV sostiene “que los comportamientos viales en Argentina se caracterizan por altos niveles de transgresión a las normas de tránsito. Transgresión asociada, por un lado, a cuestiones percibidas del contexto y, por el otro, con cuestiones actitudinales como la falta de hábito, creencias instaladas en torno a la conducción, y aspectos sensoriales que afectan el uso de elementos de seguridad vial. Todo esto, como se pudo observar, se enmarca en una cultura argentina caracterizada por la falta de apego a la ley”.

Las provincias con más siniestros

El diagnóstico de la situación de la seguridad vial en Argentina permitió establecer que en el país existen dos zonas altamente comprometidas con la seguridad vial. Una zona que concentra la mayor cantidad muertos por siniestros viales: el Área Metropolitana de Buenos Aires y la región pampeana. Y otra donde en términos relativos se observan las tasas más elevadas de mortalidad: el norte argentino.

Entrá y mirá los datos de tu provincia

En el marco de un país federal, la ANSV se ha propuesto una serie de desafíos a escala nacional: continuar impulsando la creación de observatorios viales en todo el territorio, investigar temáticas aún no exploradas que permitan brindar soluciones y promover mejoras en las normas legales con el objetivo de incrementar la eficiencia y efectividad de los controles.

Mendoza lo está logrando

En esta provincia, la tasa de uso de elementos de seguridad vial es muy superior a la media nacional.

Por eso la ANSV decidió investigar los factores que lo hicieron posible, con el fin de elaborar un manual de buenas prácticas de gestión que pudiera ser compartido con el resto de las jurisdicciones que quieran generar cambios positivos en materia de seguridad vial en sus territorios.

De ese relevamiento se desprende que en Mendoza, 8 de cada 10 conductores utilizan el cinturón de seguridad, mientras sólo 3 de cada 10 ocupantes traseros lo hacen. Así, la provincia exhibe los niveles de uso de cinturón más altos del territorio nacional.

Es importante considerar que, según la OMS, el uso del cinturón de seguridad disminuye el riesgo de muerte de los ocupantes delanteros de un vehículo entre 40% y 50%, y entre 25% y 75% el de los pasajeros de asientos traseros.

Foto: Gobierno de Mendoza

Al igual que con el uso del cinturón, el uso de sistemas de retención infantil apropiados en la provincia de Mendoza es superior a la media regional y nacional, alcanzando al 71,3% de los niños entre 0 y 4 años que se trasladan en la parte de atrás del auto.

En el mismo sentido, las OMS, observa que los medios de sujeción de niños, si se instalan como es debido y se usan correctamente, reducen un 70% las muertes de los menores de un año, y entre 54% y 80% las de los niños de corta edad.

Lo mismo ocurre con el uso de casco por parte de los motociclistas. Puede reducir el riesgo de muerte casi un 40%, y el riesgo de un traumatismo grave en más del 70% (OMS). En Mendoza 9 de cada 10 personas que van en moto usa casco.

En cuanto a circular con luces encendidas, se observó que solo 4 de cada 10 vehículos de 2, 4 o más ruedas lo hace a nivel nacional. Mientras que en la provincia de Mendoza, la tasa de uso asciende al 88,4% entre vehículos de 4 (o más ruedas) y al 82,3% entre vehículos de 2 ruedas.

No obstante este decrecimiento, la tasa de mortalidad en Mendoza (14,4) fue superior a la tasa registrada para el total nacional (12,7) para el año 2016, evidenciando la problemática que debe seguir enfrentando la provincia en cuanto a la siniestralidad vial. Es más, en Mendoza, el 44.3% de los muertos por siniestros viales tienen entre 15 y 34 años.

Las medidas que implementó

Para lograr estos avances, Mendoza sancionó una ley de tránsito que priorizó la obligatoriedad del uso del cinturón de seguridad, casco y luces reglamentarias, generando concientización y acciones concretas para incrementar el nivel de utilización por parte de los ciudadanos.

Luego, la provincia buscó el consenso entre los diferentes municipios, prohibiendo legalmente que éstos pudieran entrar en conflicto con la normativa provincial, la cual adhería en espíritu a la normativa nacional.

Esta coordinación de prioridades favoreció la creación y designación de los órganos intervinientes en la gestión y control de la seguridad vial, aspecto que fue clave para implementar los mecanismos de control y sanción de manera efectiva.

Foto: Agencia Nacional de Seguridad Vial

También se trabajó en preparar a la ciudadanía en la aceptación de los nuevos requerimientos viales, cuestión que se vuelve esencial cuando de lo que se trata es de la modificación de conductas socialmente arraigadas.

Además, hubo un período de gracia que incluyó mecanismos para hacer más accesible la adquisición de elementos de seguridad. Tras el cual se desplegaron fuertes controles a los vehículos, con sus consecuentes sanciones, generando visibilidad del poder de fiscalización en las calles para generar mayor legitimidad.

Foto: Gobierno de Mendoza

El estudio sobre Mendoza concluye enumerando los próximos desafíos: “la provincia registra una tasa de mortalidad por siniestros de tránsito más alta que la nacional, que podría estar explicado por otros factores de riesgo no estudiados hasta el momento como, por ejemplo, el exceso de velocidad, el consumo de alcohol previo a la conducción, o las distracciones al conducir”.

Con el potencial de llegar a todo el país, la ANSV lanzó hace pocas semanas la Red Federal de Asistencia a Víctimas y Familiares de Víctimas de Siniestros Viales. El organismo brinda asesoramiento legal, psicológico, social y de rehabilitación en la post emergencia vial. Nuclea provincias, municipios y organismos privados, que ponen a disposición sus recursos y articulan a nivel interjurisdiccional.

Para Ema Cibotti, como mamá de una víctima de la violencia vial, la Red Federal de Asistencia a Víctimas y Familiares de Víctimas de Siniestros Viales es un logro enorme. “Porque lo peor es el día después. No sabés qué hacer y en general las decisiones que tomas no son las mejores”, explica en tono suave. Como repite varias veces ella misma durante la entrevista: “modificar los hábitos sociales que producen la violencia vial es un trabajo colaborativo a largo plazo. Tenemos que ser tenaces y no bajar los brazos”.

Sociedad | 21 de marzo de 2019

De qué trata la Iniciativa Spotlight contra femicidios presentada por el gobierno

En un acto oficial en el Centro Cultural Kirchner, el presidente Mauricio Macri anunció el lanzamiento de la Iniciativa Spotlight para eliminar violencia contra las mujeres y niñas. Junto a representantes de la Unión Europea y las Naciones Unidas, el Presidente informó que se hará una inversión de $5 millones de euros para la implementación de la primera fase del programa. “La violencia contra las mujeres es uno de los desafíos más urgentes de la humanidad”, declaró Macri en su discurso.

De qué trata la iniciativa. La Iniciativa Spotlight es una alianza entre la Unión Europea, las Naciones Unidas, y distintos países que busca eliminar todas las formas de violencia contra las mujeres y niñas en el mundo. Pone especial énfasis en tratar temas de violencia doméstica, violencia sexual, trata de personas, y la explotación sexual y económica de las mujeres. Es una iniciativa global que prevé una inversión de por lo menos $500 millones de euros, con la Unión Europea como principal contribuyente.

Por qué Argentina. La Iniciativa Spotlight se llevará a cabo en diversos países alrededor del mundo. En América Latina, se implementará en Argentina, El Salvador, Guatemala, Honduras y México. Durante el anuncio oficial en el CCK, representantes de la UE y la ONU destacaron el compromiso demostrado del Estado argentino hacia temas de violencia de género. Algunas de las políticas que resaltaron fueron el Primer Plan Nacional de Acción para la Prevención, Asistencia y Erradicación de la Violencia Contra las Mujeres y la sanción de la Ley Brisa y la Ley Micaela en 2018.

Cómo será la implementación. La iniciativa tendrá dos fases. Durante la primera (diciembre de 2018 a diciembre de 2020), se trabajará a nivel nacional y con las provincias de Buenos Aires, Salta y Jujuy, las cuales fueron seleccionadas por sus altas tasas de femicidios. La segunda etapa será hasta finales del 2022 y se contempla una inversión total de $8 millones de euros para ambas etapas. Del total de la inversión, el 10% se asignará a un fondo para proyectos impulsados por organizaciones de la sociedad civil.

Cuáles son algunos de los proyectos. Durante el acto oficial, se dieron a conocer dos iniciativas concretas que se llevarán a cabo en el marco de Spotlight. La primera, en Jujuy, involucrará la creación de servicios móviles para mujeres indígenas que viven en la puna jujeña y no pueden acceder de otra manera a asistencia en casos de violencia. La segunda, en Salta, implementará la digitalización de toda la información sobre casos de violencia de género, creando un registro único y coordinado sobre el tema. Este registro estará disponible en Español y en lengua Wichí.

Ejes de trabajo. El esquema de trabajo apunta a:

  • Reforzar los sistemas de recolección de datos sobre femicidios.
  • Mejorar la prevención de la violencia.
  • Acompañar a las víctimas a través de servicios de atención accesibles en los que puedan confiar.
  • Apoyar a la sociedad civil en sus iniciativas para lograr la erradicación de la violencia.
  • Fortalecer las capacidades de las instituciones y del Estado para el diseño e implementación de políticas públicas que den respuesta a la violencia.
  • Desarrollar un marco legislativo con leyes específicas y ajustadas a las convenciones y estándares internacionales.

La violencia de género en Argentina en datos. Fuente: Ministerio de Seguridad de la Nación y Defensor del Pueblo de la Nación.

  • Cada 32 horas una mujer es víctima de femicidio.
  • En 2017, ocurrieron 274 femicidios en todo el país.
  • Las provincias con las tasas más altas de femicidio son Salta, Santiago del Estero, Jujuy y Formosa.
  • En el 72,7% de los casos, el femicidio ocurrió en el domicilio particular de la víctima.
  • El 61,7% de las víctimas tenían una relación de pareja íntima con el femicida, y el 18,6% tenían relación familiar.
  • En 2017, la cantidad de hijos menores y personas a cargo de las víctimas de femicidios fue 206.

Si vos o alguien que conocés vive alguna situación de violencia, llamá gratis a la línea 144

Sociedad | 22 de marzo de 2019

Foto: ONU | Intervención: Pablo Domrose

Acceso al agua: el desafío de no dejar a nadie atrás

Abrimos la canilla y el agua sale, tanto que casi no nos damos cuenta que esa no es, aún la realidad de todos. Tres de cada 10 personas en el mundo carecen de acceso a servicios de agua potable seguros, según Naciones Unidas (ONU). El desafío está ante nosotros: garantizar el acceso y no dejar a nadie atrás.

Desde 1993, cada 22 de marzo se celebra el Día Mundial del Agua. Una excusa para generar conciencia sobre la importancia del recurso. Una oportunidad para tomar medidas para cambiar la situación. Si bien son múltiples los problemas asociados al agua, hay uno que es la columna vertebral de todos: la falta de acceso.

Unas 2100 millones de personas viven sin agua potable en sus hogares. Más de 700 niños menores de cinco años mueren todos los días de diarrea, a causa del agua insalubre o un saneamiento deficiente. Casi dos tercios de la población mundial padecen escasez grave de este recurso durante al menos un mes al año. Las cifras de ONU reflejan un estado de situación preocupante. Convocan a tomar conciencia del poder y la urgente necesidad de cada gota.  

Un lema con propósito

Detrás de esos números hay personas. Individuos que no sólo sufren la falta de acceso al agua sino a sus problemas asociados: pobreza, afectaciones en la salud, dificultades económicas, falta de sostenibilidad ambiental. Por eso, este año se adoptó la promesa central de la Agenda 2030 al Día Mundial del Agua: “No dejar a nadie atrás”. Su razón es obvia: todo el mundo debe beneficiarse del progreso del desarrollo sostenible.  

En esa lucha por acceder al agua, hay grupos que son marginados: las mujeres, los niños, los pueblos indígenas, las personas con discapacidad, entre otros. El sexo y el género; la raza, etnia o religión; la edad o el estado de salud; el lugar de residencia o la situación económico-social; la degradación del ambiente y los flujos migratorios se constituyen como motivos de discriminación ante los cuales esas personas resultan desfavorecidas en el acceso al agua potable. Por eso la meta es no dejar a nadie atrás.

Soluciones locales para un problema global

Antonella Vagliente se preocupó por el agua desde su infancia en Córdoba. Rápidamente se convirtió en una referente del tema a nivel nacional e internacional. La experiencia le permitió hacer un diagnóstico sobre las soluciones que se proponían. “Había becas para estudiar, o concursos para ganar un grant para determinado proyecto. Brindar sólo conocimiento y asesoramiento técnico es un apoyo parcial. Otorgar financiamiento ayuda mucho, pero también es un apoyo incompleto. Hacía falta oportunidades para que los jóvenes pudiesen implementar las soluciones de agua para beneficiar a sus comunidades”, cuenta a RED/ACCIÓN desde Bruselas, Bélgica, donde vive.  

Junto con otros 15 jóvenes profesionales de distintos países, creó en 2015 Young Water Solutions. La organización ofrece un fellowship, es decir un paquete de apoyo con capacitación, mentoreo y financiamiento dirigido a jóvenes de entre 18 y 30 años de países en desarrollo que emprendan socialmente en soluciones de agua y saneamiento. “Por falta de experiencia o de herramientas suficientes, se ha dejado atrás a los jóvenes, se los ha excluido de un montón de grupos”, explica Vagliente.

La mitad de los beneficiarios del programa proceden de las comunidades que sufren la problemática de acceso al agua. ¿El motivo? “Hay una constancia en la falta de mantenimiento. Muchos proyectos de agua que se hicieron hace décadas o años, no cuentan luego con una estrategia de conservación. Algunas organizaciones proveen sistemas de agua y luego se van, dejando a millones de comunidades con un sistema que está roto”, explica la joven argentina.

En ese “No dejar a nadie atrás”, Vagliente destaca que las mujeres son uno de los grupos más vulnerables. Según el Informe Mundial de las Naciones Unidas sobre el Desarrollo de los Recursos Hídricos 2019 presentado esta semana por la Organización de ONU para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), en 25 países del África Subsahariana las mujeres pasan por lo menos 16 millones de horas al día acarreando agua, mientras que los hombres pasan seis millones de horas y los niños cuatro millones de horas en la misma tarea. En esa región se encuentra Kenia, un país del que procede una de las fellows: Elizabeth Ntukai. Como mujer miembro de la tribu Masai, madre de tres hijos y con estudios secundarios, a sus 25 años desarrolló un proyecto pensado para beneficiar a otras mujeres: Maji Mamas, un emprendimiento social que emplea a mujeres de la comunidad para hacer bloques -simil ladrillos de adobe- con técnica tradicional y fabricar tanques de recolección de agua de lluvia y letrinas de pozo. Vagliente ha observado la brecha de género en la problemática del agua desde sus inicios en Argentina con la iniciativa que co-fundó SedCero, que hoy beneficia a 8000 personas en el Gran Chaco Americano. La historia de Elizabeth es para ella representativa de la situación en la cual nos encontramos aún hoy en 2019: “Sólo a partir de empezar a trabajar con su empresa, sólo ahí, Elizabeth empezó a ser respetada por la comunidad”.

La primera convocatoria al fellowship de la organización, recibió 800 aplicaciones de 95 países. Como Elizabeth, los otros 19  jóvenes de África, América Latina, Asia y Europa que ya se vieron beneficiados con el programa, recibieron capacitación en Europa y cinco mil euros de capital semilla. Sus iniciativas son de lo más diversas: cisternas con botellas plásticas de descarte, filtros de agua con distintos diseños y utilidades, baños públicos, sistemas de agua por bombeo solar o humedad del aire, entre otros. Con el reciente apoyo del gobierno de Suiza, la iniciativa va por más. “No se trata sólo de ideas, sino de poder transformar esos emprendimientos en empresas sociales, en modelos de negocio que tengan un impacto positivo”.  

El caso de Ciudad del Cabo y su “Día Cero”

Los títulos de un futuro apocalíptico parecían encontrar su correlato real durante el año pasado en Ciudad del Cabo. El “Día Cero”, el 4 de junio de 2018, estaba por llegar. La histórica sequía y la escasez de agua, las dificultades en la gestión pública y la urbanización sin control obligaban a la ciudad a tomar la drástica decisión de cerrar sus canillas. Cada habitante pasaría a depender de la recolección de 25 litros de agua por día. ¿Era mucho o poco? Una descarga del inodoro utiliza nueve litros de agua. Una ducha de cinco minutos emplea 100.

El conjunto de medidas implementadas para evitar esa situación tuvo su efecto positivo y continúa. Vivir con no más de 50 litros de agua por día, bañarse menos seguido o con un balde, no lavarse el pelo, no lavar el auto, no tirar la cadena en cada oportunidad. Empresas que invirtieron en tecnologías alternativas como tratamiento de aguas residuales o desalinización. Tarifas más elevadas y menor presión de agua, desde la ciudad. Todo ello permitió que no llegase el “Día Cero” o que, al menos, se prolongue un tiempo más. “El mayor contribuyente al ahorro de agua fue un cambio de comportamiento desde los residentes individuales a las grandes empresas”, cuenta Bianca Capazorio, portavoz de Beverley Schafer, ministra de Oportunidades Económicas en el Cabo Occidental, provincia cuya capital es Ciudad del Cabo. “Se logró reducir a la mitad el consumo de agua pasando de 1200 millones de litros por día en 2015 a alrededor de 511 millones de litros en el punto más alto de la crisis de sequía”, agrega.

Desde Sudáfrica, Capozorio explica que la crisis del agua tuvo un impacto negativo en actividades económicas tan importantes como el turismo, pero también generó iniciativas comunitarias: “Una estación de radio local, SmileFM, inició la campaña Water Warriors para animar a los residentes a ahorrar el agua”. La joven vocera es consciente de la realidad actual: “La gente se ha adaptado a usar menos agua y, aunque los niveles de las represas de la ciudad han mejorado, el uso del agua sigue siendo menor y no ha regresado a los niveles anteriores a la sequía. La gente es consciente de que lo peor aún no está detrás de nosotros”.

Capozorio reflexiona sobre la problemática y el aprendizaje que deja para todo el mundo: “El agua es vital para la supervivencia. La sequía en la provincia ha demostrado el tipo de impacto que la falta de agua puede tener en las personas, las comunidades, la economía, la creación de empleos y la agricultura. El impacto de la escasez de agua en esta región ha sido masivo y, como tal, un tema como ‘No dejar a nadie atrás’ es particularmente importante”.

La realidad argentina

Siete millones de personas no tienen acceso a agua segura en Argentina. Un millón de ellas pertenecen a poblaciones rurales. Las cifras condicen con los datos globales de ONU: el 80% de las personas del mundo que tienen que usar fuentes de agua no seguras o no protegidas vive en zonas rurales.

Tras años de impulsar el Movimiento Agua y Juventud, el director ejecutivo del Capítulo Argentino del Club de Roma, Gonzalo del Castillo promueve proyectos en el que se entregan capacidades a los miembros de la comunidad para desarrollar soluciones  en escuelas rurales o centros comunitarios con tecnologías apropiadas, de bajo costo, que duren en el largo plazo.

Con financiamiento del sector privado, próximamente se llevarán soluciones a cuatro comunidades de Santiago del Estero y Salta, que incluyen obras de aljibes, filtros de agua y sistemas de bombeo manual. “El Plan Nacional de Agua -que busca garantizar el derecho al agua potable y al saneamiento- es prometedor, pero está dirigido a áreas urbanas y periurbanas; deja atrás a un millón de personas de comunidades rurales”, explica del Castillo. Para él, el gran desafío en la Argentina es la visibilización: “Hay que visibilizar a ese millón de personas para que la sociedad tome conciencia. Por eso trabajamos para llegar allí donde el Estado no llega”.

El joven médico Nicolás Wertheimer coincide con el diagnóstico: “El principal problema del acceso al agua en la Argentina es que justamente no se sabe mucho sobre él”. Tras años de ver los impactos de las deficiencias en el acceso a un agua no segura en la salud de sus pequeños pacientes, decidió dejar el trabajo en hospital y crear su propia empresa social. En una labor articulada con el sector público y privado, desde 2015, Agua Segura acerca soluciones concretas a escuelas rurales, periurbanas y urbanas, centros comunitarios y hogares. Las soluciones van desde el empleo de tecnología, con sistemas de filtración, recolección de agua de lluvia y protección de vertientes; hasta la promoción de la educación como una herramienta para el cambio con información sobre el empleo de las soluciones, los hábitos saludables para prevenir enfermedades y la comprensión sobre el ciclo del agua.

“Desde que empecé con Agua Segura, noté que hay más actores trabajando en la temática y es más fuerte su presencia en la agenda del sector público. Pero aún el principal desafío en el país es la diversidad de fuentes de agua y la dispersión de las distintas localidades, donde hace muy complejo abastecer a comunidades por su falta de organización territorial”, analiza Wertheimer.  

Involucrarse más allá de cerrar la canilla

Los referentes consultados coinciden en que cada individuo puede aportar a la temática de múltiples formas. “Contacten a las organizaciones de sus países que estén trabajando en proyectos de agua y pregúntenles qué necesitan”, aconseja Vagliante y describe: “Se puede contribuir donando tiempo o aportando dinero para apoyarlas financieramente”.

La joven argentina agrega una recomendación: “Cada producto tiene una huella hídrica detrás, una cantidad de agua que se utiliza a lo largo de todo el proceso de producción. Presten atención a eso. Como consumidores, tiene mucho poder a la hora de elegir qué comprar”.

Para del Castillo, el cambio es más profundo: “El simple hecho de tener conciencia sobre la importancia del agua en tanto fundamento de vida hará que estén predispuestos a no usar el agua en exceso. Es un cambio que tiene que ir más allá de una fecha en particular”.

Actualidad | 22 de marzo de 2019

El accidente del Boeing 737 MAX 8, explicado

QUÉ PASÓ. El 10 de marzo, un Boeing 737 MAX 8 de Ethiopian Airlines se estrelló en Adis Adeba, la capital etíope, seis minutos después de despegar. No hubo sobrevivientes: murieron 157 personas. El accidente fue relacionado rápidamente con otro similar, ocurrido el 29 de octubre de 2018, cuando, 12 minutos luego del despegue, un avión del mismo modelo, de Lion Air, cayó al mar de Java en Indonesia. Hubo 189 víctimas.

REPERCUSIÓN ECONÓMICA. Un día después de la catástrofe de Adis Adeba, China e Indonesia prohibieron que el 737 MAX 8 y el 737 MAX 9 volaran en sus territorios, y las acciones de Boeing se hundieron en Wall Street un 11%, lo que significó su mayor caída desde los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York (uno de los aviones estrellados contra las Torres Gemelas había sido un Boeing 767-223 ER).

La empresa perdió 27 mil millones de dólares en capitalización, y ese día lanzó un comunicado que decía: “Ahora mismo, con la información que poseemos, no tenemos base suficiente para publicar nuevas perspectivas de futuro a los mercados”.

Días después, Donald Trump lanzó una orden ejecutiva para detener los 737 MAX 8 y 9 en Estados Unidos (algo que ningún otro presidente estadounidense había hecho jamás) y Aerolíneas Argentinas puso en pausa sus cinco aeronaves de este modelo, lo mismo que hicieron alrededor de otras 3.000 compañías alrededor del mundo.

ERROR EN EL DISEÑO. El modelo fue lanzado al mercado en 2017, en competencia con el Airbus 320, y es una actualización de un modelo anterior, el Boeing 737 NG, respecto del que el MAX es más económico porque reduce el consumo de combustible en un 15%. Entre sus novedades está la ubicación de los motores (que son más grandes), que es más elevada. Y eso cambió también la aerodinámica del avión, una variable delicada.

QUÉ FALLÓ. La consecuencia es que el 737 MAX tiene una tendencia a sobreelevar la “nariz” en las primeras fases del vuelo, apenas después del despegue. Para evitar que la nariz exceda los límites de seguridad, Boeing instaló un sistema corrector con sensores externos. Se llama MCAS: Maneuvering Characteristics Augmentation System. Pero esos sensores parecen haber fallado en Etiopía y en Indonesia, indicándole información errónea a la computadora del avión.

Ésta procedió a bajar la nariz del avión, apuntándola hacia la tierra. Aparentemente, ni siquiera desconectando el piloto automático hubo solución: en ambos casos, los pilotos lucharon contra el avión sin saber cuál era la causa exacta del problema.

“Los pilotos en general desconocíamos la existencia de este sistema que actúa sobre los mandos”, dice Martín Villagra, un piloto argentino que trabaja en temas de seguridad aérea y que ha comandado un Boeing 737 MAX 8. “El manual del avión, el Flight Crew Operationss Manual, tiene 2.500 páginas y en ningún lugar dice nada sobre este sistema que mueve los mandos incluso cuando estamos volando en control manual”.

Algunos especialistas, críticos con Boeing, dicen que la compañía promovió capacitaciones insuficientes para los pilotos y no hizo todo lo que estaba a su alcance para prevenir este tipo de accidentes con el MAX 8 desde un principio. La compañía se apresuró en obtener la certificación del Departamento de Transporte de los Estados Unidos, y en ese apuro habría resignado, indirectamente, seguridad.

Al mismo tiempo, los aviones están ofreciendo a los pilotos de todo el mundo una experiencia de vuelo cada vez más automatizada (también los de Airbus), y eso no siempre es lo mejor.

“La automatización ha sido positiva: hay cada vez menos accidentes”, dice el piloto Villagra. “Pero los pocos accidentes graves que hay ahora se deben a la automatización y a la no comprensión del piloto de lo que está haciendo el avión”.

QUÉ HARÁ BOEING. Boeing, que atraviesa un momento económico muy crítico, debe elegir ahora entre rediseñar la aerodinamia del 737 MAX (lo que sería crear un nuevo modelo) o hacer apenas un upgrade en el software de la nave (lo que estaría muy mal visto por los especialistas en seguridad aeronáutica).

Opinión | 22 de marzo de 2019

El desafío de regular la Inteligencia Artificial

Masayoshi Son, CEO del conglomerado multinacional japonés SoftBank y un entusiasta inversionista en Inteligencia Artificial (IA), dijo recientemente que su compañía busca “desarrollar robots cariñosos que puedan hacer sonreír a las personas”. Pero si la IA realmente logra hacer que las personas sean más felices, y de paso ayuda a construir una mejor sociedad, tenemos que ponernos de acuerdo acerca de como regularla.

En los márgenes de la última reunión del Foro Económico Mundial en Davos, el ministro de comunicaciones e información de Singapur anunció discretamente el lanzamiento del primer marco nacional del mundo para la gobernanza de la inteligencia artificial. Si bien los medios del planeta se han dado un festín con este anuncio, su significado va mucho más allá de Singapur o el pueblo suizo donde se hizo público. Es un ejemplo que el resto del mundo debe seguir urgentemente, y sobre el cual sentar las bases del futuro.

En los últimos años, a través de la iniciativa estatal AI Singapore, el gobierno de Singapur ha estado trabajando para posicionar al país como el líder mundial en el sector de la IA. Y ha hecho sólidos avances: junto con Shanghái y Dubái, Singapur atrajo la mayor parte de las inversiones destinadas a IA el año pasado. Según una estimación reciente, la inversión en IA debería hacer que Singapur duplique el tamaño de su economía en 13 años, en lugar de 22.

Por supuesto, la IA se extiende por todo el mundo. Según un informe reciente de McKinsey, la IA podría sumar hasta el 16% del crecimiento mundial del PIB para 2030. Considerando su potencial, se está intensificando la inversión e innovación en IA, y se puede predecir que Estados Unidos y China irán a la vanguardia. Sin embargo, hasta ahora ningún gobierno ni entidad supranacional ha buscado desarrollar los mecanismos de gobernanza necesarios para aprovechar al máximo el potencial de la IA, además de manejar sus riesgos.

Esto no se debe a que los gobiernos consideren trivial la IA, sino que para hacerlo las autoridades y corporaciones tienen que abrir una caja de Pandora de preguntas pendientes. Piénsese en el impacto social de la IA, mucho más difícil de cuantificar y, de ser necesario, mitigar, que sus efectos económicos. Por supuesto, las aplicaciones de IA en sectores como el de la salud pueden ofrecer importantes beneficios sociales. Sin embargo, los gobiernos y corporaciones no han internalizado el potencial de uso indebido o manipulación de los datos que reúnan para estas aplicaciones y que puede originar riesgos mucho mayores que aquellos relacionados con escándalos pasados de privacidad de la información, además de los daños a su reputación.

Como se observa en otro informe de McKinsey, “la realización del potencial de la IA para mejorar el bienestar social no ocurrirá de manera natural”. Para tener éxito se necesitarán “intervenciones estructurales de las autoridades, combinadas con un mayor compromiso de los participantes de la industria”. Por más que los gobiernos y las autoridades quieran demorar estas medidas, no se debe subestimar los riesgos de eso conllevaría, también para su propia reputación.

De hecho, en tiempos en que muchos países enfrentan una crisis de confianza en el gobierno, fortalecer la gobernanza de temas relacionados con la IA es, de muchas maneras, tan importante como enfrentar los fallos de gobernanza corporativa o política. Después de todo, como lo expresara en 2018 el Director Ejecutivo de Google, Sundar Pichai, “la IA es una de las cosas más importantes que la humanidad está desarrollando en la actualidad. Es más profunda que, no sé, la electricidad o el fuego”.

La Comisión Europea parece ser uno de los pocos actores que así lo reconocen, tras publicar a fines del año pasado un “esbozo de pautas éticas para una IA fiable”. Mientras las pautas de Singapur se centran en fomentar la confianza del consumidor y garantizar el cumplimiento de estándares de tratamiento de datos, el modelo europeo aspira a dar forma a una IA centrada en el ser humano con una finalidad ética.

Sin embargo, ni el marco de gobernanza de la IA de Singapur ni las pautas preliminares de la UE dan respuesta a una de las preguntas más fundamentales sobre la gobernanza de la IA: ¿dónde recaen la propiedad del sector de la IA y la responsabilidad de ella y sus tecnologías relacionadas? Esta pregunta expone el problema fundamental de la responsabilidad de la IA, y de si significa un enorme avance social o nos mete en un sistema kafkiano de apropiación y manipulación de datos.

Las pautas de la UE prometen que “se implementará un mecanismo que permita a todos los interesados apoyar y registrarse formalmente en las Pautas, de manera voluntaria”. El marco de Singapur, también voluntario, no aborda el tema para nada, aunque las recomendaciones apuntan claramente al sector corporativo.

Si la IA ha de proporcionar progreso social, la responsabilidad de su gobernanza tendrá que ser compartida por los sectores público y privado. Para este fin, las corporaciones que desarrollen aplicaciones de IA o inviertan en ellas deben establecer vínculos sólidos con sus usuarios últimos y los gobiernos deben ser explícitos en el grado en que se comprometen a proteger a los ciudadanos de tecnologías potencialmente dañinas. De hecho, un sistema de responsabilidad compartida para la IA representará una prueba de fuego para el modelo de “capitalismo de partes interesadas” que se debate hoy.

La tensión de lo público frente a lo privado no es la única que debemos afrontar. Como señalara una vez Francis Fukuyama, “a medida que se despliega la tecnología moderna, da forma a las economías nacionales de un modo coherente, entrelazándolas en una vasta economía mundial”. En una época en que los datos y la tecnología fluyen libremente y traspasan fronteras, es posible que el poder las de las políticas nacionales para gestionar la IA sea limitado.

Como han mostrado los intentos de gobernanza de Internet, será todo un reto crear una entidad supranacional para regir la IA, debido a imperativos políticos en conflicto. En 1998, la Corporación de Internet para la Asignación de Nombres y Números (ICANN), con base en Estados Unidos, se creó para proteger la Internet como bien público, garantizando a través del mantenimiento de las bases de datos la estabilidad y seguridad del funcionamiento de la red.

Sin embargo, cerca la mitad de los usuarios mundiales de Internet todavía sufren censura en línea. Lo muchísimo que hay en juego con la IA subrayará el desafío de crear una entidad supranacional, a medida que los líderes tengan que abordar asuntos políticos similares, y potencialmente incluso más complejos.

Masayoshi Son, Director Ejecutivo del conglomerado multinacional japonés SoftBank y entusiasta inversionista en IA, declaró hace poco que su compañía busca “desarrollar robots afectuosos que hagan sonreír a la gente”. Para lograrlo, los gobiernos y el sector privado tienen que concebir modelos de colaboración sólidos para regir la IA de importancia crítica de hoy. El resultado será decisivo para saber si la humanidad prevalecerá en la creación de tecnologías de IA que nos beneficien sin destruirnos.

Traducido del inglés por David Meléndez Tormen

Alissa Amico es Directora Ejecutiva de GOVERN, el Centro de Gobernanza Económica y Corporativa.

© Project Syndicate 1995–2019.

Harvard Business Review | 25 de marzo de 2019

La neurociencia va a cambiar la forma de comunicación entre empresas y consumidores

Cada vez más compañías exploran tecnologías, que se encuentran en la periferia de su negocio central, con el objetivo de mejorar su desempeño. Una de ellas podría ser la neurociencia aplicada, una disciplina que permite medir y entender el comportamiento humano.

La clave en la neurociencia aplicada es capturar datos sobre la toma de decisiones sobre una situación dada. Esta clase de información permite entender con precisión cómo y cuándo los individuos toman decisiones, y luego usar esto para crear un mapa predictivo para decidir en qué camino avanzar.

Por ejemplo, un grupo de ejecutivos de IKEA comenzaron a analizar grandes desafíos globales a gran escala. Uno de ellos fue que el crecimiento de la población está generando una mayor demanda de comida, energía y recursos naturales. Por lo tanto, comenzaron a preguntarse qué nuevas fuentes de energía, textiles, metales, maderas y plásticos podrían usarse para construir los productos del futuro.

Esta búsqueda inspiró a IKEA para plantearse algunas preguntas radicales y disruptivas en relación a su negocio. ¿Qué pasaría si en lugar de sólo vender muebles para el hogar, la compañía ofreciera soluciones que ayudaran a resolver esas tensiones de recursos? ¿Y si en lugar de sólo vender hornos, IKEA también vendiera a sus clientes energías renovables? ¿Y si IKEA creara redes eléctricas virtuales, que aprovecharan la cadena de bloques para permitir que comunidades de usuarios intercambien electricidad entre sí?

Uno de nosotros, Thomas Zoëga Ramsøy, aconsejó a IKEA en este tema respecto a las oportunidades que ofrece la neurociencia aplicada. Su equipo analizó a consumidores de IKEA en Polonia y Holanda, para entender sus reacciones a nuevos modelos de negocio basados en las ideas de IKEA.

Tras analizar los datos, se creó un mapa conductual, que le dio a Håkan Nordkvist, jefe de innovación sustentable en IKEA, una idea más concreta para poder entender a partir de las emociones y reacciones que modelo de negocio priorizar. El uso de neurociencia aplicada por parte de IKEA ayudó a evaluar potenciales oportunidades y así surgieron nuevos modelos de negocio, incluyendo una oferta de energía solar doméstica, que le permite a los consumidores crear su propia energía renovable, un cambio hacia plásticos reciclables e innovaciones en alimentos para ofrecer opciones más sanas y sustentables a los clientes de la cadena de restaurantes de IKEA.

A primera vista, estas nuevas oportunidades podrían parecer increíblemente riesgosas para una empresa tan grande y establecida. Sin embargo, en el contexto empresarial actual, donde las industrias y tecnologías están convergiendo rápidamente, este tipo de innovaciones a veces es justo lo que necesita una organización.

Nathan Furr es profesor asistente de estrategia en el INSEAD. Kyle Nel es el CEO y cofundador de Uncommon Partners. Thomas Zoëga Ramsøy es el fundador y CEO de Neurons Inc. Los tres son couatores de “Leading Transformation: How to Take Charge of Your Company’s Future.”

©HBR, distribuido por The New York Times Licensing Group

Vida Cotidiana | 22 de marzo de 2019

Ilustración: Antoine Corbineau / The New York Times

Las tres reglas para liderar una reunión

Todos hemos estado atrapados en una mala reunión. Llegas a tiempo solo para que la reunión comience con 10 minutos de retraso. ¿La agenda? Poco clara. ¿La persona a cargo? También. Nada está realmente decidido y la reunión concluye, mientras lamentas en silencio la hora perdida. Hay una mejor manera. Aquí te pasamos las tres estrategias que necesitas ya mismo:

  • ESTABLECER LA AGENDA: puede parecer un requisito obvio, pero muchas reuniones comienzan sin un claro sentido de propósito. La agenda se puede resumir en una hoja impresa, escribirse en una pizarra o discutirse explícitamente desde el principio, pero todos deben saber por qué se han reunido y qué se supone que deben lograr.
    “Si no tengo una agenda frente a mí, me voy”, dice Annette Catino, directora ejecutiva de QualCare Alliance Network. “Si no sé por qué estamos en la reunión y usted no sabe por qué estamos allí, entonces no hay razón para una reunión”.
  • COMIENCE A TIEMPO / TERMINE A TIEMPO: Al establecer las reglas informales de una organización, los empleados responden a la persona que se encuentra en la oficina de la esquina. Si esa persona quiere que las reuniones comiencen a tiempo, las reuniones comenzarán a tiempo.
    “Si la reunión es a las 8, no llegas a las 8:01, llegas a las 8, porque la reunión comenzará a las 8”, dice Terry Lundgren, el presidente de Macy’s.
    Tan importante como comenzar a tiempo es terminar a tiempo. Un tiempo final definitivo ayudará a garantizar que se cumpla con lo que está en su agenda y que las personas regresen a su trabajo rápidamente.
  • TERMINE CON UN PLAN DE ACCIÓN: deje los últimos minutos de cada reunión para discutir los próximos pasos. Esta discusión debe incluir decidir quién es responsable de qué y cuáles son los plazos. De lo contrario, todo el tiempo que pasara en la reunión será en vano.
    A Shellye Archambeau, directora ejecutiva de MetricStream, una firma que ayuda a las compañías a cumplir con los estándares de cumplimiento, le gusta terminar sus reuniones preguntando: “¿Quién tiene el balón?”
    “Cuando estás jugando un deporte y te lanzan la pelota, tienes la pelota y ahora tienes el control de lo que sucede a continuación”, dice. “Es tuyo. Se convierte en un concepto muy visible para asegurarse de que realmente hay propiedad para asegurar que las cosas se hagan “.

© 2019 The New York Times

Harvard Business Review | 22 de marzo de 2019

Cuál es el impacto de la automatización según el tipo de trabajo

¿Qué tanto amenaza la automatización a los trabajadores? Un nuevo estudio, realizado por uno de nosotros (James Bessen) junto con Maarten Goos, Anna Salomons y Wiljan van den Berge, brinda la primera evidencia cuantitativa a gran escala de cómo la automatización afecta a los trabajadores de manera individual. Se usaron datos gubernamentales de 36.000 empresas en los Países Bajos, en el periodo del 2000 al 2016, cubriendo aproximadamente a cinco millones de trabajadores por cada año.

El estudio ilustra una imagen de la automatización, que no respalda las opiniones más alarmistas. El 9% de los trabajadores de la muestra están empleados en firmas que realizan grandes inversiones en automatización cada año. Sin embargo, relativamente pocos trabajadores resultan afectados negativamente. Solo un 2% de los trabajadores de planta en empresas, que se están automatizando, se van ese año como resultado de la automatización; después de cinco años, un 8.5% se habrá ido (No podemos diferenciar entre quienes deciden irse y quienes son despedidos).

Aquellos que se van sufren significativos costos económicos, principalmente debido a las consecuencias del desempleo. Esto afecta tanto sus prospectos económicos como su bienestar en general. Además, aunque los programas de asistencia, como el seguro de desempleo, suelen plantearse como la forma de atender estos costos, nuestros datos confirman que los mismos no se acercan ni siquiera al ingreso que pierden los trabajadores.

Esta carga cae con mayor frecuencia en trabajadores altamente educados y con altos salarios. Al contrario de lo que supone el sentido común, ellos son quienes tienden a salir con mayor frecuencia de las compañías como resultado de la automatización, aunque también parecen encontrar nuevos trabajos con más rapidez. Por lo tanto, los efectos son más severos para trabajadores con salarios más bajos.

En la muestra se observa que cada año solo un 0,7% de todos los trabajadores en promedio dejan sus empresas a causa de la automatización. En contraste, en los Países Bajos, cada año entre un 3,5% y un 7,2% pierden su trabajo en recortes masivos (En los Estados Unidos, la tasa comparable es de 4,4%).

El verdadero impacto de la automatización es en el ingreso y en el tiempo que la persona se pasa desempleada. Después de un pico, los trabajadores de planta pierden aproximadamente 3.800 euros en salarios durante un periodo promedio de 5 años (aproximadamente el 9% del ingreso de un año). Las contrataciones más recientes también experimentan un impacto negativo, pero de solo un 3% del ingreso anual. Solo un 12% de esas pérdidas son compensadas por el pago de desempleo, apoyos sociales o de discapacidad, lo que es comparable al monto que los trabajadores reciben después de un despido masivo. 

Por lo tanto, se puede concluir que el peso de la automatización sobre los trabajadores es menor al creado por los despidos masivos y cierres de plantas, que se originan a partir de situaciones como la reducción en la demanda o la quiebra. Aun así, la carga que experimentan los trabajadores afectados es substancial, y los actuales programas de seguridad social no les están brindando mucha seguridad económica. Asimismo, por supuesto, el impacto de la automatización podría empeorar en el futuro. Posteriores investigaciones mostrarán lo que le sucede al empleo neto tras la automatización, y a los trabajadores contratados después de esta.

James Bessen es director ejecutivo de la Technology and Policy Research Initiative en la Boston University School of Law. James Kossuth es el director asociado de la iniciativa.

©HBR, distribuido por The New York Times Licensing Group

Sociedad | 21 de marzo de 2019

Foto: ACIJ | Intervención: Pablo Domrose

Cómo revertir el riesgo eléctrico en las villas de la Ciudad de Buenos Aires

El acceso a la energía eléctrica constituye una herramienta esencial para el desarrollo personal, sin embargo, gran parte de los vecinos de las villas de la Ciudad de Buenos Aires lidian con un servicio deficitario. Cortes de luz, incendios e incluso la electrocución son las consecuencias de un sistema precario, que pende de un hilo. La emergencia eléctrica en la Villa 21-24 es la más notoria porque la Justicia falló a favor de los vecinos, exigiendo al Gobierno de la Ciudad que adoptara medidas urgentes para eliminar el riesgo eléctrico. Por su parte, el Gobierno asegura brindar respuestas a través de planes de urbanización: en la Villa 31 las obras del tendido eléctrico habrían avanzado en un 50% y se espera terminar para fin de este año. El sector privado concentra sus esfuerzos en capacitar en el consumo responsable de energía. Aquí un informe de la situación.

Según el Registro Nacional de Barrios Populares, existen 48 asentamientos en la Ciudad de Buenos Aires, donde viven más de 82 mil familias. En el 77% de las villas porteñas, la mayoría de las personas no tiene conexión formal a la energía eléctrica. Solo en el 10,4% de los asentamientos, gran parte de los habitantes cuentan con medidor domiciliario y en el 12,5% tienen medidor comunitario. El relevamiento lo llevaron a cabo distintas organizaciones de la sociedad civil -TECHO, la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular (CTEP), Barrios de pie, la Corriente Clasista y Combativa (CCC)  y Cáritas- junto al Gobierno Nacional.

El abogado Jonatan Baldiviezo, integrante del Movimiento Popular La Dignidad y presidente del Observatorio del Derecho a la Ciudad comenta: “el gran problema de la red eléctrica en las villas es que no hay ningún organismos puntual haciéndose cargo de la problemática. Las concesionarias, Edenor y Edesur, colocan un transformador colectivo y, a lo sumo, el gobierno paga el consumo de esos medidores. Se creó la Unidad de Gestión de Intervención Social (UGIS), que tiene como objetivo asistir en situaciones de emergencia en algunos barrios. Es decir, solo resuelve si se quema un cable o si se daña el transformador, pero no hace cambios de fondo en la infraestructura.  El sistema tal como está ofrece un servicio de mala calidad, que pone en riesgo la integridad física de los habitantes”.

Baldiviezo explica que las familias fueron construyendo sus propias redes sanitarias y de electricidad por la falta de un servicio adecuado. “En los últimos años el gobierno estuvo interviniendo con algunos arreglos, pero no atacó el problema de fondo. No puede haber una prestación de servicios discriminada por barrios”, destaca.

En relación a las tarifas, Baldiviezo señala que si bien, en general, estos barrios no pagan por los servicios públicos, es un mito que no quieren pagarlos. “Hace mucho tiempo que se viene peleando por la urbanización y los vecinos quieren tener facturas individuales de agua, gas y luz. El tema es que estamos en una situación económica que hace difícil que las familias lleguen a pagar las tarifas actuales. Si se incorpora a estos barrios a la prestación formal de electricidad van a tener que pensar en tarifas especiales. La falta de capacidad económica no se puede traducir en un corte de servicio”, enfatiza.

Una demanda desatendida en la Villa 21-24

La Villa 21-24 se encuentra al sur de la ciudad, en Barracas, y se caracteriza por ser la más grande y populosa, ya que ocupa 65 hectáreas de extensión, en las que residen más de 50 mil habitantes. Allí, la gestión y el mantenimiento vecinal de los postes y cableados en la vía pública, junto con la distribución eléctrica a cada vivienda, se volvió una tradición.

Desde la Cátedra de Ingeniería Comunitaria de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Buenos Aires desarrollaron un relevamiento sanitario y eléctrico que involucró a más de 250 viviendas. “Uno de los datos que más nos llamó la atención fue que el 76% de los hogares relevados declara sufrir cortes de luz frecuentes. Otro dato que me parece bastante importante es que el 15% de las viviendas sufrió, en alguna oportunidad, algún incendio. Además, el 50% de los encuestados refiere que sufre filtraciones y esto es un problema porque en los barrios se encuentran muchos cables sueltos”, señala María Eva Koutsovitis, coordinadora de la cátedra.

Koutsovitis comenta que a partir de estos datos, se va a elaborar un Índice de Riesgo Eléctrico que va a establecer prioridades para las distintas manzanas del barrio para que los organismos competentes intervengan de manera inmediata. La especialista va a recomendar adecuar las instalaciones eléctricas de las viviendas, dotándolas de elementos de seguridad como térmicas y disyuntores; la entrega de luces de emergencias para aquellas manzanas, cuyo índice de riesgo eléctrico sea elevado; y la concesión de matafuegos.

Foto: ACIJ

El 26 de noviembre de 2010, la Asociación Civil por la Igualdad y la Justicia (ACIJ) y el Defensor General de la Ciudad de Buenos Aires iniciaron un amparo colectivo pidiendo que el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires (GCBA) diera solución al estado de grave riesgo eléctrico existente en la villa. En aquel entonces, el juzgado de primera instancia dispuso una medida cautelar por medio de la cual se ordenó al GCBA que adoptara de forma inmediata todas las medidas urgentes que sean necesarias para eliminar el riesgo eléctrico en sus aspectos más perentorios y, asimismo, a diseñar e implementar una campaña de información para alertar a los vecinos sobre los riesgos eléctricos, las precauciones que deberían adoptarse y la forma de reclamar ante emergencias eléctricas.

“Regularmente, el GCBA fue presentando recursos judiciales que le permitieran no realizar las acciones a las que el Poder Judicial lo condenó para garantizar un servicio eléctrico adecuado en la villa. Finalmente, el 18 de diciembre de 2018, el Tribunal Superior de Justicia de la Ciudad rechazó los recursos planteados por el GCBA, para así darle cierre a la causa en el ámbito local, confirmando lo resuelto oportunamente por la Cámara de Apelaciones. El GCBA deberá elaborar e implementar el plan integral de prestación y mantenimiento del servicio de energía eléctrica para la Villa 21-24, el que debe ser cumplido dentro del plazo de 105 días hábiles administrativos, y de esta forma, hacerse cargo de su responsabilidad en la prestación segura y efectiva de este servicio básico, para así resolver el riesgo eléctrico que amenaza a la comunidad. Si bien el riesgo eléctrico es un problema de todos los barrios populares, en el caso de la Villa 21-24 tomó más notoriedad porque hay una disposición a favor de los vecinos”, cuenta Pablo Vitale, coordinador de Derecho a la Ciudad de la ACIJ.

Natalia Molina es miembro de la Junta Vecinal de la villa 21-24 y está participando de las audiencias por la emergencia eléctrica. Relata: “sufrimos cortes repetitivos, tenemos marañas de cables mal instalados, sin mantenimiento, postes caídos que no dan abasto de tantos cables que cruzan. Otro problema recurrente es que los electrodomésticos se rompen por sobrecargas o descargas, lo que implica un gasto enorme para los vecinos. Para terminar con este sistema precario, la idea es que se arme una mesa de trabajo con la Junta Vecinal, los representantes de gobierno y Edesur”.

Los planes para urbanizar la Villa 20, 31, Rodrigo Bueno y Fraga

Según datos relevados por el Instituto de Vivienda de la Ciudad (IVC) en 2016, en Villa 20, el 86,1% de los hogares tiene electricidad sin medidor, el 13,6% con medidor y el 0,4% no tiene conexión; en Rodrigo Bueno, el 99,2% no tiene medidor y el 0,8% no tiene conexión; y en Fraga (Playón Chacarita), el 90,4% no tiene medidor, el 9,3% cuenta con medidor, y el 0,2% no tiene conexión.

Villa 20, Rodrigo Bueno y Fraga son los proyectos más avanzados en la producción de viviendas nuevas para los vecinos, según dice Christian Werle, Director General Desarrollo Habitacional del IVC. “En total, estamos construyendo medio millón de metros cuadrados, lo que equivale a 4500 viviendas. En materia de electricidad, vamos a dejar todas las condiciones que nos exige Edesur. En esta primera instancia, la intención es adecuar la distribución eléctrica y a medida que avancemos en el proyecto apuntamos a la regulación de las parcelas para que puedan conectarse con medidor.Todas las urbanizaciones las trabajamos en conjunto con las prestatarias para que nos aprueben la infraestructura y luego las operen”, aclara Werle.

Foto:
Secretaría de Integración Social y Urbana de GCBA

En paralelo, la Secretaría de Integración Social y Urbana trabaja en la urbanización del Barrio 31. Según lo establecido en el Plan Integral de Infraestructura, para fines de 2019, todos los vecinos tendrán acceso a los servicios básicos y también las mismas responsabilidades de pago, pudiendo adherir a la tarifa social en los casos que corresponda. Además, se conectarán los tendidos con los de la Ciudad. Por lo tanto, para la fecha establecida, el objetivo es completar 12.794 metros lineales de media tensión, 33 cámaras transformadoras y 24.750 metros lineales de baja tensión. Al día de hoy, se avanzó en un 50%.

La iniciativa privada en Los Piletones

“Llegamos al barrio Los Piletones cuando estaba atravesando el proceso de urbanización. Nuestro primer acercamiento fue brindando talleres acerca de soluciones para un consumo responsable de energía”, cuenta Gislene Santos Rodrigues responsable de Sostenibilidad de Enel Argentina. “La idea es acompañar con orientación para consumo a los nuevos clientes de la compañía. Les damos herramientas para leer una factura o ciertos tips para economizar en el uso de electrodomésticos. Ahora, también estamos trabajando en la Villa 21-24 en el mismo proceso. Como empresa podemos complementar el trabajo del agente de desarrollo local o del Estado”, agrega. Recientemente, Enel, la multinacional productora y distribuidora de energía eléctrica y de gas, desarrolló en Los Piletones obras de adecuación eléctrica interna del edificio del Centro de Atención a Víctimas de Violencia Familiar y al Vagón Comedor de la Fundación Margarita Barrientos.

En relación a la injerencia de la empresa en los asentamientos, Santos Rodrigues explica que regularizar el uso de la electricidad de estos barrios depende de un plan de urbanización. “La iniciativa debe surgir del Estado y luego desde la empresa llevamos la solución. De otro modo, no podemos entrar, no tenemos la competencia”, enfatiza.

Sie7e Párrafos | 21 de marzo de 2019

Maniobras de evasión, comentado por Claudia Piñeiro

Maniobras de evasión
Pedro Mairal
Emecé

Uno (mi comentario)

Leer a Pedro Mairal siempre me resulta placentero. Sus novelas son de las que más he regalado y recomendado de autor o autora argentino. Pero este libro, Maniobras de evasión, va a parar a otro estante, uno destacado, el que reservo para libros de escritores que hablan de la escritura. Dicho esto, Maniobras de evasión podría parecer un libro de nicho, de esos que sólo leen autores.

Todo lo contrario, este también será un libro que regalaré y recomendaré. Porque si bien Marial se mete con el ser escritor, esa parte del relato no está escindida del ser padre, o ser pareja, o ser hijo. Nos descubre la trastienda de la escritura pero también nos cuenta esa otra parte, todo el mundo que lo completa. Así, el narrador es ese escritor que se levanta por las noches a darle agua a su hijo en un vaso de Dragon Ball Zeta, el que llora porque su madre se ha hundido en el silencio, o el que nos enseña cómo escaparse de los cocteles sin saludar a nadie. Maniobras de evasión es un libro exquisito, de esos a los que uno quiere volver, una larga conversación con un narrador generoso, honesto, con un gran sentido del humor, un observador perspicaz que encuentra las palabras justas.

Dos (la selección)

Hasta acá llegué cuando de pronto apareció mi hijo en el marco de la puerta tomándose lo que quedaba del agua en su taza de Dragon Ball Z. Tengo mucha sed, pa. Me levanté, él me siguió a la cocina y abrimos la heladera. Saqué el botellón y le serví. Mientras se tomaba el agua helada a grandes sorbos, lo miré y lo vi como por primera vez, porque estábamos metidos dentro de un poema breve y simple que decía que a mí me gustaría escribir así, como dándole agua a mi hijo en medio de la noche.

Tres

Se me ocurren varias cosas que me dan vergüenza, por ejemplo: despedirme de alguien con un gran abrazo a la salida de una fiesta y después ir caminando los dos para el mismo lado. Que un mago me elija como voluntario. Los diálogos de ascensor. Salir del cuarto oscuro y poner el voto en la urna. Ganar. Contestar preguntas sobre el oficio de escritor en los períodos en los que no estoy escribiendo. El fútbol. O, mejor, el desinterés por el fútbol. Ese desinterés te vuelve un poco menos argentino, un pocos menos hombre. Yo padecí eso toda la vida. Me hubiese gustado ser parte de la gran hermandad futbolística, poder integrarme a la memoria colectiva de cada domingo y hablar después durante la semana, como los porteros, de vereda en vereda, como los oficinistas, de escritorio a escritorio, burlándose por derrotas y rivalidades, insultándose de esa manera tan colorida y ocurrente. Pero el fútbol siempre me expulsó.

Cuatro

Vuelvo. Ya cae la noche. Estoy cansado. Quiero un dios que tenga culo. Los perros de la Trapa no ladran, me hacen notar Roberto. Vemos el cielo rojo. Tomamos un té y entramos para el último oficio. Éste es a oscuras y es el más largo. Los monjes se congregan frente al vitral de la Virgen. Le cantan. Yo tenía hace tiempo una estampita de la Virgen Desatanudos con una errata. Decía: «Madre, desata los mudos», con eme. Yo no quiero enmudecer como mi madre. Quiero decir y cantar. Podría creer en la Virgen, no en dios que me parece muy abstracto. El vitral de la Virgen es alto y rosado y amarillo. La Virgen sostiene a su hijo con un brazo y en la otra mano sostiene una luz o una flor. Los cánticos se elevan hacia ella. ¿Alguien sabe adónde está mi mamá?

Cinco

Si las cosas pierden su nombre, entonces el límite de las cosas se desdibuja: el plato no tiene nombre, no tiene borde, es una sola cosa con el individual que tampoco tiene nombre. Por eso ella agarra todo para levantarlo, agarra lo levantable, agarra lo individual y lo levanta junto con el plato, para llevar todo a la cocina. Quería hacer un licuado con las frutas que tenía en el plato. Las cosas pierden su nombre y se pegan a las cosas vecinas. Se funden y se confunden.

Seis

Al retirarse de un cóctel conviene no saludar. Puede retirarse en paz. Ir hasta el compacto corazón del cóctel para saludar el anfitrión no sólo sería trabajoso, sino también incómodo para el anfitrión mismo, que puede hasta recibir con alarma (probablemente fingida) la noticia de nuestra partida. Esto sin contar con las múltiples posibles intercepciones en trayecto, esa sucesión de diálogos breves, graciosas y disculpantes, como un viacrucis de simpatía, hasta llegar al centro. La situación incluso se podría repetir al hacer el camino inverso tratando de salir. Por eso lo mejor es irse con un decidido silencio, aplicar el yo y desaparecer, restarse importancia, regalar las valencias sobrantes, transparentarse un poco para irse y aceptar, por fin, la soledad.

Siete

Señor, déjame seguir así, siempre joven. Sigue haciendo envejecer a mis colegas. Haz que echen canas y panzas y peladas. Déjalos volverse solemnes y tomarse cada día más en serio hablando bien de sí mismos en los programas culturales. Déjame estar siempre con la nueva generación, inmortal, enamorado de las poetas y las escritoras más hermosas, aunque nunca me den bola. No permitas jamás que yo diga: «Los nuevos escritores no saben escribir», «hay que ver quiénes quedan con el tiempo.» Y cuando la nueva generación tome el poder, déjalos ir con su gloria, sus fugaces novedades tecnológicas, sus manifiestos amarillos, sus bibliotecas, sus alianzas, sus futuras lápidas de obras completas, su queja de que nunca los canonizaron como corresponde. Déjame hablar siempre de lo que todavía no es considerado literatura y, cuando eso pase a ser literatura, sálvame, y deja entrar a los nuevos, los que se ríen, los que todavía tiene curiosidad. Señor, permíteme habitar en la energía de la constante construcción y deconstrucción del arte.

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Sociedad | 21 de marzo de 2019

La carga de criar solas

El hashtag “Yo crío sola” circuló masivamente durante la semana y dejó en evidencia la necesidad de madres e hijos de poner en manifiesto una problemática irresuelta que tiene que ver con el cuidado, el cual recae de manera desproporcionada sobre las mujeres. Según la Encuesta Permanente de Hogares, el 85% de las familias monoparentales está a cargo de una mujer. Por esto mismo, en la red social Twitter se planteo el uso del término monomarental.

Según datos de la Dirección General de Estadística y Censos porteña, en Argentina una de cada 10 familias es monoparental. La monoparentalidad no es una categoría homogénea y es una de las estructuras familiares que más ha crecido en las tres últimas décadas, en especial como consecuencia del auge de las separaciones y divorcios. La no convivencia en pareja es una de las condiciones fundamentales para que una familia pueda ser considerada de este modo.

Una madre adolescente y su hijo que viven con los abuelos; una madre separada de 30 años que vive con hijos y es microemprendedora; un ama de casa de 55 años que es viuda y vive con su hijo menor; o una mujer profesional de más de 40 años que ha decidido adoptar sola un hijo son todos ejemplos de monoparentalidad. Lo que tiene en común esta estructura familiar heterogénea es, que en general, la principal carga de cuidado de los hijos recae sobre las mujeres, ya sea porque los tuvieron solas, porque la pareja nunca existió o ante la separación.

La actual organización social del cuidado es injusta en términos de género, pero también de clase. Aquellas mujeres de sectores más privilegiados pueden contratar los servicios ofrecidos en el mercado. Es decir, recurren a trabajadoras de casas particulares para que las ayuden con sus hijos o buscan guarderías privadas. En el otro extremo de la pirámide social, las madres se conforman con arreglos familiares o comunales con otras mujeres como casi única fuente de apoyo. “Cuando estas redes están disponibles ayudan muchísimo. Lo cierto es que los abuelos ya no siempre son cuidadores disponibles porque también trabajan”, comenta Natalia Gherardi, directora ejecutiva del Equipo Latinoamericano de Justicia y Género (ELA).

En esta forma de organización familiar se intensifican los obstáculos que atraviesan las mujeres en el mercado laboral y la sobrecarga de responsabilidades a la que se enfrentan al desempeñar, sin suficiente apoyo, el doble rol de cuidadoras y trabajadoras. Por este motivo, desde ELA señalan que es fundamental ampliar la infraestructura estatal para el cuidado. Gherardi menciona la importancia de generar una mayor oferta de jardines maternales que sean compatibles con los horarios del mundo laboral y escuelas públicas de doble jornada. “Otro punto a resolver es el de las licencias. Las mismas deberían cubrir más allá del momento biológico del nacimiento”, enfatiza.

Gimena De León, la investigadora asociada del programa de protección social de CIPPEC, comenta que cuanto más joven es la mujer, mayor es la probabilidad de que la crianza de sus hijos sea en soledad. Según un informe del think thank, en Argentina una de cada seis mujeres tiene su primer hijo antes de los 19 años. La maternidad adolescente se da mayormente en contextos de desigualdad: 7 de cada 10 madres jóvenes pertenecen a hogares de bajos ingresos. Ellas enfrentan grandes dificultades para continuar sus estudios o trabajar, lo cual tiene consecuencias críticas para su autonomía, su empoderamiento y la construcción de su ciudadanía.

Opinión | 21 de marzo de 2019

Periodismo y tecnología, una atracción fatal

No hay nada de malo en usar la tecnología para resolver problemas, incluidos los creados por la propia tecnología, o para dar a una empresa una ventaja competitiva. Pero ni siquiera la tecnología más avanzada salvará a la industria de los medios de comunicación si no se tiene en cuenta a las personas, a los periodistas y al público.

Se suponía que la tecnología iba a solucionar algunos de los mayores problemas del mundo. Si todos estaban conectados a Internet, se pensaba en algún momento, la democracia vendría después. Si se recopilaban suficientes datos, todas nuestras preguntas encontrarían respuesta. Si poníamos todo online, los algoritmos se ocuparían del resto. El mundo prácticamente se manejaría solo.

En cambio, ahora sabemos que la tecnología digital se puede utilizar para minar la democracia; que plantea más preguntas que respuestas; y que un mundo que se maneja solo se parece más a una pesadilla orwelliana que a un objetivo noble. Pero si bien la tecnología no es la solución, en verdad tampoco es el problema; sí lo es la obsesión absoluta que tenemos por ella.

Consideremos la experiencia de la industria de medios, donde la revolución digital ha causado estragos en los modelos de negocios prevalecientes en los últimos diez años. Las editoriales y los editores respondieron depositando toda su fe en la tecnología: rastreando todo tipo de métricas, abrazando el periodismo de datos, contratando equipos de video y abriendo estudios de podcasts.

Más recientemente, las organizaciones periodísticas han virado su atención hacia las soluciones de inteligencia artificial que rastrean las preferencias de la audiencia, producen automáticamente contenido deseado y traducciones, alertan a los periodistas sobre las primicias y mucho más. En el último informe anual del Instituto Reuters para el Estudio del Periodismo sobre las tendencias en los medios, el 78% de los participantes en una encuesta no representativa de líderes de medios internacionales dijo que pensaba invertir más en IA este año.

Pero la frontera final en la búsqueda por salvar al periodismo, muchos creen, es la cadena de bloques (blockchain), la tecnología de registros distribuidos que sustenta criptomonedas como el Bitcoin. Eso está por verse: el primer intento por aprovechar la cadena de bloques para liberar a los periodistas de los modelos de negocios basados en la publicidad, por parte de Civil Media Company, tuvo un arranque accidentado.

No tiene nada de malo utilizar la tecnología para solucionar problemas, incluidos aquellos generados por la propia tecnología, o para darle a una compañía una ventaja competitiva. Eso es lo que The Washington Post, por ejemplo, ha venido haciendo en los seis años desde que el fundador de Amazon, Jeff Bezos, lo compró (en un momento en que perdía dinero a raudales y eliminaba puestos de trabajo).

Pero ni siquiera la tecnología más avanzada salvará a la industria de los medios si no hay un debido respeto por la gente que la utiliza. Y eso no significa sólo las audiencias. Después de años de buscar las últimas tendencias tecnológicas, la industria de los medios cada vez más confronta un agotamiento entre los gerentes y el personal existentes, y una reserva cada vez menor de talento nuevo.

Según el informe del Instituto Reuters, aproximadamente el 60% de los líderes de medios están preocupados por el desgaste de sus equipos, y el 75% ahora está interesado en retener y atraer personal. Otro informe, Going Digital. A Roadmap for Organizational Transformation de Lucy Kueng, muestra que hace un tiempo que los gerentes medios, en particular, vienen abandonando la industria.

Esto no debería ser una sorpresa. Los periodistas siempre han enfrentado presión a la hora de manejar la agitación generada por situaciones noticiosas urgentes, demandantes y constantemente cambiantes. Pero, en el pasado, al menos contaban con la estabilidad y la consistencia que les ofrecían las organizaciones periodísticas que los empleaban. Ahora, también deben navegar un cambio organizacional incesante, impulsado por la tecnología, muchas veces mal explicado e introducido a las apuradas. El nivel de incertidumbre puede ahuyentar hasta al personal más leal.

Sin duda, el cambio es inevitable; la era digital exige una adaptación constante. Pero hacer los ajustes necesarios sin destruir la moral requiere implementar una estrategia orientada hacia la gente. Éste no es un proceso directo. Para soluciones tecnológicas, los gerentes pueden asistir a conferencias digitales relucientes, tomar algún consejo del equipo de ventas, firmar un contrato y verter las nuevas herramientas en sus redacciones. Con la gente, tienen que escuchar atentamente, llegar a entender el problema en profundidad y luego diseñar su propia estrategia.

Un buen lugar para empezar es el liderazgo. En cualquier industria, las responsabilidades esenciales de los líderes de una organización incluyen hacer que sus empleados se sientan seguros y valorados. Eso significa prestar atención a las necesidades de los empleados y fomentar una cultura organizacional que les ofrezca una sensación de pertenencia y propósito.

Una estrategia similar debe aplicarse a las audiencias. Ni siquiera las métricas más precisas pueden ofrecer la guía necesaria, si nadie entiende qué es lo que realmente significan, por qué se las eligió o cuál sería su impacto psicológico (en las audiencias o el personal). Mientras que los datos pueden ofrecer información útil sobre las preferencias de las audiencias, escuchar a la gente puede derivar en impresiones y conclusiones muy diferentes.

Por ejemplo, los datos podrían demostrar que más contenido significa más páginas vistas; pero si las audiencias buscan menos distracciones y un periodismo de mejor calidad, inundar el mercado con contenido producido por robots no las satisfará. De la misma manera, los usuarios podrían hacer un clic en un porcentaje mayor de artículos si se utilizan algoritmos para personalizar su experiencia; pero si a los usuarios los empiezan a aburrir los mismos temas y perspectivas, la personalización no ayudará.

Las soluciones basadas en la tecnología son un medio, no un fin. Es por eso que The New York Times, por ejemplo, está sacando ventaja de su éxito digital para invertir más en periodismo. El año pasado, la compañía sumó 120 empleados en la redacción, llevando el número total de periodistas allí a un pico histórico de 1.600.

Para las organizaciones sin el peso y el ingreso digital del Times, una estrategia orientada hacia la gente también puede ser necesaria para garantizar la inversión. Ahora que los límites del modelo de negocios impulsado por la publicidad se están volviendo cada vez más evidentes, muchos líderes de medios, cerca de un tercio, según la encuesta del Instituto Reuters, creen que en el futuro las fundaciones y las organizaciones sin fines de lucro jugarán un papel central a la hora de respaldar a los medios.

Pero persuadir a las fundaciones y a los filántropos de abrir sus corazones y sus billeteras exigirá conexión y compromiso humanos, no algoritmos o software basado en IA. Los potenciales financiadores tendrán que estar convencidos de que el periodismo es una causa tan noble, digamos, como la investigación sobre el cáncer.

La tecnología por sí sola no puede fomentar la democracia, ayudar a responder preguntas importantes y facilitar un liderazgo efectivo aumentando la transparencia. Pero, en alguna medida, el periodismo responsable y de alta calidad puede hacerlo.

Sin embargo, si han de cumplir ese propósito, las organizaciones periodísticas no deben permitir que cada nueva tendencia tecnológica cause estragos. Si tratan a la tecnología como algo más que una herramienta para implementar estrategias centradas en la gente, la gente que necesitan, tanto trabajadores como audiencias, seguirá votando con los pies.

Alexandra Borchardt es directora de los Programas de Liderazgo en el Instituto Reuters para el Estudio del Periodismo.

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