El trabajo de los vecinos para enfrentar demoras en el testeo, rastreo de casos y aislamiento en villas y asentamientos | RED/ACCIÓN

El trabajo de los vecinos para enfrentar demoras en el testeo, rastreo de casos y aislamiento en villas y asentamientos

Recorren las manzanas para identificar personas con síntomas y avisar a los equipos médicos. También se ocupan de ayudar con comida a quienes están aislados. En esta nota te contamos la experiencia, y los logros, en los barrios Cuartel V, en Moreno; Villa 20, en Lugano, y 14 de febrero, de Almirante Brown. Además, cuál es el rol de organizaciones como Techo, ACIJ y Fundación Huésped.

Pablo Domrose

Con guantes, anteojos, tapabocas y un medidor de fiebre, un grupo de alrededor de seis vecinos del barrio popular Cuartel V de Moreno, provincia de Buenos Aires, se pusieron al hombro las recorridas para identificar a quienes presentan síntomas relacionados al nuevo coronavirus e informar cuáles son los pasos a seguir de acuerdo a cada caso. Cuando encuentran que una persona presenta más de dos síntomas llaman por teléfono al municipio y piden que envíen una ambulancia.

“A los vecinos contagiados, o a sus contactos estrechos que tienen que aislarse, les llevamos mercadería y alimentos para que no tengan que salir. Caritas y Techo nos ayudaron con donaciones. Les dejamos un paquete en la puerta de la casa, nos alejamos, y ahí les avisamos para que abran la puerta y tomen lo que les trajimos. Nosotros no entramos a las casas y nos desinfectamos permanentemente con alcohol”, cuenta John Fernández, uno de los vecinos que coordina las recorridas.

De acuerdo con el estudio “Efectos de la pandemia COVID-19 en los barrios populares”, del Centro de Investigación Social de TECHO Argentina, los vecinos y vecinas destacan los distintos procesos de organización comunitaria como un factor fundamental para hacer frente al COVID-19.

El 41% de las personas valora la organización entre personas que viven en el barrio como una fortaleza en el contexto de urgencia, mientras que en el 100% de los asentamientos encuestados, la comunidad se organizó para realizar alguna acción ante la propagación de la pandemia. Y la principal actividad identificada son las ollas populares.

Vecinos de Cuartel V de Moreno recorriendo el barrio.

En Cuartel V, donde viven unas 450 familias, los vecinos pudieron relevar seis casos de COVID-19. “El municipio realizó el Plan DetectAR en unas seis o siete manzanas, de las 28 que hay en el barrio. Por eso nosotros venimos controlando si aparecen casos. Hace unas semanas, nos avisaron que una pareja y su bebé tenían síntomas. Les dijimos al municipio para que le hicieran el hisopado y dio positivo. Ellos tienen ocho hijos. Pudieron permanecer en su casa porque justo habían construido piezas separadas. Todos los hijos pasaron a una pieza y ellos se aislaron en el otro ambiente. Esta semana, le van a hacer el segundo testeo antes de darle el alta”, relata Fernández, de 54 años.

El plan DetectAR consiste en identificar a los contactos estrechos de las personas recientemente confirmadas con COVID-19, hacer un seguimiento para distanciarlos temprano si presentan síntomas y de esta forma mitigar la contagiosidad del virus.

La iniciativa incluye hisopadores, y un equipo de salud que lleva adelante una estrategia de puerta a puerta en duplas. La búsqueda activa, y la detección temprana de personas con síntomas es la que más ha resultado en el mundo junto con el distanciamiento físico en pos de la contención de la transmisión del virus.

El 18% del total de contagios por coronavirus de toda la provincia de Buenos Aires se registran en barrios vulnerables. Según el Ministerio de Salud, hubo 9.844 contagios en villas y asentamiento, sobre un total de 55.669. Además, por COVID-19 murieron 105 personas de estos barrios.

Según Fernández, la mitad de sus vecinos respeta el aislamiento. “Algunos están asustados y otros no. Como en las últimas semanas bajaron los contagios, muchos jóvenes volvieron a la placita. Me dicen que están aburridos en las casas y yo les contesto que peor van a estar en el hospital”, cuenta el referente barrial, que en este momento está abocado a su rol comunitario porque tiene su negocio, de especias y condimentos, cerrado.

Los vecinos no solo se organizan por cuestiones sanitarias. “Por la crisis, hay mucha inseguridad en el barrio. También, nos organizamos para hacer vigilancia de 12 de la noche a 5 de la mañana”, dice Fernández.

Control de fiebre en Cuartel V de Moreno.

Convertir los impulso vecinales en iniciativas organizadas

Frente al aumento de casos del COVID-19 en barrios populares, la Fundación Huésped, TECHO y la Asociación Civil por la Igualdad y la Justicia (ACIJ) realizaron una serie de acciones de prevención y capacitación destinadas a referentes de estos barrios. El objetivo es el de apoyar las acciones que vecinas y vecinos vienen organizando frente a la emergencia sanitaria.

“Los referentes barriales tienen un rol muy importante. Tienen redes internas de contención, cuidado, y sostén, que son preexistentes a la pandemia. Si no existiera esta red no se podría cumplir el aislamiento en barrios populares. Durante las primeras semanas, las medidas para detectar casos no tenían bajada clara ni fueron organizadas junto a referentes comunitarios", asegura Mar Lucas, directora de Innovación Estratégica de Fundación Huésped.

Y sigue: "Por eso mucha información no se tomaba en cuenta. Había muchos rumores circulando en relación a los testeos y sobre dónde te aislaban. Algo que nos pareció importante fue consolidar herramientas de comunicación que fueran efectivas. El canal de información más usado en los barrios es WhatsApp y Facebook. Tomamos la decisión de generar contenido para que circulara por esos medios. También generamos encuentros virtuales para capacitar a los referentes”. 

Campaña de difusión por WhatsApp

Se realizaron capacitaciones con información sobre: medidas de prevención frente al COVID-19 y a otras enfermedades presentes en los barrios; información legal en el marco del aislamiento social obligatorio; orientación en caso de sufrir violencia institucional o de género; medidas de prevención para comedores comunitarios y ollas populares; y dar a conocer los programas de asistencia estatal que surgieron en el marco de la pandemia.

De esos encuentros participaron más de 90 referentes de Tucumán, Córdoba, Chaco y Buenos Aires.

También, se desarrolló un asistente virtual (bot) con información específica para responder a las consultas de los vecinos de los barrios populares y una serie de piezas de comunicación que fueron distribuidas a través de los grupos de WhatsApp y Facebook de las comunidades.

Campaña de organizaciones de la sociedad civil.

"Vivir tan abarrotados no ayuda para nada en esto de evitar la circulación social del virus"

Marcos Chinchilla tiene 45 años, vive en la Villa 20, en Lugano, Ciudad de Buenos Aires, y es promotor de salud del barrio. Cuenta: “Los promotores hacemos concientización, recorrido barrial y vamos a buscar los casos estrechos. Cuando comenzó DetectAr en la Villa 31 teníamos compañeros promotores que estaban trabajando de forma precarizada y muchos se contagiaron. Por eso, después decidieron contratarnos como empleados del Gobierno de la Ciudad. Yo tengo doble pertenencia: soy trabajador de la salud y formó parte de la organización barrial Mesa Activa”.

El Gobierno porteño confirmó 13.158 casos de COVID-19 en los barrios vulnerables de la Ciudad. Específicamente, en Villa 20 hubo más de 1300 casos, pero ya 826 recibieron el alta.

En la Ciudad, el operativo DetectAR se llevó adelante en los Barrios 31, Padre Ricciardelli (1-11-14),  21-24, 15 y desde el 26 de mayo en la 20. Estas acciones generaron un aumento del número de casos confirmados en su inicio, para luego verificarse un descenso progresivo. Actualmente los Barrio 31 y 1-11-14 aún son los más afectados por el COVID-19, no obstante, según el Gobierno de la Ciudad, es allí donde el operativo ha demostrado su efectividad al lograr reducir el nivel de contagio considerablemente.

“Cuando nos pasan el dato que en una casa hubo un caso positivo, nos comunicamos con la familia para ver cómo está la cosa. Nos fijamos si tienen síntomas y si no los tienen les pedimos que se resguarden 14 días. Hay familias que se pueden aislar en la casa y otras no. A veces es un problema dejar la casa por la seguridad. No se dieron ocupaciones, pero los vecinos tienen miedo de que esto suceda”, cuenta Chinchilla.

Control de casos positivos en Villa 20.

Según Mar Lucas, si las familias tienen una habitación y un baño que no compartan con los demás pueden hacer el aislamiento en sus casas, pero eso no ocurre en muchas casas de los barrios populares. Y lo explica: “Suelen ser hogares multigeneracionales con personas mayores de 60 y familiares con enfermedades preexistente. Esto hace que sea más difícil el aislamiento ahí por la posibilidad de infección a estas personas con riesgo incrementado. Lo ideal, es hacer un censo en el momento que se da la situación para ver si la persona efectivamente puede estar aislada o no. Habría que garantizar a todos los barrios el acceso a servicios mínimos, como agua potable, cloacas, comunicación, electricidad o gas para calefaccionarse, entre otros. Estamos lejos de tener esa cobertura en la mayoría de los barrios”.

Haciendo referencia a la situación de hacinamiento que pone en riesgo la salud de los habitantes de los asentamientos, el 32,6% de los vecinos y vecinas, entrevistados en el informe de Techo, considera que las condiciones de su vivienda afectan totalmente a su capacidad de hacer frente al COVID-19, mientras que el 22,7% afirma que afecta mucho. El 39,4% asegura que el hecho de que muchas personas vivan en una misma casa influye negativamente en el cuidado de la salud, en tanto que el 37,3% identifica como una problemática el espacio reducido.

“El hecho de que en las villas vivamos tan abarrotados no ayuda para nada en esto de evitar la circulación social del virus. Mi barrio fue uno de los últimos a los que llegó el virus y se diseminó como en cualquier otro. Acá viven más de 30.000 personas”, comenta Chinchilla.

Marcos cuenta que cuando hacen recorridas por la calle, con barbijo, tapaboca y gafas, los vecinos se acercan para avisar cuando escuchan que alguien tiene síntomas. Relata: “El otro día estábamos por la manzana 17 y se acercó un señor a decirnos que en la manzana contigua estaba la esposa de un señor que dio positivo y que a ella no la testearon. Ella vive en un inquilinato por eso pedimos que también la hisopen”.

Según Chinchilla, desde que arrancó la cuarentena, se fue perdiendo el miedo al virus y la gente sale porque ya no tiene recursos. Dice que los comedores están estallados y a través de la organización Mesa Activa participa activamente de la repartición de alimentos y productos de limpieza.

“Hicimos campañas de concientización, pero así y todo, este es un virus jodido. Te descuidás un poquito y ya está. La semana pasada fuimos a ver a la esposa de un vecino que se contagió. Ella nos decía que él se fue al Banco Nación de Lugano y ahí hizo un depósito. Ella cree que cuando puso la mano en la boca para mojar el sobre, se contagió”, relata.

Hace unas semanas, el promotor de salud tuvo que estar aislado en su casa, porque tuvo contacto con un vecino que falleció por COVID. Chinchilla dice: “Como tuve dolor de garganta, me testearon y el resultado finalmente fue negativo. De todas formas, me quedé 14 días adentro”. Recientemente, se implementó que todas las semanas testean al personal de salud y de limpieza que trabaja en los barrios.

Preparación de operativo en Villa 20.

"Cuando salgo de mi casa, parezco Robocot"

También Idalina Gaona, referente del barrio 14 de febrero, en Longchamps, localidad bonaerense de Almirante Brown, organiza la olla popular para ayudar a los vecinos que están aislados y a aquellos que no tienen ingresos. “Cuando salgo de mi casa, parezco Robocot. Siempre tengo alcohol en la cartera para desinfectarme a cada rato”, comenta la mujer de 46 años.

Según Gaona, en su barrio, donde viven alrededor de 500 familias, los testeos no fueron recurrentes. “Vinieron dos días y después no se hicieron más. El municipio prácticamente no aparece en el barrio”, comenta.

En 14 de febrero, hay una familia que está aislada hace un mes porque la médica todavía no le dio el alta. “Están complicados porque no pueden trabajar. Recibieron mercadería, que donaron organizaciones sociales, pero se les está terminando. Estamos viendo cómo los podemos ayudar. Al principio, un día la mujer quiso salir a hacer una compra y los propios vecinos la quisieron linchar” relata Gaona.

Sobre los aprendizajes que se consolidaron en relación al testeo en barrios populares, la referente de Fundación Huésped dice: “Cuando se proponían medidas muy generales, lo único que se generó fue confusión y miedo. Se generó una situación de discriminación y muchos rumores. Vimos ataques a las casas de vecinos que se sospechaba que tenían la infección. También hubo gente que no quería testearse o no ir al aislamiento porque tenían miedo que le pasara algo a la casa. Si no se tenían en cuenta todas esas necesidades, no era posible hacer testeos y aislamiento. Creo que reconocer la importancia de involucrar a las organizaciones comunitarias de los barrios y a los comités de crisis que se fueron generando fue clave para mantener la cuarentena y hacer una detección precoz. Eso cambió el proceso en los barrios”.

Otro aprendizaje importe, según Lucas, fue acercar el testeo a los barrios, en lugar de pedir a los vecinos que ellos llamen o se acerquen. “No les podemos pedir que sigan llamando o esperando una ambulancia que no va a llegar o acercarse a un lugar que está lejos y tienen que atravesar todo el barrio para llegar a un transporte público”, agrega.

El desafió que persiste hoy en los barrios populares es la detección de contactos estrechos. Lucas reflexiona: “Encontrarlos rápidamente nos va a permitir aislar y no seguir multiplicando la posibilidad de infección. En los barrios populares sería ideal incorporar más personas, que sean parte del entramado comunitario para mejorar el rastreo de contactos estrechos. Obviamente, hay que generar capacitaciones y pagarles. La posibilidad de frenar los brotes tiene que ver con tener un buen sistema de rastreo de contactos estrechos. Y ese es un desafío vigente”.

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