Un gesto admirable en medio del dolor, para dar vida a otros | RED/ACCIÓN

Un gesto admirable en medio del dolor, para dar vida a otros

 Una iniciativa de Dircoms + RED/ACCION

La familia de un joven fallecido, porque él ya lo había pedido así, decidió donar sus órganos. Nos parece que no es un hecho más.

Un gesto admirable en medio del dolor, para dar vida a otros

¡Buenas tardes! En medio de un contexto tan oscuro como es la pérdida de un ser querido, cada día hay familias que deciden convertir esa tristeza en un acto de solidaridad.

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Cada día en nuestro país se llevan adelante 3, 4, 5, 6, a veces hasta 7 trasplantes. Son hasta  7 personas que cambian su vida, que mejoran su salud. Detrás de esos trasplantes hay familias. En una aproximación podemos decir que cada 10, cada 12 horas, una familia argentina vive el dolor de la muerte de un ser querido y decide donar los órganos para mejorar la vida de otras personas.

La conciencia sobre trasplantes se incrementa. Incluso en la pandemia se produjo algo muy particular: mientras millones de personas reflexionaban en sus casas sobre la vida y la muerte, cada día 400 personas se inscribían como donantes en el INCUCAI, un lugar admirable que desde hace muchos años coordina las ablaciones y los trasplantes. Este momento de reflexión global sirvió en Argentina para que muchas personas expresaran su deseo de ser donantes.

Hay un espíritu solidario en nuestro pueblo que se palpa, por ejemplo, en esos domingos de elecciones en los que se preguntó a cada votante si quería ser donante de órganos, y la repuesta de muchísimas personas fue afirmativa. A esto se suma que desde 2018, cuando entró en vigencia la nueva Ley de Trasplantes, todos somos donantes a menos que manifestemos lo contrario.

De todas maneras, aún hay que seguir reflexionando en la cuestión de la donación. Es posible que este año se trasplanten más de 1.000 personas. Pero son más de 7.000 las que esperan recibir un órgano.

En este contexto se produce un hecho dolorosísimo: un joven deportista de nuestro país, formado en valores y solidaridad y en equipo, vive un hecho trágico y muere practicando deporte. En este contexto tremendo y oscuro, de lo que significa una muerte joven para todos sus afectos, esta luz conmovedora: enterarnos de que su familia, porque él ya lo había pedido así, decidió donar sus órganos. Nos parece que no es un hecho más, no puede ser una estadística ni un índice. Un joven, un hijo nuestro, vive una tragedia y da una señal de que entrega su vida: la entrega tan en serio que su familia dona los órganos. Hay mucho para agregar, pero es tan contundente el aplauso que nos brota a esta familia y a este ciudadano. Algunos le dirán “héroe”. Un joven admirable que en la tragedia da todo. Tanto que da vida a otros. Que podamos rescatar esta actitud de una familia y una persona para pensar en ser nosotros también, algún día en mucho tiempo, cuando nos toque, ser donantes de órganos.

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Foto: @Alevillamil2

Tres preguntas a la doctora Alejandra Villamil, presidenta de la Sociedad Argentina de Trasplantes [Por David Flier].

— ¿Cuánto se avanzó en los últimos años en relación a la concientización de la sociedad sobre donación de órganos y trasplante?
— Desde hace años asistimos a un avance en el proceso de concientización que encontró su máxima expresión con la difusión del caso de Justina y culminó con la sanción de la ley.  Sin embargo, concientizar implica una estrategia coordinada de los múltiples actores que intervienen en la procuración y el trasplante. En ese aspecto, aún queda mucho por avanzar.

—¿Por qué?
—Porque esto abarca organismos oficiales, la comunidad científica, los propios pacientes y referentes de la sociedad, para que la concientización no se centre en la sensibilidad que despierta un caso particular, sino que obedezca  un proceso de educación, a información clara y a la persistencia del mensaje en el tiempo. 

— ¿Cuánto dirías que complicó la pandemia los procesos de donación y trasplante de órganos?
La procuración y el trasplante no podían ser ajenos a las complicaciones que trajo a todos los ámbitos de nuestra vida el inicio de la pandemia. El mundo entero detuvo casi por completo la actividad trasplantológica en los inicios de la pandemia, ya que los donantes se encuentran en las terapias intensivas donde se concentraban los pacientes covid positivos y el riesgo para los pacientes en espera y los equipos médicos que debían conseguir los órganos eran muy altos. Sin embargo, desde el principio, gracias a la acción coordinada y rápida entre la Sociedad Argentina de Trasplante, la Sociedad Argentina de Infectología y el INCUCAI se elaboraron protocolos para minimizar dichos riesgos. Ello permitió, que aun cayendo sensiblemente, ¡los trasplantes nunca se pararon, algo que implicó un soplo de esperanza para los miles de pacientes que esperaban!

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Las historias sobre donación de órganos están cargadas de emoción. Porque donar una parte del cuerpo es darse por el prójimo, poner al otro por encima del interés propio. Eso fue lo que pensamos al recordar, hace unos meses, la historia de Zunilda, en una edición anterior de OXÍGENO.

El de donación de órganos, de hecho, es un tema sobre el cual hemos escrito n RED/ACCIÓN.

A su vez, en otra edición de OXÍGENO entrevistamos a Claudia Mosler, quien fue trasplantada en su adolescencia y hoy lidera una asociación abocada al trasplante pediátrico.

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El 6 de octubre, el último miércoles, fue el día de la parálisis cerebral. Y ese día, participamos junto con varias figuras de distintos ámbitos de una campaña en la que invitamos a decir “hola” cuando ves a alguien en silla de ruedas o con parálisis cerebral (acá podés ver el video de menos de un minuto). ¿Por qué “hola”?

Porque muchas veces, por vergüenza, incomodidad o prejuicios, esquivamos la mirada o evitamos iniciar una conversación con una persona con parálisis cerebral. Algo tan simple como decir “hola” es el comienzo de la verdadera inclusión. Y nos lleva a visibilizar, reflexionar y motivar estos encuentros.

La campaña la lanzó la Asociación en Defensa del Infante Neurológico (AEDIN), una asociación civil sin fines de lucro dedicada a la educación y tratamiento de niños y jóvenes con trastornos neurológicos, con más de medio siglo de trayectoria.

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Hay momentos que son muy duros de transitar. Momentos en los que una ayuda simple puede significar muchísimo. Y de eso se trata una nueva aplicación, llamada Flexer App.

Flexer App es una aplicación gratuita destinada a familiares de niños y jóvenes con cáncer. En momentos de un diagnóstico así, el golpe emocional hace aún más difícil de desenvolverse en un mundo de obstáculos burocráticos, trámites y complicaciones económicas. Aquí es donde Flexer App se vuelve relevante, acercando información sobre requisitos y formularios, de acuerdo al diagnóstico y cobertura del paciente.

Se trata, en síntesis, de una forma diferente de acompañar un proceso. Uno que, aunque sea difícil, se hace más llevadero cuando se transita con ayuda.

Conocé Flexer App.

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La semana pasada hablamos de las campañas “peso a peso”. De multitudes solidarias que se unen para ayudar a personas que requieren medicamentos extremadamente costosos. Y aunque emociona la solidaridad que se cuenta de a millones, un efecto similar puede tener una historia particular: la voluntad de ayudar de un niño de solo 11 años.

Esa es la edad de Bautista, un joven platense. Simón, un amigo suyo que tiene 5 años, fue diagnosticado con meduloblastoma metástasis de riesgo alto. Una enfermedad para la cual necesita realizar un costoso tratamiento en Estados Unidos, por lo que busca reunir 7 millones de pesos.

Surgió, naturalmente, la idea de una campaña que se difundiera en redes sociales. Pero Bautista no se guardó nada de las ganas de ayudar y se le ocurrió algo más: ofreció su bicicleta como premio para una rifa que se realiza esta noche (se pueden conseguir números llamando al 221 555-0950).

Emocionante. La solidaridad no conoce de edad ni de circunstancias.

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Nos despedimos esta semana con otra historia esperanzadora. Jorge es un ciudadano de Sastre, una localidad de la provincia de Santa Fe. Hace algunos días, mientras volvía de trabajar caminando, se encontró con un bolso lleno de dinero. Había en el bolso más de 3 millones de pesos. ¿Qué hizo con eso? Lo contó en redes sociales para encontrar al dueño.

Y el dueño apareció pronto, sorprendido. "Eran los ahorros de toda su vida. Lloramos juntos cuando llegó a mi casa" contó Jorge. Quien había perdido el dinero le ofreció una recompensa monetaria, pero Jorge la rechazó. "Lo que no es mío, no me pertenece. Sólo le pedí un cordero para festejar año nuevo", bromeó el hombre en una entrevista con El Litoral.

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¿Qué noticias te oxigenan y querés compartir? ¿Por dónde creés que pasa la agenda de la solidaridad? Queremos escucharte para pensar los temas de esta newsletter. Escribirnos un mail a [email protected].

Cuidate mucho, cuidalas mucho, cuidalos mucho.
Un gran abrazo.

Juan