Vida, comentado por Brian Majlin | RED/ACCIÓN

Vida, comentado por Brian Majlin

Un especialista invitado comenta un libro de no ficción y elige los seis párrafos de ese libro que más le hayan llamado la atención.

Vida
Elisa Carrió
Ariel

Uno (mi comentario)

Es una apuesta extraña, casi una carta de salida. El libro sobre la vida de Elisa Carrió es una apertura inesperada, como algo que nadie le pedía tampoco. En poco más de 200 páginas Carrió dice que no sabe escribir, que lo suyo es puro discurso y cuando más cansada mejor. Tiene pasajes reflexivos sobre su propia historia, o sobre la historia del país, y los combina con arrebatos místicos, y deja la incógnita sin resolver: ¿es o se hace?

Durante más de 200 páginas, decíamos, dice entre otras cosas que es una estratega, que pocos saben su juego y que juega sus cartas sin aviso. ¿Cuánto de estas palabras serán otro movimiento en su tablero de juego? Carrió marxista, Carrió conservadora, Carrió feminista, Carrió mesiánica, Carrió elocuente, Carrió bromista, Carrió egocéntrica, Carrió sacrificial, Carrió siendo Carrió. Un personaje destinado a ser marginal, que supo volver, que promete que está de salida, que se conforma -dice, repite, insiste- con haber marcado la agenda de la república. Y que cuenta anécdotas con todos. Nadie sale indemne de su trituradora de conceptos y cuentos.

Gana el libro en la locuacidad de Carrió, en la compañía casi imperceptible de Ignacio Zuleta, en algunas infidencias. Pierde en esa misma locuacidad verborrea de Carrió, la falta de aire, la sensación de que, por momentos, es un soliloquio sin rumbo. Carrió recargada: profeta o fabuladora, según quien lea.

Dos (la selección)

Este libro permite cerrar una etapa de 25 años de mi vida. Son 25 años de vida pública. Son los 25 años de mi hijo más chico. Quiero dejar este testimonio. El primero en su tipo. Como se dicen tantas falsedades quise rebatirlas una a una. Cuento, también, muchas cosas que no se sabían. Sentía una gran necesidad de contarlas. Así como mi tiempo académico y de abogada duró hasta los 40 años, mi tiempo político termina acá. Quiero menos carga. Siempre voy a ser responsable de la Argentina, pero con menos carga.

Tres

Desde el momento en que me convertí, sabía que tenía que entregar algo. De hecho, entregué mi vida. Mi vida personal. A mí me gustan las fiestas, los amigos. Vos me ves bien. Yo soy otra persona. Tengo un deber. Pero a mí me gusta la fiesta. Yo soy como mi padre. Lo paso fabuloso y me lleno de amigos. Una tiene 104 y el otro tiene 5 años. El mundo es maravilloso. Esa es mi estrategia. Mi estrategia es no ser cooptada por ninguno de los grandes partidos. De alguna manera. Hoy se nos presenta lo mismo. ¿Dónde me pongo yo? Del lado de la tercera fuerza. Hoy el PRO hacia la derecha y nosotros hacia la centroizquierda, nosotros somos el tercer partido que si no transa y no tiene miedo, viene a conformar una república distinta sin corporación política y sin impunidad.

Cuatro

Soy hermana de muchos dirigentes radicales. Además la gente sabe que soy radical. Soy una liberal cristiana. Tengo algunos rasgos místicos que se le atribuían a Alem en sus discursos cuando hablaba de Buda, de Cristo, del humanismo y la no violencia. Y algunos rasgos también del propio Yrigoyen. No sé por qué los radicales terminaron siendo tan laicos que tener un liderazgo parecido al de Alem y con algunos componentes de Yrigoyen les molesta. El problema que veía cuando estaba en el radicalismo es que ellos aceptaron a las mujeres para tomar el té o para dar las empanadas. También esta es una cuestión de género. Siempre supe cuando asumí que yo llevaba detrás a todas las mujeres. Nunca me sentí que era una mujer excepcional. Porque no soy excepcional. Soy una mujer llena de pecados. Me encanta el error, estar equivocada. Esa es la ciencia. Yo acepto. A mí me gusta la imperfección. Amo la imperfección porque es humano. Soy una pecadora inquebrantable. Soy la Magdalena, de los pobres, de las prostitutas. Soy del cristianismo primitive.

Cinco

- ¿Qué era la injusticia para vos?
- La injusticia era por ejemplo en la escuela que se rieran de las chicas más pobres o que se burlaran de las judías. Por eso mi amor por los judíos; las chicas judías eran discriminabas. El barrio judío venía después de la Escuela Nº 2. Eran inmigrantes polacos, rusos, muchos venían de Santa Fe, de las colonias. Era muy grande. En la esquina de la Escuela estaba de un lado la Iglesia San Javier, a la que siempre fue mi madre, y ahí estaba la sinagoga.

Seis

- ¿Cuánto dura el Estudio?
- Hasta 1994. Fueron cuatro años.
- En todo ese período, ¿vos pensabas en la política ahí?
- Jamás. Si yo quería esa vida. Yo veraneaba 45 días en Punta del Este
- ¿Viajabas afuera? ¿Dónde ibas?
- Sí, a todos lados. En realidad, Nueva York conozco después de 1990 porque tenía prejuicio. Pero el resto, sí. Conocía casi toda Latinoamérica y conocía muchos países de Europa a los 19 años.
- ¿Por qué me decías que eras marxista?
- Porque era la época. Eran lecturas. En ese momento se leía mucho Neruda, el Manifiesto. Eran mis lecturas. Era sartreana yo. Los caminos de la libertad o Las moscas. Yo era una existencialista.

Siete

En ese cometido es cuando Jorge Bergoglio me quiere conocer. En el año 2001. Lo organiza Guillermo Marcó, el cura de San Nicolás, porque yo iba a la virgen de San Nicolás en esa parroquia. Allí me está esperando Bergoglio, donde atiende el sacerdote, en la entrada de la iglesia de San Nicolás. Esta es la primera vez que lo hago público, y me dice si yo quiero confesar un secreto. Entonces, yo le leo todos los textos. Él lagrimeaba y yo miro un cuadro que estaba ahí con un hombre rojo tipo obispo, y bueno, a mí me salía en la oración «Bergoglio papa», a mí me salía. Y él entonces me dijo al final: «Bueno, ahora su secreto ya lo tiene la Iglesia, porque lo tiene un cardenal». Así que mi secreto lo tiene el Papa. Una vez le pregunté por qué nunca hacía referencia a eso, y me dijo: «Porque me creerían que estoy loco». Después sí, he tenido duras conversaciones personales, pero nunca me confesé con él. No tuve conversaciones políticas con él, solo de tipo religioso y más vinculadas con lo que le iba a pasar a él que a mí. Y de lo que yo me quejaba ante la Iglesia era que no ayudara a sacar a la Argentina a la luz. Entonces le decía que primero, cuando cruzaron el Jordán, primero iban los sacerdotes y que yo no veía que los sacerdotes daban testimonio de eso. Pero fue una relación muy larga, muy profunda, muy secreta de alguna manera, pero que tenía que ver exclusivamente con lo religioso.


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