¿Cuán transparente es la industria de la moda en su acción ante el cambio climático? | RED/ACCIÓN
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¿Cuán transparente es la industria de la moda en su acción ante el cambio climático?

Recorremos un reporte que analiza la transparencia de 250 de las principales marcas de moda. Además, una charla sobre meteorología y tres destacados de la política argentina.

¿Cuán transparente es la industria de la moda en su acción ante el cambio climático?

Un reporte analiza la transparencia que 250 de las principales marcas de moda garantiza (o no) en materia de sus políticas de impacto ambiental y derechos humanos. Analizamos los aspectos más destacados en lo que hace a su contribución al principal desafío de este siglo.

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Fotos: Fashion Transparency Index, Hakro 1969, Fischer Inskleid | Intervención: Centa

¿Por qué hablamos de transparencia en la moda? No precisamente porque hagamos referencia a un tipo de diseño para vestir, sino por una realidad más cruda que nos remonta a 2013. El 24 de abril de dicho año el complejo fabril de ocho pisos del Rana Plaza se desplomó en Bangladesh. Fallecieron 1.138 personas y más de 2.500 resultaron heridas; en su mayoría, eran mujeres. La tragedia evidenció las precarias condiciones de infraestructura en las que se encontraba el edificio y el escasamente digno contexto en que trabajaban las personas.

Por sobre todo, la tragedia del Rana Plaza visibilizó que las grandes marcas de ropa que se muestran gloriosamente en pasarelas y vidrieras de shopping fabricaban su ropa allí y, supuestamente, no lo sabían.

A partir de ello, surgió el movimiento Fashion Revolution que, entre múltiples iniciativas, comenzó a elaborar un Índice de Transparencia de la Moda. En pocas palabras, consiste en pedirles información a las 250 de las principales marcas de moda para conocer -e invitarlas a que ellas empiecen a conocer, si es que no lo saben- sus acciones de impacto ambiental y derechos humanos a lo largo de toda su cadena de producción, de principio a fin. Recientemente se presentó la edición 2021 del índice y aquí me centro en los aspectos vinculados a su acción (o no) ante el cambio climático.

  • La contribución de la moda al cambio climático. En 2018, la industria de la moda produjo alrededor de 2.1 mil millones de toneladas de gases de efecto invernadero, un equivalente al 4% de las emisiones globales, conforme un estudio de la Global Fashion Agenda y McKinsey. Para destacar las mayores contribuciones, el 38% de esas emisiones procede de los materiales de producción, el 20% del uso de los productos y el 15% del proceso de uso del agua. En materia de las posibilidades de acción, el 61% de esas emisiones implicaría la descarbonización de las etapas iniciales de los productos, el 21% de los procesos de las propias marcas y un 18% en promover hábitos responsables en los consumidores. Bajando los números a palabras: desde la extracción de las materias primas, pasando por la forma de trabajo en las fábricas y por toda la cadena de valor, hasta el consumo, las prendas que vestimos contribuyen al cambio climático.
  • Lo que las marcas están haciendo (o no). El índice concluye que, si bien algunas marcas están emprendiendo acciones para reducir sus emisiones y alcanzar la neutralidad en carbono en línea con el Acuerdo de París, mucho queda aún en materia de transparencia respecto de su impacto ambiental a lo largo de la cadena de valor y las consecuencias de un modelo de producción y consumo que no es sustentable.
  • Algunos números (poco) transparentes. De la información que pudo recabar Fashion Revolution, un 62% de las marcas consultadas divulgan anualmente la huella de carbono de sus operaciones; es decir, la que involucraría su oficina central y tiendas minoristas, no las etapas iniciales de la cadena de valor. De hecho, sobre este último punto, apenas un 17% de las marcas dan a conocer la huella de carbono en lo que hace a su materia prima. Para entender la preocupación de este dato, hay que señalar que la industria se basa en 98 millones de toneladas de recursos no renovables al año. Ups.

    El dato que más me preocupa: sólo un 26% de las marcas tienen objetivos basados en la ciencia. ¿Si no nos basamos en la ciencia para actuar ante el cambio climático, entonces qué nos queda?
  • Deforestación y energía. Considerando la procedencia de ciertas materias primas, como el algodón y el cuero, el uso de la tierra detrás de nuestras prendas no pasa desapercibido; pensemos sino en el avance de la frontera agropecuaria. Lástima que sólo un 10% de las marcas analizadas publica compromisos para alcanzar la deforestación cero. ¿Qué está haciendo entonces el 90% restante o el 100% si advertimos que es un alcance futuro y no un resultado presente? Para sumar otra cifra no menos alentadora: sólo un 9% de las marcas evidencia que realiza prácticas de agricultura regenerativa de una o más de sus materias primas.

    Para sostener toda la infraestructura en la producción de la moda evidentemente se usa energía. ¿Cómo abastecer sino las máquinas, iluminación y demás? ¿De dónde viene esa energía? Bueno, en su mayoría de combustibles fósiles. Fíjense que sólo un 44% da a conocer datos de que usan energías renovables para satisfacer la demanda de sus instalaciones. Ahora, cuando pasamos a ver qué ocurre en toda la cadena de valor, ese amor por las renovables desaparece: sólo un 7% de las marcas informa uso de renovables a lo largo de todo el proceso.
  • Huella de carbono. Mencioné algunos porcentajes más arriba sobre este punto. Para agregar otro: el 30% de las marcas publica compromisos de descarbonización, pero recordemos que esas cifras luego se desglosan negativamente al abarcar todo el proceso y especialmente el más contribuyente: las materias primas. Cierto es que, como se señala en el índice, es complejo medir con precisión la generación de emisiones en cada etapa.

    Al respecto, Pauline Op De Beck, manager de Desarrollo Empresarial de la Unión Europea, asegura: "Una mayor precisión y transparencia en las huellas de carbono es clave para la credibilidad de los objetivos basados en la ciencia y/o compromisos de net-zero de cualquier organización".
  • La respuesta a la pregunta del título de la newsletter se las dejo a ustedes.

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El otro aspecto a no dejar pasar: derechos humanos. Una de las principales conclusiones del índice es que, mientras las marcas publican cada vez más metas ambientales, los compromisos en materia de derechos humanos han quedado atrás. ¿Greenwashing? Es el riesgo. Porque es muy fácil anunciar metas, sin ser transparentes respecto de sus resultados concretos y dejando de lado algo tan importante como las condiciones dignas de trabajo que se le deben garantizar a las personas, especialmente en las etapas iniciales de la producción.

De hecho, mientras un 65% de las marcas publicó metas para mejorar su impacto en el ambiente, apenas un 37% comunicó avances en mejorar metas de derechos humanos.

Cambio climático y derechos humanos no están disociados. Así como la industria de la moda contribuye al cambio climático, también se ve afectada por sus efectos. O más precisamente son las personas que trabajan detrás de nuestras prendas las que quedan expuestas. Por ejemplo, las temperaturas cada vez más elevadas afectan a los trabajadores en las fábricas ante el hacinamiento y pobres condiciones de ventilación y refinación. Ello incide directamente en la salud de las personas que, ya de por sí, están expuestas a químicos y tóxicos con las que se elaboran las prendas.

El índice no se queda en el registro. Da una serie de acciones para mejorar la transparencia. Entre las propuestas, se destacan que nosotros como ciudadanos exijamos a las marcas mayor información, que los tomadores de decisión garanticen mejores regulaciones en materia de políticas de derechos humanos e impacto ambiental y que las marcas comprendan la importancia de conocer las condiciones ambientales y sociales de TODA su cadena de valor para mejorarlas. Porque recuerden: "No puedes gestionar y mejorar lo que no puedes medir".

  • Pueden acceder al reporte completo aquí.
  • Si quieren profundizar en la problemática (o las problemáticas) detrás de la industria de la moda, recomiendo (con fervor) el documental The True Cost, un viaje alrededor del mundo para conocer las vidas de las múltiples personas, los lugares y el impacto detrás de las prendas que vestimos.

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Foto: Gentileza Leandro B. Díaz

En conversación: meteorología y cambio climático. El domingo 11 de julio fue el Día del Meteorólogo en Argentina en conmemoración de la creación del Centro Argentino de Meteorólogos, entidad que reúne a los profesionales del país. La fecha es la oportunidad perfecta para conversar sobre el vínculo entre la meteorología y el cambio climático, y hacerlo con Leandro B. Díaz, investigador en el Centro de Investigaciones del Mar y la Atmósfera (CIMA/CONICET-UBA).

  • ¿Cuál es la importancia de la meteorología para el cambio climático? Los primeros indicios que tuvimos del cambio climático como problema nacieron de los especialistas de las ciencias de la física aplicada a la atmósfera, que es esencialmente de lo que trata la meteorología. El conocimiento científico que dio pie a todo lo que vino después vino de la meteorología. Para dar las bases físicas de entender el calentamiento, los cambios en los parámetros físicos de la atmósfera, los modelos climáticos, la meteorología fue fundamental. El rol de los servicios meteorológicos de la Organización Meteorológica es fundamental para alertar y entender mejor lo que está pasando y para poder pronosticar.
  • ¿Por qué no todos los profesionales de la meteorología -especialmente los dedicados a la presentación del tiempo- comunican la relación de eventos climáticos extremos con el cambio climático? Como ocurre en las distintas especialidades del conocimiento, hay algunos que están muy en el día a día del pronóstico y quizás les falta un poco más de ese contexto a largo plazo. No sólo se da a ese nivel. En general, en los servicios meteorológicos se ubican en dos oficinas distintas: una que está con lo del día a día y otra con las variaciones más lentas sobre los cambios. Ahí es donde se da esta desconexión. Hay que tener en cuenta que los estudios de atribución del cambio climático a, por ejemplo una ola de calor, vienen después.
  • Has realizado varias investigaciones sobre la incidencia del cambio climático en los patrones de lluvia en Sudamérica, ¿cuáles fueron los hallazgos que más te han llamado la atención al respecto? En Sudamérica, y en particular en Argentina, sabemos que se están dando algunos cambios. En general, cuando hablamos del cambio de la temperatura es un poco más natural, pero cuando hablamos de la lluvia no hay un patrón tan señalizado, sino que hay distintas regiones del mundo donde eso responde de diferentes maneras. En nuestras investigaciones la pregunta fue si podíamos atribuir las mayores precipitaciones en la región a los cambios antropogénicos. A partir de eso, pudimos avanzar en atribuir algunos de estos cambios. En particular, observamos una tendencia a mayores precipitaciones que se dan en el sudeste de Sudamérica, que sería el este de Argentina, Uruguay y el Sur de Brasil, por el aumento de los gases de efecto invernadero. También observamos que en Chile hay una tendencia contraria a una disminución de esas precipitaciones, por dicho aumento de gases.

    Nosotros centramos el análisis en lo observado. Pero, a partir de esto, uno puede inferir que, si el aumento de los gases de efecto invernadero contribuye a mayores lluvias, en la medida en que sigan aumentando, seguirán esa tendencia de contribución.
  • Como profesional que estudia todas estas variables, ¿qué opinión te merece la posible manipulación del clima con tecnologías, lo que se conoce como geoingeniería, que hoy también se encuentra bajo estudio? Ya hemos jugado bastante con la atmósfera, quizás al principio sin saberlo. Yo no veo muy bien que uno siga desordenando sin saber bien cómo va a afectar a todas las componentes. No me gusta mucho eso de que, por ejemplo con una de esas tecnologías, físicamente se puede bajar la temperatura, ¿y qué va a pasar con los ecosistemas? ¿cómo afecta otras componentes y el ciclo biológico? Sería de nuevo usar el planeta como laboratorio y no sé si estamos en las condiciones, teniendo en cuenta todo lo que ya se hace en la Tierra. Nos puede introducir nuevos problemas y puede terminar siendo un parche, más perjudicial que beneficioso.
  • Recomiendo seguir a Díaz en Twitter (@leabdiaz) para mantenerse informados. Pueden conocer las investigaciones en las que ha participado aquí. Además, si quieren profundizar en cuestiones sobre por qué clima no es lo mismo que tiempo, recuerden que en RED/ACCIÓN tenemos una guía especial sobre el cambio climático.

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El ministro de Economía argentino Martín Guzmán en la Conferencia Internacional de Cambio Climático del G20. Cerdos en una granja industrial. El ministro de Desarrollo Productivo Matías Kulfas en la presentación del Plan de Desarrollo Productivo Verde | Fotos: Ministerio de Economía y ministerio de Desarrollo Productivo.

En agenda: algunas cuestiones políticas en Argentina para seguir de cerca. Las tres podrían ser perfectamente el tema central de una edición de PLANETA. Una de hecho ya lo ha sido. Y en una de las tres se encuentra el tema de la próxima edición (hoy vengo con un poco de misterio). Lo cierto es que estas tres cuestiones políticas volverán a la newsletter con mayor profundidad. Aún con su brevedad, hoy no quería que queden afuera.

  • Cambio climático en las finanzas del G20. En el marco de la reunión de ministros de economía y finanzas del G20, el domingo se llevó a cabo una Conferencia Internacional de Cambio Climático, en la que participó el ministro de Economía argentino Martín Guzmán. Tres destacados de su discurso: reconoció que, junto con la desigualdad, el cambio climático es uno de los grandes problemas que enfrenta la humanidad hoy; reiteró la necesidad de apoyo financiero de los países desarrollados a los países en desarrollo para que no queden detrás de la transformación productiva; y mencionó la posibilidad de explorar nuevas oportunidades para las deudas financieras como el canje de deuda por naturaleza.
  • Acuerdo con China por producción porcina. Un nuevo capítulo para la (preocupante) novela del acuerdo de producción porcina en suelo argentino para exportar al país asiático. Lo último que había escrito al respecto fue en septiembre del año pasado. Este lunes, una nota en el diario El Cronista aseguró que el acuerdo se firmaría en septiembre próximo. En la noche de ese mismo día, Cancillería negó la información publicada, postura que también me expresaron cuando les solicité información. Ante la negativa, el periodista de El Cronista ratificó el contenido de su nota. La sociedad civil no tardó en reaccionar y en volver a exigir información clara y transparencia en el proceso. Mientras, desde el Ministerio de Agricultura me siguen sin dar respuesta (clavando el visto, como se dice). La novela continuará...
  • Nuevo plan para la producción. Ayer se presentó el Plan de Desarrollo Productivo Verde que busca orientar una estrategia de producción en torno a tres ejes: cuidar el ambiente, generar trabajo, desarrollar la macroeconomía con exportaciones y/o producción local. Algunas de las iniciativas que este plan incluye promover: energía solar térmica con impacto social, ley de movilidad eléctrica para producción local, bicicletas eléctricas, hidrógeno verde, economía circular, "minería sostenible" de litio y cobre (lo pongo entre comillas, en esta nota pueden profundizar más en el por qué). Una frase del ministro de Desarrollo Productivo, Matías Kulfas, que no debería pasar desapercibida: "No existe la actividad contaminante, existen las tecnologías contaminantes".

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Ser sustentables: e involucrarse X 1000. Sí, no es la primera vez que menciono esto como acción. Pero considero que es la fundamental y transversal a los temas sobre los cuales conversamos en esta edición. Involucrarse es preguntarle a las marcas Quién hizo mi ropa, Qué impacto tuvo; es aportar desde la profesión de cada uno a la acción ante el cambio climático y compartir datos de calidad procedente de expertos; es exigir información y procesos transparentes a los gobiernos ante acuerdos que afectarán nuestro ambiente y nuestra salud; es reclamar la participación de las personas en territorio más afectadas por las actividades productivas ante planes elaborados desde el escritorio; es también compartir esta newsletter y continuar la conversación.

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Imagen: Dinos and Comics

Oh no, un asteroide | Oh, bueno, al menos es un evento completamente aleatorio que no teníamos posibilidad de detener | Sí, imagina lo mal que nos hubiéramos sentido de lo contrario

Me despido con una ilustración de Dinos and Comics que, con algo de humor u honestidad bruta, evidencia la ventana de acción que aún podemos poner en práctica. Eso sí, la ventana se está cerrando cada vez más.

¡Hasta el próximo miércoles!

Tais

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Información para actuar y cuidar al planeta. Todos los miércoles, por Tais Gadea Lara.

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