Repartidores de apps: son esenciales en la cuarentena pero siguen trabajando contrarreloj para conformar un sueldo | RED/ACCIÓN

Repartidores de apps: son esenciales en la cuarentena pero siguen trabajando contrarreloj para conformar un sueldo

Por lo menos 60 mil personas hacen envíos para aplicaciones como Rappi, PedidosYa, Glovo y UberEats. Desde el principio, el Gobierno reconoció que su tarea es indispensable ante la emergencia. Reparten remedios y comida. Sin embargo, continúan en una relación laboral precaria. Un proyecto de ley busca reglamentar el vínculo para darles más estabilidad.

Intervención: Pablo Domrose. Fotos: AFP y Télam

Pizzas, empanadas, hamburguesas, helados. También medicamentos, comida para policías que están de guardia, mercadería para personas mayores y recados para quienes están en un hospital. Y algunos regalos de cumpleaños y hasta cartas de amor.

Esos son algunos de los envíos que hizo durante la cuarentena Matatán, un repartidor que trabaja para apps de delivery. Matatán es el apodo con el que todos lo conocen. Tiene 50 años, es venezolano y en este momento dedica la mayor parte de su tiempo a PedidosYa. Pero cuando aparecen mejores comisiones o no hay mucho movimiento, también se conecta con Rappi.

Desde que se decretó el aislamiento social obligatorio, los repartidores de delivery fueron considerados trabajadores esenciales y pudieron seguir trabajando. Mientras uno debe quedarse en casa, para cuidarse del virus y evitar más contagios, ellos recorren la ciudad para alcanzarnos hasta la puerta de nuestras casas lo que cada cliente encarga a través de una app.

En estos más de dos meses de cuarentena, hicieron un trabajo sumamente importante, pero ¿se sienten reconocidos? Matatán cree que no y cree que están muy expuestos a la posibilidad de contagiarse.

En la Argentina hay cuatro empresas que hacen delivery a través de apps: PedidosYa, Glovo, Rappi y UberEats. Nuclean entre 60 y 80 mil repartidores, que trabajan con un vínculo precario, ya que si bien muchos tienen un vínculo extendido deben registrarse como monotributistas (ver acá y acá) y facturarles a la empresa, como si fueran trabajadores autónomos.

Además, no les garantizan una cobertura de salud, seguro ante accidente, vacaciones pagas ni indemnización en caso de despido.

Foto: AFP

El movimiento de trabajadores de reparto se caracteriza por estar compuesto por jóvenes y migrantes. Para algunos este puede ser un segundo ingreso, pero para la mayoría este es su trabajo principal.

Las aplicaciones de reparto están llenas de contradicciones. Por ejemplo, hay repartidores que reclaman mayor respaldo de las empresas, pero otros que no quieren estar en relación de dependencia porque eso generaría ciertos descuentos en sus ingresos.

Al mismo tiempo, muchos usuarios dudan de hacer pedidos porque suponen que de ese modo contribuyen a la precarización laboral y otros piensan que si lo hacen están favoreciendo la posibilidad de generar trabajo.

Y por otro lado están las pymes y emprendedores que encuentran allí una oportunidad de seguir vendiendo, pero que por el costo de las comisiones que les cobran a veces sienten que resignan rentabilidad. Más allá de estás contradicciones, lo cierto es que en este contexto son fundamentales y esenciales ante la emergencia, según reconoce el decreto presidencial que habilita algunas actividades durante la pandemia.

La última semana, Matatán llevó pedidos a policías en sus puestos de control, recetas de los médicos a los pacientes, acercó las compras del supermercado a adultos mayores y entregó viandas al personal de salud.

“Incluso entramos a los hospitales para dar los pedidos. Estamos expuestos. Vamos con tapabocas y alcohol en gel, que en general, lo pagamos nosotros. Ahora, las empresas suelen entregar en algún punto de la ciudad algunos de estos insumos. Si pasás por ahí y no hay mucha gente lo retirás, pero si estas trabajando en la otra punta no te vas hasta allá. Si no tomamos los recaudos necesarios nosotros podemos ser delivery de la pandemia. Para evitar eso pedimos que nos garanticen productos de seguridad e higiene. También tenemos miedo de contagiar a nuestros familiares después de estar tantas horas en la calle”, dice.

Durante la pandemia, las apps anunciaron de distintas maneras nuevas medidas y protocolos de seguridad, tanto para proteger a los repartidores como para preservar los envíos. Glovo, por ejemplo, lo comunicó desde su blog.

Foto: AFP

Matatan es licenciado en publicidad y mercadeo, tiene un posgrado en relaciones públicas y hace tres años migró a la Argentina. Cuando llegó, se compró la moto con sus ahorros. “Vivo de las apps porque no tengo otra opción”, dice.

Según Matatan, en este trabajo lo más importante es administrar el tiempo. “A veces en los comercios tardan mucho. Incluso hay clientes que nos hacen esperar. Algunos tardan en bajar hasta 45 minutos. Ese tiempo para mí es un pedido menos y eso significa menos plata”, cuenta y señala que se puede llegar a hacer unos $10.000 o $12.000 por semana. PedidosYa, cuenta, le paga una vez por semana y le pide que tenga el monotributo al día.

“Durante la cuarentena, me tocó hacer 13 kilómetros para ir hasta el Delta, en, Tigre, a las 12 de la noche para llevar medio kilo de helado. La app me mandó porque tengo moto. Tomé el pedido porque eran $ 300 y me hacían falta. Busqué el pedido y se lo llevé al cliente, que me hizo pasarle la bolsa a través de la reja”, relata Matatan.

Las aplicaciones de delivery suelen ordenar a los trabajadores según un ranking. Matatan pasó en un momento por Glovo, pero dice que dejó de usarla rápidamente porque al principio, cuando estás en un nivel bajo, no le habilitaban muchas horas para repartir. Durante un tiempo, combinó distintas aplicaciones, una a la mañana y otra a la tarde. También cuenta que Rappi es la más liberal porque uno puede activarse cuando quiere, por eso también la usa como complemento.

Cuando llegó a los niveles superiores del ranking en PedidosYa, Matatan empezó a dedicarle más de 10 horas a esta empresa. Dice: “Para subir de nivel no tenés que rechazar pedidos, no podés llegar tarde y tenés que ser veloz para entregar a más clientes”. En este momento el trabaja de lunes a lunes porque no le estaban cerrando los números.

Por ejemplo, en PedidosYa, una vez por semana, los repartidores tienen que loguearse en la app para reservar los horarios en los que van a trabajar. “Los miércoles a las 17 tengo que entrar a la app y tengo que cazar mi horario para la siguiente semana. El miércoles pasado entré más tarde y me quedé sin turnos para la mañana. Así que esta semana solo pude trabajar de 19 a 23”, dice Matatan.

El viernes pasado, la Agrupación de Trabajadores de Reparto (ATR) convocó a un paro entre las 10 y las 16, en la Ciudad de Buenos Aires, La Plata, Mar del Plata y en las provincias de Córdoba, Mendoza y Entre Ríos. Entre las demandas, la ATR pide elementos de seguridad e higiene a cargo de la empresa y un aumento del 100% del pago por envío.

En medio de la pandemia, el reclamo se volvió regional y el pedido se extendió a varios países de América Latina: Argentina, Ecuador, México, Costa Rica, Chile y Guatemala.

En paralelo, la semana pasada el Gobierno retomó un proyecto de ley para regular el trabajo en las aplicaciones de reparto. La intención es someterlo al debate virtual, según publicó Ambito.

Desde el Ministerio de Trabajo se busca incluir a los repartidores en el régimen general de la seguridad social, con prestaciones de salud y aportes jubilatorios, y una habilitación a la AFIP para ejercer un control en tiempo real de la distribución de tareas por parte de las aplicaciones.

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A las 20, a dos cuadras de su casa en Recoleta, José se loguea para retomar su trabajo. Hoy prende la aplicación de PedidosYa, pero otros días usa Rappi. Trabaja todos los días de la semana. Los miércoles le suelen decir cuánto va a cobrar y se lo pagan al día siguiente. Su promedio de trabajo son 9 horas y gana $50.000 mensuales, en promedio.

Suele empezar a trabajar al mediodía y corta a las 16 o 17. Vuelve a su casa a comer algo, descansar y bañarse. Y a las 20 suele volver a salir hasta medianoche. El repartidor, de 37 años y también venezolano, entrega alrededor de 15 pedidos diarios en su bicicleta y hace un año que gana lo mismo por cada entrega.

José enfatiza los riesgos que conlleva su trabajo: “Mucha gente maneja mal, sin luces y se cruzan de carril sin mirar. Para nosotros que estamos en bici o moto eso es muy riesgoso. Además, muchas veces somos víctimas de la delincuencia. De noche, hay zonas en las que directamente no trabajo. Hace un tiempo, me robaron una bici y la respuesta de la compañía fue bajarme de nivel porque al día siguiente no pude trabajar. Y ahora se sumó el riesgo del virus. Yo vivo con mi esposa e hija y nos da temor el virus, pero estoy obligado a seguir trabajando. La primera semana de la pandemia no trabajé y por eso también me bajaron de nivel”.

Los efectos de la pandemia para las empresas

Según Glovo, al comienzo de la cuarentena hubo un cambio de hábito en los pedidos: supermercados y farmacias encabezaron el ranking. Antes, la mayoría de los pedidos se hacían en el rubro restaurantes. En las últimas semanas vieron una regularización de los pedidos: hamburguesas es lo más pedido, como fue históricamente. En segundo lugar, los pedidos en la categoría supermercados continúan aumentando, pasando del cuarto lugar antes del aislamiento al segundo lugar en la actualidad.

Y en tercer lugar se encuentran las heladerías, que crecieron un 20% durante este tiempo. La mayor demanda de los pedidos ocurre durante la noche, en el horario de la cena. Aunque durante el aislamiento, la plataforma tuvo picos de pedidos que nunca habían tenido durante la tarde.

Desde Rappi, coinciden en que aumentaron los pedidos en la aplicación; sobre todo vinculados a supermercados y farmacias. Además, se incrementaron los pedidos en el servicio de mensajería, utilizado para envíos a familiares.

“En plena pandemia todas las apps activaron el servicio de encomienda que es bastante riesgoso porque algunas personas intentan enviar cosas ilegales”, dice José. En este sentido, Matatán comenta: “No tenemos control de lo que trasladamos. Es una responsabilidad y un riesgo muy grande el que tenemos”.

En la Argentina, UberEats está activo desde noviembre de 2018 y tiene presencia en Buenos Aires, Córdoba y Mendoza. En el último mes, observaron que se sumaron a la plataforma restaurantes que no hacían delivery. Además, identificaron que muchos están adaptando sus opciones de menúes; por ejemplo, ofreciendo productos sin cocción, bolsones de vegetales para cocinar en casa y combos semanales.

Además, a partir del 18 de abril, Uber amplió a todo el Gran Buenos Aires su nueva opción Flash. Es un servicio donde los usuarios podrán utilizar la aplicación para hacer llegar o recibir artículos a domicilio, una opción que hoy requieren también comercios o quienes hacen ventas a través de Internet.

José reflexiona: “Al principio se incrementaron mucho los pedidos y estábamos más confiados para trabajar. Ahora hay demasiada gente en la calle y nos sentimos menos seguros. Trato de no tocarme la cara y tomar todos los recaudos, pero creo que es una lotería. Uno no sabe si se puede contagiar o no. Uno está en la calle, a la deriva”.

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