Probation y solidaridad, algunas reflexiones | RED/ACCIÓN

Reflexiones sobre penalización, probation y solidaridad

 Una iniciativa de Dircoms + RED/ACCION

La solidaridad como castigo merece una reflexión. Además: 4 preguntas sobre el empleo para personas con discapacidad.

Reflexiones sobre penalización, probation y solidaridad

¡Hola! Sin desmerecer el espíritu y la buena intención de este recurso, conviene no olvidar que, cuando se trata de ayudar, son necesarias personas con vocación.


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Hay un mecanismo usado en todo el mundo, incluida Argentina: la probation. En general, funciona así: la persona acusada, en lugar de cumplir una pena, por ejemplo, estar detenida, debe colaborar con un hospital, comedor comunitario o merendero.

No ponemos en duda el ánimo y espíritu de esta herramienta judicial, que seguramente quiere que quien cometió un error —cualquiera de nosotros podría hacerlo— reflexione sobre su propia falta y vea otras cosas importantes de la vida. Sin dudas, la probation ha sido creada con buenísima voluntad.

Pero vale hacerse algunas preguntas. La primera es algo filosófica, quizás no tiene respuesta. La cárcel, la multa, la detención, son castigos para quien comete errores: la solidaridad, el voluntariado, la labor comunitaria, ¿son castigos? ¿Tiene sentido que quien cometió un error “canjee” una multa por la solidaridad? La solidaridad como castigo merece una reflexión.

En segundo lugar, quizás poniéndonos más serios y estrictos, en la cultura solidaria hay una figura central que es el otro, el prójimo, quien tiene un dolor. En el caso, por ejemplo, de un paciente en un hospital, tiene sus derechos. Y los derechos, por ejemplo, son que quien vaya a cambiarle la cama, un pañal o a darle de comer, sea alguien con vocación: que se haya preparado para eso, que tenga una sensibilidad para encontrarse con alguien enfermo. Es complejo pensar que alguien (ha ocurrido) que atropelló, huyó y luego se presentó, termine cerca de mí cuando estoy enfermo, por ejemplo, acondicionando mi sala de hospital o cama.

Podríamos proponer que quien hace esta suerte de “canje” lo haga con una distancia prudencial de las personas que tienen un dolor. Podría hacerlo: arreglando una pared de un comedor, pintando un hospital o una escuela. Muchas veces los más postergados (enfermos o desposeídos), también pueden ser “usados” para que yo me sienta bien o para cumplir una pena. Pero el prójimo, el semejante, no puede ser nunca objeto de mi solidaridad. No es objeto de la solidaridad. Es sujeto de derecho.

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Cuatro preguntas a Ayelén Assis, Directora Ejecutiva de En Buenas Manos [por David Flier]. En Buenas Manos es una organización que trabaja por la inclusión laboral de personas con discapacidad. ¿Cómo? Brindando a empresas servicios como: pausas activas y masajes relajantes, desinfección contra COVID-19, armado de cajas saludables. Ayelén es contadora pública con especialización en Economía Social y Desarrollo local. A lo largo de su carrera colaboró en Proyectos de Impacto e Inclusión a nivel nacional e internacional, actualmente se desempeña como Directora Ejecutiva en En Buenas Manos.

—¿Qué balance hacen, a más de un año, de lo que lograron y lo que no en En Buenas Manos con la pandemia?
—Por un lado, cosas muy positivas que logramos como organización. En principio sostenernos en pie, que para organizaciones como la nuestra no fue tarea fácil. Y en segunda instancia la reinvención de los servicios. Perdimos casi 200 clientes en los primeros 5 días de la pandemia. Salimos rápidamente a pensar las necesidades de las empresas y qué valor podíamos agregar las personas con discapacidad. Es positivo haber logrado reinventarnos y sacar a flote tres servicios nuevos y estamos actualmente con tres servicios más en puerta, totalmente distintos a lo que teníamos antes. Lo que no logramos fue recuperar el volumen de clientes o ventas que nos ayude a sostener toda la nómina de asociados de En Buenas Manos. Se nos vuelve cuesta arriba a nivel económico. El país y el contexto no colaboran cuando hay que salir a vender servicios o productos.

EN ESTA NOTA CONTAMOS CÓMO SE REINVENTÓ EN BUENAS MANOS

—¿Qué aprendieron en materia de inclusión?
—Creo que tiene mucho que ver con la resiliencia. Era algo que ya conocíamos y la pandemia reafirmó. Creemos que las personas con discapacidad en este contexto quedaron aún más desamparadas en materia laboral que en el contexto previo. Pero a la vez el teletrabajo abrió algunas puertas. Algunas barreras se rompieron, sobre todo las motrices. Y esto permite el acceso a algunos puestos a personas con discapacidad a los que antes, quizás, no hubiesen accedido. Pero aún la inclusión de personas con discapacidad, no solo laboral, sigue siendo una materia pendiente en Argentina. En transporte, gastronomía, cultura. Y una gran deuda fue que al virtualizarse todo, así como permite el acceso a una discapacidad motriz, quita el acceso a la comunidad de personas sordas, por ejemplo.

—¿Por dónde tiene que empezar la inclusión laboral de las personas con discapacidad?
—Creemos que hay distintos inicios. Uno es que se cumpla la ley de cupo para organismos y empresas del Estado del 4% que hoy no se lleva adelante. Por otra parte, en cuanto a lo privado, creemos que se empieza por romper prejuicios y derribar mitos que en general tienen las áreas directivas de las empresas. Claro que, al igual que las personas sin discapacidad, no todos estamos preparados para ocupar ciertos roles. Hay un poco de todo, igual que con las personas sin discapacidad: hay potenciales variados, pero todos pueden sumar en las distintas áreas de las empresas. Hay limitaciones, como en todos los casos. Pero hay que perder el miedo e investigar, asesorarse, conocer sobre el valor que pueden agregar las personas con discapacidad en el ambiente laboral y los distintos puestos de trabajo.

— ¿Cómo puede ayudar una persona cualquiera, sea empleador o empleado, a la inclusión social y laboral de las personas con discapacidad?
—No es necesario modificar sistemas, equipos o infraestructura para que una persona con discapacidad sea parte del equipo. Sí deben tener en cuenta una comunicación clara con la persona. Y lo que en todo trabajo se espera: tareas claras, responsabilidades claras. Y ganas de diversificar los equipos, creemos que eso enriquece muchísimo.

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A propósito de lo que cuenta Ayelén, hay muchísimos ejemplos del potencial que tienen las personas con discapacidad. Hay logros que asombran. Y hace poco tuvimos noticias de uno: se trata de Alexis Padovani, un hombre de 44 años que es cuadripléjico desde los 21 y que cruzó Los Andes en una bicicleta adaptada, la cual mueve pedaleando con sus manos.

Alexis recorrió 107 kilómetros de la Ruta Nacional 3, atravesando el Paso Garibanldi. Lo hizo con la ayuda de seis amigos, quienes lo asistieron en tramos en los que, por las características de su bicicleta, no podía avanzar. "Me gusta desafiarme, me gusta aceptarme y entender que cuando hay un trabajo en equipo donde todos cumplen su rol es más fácil lograr los objetivos aunque muchas veces parezcan imposibles", aseguró el ciclista.

“Esto es para que vean que en la condición que estoy, con una lesión medular, puedo ser independiente y manejarme por mi cuenta. Con laburo y dedicación se pueden lograr estos objetivos”, dijo Alexis.

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Foto: Télam.

El acoso callejero es un problema que aún persiste (y habla de cambios culturales todavía pendientes). Quizás lo viste o sufriste. Y no supiste qué hacer.

Por eso es muy valiosa la iniciativa de “Contra el acoso callejero, Stand Up”, que se lanzó en simultáneo en Argentina y otros países del mundo. Consiste en capacitar a un millón de personas sobre intervenciones en situaciones de acoso en espacios públicos.

En nuestro país, los cursos los llevará adelante la Fundación Pescar, que se encarga de capacitaciones para generar oportunidades de empleo en la juventud. En el marco del programa "Contra el acoso callejero, Stand Up” van a capacitar a nada menos que 60.000 personas, entre algunos cursos presenciales y muchos virtuales.

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Si hay algo que celebramos desde OXÍGENO es aquellas situaciones en las cuales una persona mira más allá de sí misma: ve que otros tienen una necesidad y se organiza para ayudarlos.

Por eso es para alegrase que una iniciativa como la del “Polo” Jorge Quinteros, el exjugador de Argentinos y San Lorenzo (entre otros), cumpla 20 años: se trata de “Catalina”, un comedor infantil que el exdelantero montó en Virreyes. Allí dan de comer a 75 chicos cada semana.

Pero el énfasis está en que esos chicos vayan a diario. “Sirve que coman todos los días. Acá el punto es que puedan ir al colegio con la panza llena”, dijo en una entrevista reciente.

“En el fútbol vivís otro mundo”, dice también en ese diálogo. Qué bueno poder salirse de ese mundo, levantar la vista y tender una mano al prójimo.

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Recordá que queremos tu feedback para mejorar juntos OXÍGENO. ¿De qué tema creés que nos falta hablar? ¿A quién deberíamos entrevistar?

Reinventamos la home de redaccion.com.ar ¿ya la conocés?  El nuevo sitio busca ofrecer una experiencia más interactiva y simple a la hora de informarse y, al mismo tiempo, facilitar el compromiso ciudadano. Al final, vas a encontrar un espacio para decirnos qué te pareció (y ayudarnos a seguir mejorándola).

  • Vimos que la comunidad de lectores de RED/ACCIÓN comparte una característica: son ciudadanos comprometidos, activos en la búsqueda de una sociedad más tolerante e inclusiva. Una de las preguntas clave que busca responder esta nueva experiencia es ¿cómo puede RED/ACCIÓN ayudarlos en esa tarea?

Cuidate mucho, cuidalas mucho, cuidalos mucho.
Te mandamos un abrazo.

Juan.

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