Salud mental en las villas: el novedoso método de La Palito

Por Lucía Wei He
30 de agosto de 2018

Es uno de los barrios populares más grandes de La Matanza. Un equipo interdisciplinario de profesionales, vecinos y trabajadores del municipio crearon una red de salud mental comunitaria que busca promover un tratamiento enfocado en la inclusión.

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Cada martes a la mañana, desde hace 3 años, un grupo de adultos y jóvenes se reúne en el Centro Integrador Comunitario (CIC) de Villa Palito, también conocida como Barrio Almafuerte. Por una hora y media charlan, bailan, y hacen distintos ejercicios de respiración.

Algunos vienen porque les gusta bailar; otros, porque les gusta la compañía. Pero la mayoría también viene por otro motivo: para tratar su salud mental.

“A través de la danza, el movimiento, el arte, se reduce significativamente la necesidad de una medicación psiquiátrica”, dice Carolina Wajnerman, la psicóloga que lidera el taller de Movimiento, Danza y Respiración. “Hay personas que a partir de las actividades empiezan a recuperar la vitalidad, la salud, y eso repercute en otros planos”.

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Wajnerman es una de las profesionales que forman parte del equipo de salud mental del CIC de Villa Palito creado en el 2015. El equipo, conformado por psicopedagogas, psicólogas y psiquiatras, tiene como objetivo implementar y promover en el barrio un sistema de salud mental comunitaria, junto con el apoyo de los mismos vecinos y organizaciones barriales.

“Por un lado, ofrecemos atención clínica para todas las edades, para vecinos que sufran ataques de pánico o depresión”, explica Wajnerman. “Pero por otro lado, tenemos distintos talleres y dispositivos para trabajar la salud mental de una manera más integral y para derribar los mitos y prejuicios que existen sobre esta”.

El modelo de salud mental que en los últimos años se instaló en Villa Palito es similar al de Río Negro, donde un movimiento liderado por médicos, psicólogos, y otros profesionales desde hace casi 3 décadas cambió el paradigma de la salud mental en la provincia, convirtiéndola en un modelo mundial por su programa de salud mental comunitaria.

Al igual que el el Centro Cultural Camino Abierto en Bariloche, el CIC de Villa Palito ofrece una variedad de talleres semanales con el fin de fomentar un tratamiento más integral de la salud mental. Estos incluyen actividades como gimnasia, cine comunitario, arteterapia, y una orquesta infanto-juvenil. En total, los talleres reúnen a alrededor de  100 vecinos cada semana. La mayoría son mujeres o jóvenes.

A sus 12 años, Priscila participa del taller de Arte, Cultura y Transformación (ARCUTRA), donde junto a otros adolescentes está preparando una obra de teatro en la que hablan sobre cuestiones de género y distintos estereotipos sociales. “Me gusta estar afuera haciendo algo”, cuenta tímidamente.

Al mismo tiempo, a través de estos talleres, el equipo de profesionales busca borrar la división doctor-paciente que predomina en el modelo de salud mental tradicional.

"Estos talleres permiten tener un acercamiento a la comunidad desde otra mirada. La comunidad nos conoce a raíz de las diferentes actividades que realizamos, donde la salud mental no es pensada desde la lógica salud-enfermedad”, dice Cynthia Rivero, otra de las psicólogas del equipo.

Salud mental en las comunidades más vulnerables

Con sus 10.000 habitantes, Villa Palito es uno de los barrios populares más grandes de La Matanza, en el conurbano bonaerense. En las últimas dos décadas, gracias al trabajo de los vecinos, logró convertirse en un modelo de integración socio-urbana: se construyeron casas, asfalto, y redes cloacales. Pero al mismo tiempo se crearon distintas instituciones que permitieran una integración socio-urbana completa de la villa. Una de estas fue el equipo de salud mental del CIC.

“La salud mental es una aspecto de la salud que afecta a otras dimensiones de la vida, está ligada al trabajo, a la educación, a la vivienda”, dice Wajnerman. “Lo que hacemos con estos talleres es tratar de transmitir una idea: que vos mismo podes crear tu realidad”.

Según los últimos datos del Observatorio de la Deuda Social Argentina de la UCA, el malestar psicológico se duplica entre los adultos que viven bajo la línea de pobreza cuando se los compara con la población considerada “no pobre”. Los indicadores de pobreza infantil también son alarmantes. En Argentina, a casi la mitad de los niños más vulnerables nunca les contaron un cuento, y más de la mitad no tienen libros infantiles en su casa.

“Ser indigente o pobre tiene un alto costo psicológico”, dice Agustín Salvia, director de Investigación del Observatorio, agregando que tener asistencia psicológica es más importante para las comunidades vulnerables, pero generalmente es visto como un lujo en materia de salud pública.

Es por esto que, para el equipo de salud mental de Villa Palito, es importante poder trabajar estos aspectos “invisibles” de la pobreza, para poder lograr un desarrollo integral de la comunidad.

“La fragmentación social es un desafío en estos barrios. Hay mucho encierro y aislamiento en relación a otros ámbitos de la sociedad. Pero también existen lazos muy fuertes dentro de la comunidad. El desafío es reconocerlos y fortalecerlos,” dice Mariana Soccodato, psicología comunitaria parte del equipo de Envión, un proyecto de la Provincia de Buenos Aires enfocado en promover los derechos de los chicos entre 12 y 21 años.

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La ley nacional

Desde 2010, Argentina cuenta con una ley de salud mental que demanda el cierre de los manicomios, la creación de dispositivos alternativos y la ejecución de un censo nacional de personas internadas en psiquiátricos. Hasta ahora, la implementación de la ley fue casi nula, pero algunas provincias y municipios, como La Matanza, están de a poco avanzando para cambiar el paradigma de salud mental a nivel local.

En el 2014, junto con el apoyo del gobierno de la Provincia de Buenos Aires, la Secretaría de Salud de La Matanza lanzó una red de Servicios Integrados de Salud Mental y Adicciones que cuenta con centros de atención en más de 10 localidades. Actualmente, el área de el municipio también está realizando diferentes capacitaciones de salud mental comunitaria para profesionales de las distintas localidades.

Para el equipo de salud mental de Villa Palito, una de las claves para que otros barrios y municipalidades puedan establecer un sistema de salud mental comunitario e integral es el trabajo entrelazado entre el municipio y la comunidad del barrio.

“Uno de los logros de Palito fue incorporar vecinos al equipo de salud mental, para que puedan capacitarse, que puedan trabajar en el territorio día a día”, dice Soccodato. “En todas las comunidades existen redes que tienen el objetivo de ayudar y asistir en solidaridad. Es cuestión de crear equipos comunitarios. Solo así puede ser una iniciativa sustentable”.