David Callaway: "No esperen que un periodista sea asesinado para protestar"

Hoy, 3 de mayo, es el Día Mundial de la Libertad de Prensa, y este año es más importante que nunca. Las amenazas, intimidaciones e incluso asesinatos de periodistas por su trabajo van en aumento alrededor del mundo - desde Sudamérica hasta Europa y Asia.

por David Callaway

3 de mayo de 2018

El presidente Donald Trump y el ex director del FBI James Comey ya no concuerdan en muchas cosas.

Aunque, cerca del final del caótico mandato de Comey el año pasado, sí coincidieron en una visión alarmante. Fue durante un intercambio en el que Trump le sugirió que los periodistas podrían animarse a revelar sus fuentes "si pasaran un par de días en la cárcel", según un memorando de Comey publicado como parte de su gira de presentación de su libro. Comey dijo que se rió ante la sugerencia.

La antipatía de Trump hacia los medios es bien conocida, pero ver la profundidad de su odio hacia los periodistas revelarse en un intercambio privado como este, con un funcionario oficial, sugiere que hay días más siniestros por venir.

Para los 262 periodistas que actualmente languidecen en las cárceles de países como Turquía, China y Egipto, según el Comité para la Protección de los Periodistas, el castigo del gobierno por informar la verdad no es cosa de risa.

Hoy es el Día Mundial de la Libertad de Prensa, y este año es más importante que nunca.

Las amenazas, intimidaciones e incluso asesinatos de periodistas por su trabajo van en aumento alrededor del mundo, desde Sudamérica hasta Europa y Asia.

Este año se celebraran elecciones en algunos de los países más desafiantes para ejercer el periodismo, incluidos Myanmar, Indonesia y México. Un periodista mexicano, Emilio Gutiérrez Soto, ya está preso en los Estados Unidos. Se enfrenta a la deportación de Trump una década después de huir de México por miedo a perder su vida después de haber sido incluido en una lista de periodistas amenazados.

Como presidente del Foro Mundial de Editores, un grupo de periodistas internacionales vinculados a WAN-IFRA, una organización que agrupa a periodistas y editores alrededor del mundo, soy testigo de cómo colegas de todo el planeta luchan valientemente contra la opresión y las violaciones de la privacidad en sus países.

Ejemplos hay muchos: reportajes para revocar la corrupción en Sudáfrica; la profunda censura oficial en Pakistán, donde las organizaciones de noticias se ven obligadas a eliminar historias o dejar de informar por fuerzas desconocidas vinculadas al aparato de seguridad; investigaciones de medios digitales en India, donde los editores dicen que son intimidados rutinariamente por el gobierno del primer ministro Narendra Modi, a pesar de las garantías constitucionales de libertad de expresión.

Mi lista de grupos de editores de WhatsApp zumba a diario con cada nuevo desafío. Solo el miércoles, 13 periodistas más fueron encarcelados en Turquía, que tiene más de 70 actualmente tras las rejas. Trabajamos juntos para apoyarnos y presionar a los gobiernos lo mejor que podemos, pero sin el apoyo del público siempre es una lucha difícil.

Ese apoyo existe, cuando el público se irrita lo suficiente. Lo vimos hace dos meses en Eslovaquia, después de que el periodista Jan Kuciak y sus pareja fueron asesinados a tiros en su casa, aparentemente por la mafia local.

Las protestas públicas aumentaron en los días posteriores a los asesinatos, hasta el punto de que varios funcionarios del gobierno se vieron obligados a renunciar por presuntos vínculos con la mafia. Lo vimos después del asesinato de la periodista de Malta, Daphne Caruana Galizia, en octubre, que fue asesinada con una bomba en su automóvil cerca de su casa. Funcionarios europeos han ejercido presión sobre las autoridades maltesas para que resuelvan el asesinato en las últimas semanas.

Se han realizado arrestos en ambos casos, pero nadie cree que las personas que ordenaron los asesinatos estén cerca de pagar por sus crímenes. De hecho, más del 90% de los asesinatos de periodistas en todo el mundo han quedado sin resolver, según el CPJ (Comité de Protección de Periodistas por sus siglas en inglés).

Mirando la situación en Estados Unidos, mientras más agita el tema Trump, más se vuelven sus seguidores en contra de la prensa. Nuestros colegas que cubren al Presidente informan amenazas de muerte y “trolling” en redes sociales a diario, incluido un horrible acoso verbal contra reporteros. La idea de encarcelar a los periodistas puede haber sido una broma compartida entre el presidente y Comey, pero no es broma para una industria que lucha por su vida en una creciente lista de países. Estados Unidos cayó dos lugares este año en el Índice Mundial de Libertad de Prensa de 2018, elaborado por Reporteros sin Fronteras. Se colocó en el número 45 entre 180 países, por encima de Italia y detrás de Rumania. Piénsenlo. ¡Rumania!. La culpa es de Trump.

La violencia verbal conduce a la violencia real. Podemos verlo frente a nosotros. Las cárceles en Turquía y el acoso en India están sucediendo en tiempo real. No den por sentada la libertad de expresión, y no esperen que un periodista sea asesinado para protestar. Donde quieran que estén, incluso en EE.UU.. También puede suceder ahí. Y está sucediendo.

David Callaway
Presidente, World Editors ForumCEO,
The Street, Estados Unidos

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