Un poco de silencio, por favor | RED/ACCIÓN

Un poco de silencio, por favor

Cuatro libros que exploran el vacío y una serie de Netflix para aprender el arte de no hacer nada.

Un poco de silencio, por favor

Mientras las batallas encarnizadas moldean casi cualquier forma de vida política argentina (como se ve en el tema de las clases escolares presenciales), los que no somos ni de uno ni de otro bando solo pedimos un poco de silencio y algo de paz mental después de años de ser testigos forzados de esa enemistad, que se vuelve más dramática en tiempos de pandemia.

Pedimos silencio, sí, pero ¿qué es el silencio? En esta newsletter, cuatro libros intentan responder a esa pregunta y una serie de Netflix enseña el arte de no hacer nada. Plus: una medición de decibeles confirma esa molestia en tus oídos...

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El silencio…

  • “… es la ausencia de un medio capaz de transmitir ondas sonoras”.
  • “… es un dominio sobre el cual solo podemos hacer conjeturas”.
  • “… es una commodity que se compra y se vende a precios comparables con los de los bienes más codiciados”.
  • “… es una experiencia muy desorientadora”. 

Esas son algunas de la definiciones que encontré en Silencio, un ensayo (y en parte también un reportaje) firmado por John Biguenet, un escritor de Nueva Orleans difícil de encasillar, que es entre otras cosas novelista, dramaturgo, traductor y autor de una serie de columnas sobre el huracán Katrina (en The New York Times). Podés escucharlo leyendo su libro aquí

John Biguenet. Ilustración: Juan Pablo Martínez / Ediciones Godot

“Como escritor, paso gran parte de mi día en silencio, leyendo o escribiendo”, dijo Biguenet en una entrevista, “por lo que es algo con lo que estoy muy familiarizado. Cuando propuse mi tema, los editores se sorprendieron de que pensara en el silencio como un objeto. Pero el silencio es un objeto tanto como lo es el cero, e igualmente útil. Y cuando lo examiné, su utilidad casi inagotable dejó en claro que es uno de los objetos más comunes”.

Silencio es un texto creado con inteligencia y curiosidad. Biguenet rodea su asunto (uno diría que lo disfruta, como en esa canción de Depeche Mode): el silencio como un recurso de poder, como mentira, como castigo, como voz de Dios, como bien de lujo, como tortura, etcétera. Poe, Kafka, Freud, Snowden y La dimensión desconocida, entre muchísimas otras referencias, acompañan unapregunta: ¿debemos desear o temer el silencio?

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Erling Kagge, aventurero noruego que se pasó 50 días caminando solo a través de la Antártida y que así descubrió el poder transformador de quedarse callado, publicó hace un tiempo un libro titulado El silencio en la era del ruido: El placer de evadirse del mundo.

Su edición en español es de tapa dura, con fotos, muy atractiva (y ni me quiero imaginar lo que debe ser la noruega), como si fuera un manualcito hipster de autoayuda —con una evocación cuasi-neo-zen— escrito por alguien que además de caminante polar es abogado, editor de best-sellers y coleccionista de arte. El libro parece bueno para iniciarse en estas profundidades, pero si ya sos un discípulo del vacío no creo que recibas nada nuevo.

  • Para Kagge, el silencio es “un recurso práctico para vivir una vida más rica” y “una forma de vivir experiencias más profundas”. Para Kagge, “el silencio que experimentas tú es diferente del que viven otros. Cada uno posee el suyo”. Para Kagge, “el silencio es más bien una idea (…), una representación mental”. 

Con El silencio en la era del ruido quiso escribir un libro acerca de cómo el silencio puede enriquecer la vida, dijo en una entrevista. “Además es algo que extrañamos bastante en la sociedad. Miro a mis hijas y no saben qué es el silencio porque siempre están conectadas. Piensan que el silencio no significa nada. Pero el silencio es algo”.

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“Cada vez que salgo de viaje, la experiencia adquiere significado y se vuelve más profunda solo después de que haya vuelto a casa y, sentado en silencio, empiezo a convertir lo que he visto en percepciones duraderas”. Esta frase es el núcleo de El arte de la quietud: La aventura de no ir a ninguna parte, el libro breve de Pico Iyer que recoge y amplía su famosa charla TED.

Iyer es un escritor de literatura de viajes que también firmó ensayos y crónicas sobre temas muy variados. Él mismo es un compendio geográfico: de ascendencia india, se crio entre Inglaterra y Estados Unidos, y vive en Nara, Japón, con su esposa japonesa. Nos concedió una larga entrevista el año pasado y si seguís esta newsletter es probable que sepas que lo leo con devoción. Entre los 15 libros que escribió, está The Open Road, un complejo retrato del Dalai Lama. En otros libros abordó Cuba, Katmandú, el mundo islámico. Escribió también sobre Leonard Cohen y el budismo zen. 

Esa historia de Cohen es así: en 1994 el cantante inició una reclusión monástica, sirviendo como asistente personal del maestro octogenario Kyozan Joshu Sasaki. Cohen fue ordenado allí como monje budista y recibió el nombre de “Jikan”: “Silencio”, en idioma pali.

Leonard Cohen haciendo sazen.

Pero volviendo a Pico Iyer, cada mañana va a un rincón de su pequeño departamento y se queda sentado ahí durante cinco horas —en silencio— tratando de examinar sus proyecciones y sus distorsiones, tratando de encontrar la voz detrás de su cháchara mental, tratando de hallar, de todas las cosas que pasan por su cabeza, alguna que valga la pena poner en una página.

Contó que a medida que las experiencias de los últimos días lo atraviesan, se compromete como escritor a quitar las cosas tontas y ver si hay algo más duradero. El método funciona: los textos de Iyer son extraordinarios.

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“Desde que escribí un libro sobre el silencio, no paro de hablar”, dijo hace poco Pablo d’Ors, un cura con formación zen que en 2012 publicó Biografía del silencio, una invitación a la meditación que ya alcanzó 34 ediciones (¿o más?). “Asociamos el silencio con la parálisis, con el mutismo, y no es exactamente así”, dijo. “El silencio es fecundo”.

D’Ors (consejero del Pontificio Consejo de Cultura del Papa Francisco y doctor en Teología) cree que la mentalidad del hombre occidental es hoy más budista que cristiana, sin que eso signifique que el hombre occidental sea budista. Lo que pasa es que no se nos enseñó a cultivar la interioridad, y por eso emergen los modelos orientales, que vienen cargados con la idea del vacío. 

  • Para terminar, nos deja una paradoja: “En un mundo en el que todo se mueve, sentarse a meditar es una provocación”. 

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Un registro de Subte D a las 7:30 am, con un promedio 87,9 dB (en 2018). El pico de 100 dB es cuando se abren las puertas. Fuente: @FerIsella

Además del ruido que hace la clase política al discutir, hay un ruido de taladros y bocinazos en las calles de Buenos Aires que puede dejarte un poco sordo, un poco sorda. El Worldwide Hearing Index 2017 rankeó a nuestra ciudad en el puesto 9 entre las más ruidosas del mundo. Y se encontró —según el Index— que la contaminación acústica urbana y la p érdida auditiva tienen una correlación del 64%.

La media tolerable es de 60 decibeles (dB), pero los porteños estamos acostumbrados a 80 dB y a veces hay motos que suben la aguja a 90/95 dB, camiones s 100 dB y aviones a 120 dB. 

Fernando Isella (compositor, productor y fundador del sello discográfico Limbo Music) tweeteó, hace un tiempo: “No todo está en la presión sonora (decibeles) sino en las frecuencias bajas que emiten, principalmente, los colectivos. La polución sonora afecta directamente en la salud: no sólo pérdida de la audición a una exposición constante de dB, sino también problemas cardiovasculares”. Seguí su hilo acá.

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Entonces al ruido que nos deja nuestra clase política se suma un exceso de decibeles que ya algún lector abogado me dirá si podría tipificarse como tentativa de homicidio. 

Hablo del silencio aquí, creo que es oportuno hacerlo, porque una de las soluciones ante este surmenage masivo en camino es la meditación, y eso se hace en silencio. Como dije allá arriba: es el arte de no hacer nada. Suena a ironía, pero es real. (Para más detalles, consultar el nuevo libro de Emmanuel Carrère, Yoga... ya pronto escribiré sobre Yoga.) 

Una buena herramienta para empezar a meditar o incluso para hacerlo si ya tenés experiencia es Headspace, la famosa app de un monje budista musculoso y muy canchero, Andy Puddicombe. Yo la probé durante un tiempo (después de conocerla gracias a esta nota de RED/ACCIÓN) y realmente me gustó. Por eso me alegro (y me sorprendo) de que ahora se haya convertido en una serie de Netflix

En la app hay varias meditaciones guiadas por Puddicombe que dejan momentos de silencio para que trabajes en tu mambo mental. Me pregunto qué lugar ocupará el silencio en la serie de Netflix…

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Y para terminar traigo la figura del sacerdote cristiano Hugo Mujica, también poeta, hombre de espíritu elevado y de biografía entretenida, que en 1969 conoció en Nueva York a un gurú indio, Swami Satchidananda, a través del poeta Allen Ginsberg. El gurú le pidió que lo acompañara a la abadía de San José, cerca de Boston. Mujica se sintió tan a gusto allá, que volvió al día siguiente y un tiempo después decidió unirse haciéndose monje y asumiendo un voto de silencio.

“Pasabas días sin pronunciar una palabra”, dijo en una nota sobre el silencio firmada por Héctor Guyot en La Nación. “Al principio el silencio es ruido, el ruido mental en que uno vive. Pero allí, en ese ambiente de recogimiento, no tenés más remedio que escucharte a vos. Es un sistema de deconstrucción. De a poco, los proyectos, las ideas y los pensamientos se van acallando y el silencio se te aparece como un objeto del que tenés que apropiarte. Después lo olvidás y te es connatural. En esa relación, el que cambiaste sos vos. Desaparece el sujeto del poder, y el que dictamina se vuelve receptivo. Ya no depositás tu discurso o tus conceptos sobre las cosas. Es el viraje del sujeto que habla al sujeto que escucha”.

Me guardé esa nota (en papel, soy old school) porque es tan poderosa como cada uno de los libros que hemos mencionado en esta entrega. Ahora tenés la chance de leerla en pocos minutos, no la desaproveches.

Más sobre el silencio de Mujica: 

“Mi poesía nace del silencio, no como tema, sino como paisaje. Nace de una escucha. Yo no separo palabra y silencio. Todo es flujo y reflujo. La palabra da expresión al silencio y a la vez lo silencia. El poema logrado es aquel que da a escuchar el silencio desde el que surgió.
“–¿Y qué dice ese silencio?
“–Es la reserva de sentido. Y el sentido es la capacidad de sentir la vida. Hacerse vulnerable a que la vida te toque.”

Foto: @marturua

Hoy mencionamos 4 libros en SIE7E PÁRRAFOS:

1⃣ Silencio, de John Biguenet.
2⃣ El silencio en la era del ruido, de Erling Kagge.
3⃣ El arte de la quietud, de Pico Iyer.
4⃣ Biografía del silencio, de Pablo d’Ors.

Bueno... por ahora lo dejamos acá. Podemos seguir la conversación por mail [[email protected]] o en las redes [@redaccioncomar]. Y también podés contactarme en Twitter [@sinaysinay].

  • Si querés recomendarme libros, autores o temas para tratar, o contarme si leíste algo de lo que mencionamos, ¡adelante!

Nos vemos,
Javier

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Sobre libros y escritores. Todos los martes, por Javier Sinay.

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