Borda: cómo un proyecto busca la inclusión económica y promover el comercio en otras comunidades estigmatizadas | RED/ACCIÓN

Un proyecto de pacientes psiquiátricos busca la inclusión económica y promover el comercio justo con otras comunidades estigmatizadas

 Una iniciativa de Dircoms + RED/ACCION

La Colifata nació hace 30 años en el Hospital Borda como la primera radio en transmitir desde un neuropsiquiátrico. El proyecto, ramificado y replicado en varios lugares del mundo, hoy busca conectarse con emprendimientos sustentables de otros colectivos y contribuir a la inclusión económica y al comercio justo.

Un proyecto de pacientes psiquiátricos busca la inclusión económica y promover el comercio justo con otras comunidades estigmatizadas

Intervención: Marisol Echarri

Loco, insensato, violento… son varios de los rótulos, estigmas y prejuicios que recaen sobre una persona que atraviesa o atravesó una internación psiquiátrica. “La gente, los amigos desaparecen. Para la familia, antes era la psicóloga, ahora sos la enferma. Quien vive una internación psiquiátrica pasa a ser ‘el loco’”. Así lo vivió Claudia Sosa Prado, que tiene 60 años, un título en Psicología y tres estadías breves en hospitales psiquiátricos.

Pocas veces se percibe a quienes tienen o tuvieron padecimientos de salud mental como personas que, además de poder desenvolverse normalmente en la vida comunitaria, también pueden ayudar a personas con alguna necesidad. Desarmar esta mirada es lo que persigue el nuevo proyecto de La Colifata, la radio de internos y exinternos del Hospital Borda de Buenos Aires que conoce muy bien lo que es derribar prejuicios.

“Buscamos que La Colifata no solo sea una herramienta de inclusión social o para reducir estigma, sino también de inclusión económica”, introduce Alfredo Olivera, psicólogo, director y fundador de la radio, sobre la nueva iniciativa que los “colifatos” y “colifatas” (como se llama a quienes trabajan en la radio) identifica emprendimientos éticos y sustentables del país llevados adelante por colectivos que, también, sean víctimas de estigmatización, para luego trabajar en la venta y promoción de estos productos. Un proyecto de varias aristas y que resulta de un largo proceso histórico de inclusión social.

Una herramienta para recuperar la voz

En este 2021, La Colifata cumplió treinta años. En un principio, era una radio sin antena: se producían y grababan microprogramas que luego se reproducían en donde les dieran espacio. Quienes hacían estos micros eran internos y exinternos del principal hospital psiquiátrico de la Argentina. Desde entonces, se la conoce como la primera radio del mundo nacida en una institución de este tipo.

“Rápidamente se constituyó una herramienta terapéutica para las personas que toman la palabra en este espacio. La radio es vinculante, valida en acto la palabra de quien habla. Gracias a esto, se devolvió a la escena social una problemática enclaustrada, silenciada, guardada. La radio se constituyó en un método terapéutico y de abordaje social en relación al problema del estigma. Por ello, el modelo se sistematizó y empezó a ser imitado en muchas instituciones de la Argentina, luego de Latinoamérica y también de Europa y otras partes del mundo”, señala Olivera desde Francia, donde hoy replica este modelo en el sistema público de salud mental. Esto, mientras sigue conectado con lo que pasa en La Colifata.

Hoy en La Colifata hay 39 personas con diagnósticos vinculados a la salud mental que hacen radio. (Imagen: gentileza).

“Hacer radio fue un cambio muy importante en mi vida por las actividades que implicaba. Por ejemplo, en La Colifata teníamos talleres de filosofía. Conduje un programa durante un año. Lo más importante es que te da un lugar, te reconoce en ese lugar, te cuida. Sobre todo, te da voz. Esto es lo novedoso de salir en la radio: que otros te escuchen. Da voz a quienes normalmente no tienen voz”, analiza Sosa Prado que padecía distimia: “No estaba deprimida, pero casi. Hacía todo en un tono más bajo”, recuerda. En 2013, estuvo dos meses internada en el Hospital Moyano y, entre las actividades con las que contó ahí, encontró la radio. Y, también, al psiquiatra Julián De La Vega quien le redujo la medicación “fuertísima” que se le administraba desde hacía dos décadas, algo que ella señala como clave para su mejoría. Sosa Prado llegó a La Colifata hace cinco años, cuando la radio era ya un proyecto con mucha historia.

Luego de aquella primera etapa de microprogramas grabados, la radio tuvo su propia antena y, en 2019, la frecuencia definitiva otorgada por el Ente Nacional de Comunicaciones (ENACOM) —aunque, se queja Olivera, hoy la frecuencia es interferida por una radio ilegal porteña—.

Sin embargo, estas tres décadas fueron mucho más que hacer radio. Para ilustrarlo, Olivera cuenta un hecho ocurrido en 1998. Por entonces, La Colifata se transmitía en varios puntos del país. Un grupo de oyentes de Bariloche había invitado a veinte personas de la radio a visitar la ciudad. La mayoría no tenía ingresos y nunca se había ido de vacaciones.

“La pregunta para el grupo fue: ‘¿Qué se puede dar a cambio?’”, narra Olivera. Entre varias ideas, como colaborar con pueblos originarios o instituciones, alguien propuso hacer una colecta y llevar donaciones para personas en situación de calle. Una situación en la que, cuenta Olivera, la mitad de quienes trabajaban en La Colifata habían vivido alguna vez.

Gracias a la difusión de la radio, lograron juntar útiles escolares, ropa y juguetes para organizaciones que trabajaban con niños en situación de calle en Bariloche. Como había personas con reticencia a acercarse al Hospital Borda, también se recibieron donaciones en el “móvil colifato”, un citroen multicolor que hoy es un ícono de la radio.

El móvil colifato es un clásico de la radio; con él, entre otras cosas, se han visitado casas para recibir donaciones. (Imagen: gentileza)

“Fue un salto cualitativo. Los pacientes se corrieron del lugar de asistidos para realizar acciones de promoción de la salud junto con la comunidad. Además, se empezaron a interesar en los problemas del mundo. Ocurrió a partir de que el mundo los llamaba, y no asignándoles un rol violento o insensato, sino que los convocaba a ser parte y reconocía sus recursos”, destaca el psicólogo.

Desde entonces, quedó instalada la pregunta: “Ustedes, colifatos, colifatas, ¿qué pueden hacer por los demás?”. Y así nació Colifata Solidaria, uno de los programas que se institucionalizó en la organización.

Olivera sintetiza: “Vimos que ese cambio de posicionamiento, dejar de ser objetos de políticas de rehabilitación para constituirse en sujetos en la promoción de acciones en salud, era la mejor herramienta de rehabilitación”. Y agrega: “Pensamos La Colifata como una herramienta no solo de inclusión social o terapéutica, sino de una inclusión social efectiva, que solo puede pensarse si no se excluye la variable económica. La pobreza que atraviesa la Argentina obviamente toca muy profundamente al colectivo de las personas con las que trabajamos”.

En esa línea, Sosa Prado cuenta su experiencia: “Perdí mi trabajo en una clínica ambulatoria en La Plata por la enfermedad. Busqué trabajo y es la historia de todos: buscamos trabajo terriblemente, pero porque tenés los ojos más abiertos por la medicación o no sé por qué, nos rechazan”.

Las iniciativas de La Colifata crecieron en distintas direcciones, tendieron a la inclusión económica de los propios colifatos y colifatas. Por ejemplo, se incorporaron microemprendimientos: los trabajadores de la radio hacían documentales (en casetes, CD o DVD) con contenidos de La Colifata que vendían en distintas ferias con la ayuda de un tráiler, a domicilio y por internet. También se vendieron prendas de merchandising como remeras o gorros. “El modelo siempre fue el mismo: si mandar a hacer un producto salía 10 pesos, el precio era 15 y 5 pesos eran para la persona que lo vendía”, explica Olivera.

Mientras tanto, se daban otros hitos de inclusión social, como montar un estudio fuera del hospital, en 2012. “Lo pensamos como un lugar de confluencia, donde el vecino o vecina del Área Metropolitana de Buenos Aires que quiera tener un programa lo pueda presentar, pero que se integre a proyectos que también presentan los que van saliendo de la internación”. 

Montar un estudio fuera del Borda y abrir la tienda colifata ―que funciona en el tráiler― son formas de buscar la confluencia entre los pacientes y el resto de la comunidad. (Imagen: gentileza)

La Colifata como marca

En este punto de su historia, en La Colifata se preguntaron: “¿Y si transformamos la radio en una marca al servicio de la inclusión económica de otros colectivos que también lo necesitan?”.

Ya tenían un tráiler para que funcionara como la “tienda móvil colifata”. Y, mientras tanto, comenzaron a barajar ideas para avanzar en esta inclusión económica.

Junto con la pobreza, en el debate emergió otro gran problema de la actualidad: la crisis climática.

Como resultado de ese intercambio surgió el nuevo proyecto en el que La Colifata empieza a trabajar este mes. En este arranque, unas 20 de las 39 personas que hacen la radio harán distintos talleres. Por un lado, profesionales de economía social capacitarán para identificar grupos o colectivos que, al igual que los pacientes psiquiátricos, sufren estigmatización y que producen bienes en forma ética y sustentable. Es decir, que durante sus procesos productivos cuidan las relaciones humanas y también el ambiente.

Estos emprendimientos recibirán un sello colifato, que Olivera define como “una especie de IRAM” pero enmarcado en la sustentabilidad.

La tienda móvil servirá para vender productos de economías regionales, cuya producción siga estándares éticos y sustentables. (Imagen: gentileza)

A su vez, se buscarán subsidios para comprar esta producción y venderla en la tienda móvil colifata y a través de la web. Esto producirá ingresos para los colifatos que vendan la mercadería.

Otro de los talleres será una capacitación en cómo comercializar una marca. Los participantes realizarán spots publicitarios para darles visibilidad a esos emprendimientos de economía inclusiva.

Sosa Prado, que hoy tiene algunos pacientes como psicóloga, cuenta que desde el primer momento el proyecto la entusiasmó: “Para nosotros, personas tan marginadas, (marginal es que no podés acceder a las mismas actividades que los demás), que buscamos trabajo incansables veces, esta es una oportunidad de salir de tanta pobreza y a la vez ayudar a otros. Darnos la mano en este camino de salir de la pobreza ese es el intento”. Más adelante, el proyecto contempla no solo otorgar un sello a otras marcas, sino también elaborar un producto con marca propia. “Por lo emblemático, hemos decidido que sea yerba mate”, adelanta Olivera.

Claudia Sosa Prado en uno de los viajes que realizó junto a otros integrantes de La Colifata, en este caso a Mar de Ajó. (Imagen: gentileza)

El fundador de la radio analiza: “Estamos reproduciendo el concepto de La Colifata Solidaria: quienes tuvieron experiencias psiquiátricas van a intervenir en problemas del mundo, identificar colectivos que están ideando modos para salir de la pobreza y les van a dar visibilidad”.

Los talleres y la logística

Como en este mes comenzarán los talleres y tienen que adaptarse al ritmo de la pandemia y a las restricciones sanitarias, van a iniciarse como semipresenciales y con un coordinador en la sede de La Colifata, donde habrá un grupo reducido de participantes. El resto de los encuentros serán virtuales.

“La propuesta es tener instancias de trabajo con enfoques y objetivos distintos pero relacionados entre sí. La metodología es la gradualidad: comenzar con el primero de los tres talleres y arrancar con los siguientes dos o tres semanas más tarde, para poder ir incorporando los saberes y acuerdos generados en las instancias previas”, cuenta Leandro Seoane, productor de radio, docente y parte del colectivo La Tribu y de la Cooperativa Huvaiti y una de las personas encargadas de la coordinación. “Los criterios para identificar aquellas experiencias con las cuales lograr vínculo y articulación están enmarcados en los principios de la economía social y solidaria, la reproducción ampliada de la vida como contracara de la reproducción del capital, la circulación del conocimiento y su elaboración colectiva, los vínculos horizontales”, explica.

Seoane cuenta con experiencia en, según él mismo explica, “vincular la economía popular social y solidaria con la comunicación” en diversas organizaciones, como las dedicadas a la agricultura familiar. “Son múltiples y maravillosas las formas en que colectivos generalmente marginados o excluidos pudieron, a partir del desarrollo de un proyecto con base en criterios económicos solidarios, forjar una existencia que los tiene como protagonistas, que los incluye y los vincula. Estos talleres cuentan entre sus deseos la posibilidad ampliar esos horizontes alternativos y contribuir al desarrollo de los vínculos entre esas experiencias”, remarca.

Mientras tanto, habrá quienes gestionen subsidios o se aboquen a otras cuestiones logísticas. Y problemas que pueden surgir, como uno que ya ocurrió: el robo de la camioneta que pensaban destinar al proyecto, para traccionar el tráiler de la tienda colifata.

“Sentimos que moría el proyecto”, recuerda Olivera sobre ese mal trago. Pero la solidaridad de otras personas sostuvo la iniciativa: en una campaña de recaudación, los oyentes donaron y se juntaron 600.000 pesos, con los cuales el proyecto reflotó. “La idea es adquirir una buena camioneta, que no tengamos que cambiar inmediatamente. Para eso, aspiramos a que alguna empresa nos done o que, en su defecto, alguna concesionaria acepte ese monto como pago inicial y financie el resto”, explica el psicólogo.

Alfredo Olivera, fundador de La Colifata, durante una transmisión. (Imagen: gentileza)

Más proyectos

Los planes que buscan la inclusión social y económica de los colifatos y las colifatas, junto con la sustentabilidad de la radio (la gran meta a alcanzar) no terminan: mientras se pone en marcha el nuevo proyecto ya hay otras ideas para el futuro. Olivera adelanta que está en conversaciones para que una empresa done dos colectivos.

“Uno se convertiría en un foodtruck. Colifatas y colifatos producirían comida para venderla en la vía pública. Lo curioso es que, además de que las comidas sigan la línea de lo sustentable, el packaging vendría con un código QR. Este código permitiría escuchar un fragmento de una producción radiofónica de La Colifata”, anticipa Olivera. Y agrega: “Este proyecto permitiría sumar espacios de inclusión para personas en pobreza, pero también sumará recursos de comunicación”. 

El otro colectivo se convertiría en un ómnibus de larga distancia para realizar actividades solidarias a lo largo del país. El plan es aliarse con empresas de turismo para realizar “tours colifatos”, en los cuales los miembros de La Colifata serían guías. “Esto pondría en relieve el modo de ver y narrar el mundo, y en la voz de un colectivo de personas cuya palabra tiende a ponerse en disvalor. La idea es hacerlo en alianza con escuelas y jóvenes: que La Colifata sea semillero para promocionar estas actividades. Y pensarlas en términos de empresa, que den dinero”, resume el director de la radio.

Hay entusiasmo entre los y las participantes de La Colifata. Por la posibilidad de una salida económica. Pero, especialmente, porque los nuevos planes implican dar una mano. “Se busca ayudar a dinamizar el desarrollo de economías regionales ético-sustentables. Así, estamos abriéndonos a una solución para multiplicidad de problemas: pobreza, estigmatización y crisis ambiental. Y en este proceso aquellos a quienes suele atribuirse insensatez, violencia o falta de razón son los protagonistas. Los que aportan la solución”.

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Esta nota forma parte de la plataforma Soluciones para América Latina, una alianza entre INFOBAE y RED/ACCIÓN, y fue publicada originalmente el 2 de septiembre de 2021.

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