Cómo controlar un ataque de pánico y qué es | RED/ACCIÓN

"Respirá profundo: no te estás muriendo ni te volviste loco, estás pasando por un ataque de pánico o crisis de angustia"

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Se trata de un trastorno de ansiedad que se caracteriza por la aparición de un sentimiento repentino de miedo extremo acompañado de palpitaciones, transpiración, escalofríos o la sensación de ahogo o desmayo. Entre los problemas de salud mental, es el desorden más frecuente. ¿Qué los suele desencadenar? ¿Cómo se los puede tratar? Responden dos psicólogas y un psiquiatra especializados. Y varios lectores y lectoras de RED/ACCIÓN cuentan su experiencia.

"Respirá profundo: no te estás muriendo ni te volviste loco, estás pasando por un ataque de pánico o crisis de angustia"

Ilustración: Denise Belluzzo

Este contenido contó con la participación de lectores y miembros co-responsables de RED/ACCIÓN

La primera crisis que tuvo Yonathan Baldo fue en medio de un asado con amigos. De la nada, empezó a sentir una angustia profunda que, en cuestión de segundos, se convirtió en miedo y luego en pánico. Un estado de alerta súbito y desesperante. 

Respiraba agitado y transpiraba sin poder expresar con palabras qué era lo que le estaba ocurriendo. Lo llevaron a la guardia para que lo revisaran y le hicieran estudios. Al cabo de un rato, le dieron el alta.

“No tenés nada”, dijeron los médicos.

La semana siguiente fue a Córdoba con su novia para visitar a su hermano. A los pocos días, la pesadilla empezó otra vez: miedo, falta de aire y la certeza absoluta de que se iba a morir. De nuevo al hospital. 

Sin embargo, esa vez le advirtieron que se había tratado de un ataque de pánico. Yonathan quedó tan afectado que no quiso manejar y le pidió a su hermano que los llevara de vuelta a Buenos Aires. “Fue como si mi cabeza se hubiera tildado en un pensamiento negativo del que no podía salir”, describe hoy a la distancia.

Lo que se conoce como ataque o crisis de pánico es un trastorno de ansiedad que se caracteriza por la aparición de un sentimiento repentino de miedo extremo acompañado de una serie de síntomas corporales como pueden ser palpitaciones o taquicardia, transpiración, escalofríos, la sensación de ahogo o desmayo, y una presión fuerte en el pecho acompañada de mareos. Aunque la mayoría de estos episodios suelen durar entre 10 y 30 minutos, también pueden ser más prolongados.

Santiago Levin es médico psiquiatra, doctor en medicina de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y presidente de la Asociación de Psiquiatras Argentinos (APSA). “La palabra pánico es una mala traducción del inglés porque en castellano tiene una connotación bastante más dramática y hasta terrorífica. Es preferible hablar de crisis de angustia”, aclara.

También explica que este tipo de crisis puede “ocurrir una sola vez o convertirse en una situación prolongada con episodios que van y vienen y que a veces tienen desencadenantes y otras veces aparecen sin ningún disparador reconocible”. Más allá de cuál sea su origen, Levin insiste en remarcar que “en la enorme mayoría de los casos, las crisis de angustia se superan para siempre”.

La experiencia de nuestros lectores y lectoras

¿Qué provoca un ataque de pánico? ¿Es cada vez más común? ¿Cómo debe manejarse una situación así? Consultamos a la comunidad de lectores de RED/ACCIÓN a través de nuestra cuenta de Instagram si habían atravesado una crisis de estas características y en qué contexto. Muchos nos compartieron su experiencia y la de gente cercana. Mientras que algunas crisis fueron esporádicas, otras se repitieron varias veces a lo largo de los años.

Las circunstancias y síntomas más mencionados en sus testimonios fueron la falta de aire en situaciones de tensión, el miedo a la inseguridad en la calle, los vínculos personales no saludables, la sensación de pérdida del control del propio cuerpo, la idea persistente de que algo malo iba a ocurrir, la llegada de la segunda ola del coronavirus y el temor a la muerte.

También preguntamos qué medidas tomaron para superar estos momentos de crisis. Algunos contestaron que les ayudó “salir del lugar donde comenzó el episodio”, “tratar de abrazar algo” o “abrir las ventanas y sacar la cabeza afuera”. 

Pero hubo respuestas que se repitieron bastante, como concentrarse en la respiración para no pensar en lo que generó la angustia, llamar a un ser cercano, salir a caminar a un espacio abierto y, sobre todo, buscar ayuda profesional.

“No todas las personas atraviesan los ataques de pánico de la misma forma ni tienen los mismos síntomas fisiológicos ni surgen a raíz de las mismas situaciones, no se puede generalizar”, afirma la licenciada en Psicología, Dai Belbruno, máster en Relajación, Meditación y Mindfulness en la Universidad de Barcelona. 

Además, Dai Belbruno también destaca que los episodios suelen suceder cuando la mente “se enfoca demasiado en el futuro para intentar controlar la posibilidad de escenarios catastróficos”. Ahí es cuando se da lo que ella describe como un “sesgo atencional en el mecanismo de los trastornos de ansiedad”, en el cual sólo se perciben los estímulos que confirman esos miedos.

Según estudios de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización Panamericana de la Salud (OPS), los trastornos mentales están dentro de las cinco primeras causas de enfermedades en América y una de cada cuatro personas en el mundo los padece. En Argentina, una de cada tres personas presenta algún problema de salud mental a partir de los 20 años y los trastornos de ansiedad son los más frecuentes.

Las crisis de ansiedad comenzaron a ser descritas en 1978 en el Manual de Diagnóstico y Estadística de los Trastornos Mentales, publicado por la Asociación Estadounidense de Psiquiatría, pero debieron pasar varios años más para que la OMS las reconociera oficialmente.

“Hay bibliografía desde finales del 1800 en la que Freud ya hablaba de sintomatología compatible a lo que hoy es el ataque de pánico, pero que él llamaba neurosis de angustia”, explica la psicóloga Mariana Alfieri, y agrega: “No se diagnosticaba tanto porque a veces ciertos diagnósticos se ponen de moda y engloban otras cosas que no lo son”.

¿Los jóvenes están cada vez más expuestos a las crisis o ataques de pánico? 

“Hoy en día niños y adolescentes tienen un nivel de exigencia, de agendas llenas de actividades, que los exponen a una velocidad de funcionamiento que los predispone a la ansiedad. Si tenemos en cuenta que son personas que todavía no tienen totalmente desarrollado su aparato psíquico, son más vulnerables a la presión del afuera”, dice Alfieri, quien está especializada en psicología infantojuvenil.

Al ritmo de vida vertiginoso de las sociedades modernas, los últimos años se sumó la pandemia del coronavirus. ¿De qué manera influyó esto en la cotidianidad de las personas con predisposición a la ansiedad? Según Alfieri, la pandemia vino a “patear todas las pequeñas certezas y seguridades que teníamos”. De esta manera, “quien ya tenía un estilo ansioso lo potenció porque lo que era un miedo se volvió una realidad de la que se hablaba y mostraba en los medios todo el tiempo”.

Gisela Figuero es miembro co-responsable de RED/ACCIÓN. Entre el 2000 y el 2007 sufrió reiterados ataques de pánico. Luego de descartar que se tratara de una afección cardíaca, empezó terapia con una psicóloga. Rápidamente la especialista hizo una interconsulta con un psiquiatra para que la medicara debido a que no podía “trabajar con tanta angustia”. Durante seis años Gisela tomó antidepresivos y ansiolíticos. A pesar de eso, los episodios continuaban.

Su vida se había supeditado a su carrera, su pareja y amigas porque le daba miedo salir a bailar y viajar. Incluso, llegó al punto en que le costaba quedarse en su casa por miedo a que le pudiera pasar algo y morir. Finalmente, en 2006, una persona de su confianza le recomendó a otra psicoanalista.

“Medicada y todo seguía angustiándome así que la nueva psicóloga me volvió a derivar a una psiquiatra, pero esta vez para que me ayudara a dejar la medicación. Un año después lo logré”, cuenta Gisela, quien hace años ya no sufre más episodios: “Hablar de lo que me pasaba fue la cura. En mi experiencia, ninguna otra terapia puede lograr transformaciones tan profundas y duraderas como el psicoanálisis”.

¿Qué casos deben ser tratados por un psicólogo y cuáles por un psiquiatra?

Desde la perspectiva del psiquiatra Santiago Levin y la psicóloga Mariana Alfieri, cuando se trata de un cuadro grande y prolongado de crisis de angustia lo mejor es la mezcla de ambos enfoques. “Todos los estudios serios que se han hecho con metodologías serias dieron como resultado que la combinación de la psicoterapia con un tratamiento psicofarmacológico es la más eficaz para la recuperación de una vida sin síntomas”, argumenta Levin.

El psiquiatra Santiago Levin reflexiona sobre la utilidad de un tratamiento combinado.

Por su parte, Alfieri explica que “es muy difícil trabajar desde lo psicológico con un paciente que tiene una ansiedad y miedo a flor de piel”. Y agrega: “Lo complejo de estas crisis es que, a diferencia de una fobia en la que se puede evitar el objeto y listo, el temor a que pasen de nuevo se hace expansivo y va tomando distintas áreas de la vida de la persona, restringiéndola cada vez más”.  Por eso es que la psicóloga afirma que “la medicación es una herramienta más”, aunque no la piensa sin un tratamiento psicológico porque lo que hace es “ayudar a controlar una sintomatología para poder avanzar con el proceso del paciente”.

En Argentina, la tradición psicoanalítica es muy fuerte a diferencia de otros lugares como, por ejemplo, Estados Unidos, donde predominan los tratamientos que buscan que los síntomas desaparezcan sin importar tanto las razones que lo hicieron aparecer. “Acá estamos acostumbrados a encontrar una explicación existencial y biográfica que permita la superación de la crisis sintomática con la ganancia vital neta de conocerse un poco más a uno mismo”, describe Levin, y sintetiza: “En el sur de Sudamérica, lo mejor es la combinación de ambas estrategias. Si no se trata de una urgencia, lo mejor es empezar con un enfoque psicoterapéutico –puede ser con un psicólogo o psiquiatra- y evaluar con el paso del tiempo si es necesario agregar medicación o no”.

¿Qué medidas se pueden tomar para prevenir una crisis de angustia? 

Mientras que la psicóloga Alfieri sugiere que las personas generen “espacios de reflexión y conexión para asimilar y poner en palabras las situaciones que las hayan impactado a lo largo del día”, Dai Belbruno, propone las prácticas de atención plena que, según sus palabras, sirven para entrenar “la capacidad de conectar con nuestro cuerpo a través de lo sensorial”.

La meditación, la buena alimentación y el descanso genuino forman parte de la prevención al igual que la respiración. “Muchos ataques de pánico se exacerban por una mala respiración que hace que el cuerpo interprete que estamos en peligro. Al ejercitarla, estimulamos el sistema nervioso parasimpático que es el que nos relaja”, explica Belbruno.

Belbruno aconseja acercarle un vaso de agua y ayudarlo a respirar mejor.

Por último, para ayudar a alguien que atraviesa una crisis de angustia, Dai Belbruno insiste en la importancia de hacerla volver al aquí y ahora: “No hay que decirle que se calme, hay que acompañarla y pedirle que intente exhalar e inhalar profundamente para evitar que hiperventile”. También sugiere llevarle un vaso con agua para “conectarla con algo sensorial y lograr que baje de la mente a través de la estimulación física”. Porque, en definitiva, “cuando alguien entra en una crisis de angustia es porque está perdido en su propia mente”.

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